El infierno, ¿condena eterna o destrucción del ser?

Fresco renacentista que representa el infierno y el castigo de los condenados entre demonios, en la capilla de Orvieto
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El infierno como castigo sin fin nunca fue la única doctrina cristiana. Durante siglos, tres corrientes compitieron por explicar qué le ocurre al condenado tras el Juicio: la pena eterna, la aniquilación total del ser y la salvación final de todas las criaturas. Solo la primera terminó como versión oficial, pero las otras dos no desaparecieron ni han dejado de tener argumentos propios.

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Oxi89888

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Hace poco, leyendo unos artículos acerca de teología, encontré un tema muy interesante en la materia. Y versa de qué es el infierno, una cuestión que no dejó indiferentes a los teólogos cristianos de los primeros siglos, del medievo, y del protestantismo. Como tal, hay tres posturas acerca del infierno:

1. La condena eterna: esta sería la visión clásica del infierno, entendido por los doctores de la Iglesia, los teólogos y otros hombres graves, como el lugar de castigo eterno, tanto físico, como espiritual, para los hombres y malos juzgados indignos de estar ante la presencia de Dios tras el Día del Juicio, para su pena, pues en ese día se verá la gloria de Dios en su esencia. Argumentos no les faltan, pues tanto Jesús en los Evangelios, como San Juan en el Apocalipsis, inciden especialmente en la eternidad de este castigo. Según Santo Tomás, al ser los pecados mortales, ofensas contra Dios, el castigo es eterno, porque de eterna gravedad es el pecado mortal y eterna es la justicia de Dios y la pena correspondiente. Algunos de los teólogos defensores de esta corriente, son San Agustín, Santo Tomás, San Jerónimo, etc. Básicamente el grueso de los Padres y Doctores de la Iglesia.


2. El aniquilacionismo: esta es una interpretación herética muy poco conocida del infierno, y la que a mí más me convence. Básicamente, defiende que aquellos encontrados indignos de estar ante la presencia de Dios, serán enviendos al infierno, donde perderán su ser para siempre para dejar de existir con prosaica irrevocabilidad, no sin antes, y tras haber visto la plenitud de la gloria de Dios, el máximo bien, caer en cuenta del error que fue haber abandonado la Gracia. Lo eterno es intepretado, precisamente, como la perfecta e inexorable consumación de la destrucción del ser de los dichos pecadores y malos por Dios, extirpándolos para siempre de su creación, se basa en la idea dada por Cristo, de que Dios puede cancelar el alma en el infierno, y que, siendo la salvación vida eterna, un infierno eterno sería vida eterna también, en sufrimiento, pero eterna, lo que los defensores de esta corriente consideran contradictorio. Algunos defensores del aniquilacionismo son: Arnobio de Sicca, un apologista del siglo IV perecid durante la persecución de Diocleciano, y en menore medida y no tan claramente, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir e Ireneo de Lyon.


3. Apocatastasis: la tercera y última corriente, enseña que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres compartirán la gracia de la salvación; de un modo especial, los malos y las almas de los condenados al infierno, eventualmente serán purgadas de todo su mal y se unirán a los justos. Ideada por Orígenes de Alejandría, fue defendida por sus discípulos y algunas sectas heréticas adheridas a las ideas de Orígenes, como San Gregorio de Nisa.​
 
Yo creo que es destrucción definitiva o desaparición del alma de esa persona.

¿Para qué querrían tener el infierno plagado de personas malvadas? La mayoría o todos lucharían por hacerse con el control del lugar y sería un auténtico caos. Los malos tendrían hasta problemas para contener a tanto orate.

El caso de José Bretón estaría feliz en ese lugar y tiraría a más de uno a los ríos de lava.
 
Hace un par de años, en una Adoración al Santísimo, sucedió que me quedé mirando al Sagrario abierto y dentro no había nada... Fue como una especie de iluminación terrible que me llevó a la situación de imaginar que mis demoras y licencias hicieron que llegara tan tarde y que eso podría seguir así para siempre jamás. En ese momento en el que asumes imaginativamente que ese vacío será por toda la eternidad, comprendí que el mayor castigo que uno puede sufrir es vivir sin esperanza. El sentimiento de soledad abrumadora fue como un mal viaje a mis interioridades y entonces comprendí que no es la vida el valor por encima de todo sino que lo es la esperanza que no se limita a esta vida tan afanosa y frágil.

"La esperanza es lo último que se pierde"... Si la esperanza es capaz de cruzar el umbral de la gloria, entonces, esa frase puede estar describiendo una experiencia infernal.
 
Otra propuesta que dicen es el obliteracionismo.

El alma, mente y personalidad INtrascedendente no se salva, luego se diluye en la inexistencia.

La humanidad ya tiene la madurez suficiente para entenderlo así sin necesidad del infierno de los tiempos antiguos y medievales.

Para una mente sana y racional, la trascendencia es el camino del TODO y la intrascendencia es el camino a la NADA.

No es un castigo de Dios, es una incapacidad de amar a Dios y querer ser como Él.

El camino a la eternidad no puede estar más tiempo lleno de miedosos del infierno sino de amantes de lo bueno, eterno y perfecto. Ahí veremos la evolución de la humanidad.

La obliteracion de Dios por nuestros actos es lo peor que nos puede pasar como seres humanos. Exponencialmente mucho más grave en magnitud que la vida en el infierno.

Tener juicio, reconocer nuestros errores y ansiar ser mejor es bueno, pero no podemos caer en que somos ya descendientes caídos de la Gracia y Misericordia. Siempre podemos hacer más eso si.

A los desalmados les reconocemos mucho más fácilmente de lo que nos creemos.

Y el juicio de Dios no viene por nuestra religión o ausencia de ella sino por nuestras motivaciones y resoluciones según nuestras capacidades. Sed de justicia, discernimiento del bien y el mal y elegir el bien, juicio reflexivo y vida de servicio y amabilidad frente a los demás.
 
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Otra propuesta que dicen es el obliteracionismo.

El alma, mente y personalidad INtrascedendente no se salva, luego se diluye en la inexistencia.

La humanidad ya tiene la madurez suficiente para entenderlo así sin necesidad del infierno de los tiempos antiguos y medievales.

Para una mente sana y racional, la trascendencia es el camino del TODO y la intrascendencia es el camino a la NADA.

No es un castigo de Dios, es una incapacidad de amar a Dios y querer ser como Él.

El camino a la eternidad no puede estar más tiempo lleno de miedosos del infierno sino de amantes de lo bueno, eterno y perfecto. Ahí veremos la evolución de la humanidad.

La obliteracion de Dios por nuestros actos es lo peor que nos puede pasar como seres humanos. Exponencialmente mucho más grave en magnitud que la vida en el infierno.

Tener juicio, reconocer nuestros errores y ansiar ser mejor es bueno, pero no podemos caer en que somos ya descendientes caídos de la Gracia y Misericordia. Siempre podemos hacer más eso si.

A los desalmados les reconocemos mucho más fácilmente de lo que nos creemos.

Y el juicio de Dios no viene por nuestra religión o ausencia de ella sino por nuestras motivaciones y resoluciones según nuestras capacidades. Sed de justicia, discernimiento del bien y el mal y elegir el bien, juicio reflexivo y vida de servicio y amabilidad frente a los demás.
Le destaco el subrayado porque me parece que no existe una clara conciencia de la evolución de la humanidad fuera o más allá de la terminología biológica. A pregunta de "sus amigos", Cristo respondió : antes teníais el corazón duro... Esa observación me parece muy clarificadora de cómo Dios opera sobre las capacidades humanas, o dicho de otro modo, de su paciencia y respeto en favor de nuestra naturaleza.

El Amor de Dios siempre se ha tenido en cuenta pero es en estos últimos tiempos que recibe un trato especial. No hace tanto era el juicio y la condenación, como en su caso la gloria y el sufrimiento de Jesús dejando en un lugar casi retórico su propia resurrección.

Aumenta nuestro discernimiento como es propio de la Fe viva y no atrapada en verdades que lo son sin ser toda la verdad que gracias al Espíritu acabamos descubriendo. Pero también es cierto que el ruido del mundo no facilita estas cosas como también que la sensibilidad por estas materias es tan distinta en cada persona. Así es posible declarar la misma verdad en distinto grado de finura. A cada cual según su necesidad y su talento.
 
Hace poco, leyendo unos artículos acerca de teología, encontré un tema muy interesante en la materia. Y versa de qué es el infierno, una cuestión que no dejó indiferentes a los teólogos cristianos de los primeros siglos, del medievo, y del protestantismo. Como tal, hay tres posturas acerca del infierno:

1. La condena eterna: esta sería la visión clásica del infierno, entendido por los doctores de la Iglesia, los teólogos y otros hombres graves, como el lugar de castigo eterno, tanto físico, como espiritual, para los hombres y malos juzgados indignos de estar ante la presencia de Dios tras el Día del Juicio, para su pena, pues en ese día se verá la gloria de Dios en su esencia. Argumentos no les faltan, pues tanto Jesús en los Evangelios, como San Juan en el Apocalipsis, inciden especialmente en la eternidad de este castigo. Según Santo Tomás, al ser los pecados mortales, ofensas contra Dios, el castigo es eterno, porque de eterna gravedad es el pecado mortal y eterna es la justicia de Dios y la pena correspondiente. Algunos de los teólogos defensores de esta corriente, son San Agustín, Santo Tomás, San Jerónimo, etc. Básicamente el grueso de los Padres y Doctores de la Iglesia.


2. El aniquilacionismo: esta es una interpretación herética muy poco conocida del infierno, y la que a mí más me convence. Básicamente, defiende que aquellos encontrados indignos de estar ante la presencia de Dios, serán enviendos al infierno, donde perderán su ser para siempre para dejar de existir con prosaica irrevocabilidad, no sin antes, y tras haber visto la plenitud de la gloria de Dios, el máximo bien, caer en cuenta del error que fue haber abandonado la Gracia. Lo eterno es intepretado, precisamente, como la perfecta e inexorable consumación de la destrucción del ser de los dichos pecadores y malos por Dios, extirpándolos para siempre de su creación, se basa en la idea dada por Cristo, de que Dios puede cancelar el alma en el infierno, y que, siendo la salvación vida eterna, un infierno eterno sería vida eterna también, en sufrimiento, pero eterna, lo que los defensores de esta corriente consideran contradictorio. Algunos defensores del aniquilacionismo son: Arnobio de Sicca, un apologista del siglo IV perecid durante la persecución de Diocleciano, y en menore medida y no tan claramente, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir e Ireneo de Lyon.


3. Apocatastasis: la tercera y última corriente, enseña que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres compartirán la gracia de la salvación; de un modo especial, los malos y las almas de los condenados al infierno, eventualmente serán purgadas de todo su mal y se unirán a los justos. Ideada por Orígenes de Alejandría, fue defendida por sus discípulos y algunas sectas heréticas adheridas a las ideas de Orígenes, como San Gregorio de Nisa.​

La condena eterna se plantea de formas distintas en las Iglesias Occidentales y Orientales, aunque en los dos casos más bien son descripciones imperfectas de lo mismo.

En el cristianismo Occidental, el infierno es un lugar donde "no está Dios" (nota requerida), porque el condenado ha sido completamente pertinaz para conocerlo.

En el mundo Ortodoxo, el infierno se da porque es la reacción del alma perdida a Dios. No es que Dios condene, sino que el alma del condenado ha entrado en un estado de perdición tal, que ante la presencia del Altísimo, el condenado sufre. No por Dios, sino por aquello en lo que se ha convertido el condenado.

Para mí en este extremo es de los pocos en que el mundo Ortodoxo describe mejor una realidad teológica (aunque como digo, ambas formas vienen a decir lo mismo). Porque en la versión latina, el Infierno se describe como un lugar en el que Dios existe, pero su gracia no; es decir que está ontológicamente (no existe lugar sin Dios), pero no su amor (por rechazo del condenado). Esto no puede ser porque Dios es amor, además que cualquier condenado llegado el momento del juicio universal, debe comprender esto.

Como he dicho, al final ambas versiones son la misma porque se basan en el punto de vista del condenado, pero poéticamente me parece mejor la segunda, porque la idea de ambas versiones es que Dios no castiga directamente.

El aniquilacionismo no me convence, porque siempre he pensado que el castigo del infierno se basa en conocer la verdad. Tras la gloria y tras el juicio particular, se llega al juicio universal, en el que todos los humanos entienden todo y obtienen conciencia absoluta, ahí es donde los condenados sufren, porque básicamente toman absoluta lucidez de que han obrado mal.

Hay que tener en cuenta además (ningún comentario de arriba lo menciona) que el cristianismo no es una religión dualista. En el cristianismo alma y cuerpo son dimensiones del ser de cada persona. No es que se condene el alma, es que los cuerpos de los justos son glorificados y los de los condenados resucitan.

En vida, nuestras acciones "esculpen" o "debilitan" el cuerpo y el alma. Así, el pecado no es una transgresión legal sino un daño corporal y espiritual: la gula te enferma con obesidad o diabetes, la ira te convierte en un sociópata, la pereza hace tu cuerpo y tu alma débiles; la lujuria puede llevar a conductas dañinas, o a alguien con ETSs, etc.; estas acciones también impactan en el alma. Tras la gloria queda el alma, y tras la resurrección el nuevo cuerpo se forma a imagen del alma que conformaste con tus acciones.​
 
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La condena eterna se plantea de formas distintas en las Iglesias Occidentales y Orientales, aunque en los dos casos más bien son descripciones imperfectas de lo mismo.

En el cristianismo Occidental, el infierno es un lugar donde "no está Dios" (nota requerida), porque el condenado ha sido completamente pertinaz para conocerlo.

En el mundo Ortodoxo, el infierno se da porque es la reacción del alma perdida a Dios. No es que Dios condene, sino que el alma del condenado ha entrado en un estado de perdición tal, que ante la presencia del Altísimo, el condenado sufre. No por Dios, sino por aquello en lo que se ha convertido el condenado.

Para mí en este extremo es de los pocos en que el mundo Ortodoxo describe mejor una realidad teológica (aunque como digo, ambas formas vienen a decir lo mismo). Porque en la versión latina, el Infierno se describe como un lugar en el que Dios existe, pero su gracia no; es decir que está ontológicamente (no existe lugar sin Dios), pero no su amor (por rechazo del condenado). Esto no puede ser porque Dios es amor, además que cualquier condenado llegado el momento del juicio universal, debe comprender esto.

Como he dicho, al final ambas versiones son la misma porque se basan en el punto de vista del condenado, pero poéticamente me parece mejor la segunda, porque la idea de ambas versiones es que Dios no castiga directamente.

El aniquilacionismo no me convence, porque siempre he pensado que el castigo del infierno se basa en conocer la verdad. Tras la gloria y tras el juicio particular, se llega al juicio universal, en el que todos los humanos entienden todo y obtienen conciencia absoluta, ahí es donde los condenados sufren, porque básicamente toman absoluta lucidez de que han obrado mal.

Hay que tener en cuenta además (ningún comentario de arriba lo menciona) que el cristianismo no es una religión dualista. En el cristianismo alma y cuerpo son dimensiones del ser de cada persona. No es que se condene el alma, es que los cuerpos de los justos son glorificados y los de los condenados resucitan.

En vida, nuestras acciones "esculpen" o "debilitan" el cuerpo y el alma. Así, el pecado no es una transgresión legal sino un daño corporal y espiritual: la gula te enferma con obesidad o diabetes, la ira te convierte en un sociópata, la pereza hace tu cuerpo y tu alma débiles; la lujuria puede llevar a conductas dañinas, o a alguien con ETSs, etc.; estas acciones también impactan en el alma. Tras la gloria queda el alma, y tras la resurrección el nuevo cuerpo se forma a imagen del alma que conformaste con tus acciones.​
Lo hablábamos mi esposa y yo después de leerle mi primera participación en este hilo. Y casi con las mismas palabras vinimos a decir que tras la gloria "debe" revelársenos "la verdad", así en crudo, sin vendajes ni rodeos, obligándonos a mirar con plena consciencia la estela sarracena de nuestra vida. Cosas a menudo consideradas menores, sin importancia, circunstanciales, pequeñitas... pueden aparecer de repente como el depredador agazapado que te asalta por sorpresa y el velo de la verdad, tan tupido y decorado a lo largo de la vida como para parecernos él mismo la verdad, cae frente al espejo dejándonos ver de tu a tu nuestra propia imagen real.

Eso sería imposible si no fuera cierto que participamos profundamente de la Divinidad, a Su imagen y semejanza. Sería imposible también confundiendo consciencia con conciencia, cosa que tan a menudo se hace y se prodiga en estos medios, pues si la primera es caer en la cuenta de algo, la segunda es esa voz autónoma que sin artilugios ni sofisticaciones te hace saber que algo no anda bien sin tener necesidad de explicártelo. Imaginen entonces que la plenitud de la consciencia deba enfrentarse al recuerdo de una conciencia históricamente acallada y arrincona. De algún modo, sospecho que será la propia conciencia, ahora despierta y presente, la que nos informe si ha lugar algún atisbo de esperanza. Tal vez se trate de eso ese paso por el Purgatorio en el que debamos llorar y llorar por tanto daño como hicimos y nos hicimos. Alguna vez, de manera anticipada, nos hemos dado cuenta de pequeños gestos casi rituales en su ordinariez que hicimos de manera automática, acostumbrada, y que de repente nos devuelven una imagen de nosotros que puede llegar a ser incluso dolorosa. A partir de ahí no me cuesta mucho imaginar cómo será cuando ya no exista ruido ni distracción capaz de desviarnos la atención fuera de esa realidad.
 
Lo hablábamos mi esposa y yo después de leerle mi primera participación en este hilo. Y casi con las mismas palabras vinimos a decir que tras la gloria "debe" revelársenos "la verdad", así en crudo, sin vendajes ni rodeos, obligándonos a mirar con plena consciencia la estela sarracena de nuestra vida. Cosas a menudo consideradas menores, sin importancia, circunstanciales, pequeñitas... pueden aparecer de repente como el depredador agazapado que te asalta por sorpresa y el velo de la verdad, tan tupido y decorado a lo largo de la vida como para parecernos él mismo la verdad, cae frente al espejo dejándonos ver de tu a tu nuestra propia imagen real.

Eso sería imposible si no fuera cierto que participamos profundamente de la Divinidad, a Su imagen y semejanza. Sería imposible también confundiendo consciencia con conciencia, cosa que tan a menudo se hace y se prodiga en estos medios, pues si la primera es caer en la cuenta de algo, la segunda es esa voz autónoma que sin artilugios ni sofisticaciones te hace saber que algo no anda bien sin tener necesidad de explicártelo. Imaginen entonces que la plenitud de la consciencia deba enfrentarse al recuerdo de una conciencia históricamente acallada y arrincona. De algún modo, sospecho que será la propia conciencia, ahora despierta y presente, la que nos informe si ha lugar algún atisbo de esperanza. Tal vez se trate de eso ese paso por el Purgatorio en el que debamos llorar y llorar por tanto daño como hicimos y nos hicimos. Alguna vez, de manera anticipada, nos hemos dado cuenta de pequeños gestos casi rituales en su ordinariez que hicimos de manera automática, acostumbrada, y que de repente nos devuelven una imagen de nosotros que puede llegar a ser incluso dolorosa. A partir de ahí no me cuesta mucho imaginar cómo será cuando ya no exista ruido ni distracción capaz de desviarnos la atención fuera de esa realidad.
Gracias. muy interesantes tus reflexiones. No entiendo bien lo que decías antes de la esperanza, a la qeu te vuelves a referir aquí. A ver si puedes desarrollarlo.

Según San Pablo de las 3 Virtudes Fe, Esperanza y Caridad, allí solo quedará la Caridad, las otras serán innecesarias en la vida futura.
 
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El infierno son los otros, decía Sartre. Una peculiar manera de referirse a la vigilancia y fiscalidad perpetua de las vecinas del visillo.

Hay otras teologías no sólo filosofía clásica tardía.
Un infierno alternativo:

El “infierno” tibetano es un conjunto de reinos de tormento llamados naraka, que no son eternos sino estados de renacimiento muy dolorosos donde se madura el karma negativo antes de volver a renacer.

Sentido general

El infierno tibetano se concibe como uno de los seis posibles destinos de renacimiento, caracterizado por sufrimiento extremo físico y mental.

No hay un dios castigador; los seres experimentan allí las consecuencias de sus propias acciones dañinas (karma) hasta que este karma se agota y entonces renacen en otro reino.

Estructura de los narakas
La cosmología tibetana, siguiendo al budismo indio, habla de infiernos calientes y fríos, cada grupo con ocho narakas principales, más numerosos infiernos “vecinos” y “subsidiarios”.

Estos reinos se describen como situados muy por debajo del mundo humano y de extensiones enormes, donde la duración de la vida se mide en cifras inconcebiblemente largas.

Infiernos calientes

En los infiernos calientes el suelo es de hierro al rojo vivo, hay montañas y ríos de fuego, y los seres son cortados, quemados, hervidos o aplastados por guardianes o por el entorno mismo.
Ejemplos clásicos son: Sañjīva (“resucitado”, donde se mata y resucita una y otra vez), Kālāsūtra (“hilo oscuro”, con el cuerpo aserrado siguiendo líneas incandescentes), Saṃghāta (aplastamiento entre montañas), Tapana y Pratāpana (empalamientos con lanzas y tridentes ardientes), y el peor de todos, Avīci, donde no hay “intervalo” de alivio.

Infiernos fríos

En los infiernos fríos los tormentos provienen del frío extremo: llanuras oscuras azotadas por ventiscas, donde el cuerpo se agrieta, se llena de ampollas y se rompe como hielo.
Narakas como Arbuda (“ampolla”), Utpala (“loto azul”) o Padma (“loto”) se describen con la piel volviéndose azul, rajándose y abriéndose en heridas por efecto del frío, mientras los seres gimen y castañean los dientes.

Función sarracena y espiritual
Estas descripciones no solo se entienden literalmente, sino también como imágenes simbólicas del sufrimiento mental que generan el repruebo, la crueldad y otras acciones nocivas.

En la práctica tibetana se usan para inspirar miedo sano al karma negativo y motivar conductas compasivas, la observancia de preceptos y la aspiración a la liberación del ciclo de renacimientos, samsara
 
Gracias. muy interesantes tus reflexiones. No entiendo bien lo que decías antes de la esperanza, a la qeu te vuelves a referir aquí. A ver si puedes desarrollarlo.

Según San Pablo de las 3 Virtudes Fe, Esperanza y Caridad, allí solo quedará la Caridad, las otras serán innecesarias en la vida futura.
Me pone usted en un compromiso y no quisiera que mis palabras se tomen como la posición de la IC al respecto. Yo, como dijo el otro, lo que ella diga. No tengo ningún problema con eso.

Lo que he comentado anteriormente es fruto de mi intuición en parte, sin dejar de vigilar no entrar en contradicción con la Iglesia. Creo que el paso por el purgatorio, que nos ofrece la posibilidad de la redención eterna, debe ir acompañado de la certeza de que eso no es el final ni la plenitud; que es un paso intermedio de depuración, de sanación. Sería respecto a la vida biológica la diferencia entre un enfermo terminal y otro al que se le ha dicho que tiene garantías de recuperar la salud aunque el proceso sea largo y doloroso. Sin esa esperanza que proyecte el sufrimiento actual en la recuperación de la salud y en la vida eterna, la actitud del paciente consideraría insoportable tanto dolor y desearía cancelar o... alguna suerte de rebelión final contra Dios por someterle a una curación tan cruda, pondría su salvación última en un aprieto. Esto último creo que es un tema delicado porque por otra parte parece que podría haber sido limitado nuestro libre albedrío a la experiencia de vida biológica. Si "yo", mi espíritu, es decir yo, es por sí mismo consciente en su propia naturaleza, no puede perder nunca la consciencia de sí mismo que entiendo como el elemento esencial para diferenciar sufrimiento de dolor*. Si no se pierde esa consciencia, ese caer en la cuenta de los pormenores de nuestra vida, dudo que se pusiera en marcha la pena y el arrepentimiento. Hasta donde llego, en el purgatorio se sufre y mucho, como sufren los cuerpos en proceso de sanación. Me queda lejos la imagen de un sufrir alienado, como si fuera una vasija de barro que necesita más horas de cocción para alcanzar la plenitud de su función. Si existe esa plena consciencia o conocimiento, debe existir necesariamente su proyección a futuro en términos de esperanza o desesperanza. Padecer un sufrimiento eterno y sin atisbo de esperanza debe ser insoportable e inimaginable para los vivos que siempre tendríamos a mano el quitarse la vida como seguridad de que ahí acaba todo... Entiéndase la ironía.

*. Este aspecto lo considero esencial en el combate cultural al respecto del sufrimiento de los animales. Si no existe autoconsciencia no existe sufrimiento. De ahí que el budismo concluya que todo es ego e ilusión y por eso sufrimos. No andan desencaminados pero su pensamiento me parece de corto alcance: perecid el perro, se acabó la rabia.

Un último apunte para tratar de ser más claro. El sufrimiento en el purgatorio no puede ser tan crudo si existe esperanza de salvación. Tal vez vendría mejor el concepto de dolor por lo que se hizo, como el dolor de un enfermo en recuperación y no tanto de sufrimiento que pareciera llevar asociada la pérdida total o puntual de toda esperanza.
 
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Me pone usted en un compromiso y no quisiera que mis palabras se tomen como la posición de la IC al respecto. Yo, como dijo el otro, lo que ella diga. No tengo ningún problema con eso.

Lo que he comentado anteriormente es fruto de mi intuición en parte, sin dejar de vigilar no entrar en contradicción con la Iglesia. Creo que el paso por el purgatorio, que nos ofrece la posibilidad de la redención eterna, debe ir acompañado de la certeza de que eso no es el final ni la plenitud; que es un paso intermedio de depuración, de sanación. Sería respecto a la vida biológica la diferencia entre un enfermo terminal y otro al que se le ha dicho que tiene garantías de recuperar la salud aunque el proceso sea largo y doloroso. Sin esa esperanza que proyecte el sufrimiento actual en la recuperación de la salud y en la vida eterna, la actitud del paciente consideraría insoportable tanto dolor y desearía cancelar o... alguna suerte de rebelión final contra Dios por someterle a una curación tan cruda, pondría su salvación última en un aprieto. Esto último creo que es un tema delicado porque por otra parte parece que podría haber sido limitado nuestro libre albedrío a la experiencia de vida biológica. Si "yo", mi espíritu, es decir yo, es por sí mismo consciente en su propia naturaleza, no puede perder nunca la consciencia de sí mismo que entiendo como el elemento esencial para diferenciar sufrimiento de dolor*. Si no se pierde esa consciencia, ese caer en la cuenta de los pormenores de nuestra vida, dudo que se pusiera en marcha la pena y el arrepentimiento. Hasta donde llego, en el purgatorio se sufre y mucho, como sufren los cuerpos en proceso de sanación. Me queda lejos la imagen de un sufrir alienado, como si fuera una vasija de barro que necesita más horas de cocción para alcanzar la plenitud de su función. Si existe esa plena consciencia o conocimiento, debe existir necesariamente su proyección a futuro en términos de esperanza o desesperanza. Padecer un sufrimiento eterno y sin atisbo de esperanza debe ser insoportable e inimaginable para los vivos que siempre tendríamos a mano el quitarse la vida como seguridad de que ahí acaba todo... Entiéndase la ironía.

*. Este aspecto lo considero esencial en el combate cultural al respecto del sufrimiento de los animales. Si no existe autoconsciencia no existe sufrimiento. De ahí que el budismo concluya que todo es ego e ilusión y por eso sufrimos. No andan desencaminados pero su pensamiento me parece de corto alcance: perecid el perro, se acabó la rabia.

Un último apunte para tratar de ser más claro. El sufrimiento en el purgatorio no puede ser tan crudo si existe esperanza de salvación. Tal vez vendría mejor el concepto de dolor por lo que se hizo, como el dolor de un enfermo en recuperación y no tanto de sufrimiento que pareciera llevar asociada la pérdida total o puntual de toda esperanza.
Cierto. Dije en la vida futura erróneamente. Creo que la doctrina dice en el Cielo solo queda la Caridad. Por tanto en el Purgatorio bien podrían quedar las otras 2 o al menos la Esperanza. Habría que aclararlo con alguien que sepa de teología.
 
Me pone usted en un compromiso y no quisiera que mis palabras se tomen como la posición de la IC al respecto. Yo, como dijo el otro, lo que ella diga. No tengo ningún problema con eso.

Lo que he comentado anteriormente es fruto de mi intuición en parte, sin dejar de vigilar no entrar en contradicción con la Iglesia. Creo que el paso por el purgatorio, que nos ofrece la posibilidad de la redención eterna, debe ir acompañado de la certeza de que eso no es el final ni la plenitud; que es un paso intermedio de depuración, de sanación. Sería respecto a la vida biológica la diferencia entre un enfermo terminal y otro al que se le ha dicho que tiene garantías de recuperar la salud aunque el proceso sea largo y doloroso. Sin esa esperanza que proyecte el sufrimiento actual en la recuperación de la salud y en la vida eterna, la actitud del paciente consideraría insoportable tanto dolor y desearía cancelar o... alguna suerte de rebelión final contra Dios por someterle a una curación tan cruda, pondría su salvación última en un aprieto. Esto último creo que es un tema delicado porque por otra parte parece que podría haber sido limitado nuestro libre albedrío a la experiencia de vida biológica. Si "yo", mi espíritu, es decir yo, es por sí mismo consciente en su propia naturaleza, no puede perder nunca la consciencia de sí mismo que entiendo como el elemento esencial para diferenciar sufrimiento de dolor*. Si no se pierde esa consciencia, ese caer en la cuenta de los pormenores de nuestra vida, dudo que se pusiera en marcha la pena y el arrepentimiento. Hasta donde llego, en el purgatorio se sufre y mucho, como sufren los cuerpos en proceso de sanación. Me queda lejos la imagen de un sufrir alienado, como si fuera una vasija de barro que necesita más horas de cocción para alcanzar la plenitud de su función. Si existe esa plena consciencia o conocimiento, debe existir necesariamente su proyección a futuro en términos de esperanza o desesperanza. Padecer un sufrimiento eterno y sin atisbo de esperanza debe ser insoportable e inimaginable para los vivos que siempre tendríamos a mano el quitarse la vida como seguridad de que ahí acaba todo... Entiéndase la ironía.

*. Este aspecto lo considero esencial en el combate cultural al respecto del sufrimiento de los animales. Si no existe autoconsciencia no existe sufrimiento. De ahí que el budismo concluya que todo es ego e ilusión y por eso sufrimos. No andan desencaminados pero su pensamiento me parece de corto alcance: perecid el perro, se acabó la rabia.

Un último apunte para tratar de ser más claro. El sufrimiento en el purgatorio no puede ser tan crudo si existe esperanza de salvación. Tal vez vendría mejor el concepto de dolor por lo que se hizo, como el dolor de un enfermo en recuperación y no tanto de sufrimiento que pareciera llevar asociada la pérdida total o puntual de toda esperanza.
la Caridad:
 
Cierto. Dije en la vida futura erróneamente. Creo que la doctrina dice en el Cielo solo queda la Caridad. Por tanto en el Purgatorio bien podrían quedar las otras 2 o al menos la Esperanza. Habría que aclararlo con alguien que sepa de teología.
Un punto clásico en la teología católica sobre las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y su relación con los estados de la vida eterna.

En el Cielo​

La doctrina coincide en que, una vez en la visión beatífica (el Cielo pleno), la fe y la esperanza ya no tienen razón de ser como virtudes "en camino":

  • La fe es creer sin ver; en el Cielo se ve directamente a Dios "cara a cara", por lo que la fe se transforma en visión.
  • La esperanza es desear y esperar algo futuro que aún no se posee plenamente (la salvación eterna, la unión con Dios). San Pablo lo dice claramente: "Pues nosotros hemos sido salvados en esperanza; pero la esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya ve?" (Rm 8,24). Santo Tomás de Aquino explica que en el Cielo no hay esperanza propiamente dicha porque ya se posee lo esperado.
Queda solo la caridad (el amor a Dios y al prójimo), que es eterna y la "mayor de todas" (1 Co 13,13). La caridad no cesa nunca; es la que define la vida de los bienaventurados.

En el Purgatorio​

Las almas del Purgatorio:
  • Están seguras de su salvación (ya no pueden perderse, no hay riesgo de condenación).
  • Sufren una purificación dolorosa pero voluntaria y llena de amor (aceptan el sufrimiento por amor a Dios y para quedar perfectamente santas).
  • Tienen gran caridad (están en gracia, unidos a Dios por el amor, y por eso pueden sufrir con paciencia y sumisión).
  • Conservan la esperanza: saben que van al Cielo, lo desean ardientemente y confían en que la purificación terminará. Es un dolor "con esperanza", no de desesperación. Fuentes teológicas clásicas afirman que las almas en Purgatorio tienen el hábito y el acto de la esperanza, precisamente porque aún no poseen la visión beatífica plena.
En cuanto a la fe, también la conservan en cierto sentido (creen en las verdades reveladas y en Dios), aunque ya no es "fe de peregrino" como en la tierra. No hay duda ni oscuridad como aquí.

El Catecismo de la Iglesia Católica describe el Purgatorio como una purificación final para quienes mueren en gracia pero imperfectamente purificados, y enfatiza que están seguros de su eterna salvación. Eso implica esperanza viva.

En el Purgatorio "quedan" al menos la caridad (que motiva todo el proceso) y la esperanza (que sostiene en medio del sufrimiento). La fe también está presente, pero la caridad es la que reina y purifica.

No es una cuestión definida dogmáticamente en todos sus detalles (el Purgatorio se enseña como dogma, pero los matices sobre las virtudes en él provienen más de los teólogos como Santo Tomás):
el Purgatorio es un estado de "viajeros" que ya están salvados pero aún no han llegado del todo.

Opiniones destacadas de teólogos contemporáneos​


  • Joseph Ratzinger / Benedicto XVI (en su libro Eschatology: Death and Eternal Life, escrito como teólogo): Presenta el Purgatorio como un proceso de maduración y purificación interior, donde el alma se deja transformar por el fuego del amor de Cristo. Destaca la esperanza como elemento clave: el Purgatorio no es desesperación, sino un “sufrimiento con esperanza” que prepara para la comunión plena. Enfatiza que las almas conservan la caridad y la comunión con la Iglesia (vivos y santos). Benedicto XVI también promovió una visión más espiritual y relacional del Purgatorio, alejada de imágenes medievales de tormento físico.
  • Hans Urs von Balthasar: Influyente en la teología del siglo XX. Enfatiza la primacía de la caridad y una esperanza audaz. Su enfoque en el amor de Dios como fuego purificador influyó en muchos (incluido Ratzinger). Ve el Purgatorio como parte de la dramática del amor divino que purifica y perfecciona.
  • Juan Pablo II: En sus catequesis y audiencias generales sobre el más allá, insistió en que el Purgatorio es una “purificación necesaria” para quienes necesitan limpiarse de las “reliquias del pecado”. Las almas allí tienen fe, esperanza y caridad, pero su caridad las impulsa a aceptar la purificación con paciencia y alegría interior, sabiendo que están salvadas.
  • Otras voces contemporáneas:
    • Muchos teólogos (como los que reflexionan sobre la “sanctificación post-mortem”) ven el Purgatorio como continuación del crecimiento en la gracia: un encuentro con el amor de Dios que quema lo que aún impide la plena comunión. En este proceso, la caridad es la que purifica, la esperanza sostiene (saben que terminará en gloria) y la fe se hace más perfecta.
    • En fuentes populares y formativas católicas actuales (EWTN, etc.) se repite: “Las almas del Purgatorio tienen fe, esperanza y caridad. Están totalmente ciertas de su salvación… lo llevan con paciencia… por amor de Dios”.
 
Un punto clásico en la teología católica sobre las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y su relación con los estados de la vida eterna.

En el Cielo​

La doctrina coincide en que, una vez en la visión beatífica (el Cielo pleno), la fe y la esperanza ya no tienen razón de ser como virtudes "en camino":

  • La fe es creer sin ver; en el Cielo se ve directamente a Dios "cara a cara", por lo que la fe se transforma en visión.
  • La esperanza es desear y esperar algo futuro que aún no se posee plenamente (la salvación eterna, la unión con Dios). San Pablo lo dice claramente: "Pues nosotros hemos sido salvados en esperanza; pero la esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya ve?" (Rm 8,24). Santo Tomás de Aquino explica que en el Cielo no hay esperanza propiamente dicha porque ya se posee lo esperado.
Queda solo la caridad (el amor a Dios y al prójimo), que es eterna y la "mayor de todas" (1 Co 13,13). La caridad no cesa nunca; es la que define la vida de los bienaventurados.

En el Purgatorio​

Las almas del Purgatorio:
  • Están seguras de su salvación (ya no pueden perderse, no hay riesgo de condenación).
  • Sufren una purificación dolorosa pero voluntaria y llena de amor (aceptan el sufrimiento por amor a Dios y para quedar perfectamente santas).
  • Tienen gran caridad (están en gracia, unidos a Dios por el amor, y por eso pueden sufrir con paciencia y sumisión).
  • Conservan la esperanza: saben que van al Cielo, lo desean ardientemente y confían en que la purificación terminará. Es un dolor "con esperanza", no de desesperación. Fuentes teológicas clásicas afirman que las almas en Purgatorio tienen el hábito y el acto de la esperanza, precisamente porque aún no poseen la visión beatífica plena.
En cuanto a la fe, también la conservan en cierto sentido (creen en las verdades reveladas y en Dios), aunque ya no es "fe de peregrino" como en la tierra. No hay duda ni oscuridad como aquí.

El Catecismo de la Iglesia Católica describe el Purgatorio como una purificación final para quienes mueren en gracia pero imperfectamente purificados, y enfatiza que están seguros de su eterna salvación. Eso implica esperanza viva.

En el Purgatorio "quedan" al menos la caridad (que motiva todo el proceso) y la esperanza (que sostiene en medio del sufrimiento). La fe también está presente, pero la caridad es la que reina y purifica.

No es una cuestión definida dogmáticamente en todos sus detalles (el Purgatorio se enseña como dogma, pero los matices sobre las virtudes en él provienen más de los teólogos como Santo Tomás):
el Purgatorio es un estado de "viajeros" que ya están salvados pero aún no han llegado del todo.

Opiniones destacadas de teólogos contemporáneos​


  • Joseph Ratzinger / Benedicto XVI (en su libro Eschatology: Death and Eternal Life, escrito como teólogo): Presenta el Purgatorio como un proceso de maduración y purificación interior, donde el alma se deja transformar por el fuego del amor de Cristo. Destaca la esperanza como elemento clave: el Purgatorio no es desesperación, sino un “sufrimiento con esperanza” que prepara para la comunión plena. Enfatiza que las almas conservan la caridad y la comunión con la Iglesia (vivos y santos). Benedicto XVI también promovió una visión más espiritual y relacional del Purgatorio, alejada de imágenes medievales de tormento físico.
  • Hans Urs von Balthasar: Influyente en la teología del siglo XX. Enfatiza la primacía de la caridad y una esperanza audaz. Su enfoque en el amor de Dios como fuego purificador influyó en muchos (incluido Ratzinger). Ve el Purgatorio como parte de la dramática del amor divino que purifica y perfecciona.
  • Juan Pablo II: En sus catequesis y audiencias generales sobre el más allá, insistió en que el Purgatorio es una “purificación necesaria” para quienes necesitan limpiarse de las “reliquias del pecado”. Las almas allí tienen fe, esperanza y caridad, pero su caridad las impulsa a aceptar la purificación con paciencia y alegría interior, sabiendo que están salvadas.
  • Otras voces contemporáneas:
    • Muchos teólogos (como los que reflexionan sobre la “sanctificación post-mortem”) ven el Purgatorio como continuación del crecimiento en la gracia: un encuentro con el amor de Dios que quema lo que aún impide la plena comunión. En este proceso, la caridad es la que purifica, la esperanza sostiene (saben que terminará en gloria) y la fe se hace más perfecta.
    • En fuentes populares y formativas católicas actuales (EWTN, etc.) se repite: “Las almas del Purgatorio tienen fe, esperanza y caridad. Están totalmente ciertas de su salvación… lo llevan con paciencia… por amor de Dios”.
Muchas gracias por el aporte
 
En la literatura clásica así como en la Divina Comedia la bajada a los infiernos opera como una catarsis.Es condición necesaria para obtener una victoria.
 
En la literatura clásica así como en la Divina Comedia la bajada a los infiernos opera como una catarsis.Es condición necesaria para obtener una victoria.
bastante alejado de los mitos clásicos y de dante pero también un viaje a los infiernos, de quevedo

las zahurdas de plutón
 
Me he leído todo el hilo. Me han parecido muy interesantes las aportaciones de los conforeros.
Me surge la siguiente pregunta: ¿Cómo me doy de baja de ese plan divino, de esos supuestos cielo, infierno y purgatorio?
NO QUIERO.

Es simple; me conformo con morir y dejar de existir en algún otro plano o reencarnar.
¿A quién me tengo que dirigir para darme de baja?
No me apetece
repetir la existencia ni existir en ningún plano espiritual de goce infinito.
 
La condena eterna se plantea de formas distintas en las Iglesias Occidentales y Orientales, aunque en los dos casos más bien son descripciones imperfectas de lo mismo.

En el cristianismo Occidental, el infierno es un lugar donde "no está Dios" (nota requerida), porque el condenado ha sido completamente pertinaz para conocerlo.

En el mundo Ortodoxo, el infierno se da porque es la reacción del alma perdida a Dios. No es que Dios condene, sino que el alma del condenado ha entrado en un estado de perdición tal, que ante la presencia del Altísimo, el condenado sufre. No por Dios, sino por aquello en lo que se ha convertido el condenado.

Para mí en este extremo es de los pocos en que el mundo Ortodoxo describe mejor una realidad teológica (aunque como digo, ambas formas vienen a decir lo mismo). Porque en la versión latina, el Infierno se describe como un lugar en el que Dios existe, pero su gracia no; es decir que está ontológicamente (no existe lugar sin Dios), pero no su amor (por rechazo del condenado). Esto no puede ser porque Dios es amor, además que cualquier condenado llegado el momento del juicio universal, debe comprender esto.

Como he dicho, al final ambas versiones son la misma porque se basan en el punto de vista del condenado, pero poéticamente me parece mejor la segunda, porque la idea de ambas versiones es que Dios no castiga directamente.

El aniquilacionismo no me convence, porque siempre he pensado que el castigo del infierno se basa en conocer la verdad. Tras la gloria y tras el juicio particular, se llega al juicio universal, en el que todos los humanos entienden todo y obtienen conciencia absoluta, ahí es donde los condenados sufren, porque básicamente toman absoluta lucidez de que han obrado mal.

Hay que tener en cuenta además (ningún comentario de arriba lo menciona) que el cristianismo no es una religión dualista. En el cristianismo alma y cuerpo son dimensiones del ser de cada persona. No es que se condene el alma, es que los cuerpos de los justos son glorificados y los de los condenados resucitan.

En vida, nuestras acciones "esculpen" o "debilitan" el cuerpo y el alma. Así, el pecado no es una transgresión legal sino un daño corporal y espiritual: la gula te enferma con obesidad o diabetes, la ira te convierte en un sociópata, la pereza hace tu cuerpo y tu alma débiles; la lujuria puede llevar a conductas dañinas, o a alguien con ETSs, etc.; estas acciones también impactan en el alma. Tras la gloria queda el alma, y tras la resurrección el nuevo cuerpo se forma a imagen del alma que conformaste con tus acciones.​

En el Pentecostalismo en que creía/creo el infierno es un lugar físico (ni mas ni menos que el interior de la tierra), en el que está Dios (porque es omnipresente), y también pueden viajar allí las almas de los justos a voluntad, para gozarse en el sufrimiento de los condenados y tener en cuenta de lo que se libraron ejerciendo la justicia.

Es un lugar temporal, pues tras el juicio final tanto el infierno como sus sarracena son arrojados al lago de fuego (mal traducido, realmente sería el lago de magma) por los siglos de los siglos.
 
Me he leído todo el hilo. Me han parecido muy interesantes las aportaciones de los conforeros.
Me surge la siguiente pregunta: ¿Cómo me doy de baja de ese plan divino, de esos supuestos cielo, infierno y purgatorio?
NO QUIERO.

Es simple; me conformo con morir y dejar de existir en algún otro plano o reencarnar.
¿A quién me tengo que dirigir para darme de baja?
No me apetece
repetir la existencia ni existir en ningún plano espiritual de goce infinito.
es más fácil que te apuntes a alguna religión que preconice que después de la gloria puede no haber nada. la primitiva religión alubia no contaminada de mitologías persas más o menos sostenía esa doctrina.

como más próxima a nosotros está la iglesia de los adventistas del séptimo día o los testigos de Jehová que enseñan que los perecid están en un "sueño inconsciente" sin actividad ni conciencia hasta la resurrección final. para los que no son salvos, el destino final es la aniquilación (dejar de existir para siempre). o sea de la nada a la nada, salvo para los justos que pasan de la nada a la salvación yel goce infinito tal como se representa en los dibujos de Atalaya.

tendrías que convertirte y luego hacer todo lo posible para no salvarte. es fácil.
 
Última edición:
Me he leído todo el hilo. Me han parecido muy interesantes las aportaciones de los conforeros.
Me surge la siguiente pregunta: ¿Cómo me doy de baja de ese plan divino, de esos supuestos cielo, infierno y purgatorio?
NO QUIERO.

Es simple; me conformo con morir y dejar de existir en algún otro plano o reencarnar.
¿A quién me tengo que dirigir para darme de baja?
No me apetece
repetir la existencia ni existir en ningún plano espiritual de goce infinito.
No se preocupe que nadie va obligado, si no quiere no irá. Ya lo decía Swedenborg, al final hasta al infierno se va por propia voluntad también. Digamos que es la elección última. En eso consiste el libre albedrío.
 
En la literatura clásica así como en la Divina Comedia la bajada a los infiernos opera como una catarsis.Es condición necesaria para obtener una victoria.
Explíquese más por favor, en qué consistiría esa "bajada" en la práctica?
 

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