Todavía no conocí a un creyente que valore el pensamiento crítico, la racionalidad, lo que nos hace humanos. Razonar con ellos no merece la pena.
Yo soy.
Soy profundamente científico desde mis cimientos. Tanto es así que cuestiono diariamente los dogmas en los que se basa mi trabajo de matasanos, no asumo como verdad nada de lo que se me presenta, porque sé que hay intereses detrás, lobbies farmacéuticos, etc, etc. hay cosas, como la teoría germinal de la enfermedad de Pasteur que hace aguas por todas partes (por reduccionista), cuando se le aplica el rigor científico. ¿Por qué unos enferman y otros no? ¿Por qué la gripe se comporta de la manera que lo hace? ¿Por qué desapareció misteriosamente en 2020? ¿Por qué se tomaban decisiones absurdas en muchos casos en base a un palito en la nariz, o una pcr como prueba irrefutable de que tenías la peste que volvía zainos a los chinos?
Y así muchas cosas que son simplemente reduccionistas.
¿Por qué, a diario veo ancianos polimedicados con más de 10 fármacos prescritos en base a valores arbitrarios decididos por estudios con graves fallos estadísticos (o sesgos metodológicos, etc etc), que casualmente, hacen ganar mucho dinero a compañías farmacéuticas. ¿Por qué aparece la hipertensión, la depresión, el Alzheimer etc? Podemos entender mecanismos biológicos y enzima tirón, y dianas terapéuticas, pero mucho es lo que no acabamos de entender y simplemente lo reducimos a tómese esta pastilla, hasta que muera, y si no se la toma se morirá antes (o no).
Casos recientes escandalosos como la falsificación de las bases teóricas del Alzheimer, hacen ver que tenemos un corpus doctrinal plagado de mentiras interesadas, desde que la medicina como ciencia y su innovación pasó a ser exclusivamente (salvo honrosos casos), dependiente de los laboratorios cuyo negocio es venderte el último y más caro fármaco, cuando expira la patente del que funciona. Los mismos que crearon antibióticos que salvan vidas, y la talidomida que creaba niños deformes, la cocaina, la sustancia ilegal (bayer)…
En mi ejercicio diario veo que muchas veces cura más sentarse 15 minutos a charlar con un paciente y atenderlo con respeto y cercanía, que el mejor de los remedios, porque la enfermedad, es al fin y al cabo, otro misterio que no somos capaces de desentrañar del todo.
Y eso me lleva al tema del hilo, mi educación religiosa fue bastante deficiente, eso me hizo ser ateo de juventud, ateo y materialista quiero añadir.
Pero con los años, y las [redactado] de la ciencia, me hicieron ser más cauteloso con lo que suponía saber, siempre he sido un ávido lector de filosofía, y la filosofía me llevó a la religión. Y empecé a estudiar religión, y por ser español, a los doctores de la Iglesia católica, Tomás de Aquino, por ejemplo, y amigo, es tal la profundidad filosófica del corpus doctrinal tomista que me hizo estudiar más y más. Y luego empiezas a estudiar a los profetas, y la figura de Jesús, y en mi caso, movió cosas espirituales que tenía vacías, y empecé a ser más consciente del “sacerdocio” que suponía mi profesión, la dignidad del que sufre la enfermedad, y la importancia de tratar al doliente, al que sufre, como a ti mismo, o como te gustaría que trataran a tu progenitora.
Y eso me ha cambiado por dentro.
Sigo siendo un hombre de ciencia, pero también soy un hombre de fe. Y considero esta como un regalo que otros no disfrutan. Cada uno hace su camino, y puede que Dios toque a tu puerta, o no, eso no te hace peor o mejor persona, solo tus actos te definen.