Hace poco, leyendo unos artículos acerca de teología, encontré un tema muy interesante en la materia. Y versa de qué es el infierno, una cuestión que no dejó indiferentes a los teólogos cristianos de los primeros siglos, del medievo, y del protestantismo. Como tal, hay tres posturas acerca del infierno:
1. La condena eterna: esta sería la visión clásica del infierno, entendido por los doctores de la Iglesia, los teólogos y otros hombres graves, como el lugar de castigo eterno, tanto físico, como espiritual, para los hombres y malos juzgados indignos de estar ante la presencia de Dios tras el Día del Juicio, para su pena, pues en ese día se verá la gloria de Dios en su esencia. Argumentos no les faltan, pues tanto Jesús en los Evangelios, como San Juan en el Apocalipsis, inciden especialmente en la eternidad de este castigo. Según Santo Tomás, al ser los pecados mortales, ofensas contra Dios, el castigo es eterno, porque de eterna gravedad es el pecado mortal y eterna es la justicia de Dios y la pena correspondiente. Algunos de los teólogos defensores de esta corriente, son San Agustín, Santo Tomás, San Jerónimo, etc. Básicamente el grueso de los Padres y Doctores de la Iglesia.
2. El aniquilacionismo: esta es una interpretación herética muy poco conocida del infierno, y la que a mí más me convence. Básicamente, defiende que aquellos encontrados indignos de estar ante la presencia de Dios, serán enviendos al infierno, donde perderán su ser para siempre para dejar de existir con prosaica irrevocabilidad, no sin antes, y tras haber visto la plenitud de la gloria de Dios, el máximo bien, caer en cuenta del error que fue haber abandonado la Gracia. Lo eterno es intepretado, precisamente, como la perfecta e inexorable consumación de la destrucción del ser de los dichos pecadores y malos por Dios, extirpándolos para siempre de su creación, se basa en la idea dada por Cristo, de que Dios puede cancelar el alma en el infierno, y que, siendo la salvación vida eterna, un infierno eterno sería vida eterna también, en sufrimiento, pero eterna, lo que los defensores de esta corriente consideran contradictorio. Algunos defensores del aniquilacionismo son: Arnobio de Sicca, un apologista del siglo IV perecid durante la persecución de Diocleciano, y en menore medida y no tan claramente, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir e Ireneo de Lyon.
3. Apocatastasis: la tercera y última corriente, enseña que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres compartirán la gracia de la salvación; de un modo especial, los malos y las almas de los condenados al infierno, eventualmente serán purgadas de todo su mal y se unirán a los justos. Ideada por Orígenes de Alejandría, fue defendida por sus discípulos y algunas sectas heréticas adheridas a las ideas de Orígenes, como San Gregorio de Nisa.
1. La condena eterna: esta sería la visión clásica del infierno, entendido por los doctores de la Iglesia, los teólogos y otros hombres graves, como el lugar de castigo eterno, tanto físico, como espiritual, para los hombres y malos juzgados indignos de estar ante la presencia de Dios tras el Día del Juicio, para su pena, pues en ese día se verá la gloria de Dios en su esencia. Argumentos no les faltan, pues tanto Jesús en los Evangelios, como San Juan en el Apocalipsis, inciden especialmente en la eternidad de este castigo. Según Santo Tomás, al ser los pecados mortales, ofensas contra Dios, el castigo es eterno, porque de eterna gravedad es el pecado mortal y eterna es la justicia de Dios y la pena correspondiente. Algunos de los teólogos defensores de esta corriente, son San Agustín, Santo Tomás, San Jerónimo, etc. Básicamente el grueso de los Padres y Doctores de la Iglesia.
2. El aniquilacionismo: esta es una interpretación herética muy poco conocida del infierno, y la que a mí más me convence. Básicamente, defiende que aquellos encontrados indignos de estar ante la presencia de Dios, serán enviendos al infierno, donde perderán su ser para siempre para dejar de existir con prosaica irrevocabilidad, no sin antes, y tras haber visto la plenitud de la gloria de Dios, el máximo bien, caer en cuenta del error que fue haber abandonado la Gracia. Lo eterno es intepretado, precisamente, como la perfecta e inexorable consumación de la destrucción del ser de los dichos pecadores y malos por Dios, extirpándolos para siempre de su creación, se basa en la idea dada por Cristo, de que Dios puede cancelar el alma en el infierno, y que, siendo la salvación vida eterna, un infierno eterno sería vida eterna también, en sufrimiento, pero eterna, lo que los defensores de esta corriente consideran contradictorio. Algunos defensores del aniquilacionismo son: Arnobio de Sicca, un apologista del siglo IV perecid durante la persecución de Diocleciano, y en menore medida y no tan claramente, Ignacio de Antioquía, Justino Mártir e Ireneo de Lyon.
3. Apocatastasis: la tercera y última corriente, enseña que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres compartirán la gracia de la salvación; de un modo especial, los malos y las almas de los condenados al infierno, eventualmente serán purgadas de todo su mal y se unirán a los justos. Ideada por Orígenes de Alejandría, fue defendida por sus discípulos y algunas sectas heréticas adheridas a las ideas de Orígenes, como San Gregorio de Nisa.