Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

¿Un tópico las checas? Claro, todos los días hablan de ellas en la telebasura, ¿verdad? Los topicazos son todo lo contrario, para eso se inventó la memoria histrólica, películas, etc... Todos los lugares comunes donde tú pastas.
¿Un tópico los abusos de la iglesia? Claro, todos los días hablan de ellos en la telebasura, ¿verdad? Los topicazos son todo lo contrario, para eso se inventó el púlpito, el pp, vox, el opus, etc... Todos los lugares comunes donde tú pastas.
 
¿Un tópico los abusos de la iglesia? Claro, todos los días hablan de ellos en la telebasura, ¿verdad? Los topicazos son todo lo contrario, para eso se inventó el púlpito, el pp, vox, el opus, etc... Todos los lugares comunes donde tú pastas.

Es un tópico porque no se habla de los abusos de otras confesiones, si no hurgas en internet, o de los políticos, boy.scauts, etc.

Hay abusos en otros colectivos pero son casi intocables; dos días se habla de los escándalos del Parlamento inglés, de los políticos USA, de Hollywood y la BBC, etc. y se olvida. No se investiga eso en los medios. Sólo la Iglesia (modernista). De modo que es un tópico ya que se excluyen todos los demás abusadores que no interesa poner en evidencia.

No obstante eso es un asunto muy moderno. ¿Puedes citar un caso de abuso de los más de 8000 religiosos (y religiosas) que fueron asesinados, o en las matanzas anteriores?

Te agarras a ese tópico actual y lo extiendes al pasado.
 
Recuperan el manuscristo de un superviviente del «tren de la gloria» de Jaén que relata la matanza
Ignacio de Valenzula simuló ser francés para evitar su fusilamiento junto al obispo y otras 193 personas hace 83 años
Javier López
JaénActualizado:13/08/2019 08:50h

Nacer por casualidad en San Juan de Luz salvó la vida de Ignacio de Valenzuela y Urzáiz el 12 de agosto de 1936. Adujo que era francés para que le bajaran del tren de la gloria poco antes de que 194 viajeros, entre ellos el obispo de Jaén, Manuel Basulto, fueran asesinados por milicianos en El Pozo del Tío Raimundo. Una vez a salvo relató los hechos en un manuscrito que su familia ha recuperado 83 años después de la matanza.

«No fue una matanza, fue un exterminio», aclara José Antonio Valenzuela, sobrino de Ignacio, quien alude a una operación orquestada para acabar con los detenidos antes de que llegaran a la cárcel de Alcalá de Henares. Valenzuela saca esta conclusión tras la lectura del manuscrito de su tío, que ha permanecido oculto hasta que una nieta del narrador lo digitalizó recientemente para garantizar la pervivencia del testimonio.

José Antonio Valenzuela, sacerdote del Opus Dei y filólogo, tras leer crónica digitalizada, decidió editarla en papel bajo el título El tren de Jaén. Lo hizo porque es el primer texto sobre los hechos relatado desde dentro y porque está «magníficamente escrito». Es la narración, añade, de una persona dotada de sentido literario, memoria y humanismo. Y puntualiza que como la escribió en 1938 no es un panegírico del alzamiento trufado de loas a Franco, sino un testimonio honesto sobre la brutalidad de la guerra.

El libro, editado por Amazón, se estructura en 17 capítulos que tienen como eje uno de los sucesos más cruentos de la Guerra Civil acontecidos fuera del campo de batalla. Entre las páginas 49 y 133 Ignacio de Valenzuela relata su periplo desde que fue detenido en el municipio jiennense de Villacarrillo, del que era natural su esposa, Celerina Poblaciones, hasta que desde un garita de guardavías en Villaverde vio regresar al tren tras la masacre, 40 minutos después de que lograra bajar merced al éxito de su ardid.

«De buena te has salvado, camarada, porque íbamos a quemar ese tren», le dijo el soldado que le custodiaba en la estación. Sin embargo, no fueron las llamas, sino las balas, procedentes de fusiles mauser las que acabaron con la vida de los ocupantes de 11 de los 12 vagones del convoy. Los viajeros de uno de ellos salvaron la vida porque un chico convenció a los milicianos de que eran obreros. El obispo, que no lo era, fue cancelado.

El superviviente no viajaba en el mismo vagón que Manuel Basulto, aunque coincidió con él en la Catedral de Jaén, durante el confinamiento previo al embarque. Antes, el autor del manuscrito había estado en la cárcel de la ciudad junto a otros 30 villacarrillenses de derechas. Ya en el tren, memoriza estación por estación los hechos y las gentes que los protagonizan, de tal modo que en el libro aparecen los nombres de 400 personas.

«Ignacio tenía una enorme capacidad de observación y un gran memoria. Aporta muchos detalles en su escritura, que es amena e incluso, en algunos momentos, humorística, aunque relata una tragedia». La acontecida en un tren custodiado por guardias civiles hasta que en las proximidades de Madrid se hacen cargo de él por la fuerza los milicianos para acabar con la vida de los pasajeros seleccionados por los alcaldes.

El editor resalta al respecto que en los vagones no viajaban políticos vinculados al golpe de Estado nimilitares del bando nacional, sino personas señaladas por los regidores de municipios de Jaén por su adscripción ideológica. «Todo eso es conocido», admite José Antonio Valenzuela, «la novedad», añade, «es que se describe desde el interior del tren por un cronista fantástico».

La crónica, a pesar de su valor, quedó, empero, en el olvido tras morir el autor en 1939. Su viuda guardó el manuscrito, pero tenía cosas más urgentes que atender tras el fallecimiento de su esposo, como el cuidado de sus descendientes, de los cuales el mayor, José Ignacio, es el autor de uno de los dos prólogo del libro. El otro es de Almudena, la nieta que, tras leer el texto, decidió por su valor convertirlo en archivo digital.

La intención de José Antonio Valenzuela al editarlo es dar a conocer el exterminio relatado por un superviviente de la expedición, cuya crónica, explica, es de «tan incomparable patetismo que estremece». El editor destaca la autenticidad del testimonio y su «precisión admirable». También resalta su «ánimo de concordia» en un tiempo convulso.

En este sentido, José Ignacio de Valenzuela, expone en el prólogo que su padre narra «el inmenso sufrimiento de hombres y mujeres que, arrastradas por una vivencia colectiva de repruebo, violencia, ignorancia y afán de destrucción, sufrieron e hicieron sufrir hasta un límite que puede parecer exageración y, sin embargo, corresponde a una realidad evidente».

Almudena, en el segundo prólogo, explica que recuperó las memorias de su abuelo para que lo españoles conozcan «lo cruento de una guerra civil, las locuras acometidas en nuestra guerra, y para que la familia Valenzuela y todos sepan lo que Ignacio de Valenzuela y Urzáiz, mi abuelo, pasó en esta contienda y podamos recordarlo siempre».

Origen: Recuperan el manuscristo de un superviviente del «tren de la gloria» de Jaén que relata la matanza
 
Matanza de la prisión de Málaga, el ensayo de las sacas republicanas de la Guerra Civil – Juan E. Pflüger

En la anterior entrada de este blog dedicado a los crímenes del comunismo contamos la matanza cometida por milicianos anarquistas en la Cárcel Modelo de Madrid. Ese tipo de represión, cometida contra personas de ideología de derecha, militares, religiosos e, incluso, contra republicanos moderados que no eran partidarios de la revolución emprendida por el Frente Popular, no fue un hecho aislado. En la Prisión Provincial de Málaga se realizaron varias sacas y matanzas comparables a las ocurridas en la Modelo de Madrid o a las que se produjeron con destino a Paracuellos del Jarama, también en la capital de España.

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En la Prisión Provincial de Málaga las sacas fueron tres meses antes que las organizadas por Santiago Carrillo a partir de noviembre en Madrid. En la ciudad andaluza, los milicianos comunistas, anarquistas y socialistas habían organizado el autodenominado Comité de Salud Pública. Un remedo del Robespierre de la Revolución Francesa que instauró la etapa del terror. Los presos en Málaga tenían motivos para temer por sus vidas.

La primera saca de la Prisión Provincial se produjo el 22 de agosto. La historiografía de izquierdas siempre la ha justificado explicando que fue motivada por un bombardeo de la aviación sublevada sobre los depósitos de combustible que la compañía petrolífera CAMPSA tenía en los muelles de Málaga. Sin embargo, esta acción de guerra causó muy pocas víctimas. Contra lo que ha señalado siempre la historiografía más sectaria que habla de “numerosas mujeres y niños”, la incursión aérea ocasionó nueve gloria. Todos ellos varones, militares o empleados de la petrolera.

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Poco después del bombardeo, a media tarde, un grupo de milicianos del Comité de Salud Pública se personó en la prisión y, sin ninguna oposición por parte de la autoridad del Frente Popular ni de los funcionarios de prisiones, sacaron de la cárcel a 46 presos. Llevaban una lista preparada y mecanografiada y les fueron entregadas las víctimas pese a no tener autoridad ninguna para llevárselas.
Entre las víctimas de esta primera saca de la Guerra Civil se encontraban varios de los militares que habían participado en el levantamiento del 18 de julio -fracasado en esa ciudad- entre ellos estaba el general Francisco Patxot Madoz y su lugarteniente, el capitán Agustín Huelín Gómez; también se encontraba un grupo de diez religiosos y varios políticos de partidos de derecha, como José Méndez, uno de los responsables de Renovación Española en Málaga. Todos ellos fueron cancelados a plena luz del día, sin juicio previo y en las tapias del cementerio ante la presencia de numeroso público.

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En Málaga, y ese día 22 se estaban inventando las sacas, que tan crueles consecuencias tuvieron durante el resto de la guerra en la zona republicana. No fue la última que padecieron los presos en esa ciudad andaluza a manos de milicianos. El 30 de agosto se produjo otra de casi cien personas, y los días 20,21 y 24 de septiembre se asesinaron a otras doscientas presonas que se encontraban presas en los buques prisión anclados en el puerto.

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"Las chicas que se negaban a ir con los guardias eran canceladas"

DANILO ALBIN

BILBAO.- Historias de miedo y sufrimiento. Historias silenciadas. Historias convertidas, por fin, en testimonios que ya nada ni nadie podrán borrar. Tras varios meses de trabajo, la asociación de investigación histórica Elkasko ha conseguido plasmar la represión específica que sufrieron las mujeres en la comarca del Gran Bilbao, una de las zonas del Estado español con mayor incidencia obrera. Los abusos sensual, los fusilamientos y las estrictas medidas sarracena del régimen forman parte de este informe, que cuenta incluso con un apartado didáctico sobre el pavor.


BILBAO.- Historias de miedo y sufrimiento. Historias silenciadas. Historias convertidas, por fin, en testimonios que ya nada ni nadie podrán borrar. Tras varios meses de trabajo, la asociación de investigación histórica Elkasko ha conseguido plasmar la represión específica que sufrieron las mujeres en la comarca del Gran Bilbao, una de las zonas del Estado español con mayor incidencia obrera. Los abusos sensual, los fusilamientos y las estrictas medidas sarracena del régimen forman parte de este informe, que cuenta incluso con un apartado didáctico sobre el pavor.
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"Nos planteamos hacer algo que luego se pudiese utilizar a nivel de educación secundaria y de centros para adultos, por lo que hemos incluido una serie de pautas tanto para los docentes como para los alumnos", explica a Público Belén Solé, una de las autoras —junto a Beatriz Díaz— del mencionado estudio, titulado Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: represión y resistencias. "Queremos que la gente también haga sus propias pesquisas", continúa esta catalana afincada desde hace ya varios años en Sestao.

El informe cuenta con los testimonios de 21 personas, en su mayoría mujeres, nacidas entre 1914 y 1963 en la zona obrera de Bizkaia. "Estas historias de vida forman parte de una base de datos que sigue aumentando con nuevos testimonios y cuyo objetivo es ofrecer una visión sobre las transformaciones sociales de la Ría del Nervión a lo largo del siglo XX", señalan sus responsables. Al igual que en el resto del Estado español, la época más atroz comenzó el 18 de julio de 1936, tras el alzamiento franquista contra la República.

"Si bien la represión en general cuenta con muchos análisis, su impacto entre las mujeres ha sido muy poco investigado", afirma Solé. En ese sentido, el informe destaca que "hubo mecanismos de represión específicamente dirigidos contra las mujeres y una vivencia de la represión entre las mujeres distinta, en algunos aspectos, de las experiencias vividas por los hombres". El apartado de las abusa es, precisamente, uno de ellos. "La violencia sensual que sufrieron las mujeres tanto en los centros de detención como durante la ocupación de las tropas franquistas fue una forma de represión de género, una forma de someter a la población por medio del terror y la vergüenza", subrayan las autoras.

Encarnación Santamaría, una de las vecinas de Sestao entrevistadas por las historiadoras, supo desde pequeña que la dictadura no sólo fusilaba por razones ideológicas. "Mi progenitora nos contaba que había chicas muy guapas, también jóvenes, que como no querían ir con los guardias, las fusilaban. Por la noche, porque no querían ir con ellos… preferían morir antes que ir con ellos", relató. Miren Begoña Sánchez, otra de las voces que aparecen en el informe, también rememoró este tipo de atrocidades. "He oído contar a mi familia de Elgeta cómo los segarro que venían con las tropas de Franco tenían carta blanca y allí debieron de hacer atrocidades con las mujeres —explicó—. Y a una que desapareció del pueblo, la encontraron en el monte perecid, toda hinchada, toda reventada".

"También en los centros de detención era habitual que las mujeres sufrieran abusos sensual como forma de presión durante los interrogatorios. Esta forma de violencia, ejercida de forma sistemática, fue más frecuente durante la guerra y en la primera etapa del franquismo. Más adelante, en los años 60–70, se visibilizó en espacios públicos como las manifestaciones, donde las mujeres eran insultadas por la Policía y agredidas por grupos de extrema derecha", señala el estudio. Según destacan sus autoras, “la violencia sensual es un aspecto de nuestra historia aún poco conocido y difícil de investigar, porque esta forma de violencia era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, fundamental para permitir que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas”.

De esta manera, los abusos sensual cometidos por los franquistas acabarían cubriéndose por el miedo y el silencio de las víctimas: "La culpabilización y la falta de credibilidad que se imponía sobre las mujeres afectadas y sus familiares evitaban la denuncia y desembocaba en el silencio, que durante décadas ha permanecido". Palmira Merino, vecina de Sestao y testigo de esa época, dio fe de ello. "No es como ahora que todo se cuenta. Eso quedaba en secreto. Eso nadie lo contaba. Sabíamos que las habían llevado pero no sabíamos lo que les habían hecho. Y ellas jamás lo han contado. Eso era como… algo tremendo", describió.

Medias por decreto

La dictadura también ejerció una fuerte represión sarracena sobre las mujeres del Gran Bilbao. Uno de los máximos exponentes de aquella "gloriosa cruzada" fue el alcalde de Barakaldo, José María Llaneza, quien llegó a prohibir que las vecinas saliesen a la calle sin medias debajo de sus faldas. De acuerdo a los testimonios recogidos por las historiadoras, el jefe de los alguaciles era quien se encargaba de comprobar que ninguna mujer abusa esta inédita norma. En el caso de los hombres, el alcalde les prohibía pasearse en manga de camisa.

El informe incluye extractos de la ordenanza municipal firmada por Llaneza, en la que dictaminaba cómo debían vestir sus vecinas y vecinos a partir de ese momento. Allí se lamentaba que muchas mujeres de Barakaldo transitaban "en formas poco correctas y decorosas en sus vestido y ademanes, so pretexto de recrearse en las playas, haciendo como digo gala en calles y plazas a las idas y regreso de estos lugares de su escandalosa desenvoltura y desvergüenza, exhibiendo sus piernas sin recato de sus medias y simulando ir vestidas".

"Hoy todo esto puede parecer pintoresco, pero hay que tener en cuenta que se trató de una auténtica cruzada sarracena", destaca Solé. Las consecuencias aún son visibles entre la población: a pesar de los años transcurridos, las investigadoras se toparon con personas que seguían teniendo miedo a relatar sus vivencias. El terror, para muchas y muchos, quedó grabado en la memoria.
 
La carta olvidada del «Lenin español» negando a Stalin que la República necesitara más democracia
El conocido como el «Lenin español», cada vez más radicalizado, contestó al dictador ruso que «independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas…»
Seguir(imagen visible para usuarios registrados)César Cervera@C_Cervera_M
Actualizado:09/10/2019 01:19h
Si los meses previos al estallido de la Guerra Civil vieron la adoctrinamiento total de muchos miembros de la Segunda República, el conflicto en sí dio lugar a un auténtico acto de sumisión por parte de los dos bandos hacia dictadores como Hitler y Stalin, lo que equivalía a pactar con el malo. La correspondencia mantenida entre Largo Caballero y Joseph Stalin durante la guerra da cuenta del nivel de complicidad que el líder histórico del PSOE y el genocida ruso llegaron a alcanzar. Cuando Stalin le pidió en diciembre de 1937 un esfuerzo por aparentar cierto parlamentarismo, el conocido como el «Lenin español» negó que fuera ya necesario mantener la farsa entre las fuerzas republicanas, dado que ya «la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas».
Un giro radical
Francisco Largo Caballero, destacado miembro de la escisión comunista del PSOE, ejerció de ministro de Trabajo tras la proclamación de la Segunda República Española el 14 de abril de 1931, cargo que mantuvo durante el gobierno del primer bienio presidido por Manuel Azaña. Para muchos sectores comunistas se mostró entonces demasiado moderado e incluso conservador, actuando en su ministerio como el «verdugo máximo de la revolución española».

Como San Pablo al caer del caballo, el socialista se convirtió de golpe en un revolucionario. Según él mismo confesó en el verano de 1933, su «giro bolchevique» se debió a los obstáculos parlamentarios que sufriendo sus reformas sociales, principalmente por parte de los terratenientes y algunos cargos republicanos. Estaba convencido que solo con medidas radicales se podía alcanzar una reforma social del país. En clave electoral, Largo Caballero temió que la adoctrinamiento de las masas proletarias y el desgaste del gobierno derivaran en un giro de los votantes socialistas hacia posturas más extremistas como la CNT y el PCE. Así lo expresó, sin disimulos ese mismo verano:

«Hoy estoy convencido de que realizar obra socialista dentro de una democracia burguesa es imposible; después de la República ya no puede venir más que nuestro régimen».
Tras la caída del Gobierno Azaña, Caballero radicalizó su discurso en defensa de una dictadura del proletariado. Fue durante la campaña electoral de 1933 cuando en los mítines socialistas empezó a ser aclamado como el «Lenin español», un sobrenombre que el negaba pero hacía las delicias de los afiliados socialistas.
(imagen visible para usuarios registrados)Primer consejo de ministros del gobierno provisional. De izquierda a derecha : Diego Martínez Barrio, Álvaro de Albornoz y Liminiana , Francisco Largo Caballero, Miguel Maura Gamazo, Alejandro Lerroux García , Niceto Alcalá Zamora, Luis Nicolau d’Olwer, Fernando de los Ríos Urruti, Indalecio Prieto Tuero, Marcelino Domingo Sanjuán, Manuel Azaña Díaz y Santiago Casares Quiroga – Alfonso Sánchez García Alfonso
La derrota de la izquierda en 1934 le inclinó definitivamente por la opción insurreccional ante la previsible subida de la CEDA. Su adoctrinamiento le aproximó a los comunistas, junto a los cuales encendió en las sonbras la mecha de Revolución de Octubre de 1934, si bien negó cualquier responsabilidad en aquellos hechos.
La necesidad de parlamentarismo
Con la victoria del Frente Popular en 1936, protagonizó un enfrentamiento público con el también socialista Indalecio Prieto. Cuando Prieto expuso al grupo parlamentario de su partido, presidido por Caballero, el ofrecimiento del presidente Manuel Azaña a la formación de un gobierno encabezado por un socialista, se encontró con el rechazo de sus compañeros de partido. Aparte de la mala relación personal que tenían los dos socialistas, el problema de fondo es que Prieto quería salvar la democracia republicana, mientras que Largo Caballero defendía más bien una dictadura.
El golpe de Estado del 14 de julio de 1936 sorprendió al socialista radical fuera de España. Rápidamente se desplazó a Madrid y exigió el reparto de armas entre los obreros y sindicalistas. Él mismo visitó el frente madrileño vestido de miliciano y armado con un fusil. Las primeras derrotas y el caos de la retaguardia republicana llevaron a la formación de un Gobierno en el que Largo Caballero, en nombre de la UGT, asumió la presidencia y el Ministerio de la Guerra. Con el envío a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) del oro del Banco de España se aseguró el apoyo de Stalin y una línea de comunicación directa con el Kremlin.
(imagen visible para usuarios registrados)Fotografía de Stalin
En diciembre de 1936, Stalin, Molotov y Voroshilov enviaron una serie de cartas a Largo Caballero tratando de dictar la política que debían seguir los republicanos de puertas para dentro:
«La revolución española traza su propio camino, distinto en muchos aspectos del seguido por Rusia. Esto obedece no solo a las distintas condiciones sociales, históricas y geográficas, y a las necesidades de la situación internacional… Es muy posible que la vía parlamentaria resulte ser un medio más eficaz de desarrollo revolucionario que en Rusia… No se debe rechazar a los dirigentes republicanos sino que, por el contrario, hay que atraerlos y acercarlos más al gobierno. Sobre todo, es necesario asegurar el apoyo de Azaña y su grupo al gobierno y hacer todo lo posible por vencer sus vacilaciones. Esto es necesario para evitar que los enemigos de España la consideren una República comunista e impedir así su intervención abierta, que constituye el mayor peligro para la España Republicana»
Stalin, ¿el demócrata?
En resumen, Stalin pedía a Largo Caballero que mantuviera la «vía parlamentaria» y el apoyo del resto de grupos republicanos para que, al menos en apariencia, el país no pareciera encaminada a una República comunista, lo que podía acabar forzando a naciones no facinerosos, como Inglaterra o Francia, a intervenir en la Guerra Civil con tal de evitar un satélite comunista en Europa Occidental. El 12 de enero de 1937 Largo Caballero contestó por carta a Stalin, uno de los bolcheviques que disolvieron la Asamblea Constituyente rusa y que estaba a punto de hacer una nueva purga en su partido, el porqué carecía de sentido apostar por más democracia, aunque fuera de reaccionarioda, en ese momento del conflicto:
«Tiene razón al señalar que existen diferencias apreciables entre el desarrollo de la Revolución rusa y la nuestra. De hecho, como ustedes mismos indican, las circunstancias son diferentes… Pero en respuesta a su alusión [al método parlamentario] conviene puntualizar que, independientemente de la suerte que reserve el futuro a la institución parlamentaria, entre nosotros, incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas… Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha… Lo que ocurre es que ellos mismos apenas hacen nada para afirmar su propia personalidad política».
«Estoy absolutamente de acuerdo con Vds. en lo que dicen respecto a los partidos políticos republicanos. Siempre hemos procurado atraerles a las tareas de gobierno y de la lucha»
La huida de las autoridades republicanas a Valencia, cuando parecía inevitable la caída de Madrid, y la pérdida de Málaga en febrero de 1937 llevaron a grandes sectores republicanos y a los agentes soviéticos a dar la espalda al presidente. Desencantado con los comunistas, Largo Caballero presentó el 13 de mayo de 1937 su dimisión a Azaña.
Durante el resto de la guerra llevó una vida retirada en Madrid, Valencia y Barcelona, solo interrumpida por varios choques con las nuevas autoridades republicanas. Pasó los últimos meses de la guerra en Barcelona, sin dejar de mostrar su descontento hacia el gobierno de zainín.
Origen: La carta olvidada del «Lenin español» negando a Stalin que la República necesitara más democracia
 
La Guardia Civil, archivos y represión
Por Floren Dimas / La voz de la república

Hace poco, la ministra de cultura, anunció a bombo y platillo el libre acceso a más de 24.000 expedientes hasta ahora protegidos. Pues bien, ninguno de ellos se refiere al archivo de la Guardia Civil.

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Corporativamente la Guardia Civil fue el órgano represivo con mayor presencia en España, un país eminentemente agrario con más de siete mil municipios, en donde en todos los núcleos de población, incluso los más pequeños, la presencia del cuartelillo, llevaba el terror a las puertas de cada casa y al estado de ánimo de todos sus habitantes.

Los beneméritos cuartelillos, se convertían así en centros de detención, tortura y apertura de diligencias, una documentación a cuya redacción aplicaba la Guardia Civil un exquisito cuidado y detalle en la plasmación de datos, en el cumplimiento de las órdenes, oficios, exhortos, circulares, -anónimos incluso– y todos los escritos recibidos por conducto regular e irregular.

Por reglamento, y por tradición, la Guardia Civil ha sido siempre muy puntillosa en la custodia de la documentación, expedientes que hoy se encuentran en el archivo histórico de la Dirección General de la Guardia Civil en Madrid.

Este archivo es uno de los últimos reductos fortificados, casi infranqueables para los investigadores, salvo para los de la cuerda franquista.

Su catálogo está disponible únicamente para la consulta presencial (no está en internet) y es de una opacidad tal, que es casi imposible seguir rastros que vayan más allá de un nombre o apellido, y cuya accesibilidad se deja a criterio de los responsables del mismo, utilizando como pantalla la Ley de Protección de Datos, para negar información sobre lo que ellos consideren ligado a la comisión de hechos poco edificantes.

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Este archivo es el Santa Sanctorum de la documentación existente sobre la guerrilla antifranquista, y sobre todo de la acción represiva aplicada al mundo rural.

Hace un par de años estando yo de viaje por Asturias, recibí una llamada de la Guardia Civil de Águilas, lugar mío de residencia, para decirme que la pareja (sic) había estado en mi casa para entregarme un sobre con el sello de confidencial.

Quedamos en que a mi vuelta de vacaciones, pasaría por el cuartelillo para retirarlo y firmar el recibido.

Se trataba de la hoja de servicios de un -entonces- capitán de la guardia civil, Mariano Pérez Ugena, uno de los más importantes conspiradores contra la República en la Región de Murcia, que terminó pasándose a los rebeldes con toda su columna por el frente de Guadix.

En honor a la verdad he de decir que por el envío de las fotocopias no me cobraron nada, aunque tardaron su tiempo, varios meses, en servirlo. Pero lo que resulta inadmisible es que un archivo, que debería ser de acceso discrecional público, exija rellenar y enviar un formulario, para luego recibir un expediente parcial, ya que lo que me enviaron acaba el 18 de julio de 1936, negándome la documentación acumulada durante su trayectoria al servicio de los rebeldes durante la Guerra y durante el franquismo, hasta su pase a la reserva.
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Resulta paradójico y hasta grotesco, que en plena era tecnológica y de la información, pedir una hoja de servicios de un mando de la Guardia civil, fallecido hace más de 25 años, tenga el tratamiento de secretismo como si se tratara de algo que afectase a la seguridad nacional.

Vemos así la cantidad de los recovecos y parcelas de impunidad del franquismo que continúan vigentes y que dificultan extraordinariamente la labor de los investigadores.

Hace poco, la ministra de cultura, anunció a bombo y platillo el libre acceso a más de 24.000 expedientes hasta ahora protegidos. Pues bien, ninguno de ellos se refiere al archivo de la Guardia Civil.

Del Archivo Histórico de la Policía, hablaremos otro día.

Floren Dimas. Oficial del Ejército del Aire (RET), investigador histórico, miembro de ANEMOI ( colectivo de militares demócratas españoles), vocal de la junta directiva de ACMYR.
La Guardia Civil, archivos y represión
 
Desbrozando a Ángel Viñas & Cía: un tratado de malas maneras – Moisés Domínguez
Los autores de El primer asesinato de Franco presentan una historia con una terminología poco académica y guerracivilista.
Moisés Domínguez
2018-02-27

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Franco en medio y Balmes a la derecha | Archivo

No me he reído tanto con un libro de Historia desde que leí La Guerra de Andrés (Francisco Moreno, 2006). Recomiendo fervorosamente la lectura de este último libreto. Estoy seguro de que lo disfrutarán. Supera con mucho en gracia e ironía a la ‘novela’ que se han marcado entre el economista Ángel Viñas, el piloto jubilado de Iberia, procedente de mecánico de vuelo, Cecilio Yusta Viñas, y el patólogo y adalid de la memoria histórica en Segovia, Miguel Ull Laita. Y sobre todo es más ligero y barato.

(imagen visible para usuarios registrados)El general Amado Balmes Alonso

La publicación de los tres autores lleva el título rimbombante de Elprimer asesinato de Franco: La gloria del general Balmes y el inicio de la sublevación (Crítica, 2018).

El grueso volumen (600 páginas) se puso a la venta el pasado enero. La propaganda para colocarlo en el mercado ha sido espectacular. Lo están presentando como la obra definitiva que no es, ni mucho menos. Pero ahora no voy a entrar en analizar en detalle las muchas inexactitudes, deformaciones y hasta falsedades que contiene. Tan sólo anoto que los autores presentan una historia y le dan vida como si hubiese ocurrido de verdad. Luego, a base de repetirlo en la prensa y en las redes sociales, hacen creer a los incautos que sucedió realmente. Es como Matrix, pero centrado en 1936 y en Canarias.

Hoy nos vamos a centrar en otra cuestión que me ha llamado la atención de El primer asesinato de Franco. Quienes hayan leído otros libros firmados por el Sr. Viñas —cuyo ingreso como alto funcionario en la Administración del Estado se produjo en 1968 en pleno régimen franquista— ya conocen el trato que da a sus enemigos, que no adversarios. Les aseguro que en mi vida he leído un texto con pretensiones académicas, con tal cantidad de descalificaciones, menoscabo a la dignidad, falta de respeto, términos despectivos, vilipendios, insultos, y ofensas gratuitas que el libro que comentamos.

Los autores, coresponsables del texto, no dejan títere con cabeza, pero sólo a diestra; la siniestra, ni tocarla. Todos los investigadores, historiadores, políticos y/o aficionados a la Historia que no se coloquen en su bando son calificados de “profranquistas”, “neofranquistas” o “extrema derecha”, directamente.
No tienen empacho en reconocer que, a diferencia de otros autores, ellos no son neutrales a la hora de investigar ni escribir. En un ejercicio de sinceridad, se permiten declarar que “a veces conviene especular. Nosotros lo hacemos —¡Ojo al dato, como diría José Mª García—pero siempre sobre una base” (p. 316). Este es el método con el que se ha elaborado El primer asesinato de Franco“.

En otro pasaje (ps. 64 y 65) declaran sus verdaderas intenciones, llegando, incluso, a adjetivarse a sí mismos: “Creemos que hasta el historiador antifranquista más fiero podrá pensar que la improvisación nunca estuvo a la orden del día de un tipo —se refieren al general Franco—- precavido, cauteloso, desconfiado y atento a su intereses”.

Sin más preámbulo, veamos cómo califican a los personajes, historiadores, libros y documentos que pasan por su obra y que no se acomodan a sus prejuicios o no son de su agrado por lo que revelan. Es necesario decir que, a veces, estos autores utilizan subterfugios y elipsis para no mencionar al personaje blanco de su enfado. La transcripción que hacemos es literal:

Joaquín Arrarás (periodista, editor e historiador): “Fabulador”, “tergiversador”, “embustero”, “mentiroso”, “premio Nobel de la distorsión y tergiversación”, “un bowling del Caudillo”, “un bowling de Franco”, “escribió los cuentos de Las mil y una noches“, “grosero periodista a sueldo”.

Antonio Bolín (abogado y periodista): “Imaginativo”, autor de “una sarta de mentiras”, “distorsionador”, “fabulador”, “publicó sus falaces memorias en pleno dislate y desconexión con la realidad”, les “dan risa” las conversaciones que mantuvo con Franco.

José Antonio Vaca de Osma (abogado, diplomático e historiador): Es un “babeador”, “un fantasioso”, “no hay que tomarlo en serio”, “no podemos aceptar mucho de lo que escribió”, “brujuleaba”, “no se fía ni un pelo”.
Alfredo Kindelán (militar): “De sus memorias uno no puede fiarse”.
José Alopécico Sotelo: Representaba a la “extrema derecha”.
Felipe Bertrán Güell (político e industrial): “Turiferario”.
Rafael Casas de la Vega (militar e historiador): “Tergiversador”.
Manuel León Rodríguez (militar): “Su vida no hubiera valido un ochavo”.
Esteban Carvallo de Cora (militar español): “En su pelotera obra”, “babosas alabanzas” —a Francisco Franco—.
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Francisco Franco Salgado-Araújo(militar): “Mentiroso”, “sus memorias sesgadas”, “escribió creativamente”, “en una de sus frecuentes distorsiones o mentirijillas”, “se inventó otros encuentros frecuentes entre Franco y Balmes”, “se calló como un perecid”.
José Mª Gil Robles (político): Con él tiene un poco más de misericordia. No lo considera “tan lelo”, tan sólo un mentiroso que “mintió con frecuencia”.
Juan de la Cierva (inventor del autogiro): Lo encuadra con un grupo derechista, cuando no lo califica como “filofascista furibundo”.
Stanley Payne (historiador e hispanista) y Jesús Palacios (historiador): “El tratamiento que los biógrafos de Franco, a saber Payne/Palacios, dan al origen de la operación es de auténtica risa. Con perdón”. Payne y Palacios son simplemente “gente que circula por ahí”. “Payne ha emborronado centenares de páginas sin grandes descubrimientos, para argumentar tal mentira podrida (perdón queremos decir falacia)”. “La obra de Payne/Palacios sobre Franco no se basa en absolutamente ninguna evidencia de archivo. Es, con perdón, un mero refrito a pesar del bombo que se le ha dado”. “Payne se dedica únicamente a copy and paste“.
Nicolás Salas Larrazábal (historiador): “Nadie puede tomarlo en serio, su obra es un panfleto, montaje fruto de corta y pega”.
Cecil Bebb (piloto del Dragon Rapide): Sus declaraciones “no valen un chavo”.
Gonzalo Queipo de Llano: “Un auténtico incivil a gran escala”.
Emilio Mola: “Un extremista violento sin fisuras”, “extremista violento general”.
Luis Orgaz Yoldi: Conjeturan que pudo volar a la península “en busca de una aventura galante”.
Eduardo Cañizares Navarro (militar): “Corrupto”, “bowling”, “incompetente”, “turiferario de Franco”, “delator” y “mentiroso”.
Peter Day (periodista): “No tiene ni idea”.
José Mª Pinto de la Rosa (militar): “Dormilón”; “la patidifusez de Pinto de la Rosa”; lo que escribe es “un camelo”.
Lorenzo Martínez Fuset (militar): “Amiguete” de Franco.
Rúa Figueroa (militar): “Mintió”.
Teódulo González Peral (militar): “El Bowling”.
Juan Yagüe y Apolinar Sáenz de Buruaga (militares): “Son purasangres”.
Víctor Zurita (periodista): Otro de los “bowling máximos canarios”, “el máximo turiferario de los militares”, “grosero periodista a sueldo”, “historiador falaz” y “personaje chaquetero”.
Bernardo Félix Maíz (historiador): Destila “mala baba”; es un “turiferario”; su obra no les inspira “gran confianza”.
Francisco Franco Bahamonde: Hizo la “bowling” a Mussolini; “carnicero”.
Brian Crozier y Georges Hills (historiadores): “Hagiógrafos” de Franco. Son untuosos y zalameros.
Francisco Herrera Oria y Torcuato Luca de Tena (periodistas): “Escribieron versiones miríficas”.
Fernando López-Tomasety (médico militar): “El Hospital Militar mintió. Su director, López Tomasety, debió asumir toda la responsabilidad, a no ser que obedeciera ordenes”. Es un “mentiroso”.
Rafael O´Shanahan (médico): Para salvar su fruta y responsabilidad también “mintió “y “fingió”.
José Mendoza (juez): “Muy prudentemente se había achicado”.
José López López (militar): “Alucinaba”.
Ricardo Serrador (militar): “ Distorsiona los hechos”, “Impartió órdenes de cómo orientar el expediente de viudedad”.
Manuel Escudero Díez (chófer militar de Balmes): Como desmonta su teoría de la conspiración, con él son inmisericordes: “mintió”; es un “soldadito franquista”. Lo define como un borracho: “si no se le hacen angustia a la botella”, “se dio a la bebida para acortar su propia vida”.
Domingo Padrón Guarello (militar): “Amiguete y socio de la conspiración”.
José Víctor López Vergara (fruta): “Miente”.
Luís Gabarda Sitjar (militar): “Tergiversó las fechas”.
José Nieto Ventura (militar): “Miente”.
General Amado Balmes: “Es muy campechano” y supone que no estaría un “tanto gagá”.
Ricardo de La Cierva (historiador): Es un “ingenioso”, “inventor de identidades”, “millonario”, “turiferario”, “hagiógrafo de Franco”, “no era […]”.
Los cuatro forenses de la autopsia a Balmes (Arturo García, López-Tomasety, Sánchez Galindo y Ramírez): “Mintieron”.
Ángel David Martín Rubio (sacerdote e historiador): “Reverendo padre de la extrema derecha”.
Miguel Platón (historiador): Supone que “no se inventa nada”, pero como buen maestro, le sugiere que “debe darse cuenta de lo absurdo del episodio”.
Luis Togores (historiador): “El último hagiógrafo del general Yagüe”.
Luis Suárez Fernández (miembro de la Real Academia de la Historia): “Un inventor de historias”.
José Antonio Sangróniz:”Excontrabandista de postín”, “engañó a Vaca de Osma como a un chino”, “mintió como un bellaco”.
Pedro Sáinz Rodríguez: “Es el último mono”.
Pablo Hurtado Izquierdo: “Fiscal purasangre”.
Ramón Serrano Suñer: “Mentiroso”.
Álvarez Tardío y Villa García: “Historiadores de derechas”.
Además de las descalificaciones a los personajes mencionados, sorprenden otras expresiones, de lo más pintoresca, pero poco académicas y científicas:
  • “Franco no se fiaba ni de su padre”
  • “Hambrientos perros de la guerra” (los militares franquistas)
  • “Jauría de militares”
  • “Los documentos franquistas son “auténtica […]”
  • “Esta […] ha hecho escuela”
  • “Dejemos de lado la […] que implica este planteamiento”
  • “Indigencia de algunos historiadores profranquistas”
  • “Los más […]”
  • “Papo”
  • “Pamplinas”
  • “El descubridor de los documentos que ha hecho salivar a la derecha profranquista”
  • “Cantamañas”
  • “Cantamañas franquistas”
  • “No se lo cree ni él”
  • “Solemne paparruchada”
  • “Indio mohicano”
  • “El perecid al hoyo y el vivo al bollo”
  • “No hay que olvidar la pela, palabra de Evangelio”
  • “Franco se levanta tempranito”
  • “No se pasme el lector”
  • “Un documento que ha hecho salivar de gozo a la derecha profranquista”
  • “Redacción mal intencionada de la autopsia”
  • “(La autopsia) es un informe algo más que chapucero”
  • “La autopsia fue falseada”
  • “La autopsia fue manipulada”
  • “La superchería que le han vendido a la derecha profranquista”
  • “Jaleadores de la derecha”
  • “Derramando abundantes lágrimas de cocodrilo”
  • “Escama un pelín”
  • “Supercherías profranquistas”
  • “Ser un poco duro de mollera”
  • “Novela de espionaje barata”
  • “Feroces militares que sirvieron en Canarias”
  • “Como en la peli de los Hermanos Marx”
  • Pero ¡Oh, cielos!
  • “¡Milagro, milagro!”
  • “Pertenece al reino de la fantasía”
  • “Le daría un bofetón de aúpa”
  • “Nos hemos reído bastante”
  • “Regocijantes disparates”
Después de lo visto, El primer asesinato de Franco no puede tomarse como un libro de Historia serio. Todas estas expresiones y toda la terminología zafia, guerracivilista —y a veces portuaria— provocan el rechazo de la obra de Viñas, Yusta y Ull. Me adscribo a la reclamación del historiador Pablo Sagarra en una reseña de un ensayo que refuta las afirmaciones de Viñas sobre las armas recibidas por ambos bandos de la guerra: “Mientras Viñas no responda con fundamento, y de manera adecuada —sin insultos o descalificaciones personales—, a lo expuesto en este libro, el crédito de su obra queda en entredicho”.

A modo de epílogo, creo necesario referirme al profuso empleo de la palabra “turiferario”. En la primera acepción del diccionario de la RAE significa la persona “que alaba de forma exagerada y generalmente interesada al poderoso”; y en la segunda acepción al que “lleva el incensario”. ¿Estaremos ante el turiferario de la Comisión de la Verdad que propone Pedro Sánchez en su nueva versión de la Ley de Memoria Histórica?

Moisés Domínguez es el autor de En busca del general Balmes.
 
La verdad sobre el tesoro del Vita – José María Zavala
Dinero, joyas, lingotes y otros bienes incautados por la República desaparecieron entre acusaciones mutuas de Indalecio Prieto y la Junta de Auxilio a los exiliados



  • El yate Vita trasladó las cajas y maletas de los bienes incautados, incluído un ejemplar de «El Quijote»

José María Zavala. 18 de diciembre de 2017. 03:52h

En la humilde localidad oscense de Villanueva de Sijena, de la que tanto hoy se habla a raíz de la devolución de su tesoro artístico por parte del Museo de Lleida, se perpetró un lamentable expolio al comienzo de la Guerra Civil española. A orillas del río Alcanadre, entre Sariñena y Chalamera, el pueblo de Sijena sigue albergando hoy un antiguo monasterio, Panteón Real de Aragón, de estilo románico tardío y cisterciense. La avanzadilla de la Columna Durruti causó allí estragos. Jesús Saba, vecino del pueblo, tenía once años cuando vio arder la virgen románica de madera, icono del monasterio, con la que los milicianos encendieron una estufa.

El lamentable episodio de Sijena trae a la memoria hoy también otro más bochornoso aún: el del tesoro del Vita. Su protagonista: Indalecio Prieto Tuero. Prieto y el mar. Curiosa vinculación la de un terrícola con el inmenso piélago. Pero hubo un barco que se cruzó en su destino. Se llamaba Vita y había pertenecido al rey Alfonso XIII con el nombre de Giralda. En su cubierta almorzó el monarca, a modo de ejemplo, con el kaiser Guillermo II en 1904. Era un yate cargado de historia, de citas importantes con jefes de Estado y otras personalidades, de momentos inolvidables en la vida de un rey. Años después, el Gobierno de Juan zainín compró esa lujosa embarcación de 690 toneladas, dos palos y dos potentes motores, para trasladar un grandioso tesoro fuera de España. En un claro intento de guardar las apariencias ante la opinión pública, se puso el barco a nombre de un tal Marino Gamboa, ciudadano filipino y testaferro de zainín. Como era lógico, tratándose de un súbdito estadounidense, en el Vita ondeó desde el principio el pabellón norteamericano.

Hasta un «Quijote»

El 1 de febrero de 1939, a las diez y media de la noche, se habían reunido por última vez en España las Cortes de la República en el castillo de San Fernando, en Figueras, plaza fuerte de la provincia de Gerona. En aquella fortaleza construida bajo el reinado del primer Borbón, Felipe V, situada a tan sólo 25 kilómetros de la frontera francesa, un zainín con gesto cariacontecido se negaba a dar su brazo a torcer ante los 62 fruta de la Cámara que le escuchaban, pese a ser consciente de que la guerra estaba ya casi perdida.

Durante esa dramática sesión, se dispuso el traslado de cerca de 200 bultos –entre cajas y maletas– del castillo de Figueras a París; cajas y maletas repletas de joyas, valores y otros objetos procedentes de depósitos bancarios y del desvalijamiento de cajas particulares ordenado por el propio Gobierno republicano. Dinero y bienes, en suma, que pertenecían a los ciudadanos españoles, cuyos domicilios fueron saqueados en algunos casos por los vándalos de las checas, y que el Gobierno pretendía llevar fuera de España para «ponerlos a salvo» del enemigo. En esas cajas y maletas había oro en lingotes y acuñado, colecciones de monedas también de oro de gran valor numismático, objetos artísticos y de culto que pertenecieron al Papa Luna, el joyero de la Capilla Real, el célebre relicario del Clavo de Cristo, y hasta un extraordinario ejemplar de «El Quijote» editado en hojas de corcho.

Francisco Rellenito, empleado del Banco de España de la sucursal de París, y Felipe Mesta, comisario de la Caja de Reparaciones, fueron los encargados de adquirir las 120 maletas en las que se introdujeron los 110 bultos de que constaba el cargamento del Vita, sin contar las cajas. Parte del oro pudo muy bien haber ansioso de las bóvedas del Banco de España, de donde se extrajeron 13.000 cajas en total, 7.900 de las cuales, según confesó luego el general soviético Alexander Orlov, encargado de su traslado a Moscú, llegaron a poder de Stalin. Las 5.100 cajas restantes se dividieron en dos expediciones más: «Una, anterior a la de Odessa –aseguraba Prieto–, que fue a Marsella, y otra, muy posterior, a Barcelona». Pues bien: si Prieto sostenía que una parte de las reservas de oro del Banco de España fue a parar a Barcelona, y si esa «parte» pudo elevarse a cien o doscientas toneladas del noble metal, es más que probable que al zarpar el Vita de la Ciudad Condal, cuando la guerra ya estaba perdida, llevase en sus bodegas parte de tan precioso cargamento. De lo contrario, sería difícil entender cómo sólo con unas cuantas «joyas y bisutería», como aseguraba Prieto que transportaba el barco, pudiese llegar para tanto.
El Vita fue puesto por su propietario filipino a disposición del Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles (SERE), fundado en abril por el Gobierno de zainín. Desde sus oficinas de la Rue Saint-Lazare, el SERE distribuía a los refugiados españoles por América, la mayoría de los cuales llegaban a México, donde eran atendidos por una comisión presidida por el ex rector de la Universidad de Valencia, José Puche.

Las ideas de zainín

En las bodegas del barco se cargó, primero en El Havre y luego en Ruán, el tesoro procedente del castillo de Figueras. A bordo viajaban siete marineros nacionalistas vascos a las órdenes del capitán José Ordorica, que había sido contratado ya de palabra el año anterior por Marino Gamboa, quien luego cedió el contrato al Gobierno de zainín.

En El Havre (Francia) subió al Vita José María Martínez Sabater, ex funcionario de Hacienda y portador de la documentación e inventario del cargamento; Enrique Puente, encargado de custodiar el tesoro en calidad de teniente coronel de carabineros, lo hizo en Ruán (Francia). Junto a Puente, viajaban varios subordinados como S. Arévalo, M. García, Alcañiz y F. Hernández. El administrador de la nave era Mariano Manresa, ex capitán del Trasmontana, que intervino en su adquisición. Acompañaba a éste su hermano Antonio, que viajaba como auxiliar administrativo o primer sobrecargo. Ambos comulgaban con las ideas políticas de zainín. Los tripulantes pusieron rumbo a Veracruz, a cuyo puerto arribaron el 23 de marzo de 1939. zainín había dispuesto que fuese el capitán Ordorica quien entregase personalmente el tesoro al doctor Puche. Sin embargo, puesto al habla con tierra, Ordorica confirmó que el representante del jefe del Gobierno no había acudido a la cita.

Destino fundición

La situación entrañaba un serio peligro: ¿qué hacía si no un yate de lujo frente a las costas mexicanas sin atracar en el puerto y enarbolando la bandera norteamericana, cuando ninguno de sus tripulantes tenía esa nacionalidad? El imprevisto podía originar un conflicto entre la administración estadounidense y la mexicana si ésta no actuaba con diligencia, como así sucedió. El cónsul de Estados Unidos ordenó el desalojo del barco, mientras el jefe de la Aduana subía a bordo para inspeccionar sin éxito la carga, dado que Ordorica estaba en tierra y su camarote cerrado. Fue entonces cuando irrumpió en escena la oronda figura de Prieto, quien se apoderó finalmente del tesoro. ¿Qué fue de todas esas riquezas? ¿A dónde fue a parar el relicario del Clavo de Cristo? ¿Y el joyero de la Capilla Real? ¿Qué sucedió con el célebre Manto de las 50.000 perlas robado de la Catedral de Toledo? ¿Y cuál fue el destino de las valiosas colecciones de relojes…?

Es probable que una gestión irresponsable convirtiera en lingotes de oro o plata esas piezas únicas. Un informe del Banco de México confirmaba ese aciago presentimiento. La conclusión era abrumadora: entre enero y mayo de 1940, la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) de Prieto envió al Banco de México un fabuloso cargamento de oro fino para que procediera a fundirlo. Todo apunta a que fue un crimen contra el patrimonio histórico y artístico de España; un verdadero expolio de la propiedad privada de millares de españoles. Prieto era el único amo del tesoro del Vita. Cuando le convenía justificarse, alegaba que su actuación obedecía a indicaciones de la Fruta Permanente y de la JARE de París. Pero en la capital francesa aseguraban, en cambio, que era él quien mandaba desde México.

Una cosa, sin duda, era lo que Prieto decía: «Se giraban a la Junta, que funcionaba en París, cantidades muy considerables para auxiliar a los miles de refugiados españoles»; y otra muy distinta la realidad que reflejaba el primer balance de la JARE, cerrado el 30 de septiembre de 1939, según el cual casi el 40 por ciento del dinero gastado en sólo dos meses (1.484.250 francos) fue absorbido por la Fruta Permanente de las Cortes y se empleó en atenciones a los consejeros y funcionarios, mientras que otros 1.638.000 francos fueron a parar a la Generalitat catalana. Los refugiados por los que Prieto tanto intercedía únicamente recibieron 300.000 francos en fruta. El resto del presupuesto eran partidas administrativas y algunas ridículas subvenciones.

Muchos asilados vivían así perversos en los quince campos de concentración instalados en Francia y en los cuatro de Jovenlandia. Demasiados recluidos en estos campos fueron destinados a las Compañías de Trabajo y no recibieron ni un solo franco del SERE o la JARE. Al mando de oficiales franceses, su situación era precaria: realizaban penosos trabajos de fortificaciones y carreteras por los que tan sólo cobraban como soldada oficial cincuenta céntimos de franco diarios, aparte de la manutención y del alojamiento en barracones. Un tesoro despilfarrado a manos llenas.
Origen: La verdad sobre el tesoro del Vita
 
Guerra en Madrid: Spartacus: una checa para guardias civiles en la calle Santa Engracia
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Guardias civiles detenidos por milicianos en la guerra

Una de las mayores desgracias de la Guerra Civil en Madrid fueron los asesinatos indiscriminados de cientos de personas contrarias a la forma de pensar del Frente Popular. La fuerte influencia soviética del Gobierno de la República propició la proliferación, sobre todo durante los seis primeros meses de conflicto, de varias organizaciones incivil que con el objetivo de limpiar la retaguardia republicana de “enemigos”, acabaron con la vida de un número elevadísimo de hombres y mujeres.

Las checas se convirtieron desde agosto de 1936 en temibles centros de detención controlados por los partidos políticos y sindicatos. Las torturas, asesinatos y vejaciones se convirtieron en algo habitual en estos centros durante los seis primeros meses de guerra. Algunas de estas checas pasaron a la historia por sus sangrientos crímenes, otras, apenas han sido investigadas. El presente estudio nos va a llevar a conocer la checa Spartacus, una de las peores cárceles extraoficiales de la República en la que se intentó hacer una limpieza a fondo del cuerpo de la Guardia Civil.

La checa anarquista Spartacus se estableció en los primeros días de la sublevación en el Convento de las Salesas Reales situado en el número 18 de la calle Santa Engracia, muy cerca de la Glorieta de Alonso Mártínez. Este lugar fue donado a esta orden religiosa por el Marqués de Cubas después de que su antiguo convento fuera convertido en Palacio de Justicia.

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Lugar en el que estaba situada la checa Spartacus

El inicio de la Guerra Civil en Madrid propició que el convento fuera incautado por parte de la CNT-FAI con la finalidad de que fuese la sede de una Columna Anarquista. Sin embargo, la Iglesia, los claustros y jardines de las Salesas Reales de Chamberí también se convirtieron en la sede del Comité Central que se iba a encargar de depurar el cuerpo de la Guardia Civil para su transformación en la Guardia Nacional Republicana. Pese a permanecer leal al Gobierno, la Benemérita generaba muchas desconfianzas en el Frente Popular; por eso, se tomó la decisión de disolver este cuerpo de seguridad durante los primeros compases de la contienda.

El Comité Central depurador estaba formado por guardias civiles (suboficiales, clases y tropa) y por elementos de los distintos partidos políticos con una preeminencia de la CNT, dado que el presidente y más activo protagonista fue el anarquista José Luzón Sarracena.

Este comité depurador utilizó las dependencias religiosas de las Salesas Reales como centro de detención o checa. Allí se aglutinó a un gran número de guardias civiles desafectos al régimen republicano según los responsables del citado comité. El antiguo agente del benemérito cuerpo Ambrosio Pasero Gómez, ascendido a alférez a poco de comenzar la guerra, estaba al frente de esta checa que muy pronto se convertiría en una de las más temidas de Madrid.

A través del Comité Central y a propuesta de los comités de las diferentes unidades militares, se decidía qué guardias civiles eran afectos al régimen republicano o por el contrario se mostraban disconformes con el Frente Popular. Todos aquellos guardias que eran declarados “desafectos” pasaban sin más dilación por la checa Spartacus.

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Imagen actual de lo que fue la checa Spartacus

En la Guardia Civil, como en otros Cuerpos del Ejército, la oficialidad esencialmente agrupada en los empleos de Teniente, Capitán y Comandante, eran muy proclives al Alzamiento; de hecho muchos de estos Oficiales se habían afiliados a Falange y a la Unión Militar Española (UME) e incluso habían preparados planes para tomar diversos edificios oficiales como el Palacio Nacional, lugar de residencia del Presidente de la República, cuando se iniciara la rebelión. Más aún, algunos meses antes de julio del 1936 se habían detectado en Madrid un almacén con gran cantidad de uniformes de guardias civiles y armamento para ser utilizados el 18 de julio de 1936.

Muchos de los lectores se preguntarán qué parámetros seguían los miembros del comité depurador de la Guardia Civil para encerrar a los agentes en la checa Spartacus. La respuesta es bien sencilla. El traslado a este centro de detención se podía deber a la negativa de los agentes a enrolarse en las columnas que combatían en el frente o bien como consecuencia de las declaraciones y denuncias de sus propios compañeros.

Es triste pero una gran parte de los guardias civiles que murieron tanto durante el período bélico como después de la guerra, lo hicieron como consecuencias de las denuncias de los propios compañeros, atentando de esta manera contra el espíritu que debía anidar entre los miembros del Instituto Armado, representado en su Cartilla fundacional redactada por la Inspección General del Arma, siendo su Director el Duque de Ahumada: “15. Ha de procurar juntarse generalmente con sus compañeros, para fomentar la estrecha amistad y unión, que debe haber entre los individuos del arma;…”

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Esquela ABC 1939 recordando a los guardias asesinados

Los guardias civiles encerrados en este checa vivían en unas condiciones pésimas. El hacinamiento en las celdas y la falta de alimentos mermaban las fuerzas de los agentes presos que debían ser alimentados por sus propios familiares. El 20 de noviembre de 1936, curiosamente el mismo día en el que Durruti perdía la vida, las mujeres e descendientes de los guardias se encontraron con una trágica noticia: los carceleros les notificaron que de la noche a la mañana los “desafectos” habían sido trasladados a Guadalajara o Levante. Pronto se enterarían que en la noche del 19 de noviembre habían sido asesinados más de 50 de los recluidos entre jefes, oficiales, suboficiales y clases de tropa en las tapias del Cementerio Este.

¿En qué contexto se entiende esta matanza de guardias civiles?, ¿cómo una checa esencialmente dedicada a mantener retenidos a unos guardias sobre los que se investigaba su afección al régimen, pudo aprobar un fusilamiento como este? La respuesta todavía no la sabemos con certeza casi 80 años después. Aunque antes de este 19 de noviembre se produjeron asesinatos a pequeña escala llevados a cabo por personas de Spartacus, nunca antes se había producido un asesinato tan masivo de agentes de la Benemérita.

Son varias las hipótesis que se manejan y todas ellas con grandes visos de verosimilitud. En este sentido, las declaraciones del guardia civil Severiano Sanz Zamarro, el único guardia de la expedición que se fugó de las camionetas que lo trasladaban la noche del 19, y la declaración de los familiares de estos guardias en la Causa General pueden proporcionarnos algo de luz en este estudio.

El más caracterizado de los 52 guardias civiles asesinados fue el Teniente Coronel ROYO SALSAMENDI Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid con sede en la calle García de Paredes. A él le fue encargada la formación de una Columna de guardias que bajo las órdenes del Coronel Asensio ocupó una parte del frente de Guadarrama. Durante los combates con los franquistas, un buen número de comandantes, oficiales, suboficiales y agentes se pasaron a la zona nacional por lo que el Teniente Coronel Royo fue bastante cuestionado. Sus superiores lo retiraron inmediatamente del frente durante el mes de agosto de 1936 siendo posteriormente detenido en su domicilio de Madrid. Su asesinato en la expedición del 19 de noviembre junto a la de otros oficiales que formaron su columna pueden estar muy relacionados con los episodios de Guadarrama.

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Un guardia civil leal a la República

Otros de los motivos que se argumentan y así lo expresan las respectivas familias de tres oficiales asesinados fue la negativa de apoyar a las milicias vascas en el frente del País Vasco. La familia del Teniente Coronel Jefe del Paque Móvil José Velázquez Guerra afirmaba que tanto muchos oficiales fueron encerrados en la checa de Spartacus por su negativa a marchar con el Comandante Antonio Naranjo Limón y el Capitán Germán Ollero Morente a combatir junto a los batallones de milicias vascas en el frente de Euskadi. Estos dos oficiales tuvieron una actitud muy influyente en el Comité Depurador y fueron calificados después de la Guerra Civil como personas “extremadamente marxistas”.

Algunos historiadores han alegado que este asesinato en masa de guardias civiles fue una consecuencia de la gloria de Durruti en Madrid. Sin embargo, para nosotros esta teoría carece de fundamento. Efectivamente Durruti fue herido el 19 de noviembre de 1936 y murió el 20 de noviembre (la misma fecha que José Antonio Primo de Rivera) pero la decisión sobre la masacre estaba ya tomada. El día 18 de noviembre, en un escrito del Comité Central de la Comisión Depuradora de la GNR, José Luzón adjunta una relación de detenidos en el Cuartel de Santa Engracia, que serían evacuados a Guadalajara; dicho escrito iba dirigido al Camarada Jefe del Cuartel de Santa Engracia, Alférez Pasero. Por lo tanto, el día antes de que hirieran a Durruti, los responsables de la CNT-FAI ya tenían previsto realizar una ‘saca’ de presos muy parecida a las que se estaban llevando a cabo en Paracuellos de Jarama.

Otro de los motivos que pudieron tener que ver con el asesinato masivo de los presos de Spartacus y posiblemente una de las teorías más acertadas estaba relacionada con los ataques franquistas en Madrid. Los guardianes de la presión confirmaron al Comité Depurador que cada vez que se producía un bombardeo nacional sobre Madrid, era celebrado con alegría por los guardias civiles recluidos en la prisión de Santa Engracia.

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Monolito en el cementerio de Vicálvaro que recuerda a los
guardias civiles asesinados durante la Guerra Civil

El día 19 de noviembre a las 23:00 horas, se presentó en Spartacus el Comandante honorario de la GNR y presidente del Comité Central José Luzón Sarracena acompañado de varios milicianos del Cine Europa de la CNT. Todos ellos pidieron al jefe de la checa (Ambrosio Pasero) que entregara a los guardias civiles que le habían indicado en el escrito fechado el día anterior. Acto seguido, los milicianos ataron las manos de los guardias civiles con una cuerda subiéndolos a tres camionetas que se encontraban estacionadas justo en la puerta del convento d Santa Engracia. Luzón recomendó a los guardianes que dijeran a los familiares de los guardias que iban a ser trasladados a Guadalajara hasta que cesara la ofensiva franquista en Madrid. Todos los objetos personales de los detenidos se quedaron en la checa. La ejecución masiva tuvo lugar en el cementerio de Vicálvaro entre la 01:00 y las 02:00 de la madrugada.

En junio de 1939, terminada la guerra, el sepulturero del cementerio de Vicálvaro declararía en la Causa General que había dado sepultura el día 22 de noviembre de 1936 a 38 guardias civiles los cuales fueron enterrados en dos grandes fosas comunes, a excepción de tres de ellos que reconocidos por sus familiares se les dio tierra en sepultura individual. El resto de cadáveres, no identificados, fueron inscritos en el Registro Civil como personas desconocidas y llevado como datos el número de la fotografía que se les sacaba en el depósito judicial del pueblo. Hoy en día en el interior del camposanto, rodeado de grandes edificios de viviendas, un monolito recuerda junto a otros nombres, los de gran parte de estos 52 guardias civiles vilmente asesinados en las tapias del Cementerio del Este.

Fuentes consultadas:

– Causa General
– El terror rojo, JULIOS RUIZ, Ed Espasa
– Las checas del terror, CÉSAR ALCALÁ, Ed Libros Libres
– Los rojos de la Guardia Civil, JOSÉ LUIS CERVERO, Ed La esfera de los libros
Origen: Guerra en Madrid: Spartacus: una checa para guardias civiles en la calle Santa Engracia
 
Guerra en Madrid: Alcobendas en la Guerra Civil: escenario de ‘paseos’ y ejecuciones injustificadas

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Imagen antigua de Alcobendas / No se puede precisar la fecha
El término municipal de Alcobendas vivió una auténtica pesadilla durante la Guerra Civil Española, especialmente durante el primer año de contienda. Los descampados y carreteras aledañas a esta localidad al norte de Madrid fueron testigo de un sinfín de asesinatos, muchos de los cuáles todavía hoy no se han podido resolver. Llama la atención que a muy pocos kilómetros de Alcobendas se encuentra situado uno de los lugares de peregrinación de los nostálgicos de la Guerra Civil, el cementerio de Fuencarral donde descansan cientos de brigadistas internacionales que murieron durante el conflicto español luchando al lado de la República.

Entre julio de 1936 y marzo de 1937 aparecieron más de cincuenta cadáveres cosidos a balazos en las cunetas de las carreteras cercanas a Alcobendas. La mayoría de los asesinados procedían de otros puntos de Madrid, sin embargo, cuatro vecinos del pueblo también formaron parte de esta lista trágica de ejecuciones arbitrarias y sin juicio alguno que se llevaron a cabo.

La primera víctima mortal de la Guerra Civil que apareció en el término municipal de Alcobendas fue uno de sus sacerdotes del pueblo. El cuerpo de Andrés Rodríguez Perdiguero apareció con varios impactos de bala el 19 de agosto de 1936 en la carretera de Francia según la Causa General. Según el blog ‘Historias de las calles de Alcobendas’, Andrés había nacido en 1898 (durante la guerra tenía 38 años) en esta villa. Poco antes de ser tiroteado había desempeñado el cargo de sacristán en la preciosa iglesia mudéjar de San Pedro el Viejo, conocida por San Pedro el Real, situada en Madrid capital. Otras fuentes como el libro de César Vidal llamado ‘Paracuellos-Katyn’ indican que también había ejercido como sacristán en ‘La Paloma’. Sus restos se encuentran en el cementerio de Alcobendas enterrados en el mismo nicho que sus familiares Jerónimo, Valentina, Carmen y Manuel.
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Carretera de Francia donde se encontraron muchos cadáveres

Unos días más tarde, el 1 de septiembre también aparecía asesinado José Aguado Lussón, líder de Unión Patriótica de Alcobendas y una de las personas más odiadas por los partidos izquierdistas de la localidad. Sabemos de él que era miembro de la asociación religiosa Virgen de la Paz mientras que algunas web vinculadas con la extrema izquierda califican a José Aguado como “cacique” de Alcobendas y “financiador” de la “extrema derecha” del pueblo.

Este mismo día 1 de septiembre fue linchado hasta la gloria en la Carretera de Colmenar el otro párroco de Alcobendas, Mariano Sebastián Izuel. Algunos portales de Internet dicen de él que había hecho campaña para la CEDA en las elecciones de 1934. Pocos datos sabemos más de Sebastian Izuel, tan solo podemos aportar que en el año 1910 impartía con frecuencia misas en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Madrid aunque en 1911 ya estaba en Alcobendas. En la actualidad hay una calle que lleva su nombre.

El último vecino de Alcobendas que murió asesinado durante la Guerra Civil fue un capitán de Veterinaria del Ejército llamado Francisco Sánchez López que también estaba muy vinculado con la CEDA. Su familia había denunciado su desaparición el 6 de octubre de 1936, pero las autoridades no encontraron su cuerpo hasta nueve días más tarde. Presentaba numerosos impactos de bala. Una concurrida calle de Alcobendas lleva su nombre actualmente.

Lugar de paseos

Como antes hemos dicho, mientras se producían estos crímenes de vecinos de la localidad, el término municipal de Alcobendas se estaba convirtiendo en uno de los escenarios favoritos en el que milicianos descontrolados llevaban a cabo sus temidos ‘paseos’. Un gran número de personas del norte de Madrid capital y de otros pueblos de la zona, acusados de ser derechistas, católicos o militares desafectos, eran trasladados en plena noche hasta la carretera de Francia, la de Chamartín o hasta La Sarracena para ser asesinados a sangre fría. Hemos tenido acceso a través de la Causa General al registro de cadáveres que fueron encontrados en este municipio durante la Guerra Civil y la lista de perecid asciende a más de cincuenta.
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Relación de los cadáveres que aparecieron en Alcobendas

La mayoría de cadáveres que se recogieron en Alcobendas durante la guerra carecían de toda documentación por este motivo las autoridades judiciales no pudieron determinar la identidad de los asesinados. Los pistoleros que les habían apiolado a sangre fría les robaban todas sus pertenencias, haciendo imposible la identificación. En muy contadas ocasiones, los funcionarios judiciales sacaron fotografías de los asesinados que eran trasladadas hasta el depósito de cadáveres de la calle Santa Isabel de Madrid a donde solían acudir familiares de desaparecidos para buscar si entre las imágenes de los perecid estaban la de sus seres queridos.

Uno de los asesinatos más impactantes que se produjeron en Alcobendas durante la guerra fue el de Mercedes Fernández Molano, aristócrata madrileña y abuela de Margarita Gómez Acebo (Reina de Bulgaria) que con más de 65 años fue ejecutada en la Carretera de Chamartín el 18 de agosto de 1936. Su asesinato se produjo al mismo tiempo que el de la Marquesa de Cubillas, también con una edad similar a la suya.

El caso de Mercedes Fernández Molano fue espeluznante ya que también fueron asesinados su hija y su yerno (Mercedes Cejuela y Fernández Molano y Manuel Gómez Acebo y Monet) en su finca ‘La Arboleda’ de Collado Villalba en el mes de noviembre de 1936. De esta manera, Margarita Gómez Acebo se quedó sin padres y abuela en menos de dos meses.
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Margarita Gómez Acebo y el Rey de Bulgaria

Otro de los crímenes que tuvieron lugar en el término municipal de Alcobendas fue el de un conocido industrial de la zona norte de Madrid llamado Juan Mao Díaz. Se produjo en el año 1937 y se trató de una terrible confusión por parte de unos milicianos y guardias de asalto que habían montado un control de carretera en las inmediaciones del pueblo. La Audiencia Territorial de Madrid fue la encargada de investigar el error de los milicianos aunque nadie pagó por ello. Antes de la contienda, este individuo ya tenía antecedentes penales por haber cometido algún tipo de robo en los ferrocarriles.

En septiembre de 1936 también se produjo un crimen que todavía hoy no se ha podido resolver. El día 12 de este mes aparecieron en la carretera de Chamartín, en los muros del Monte de la Sarracena, los cadáveres del matrimonio formado por David Torcal de la Cruz, natural de Hortaleza y Micaela Mateo Cuevas, de Alcalá de Henares. No se trataba ni de terratenientes ni de personas adineradas, todo lo contrario. Eran personas muy humildes que vivían en una pequeña choza de cañizos y adobe situada cerca del Arroyo de Valdebebas.

El desenlace de David (antiguo soldado raso de las guerras de África) y Micaela fue fatídico. Sin embargo, años anteriores ambos habían tenido que soportar una terrible tragedia: la gloria de sus dos descendientes tras derrumbarse la casa en la que residían. Aquel suceso, que tuvo repercusión en la prensa de la época, tuvo lugar en 1928 y acabó con la detención (varios días) de ambos por negligencia.

Los perdedores en Alcobendas

Una vez terminada la Guerra Civil, la Causa General fue la encargada de intentar esclarecer los asesinatos que se produjeron en Alcobendas durante el conflicto. Con la colaboración del puesto de la Guardia Civil de la localidad así como de la sección de la Falange, se determinó que durante la contienda en Alcobendas había funcionado una especie de Comité de Investigación e Incautación. El máximo responsable del comité era el socialista Manuel García Moreno, que también estaba vinculado con la UGT. También formaban parte del mismo Alejandro de las Heras y Delfín Homobono René y los miembros de la CNT Ángel García Moreno y Manuel Mas Guadalix.
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Publicación en el Boletin Oficial

Aunque los informes sobre los miembros de este comité no fueron excesivamente negativos (no se les acusó directamente de los asesinatos de los vecinos de Alcobendas), sí que se afirmaba que gracias a ellos se produjeron las detenciones. . García Moreno fue detenido tras la guerra y encarcelado en la prisión de Colmenar Viejo hasta el año 1946.

Sobre Delfin Homobono René tan solo tenemos a nuestra disposición una notificación publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid (5 de mayo de 1941) en la que se decía que este año estaba en paradero desconocido tenía que presentarse ante el Juzgado Militar de Colmenar Viejo para notificarle su procesamiento y obtener de él su declaración indagatoria. En esta notificación se decía que Delfín, vecino de Alcobendas, prestó “servicios como motorista con los rojos”.


Fuentes consultadas:


– Causa General
– Hemeroteca Nacional
– Hemeroteca Comunidad de Madrid
– Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid
– Kaos en la Red (Web)
– Historia de las Calles de Alcobendas (blog)
Origen: Guerra en Madrid: Alcobendas en la Guerra Civil: escenario de ‘paseos’ y ejecuciones injustificadas
 
Guerra en Madrid: Alcobendas en la Guerra Civil: escenario de ‘paseos’ y ejecuciones injustificadas

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Imagen antigua de Alcobendas / No se puede precisar la fecha
El término municipal de Alcobendas vivió una auténtica pesadilla durante la Guerra Civil Española, especialmente durante el primer año de contienda. Los descampados y carreteras aledañas a esta localidad al norte de Madrid fueron testigo de un sinfín de asesinatos, muchos de los cuáles todavía hoy no se han podido resolver. Llama la atención que a muy pocos kilómetros de Alcobendas se encuentra situado uno de los lugares de peregrinación de los nostálgicos de la Guerra Civil, el cementerio de Fuencarral donde descansan cientos de brigadistas internacionales que murieron durante el conflicto español luchando al lado de la República.

Entre julio de 1936 y marzo de 1937 aparecieron más de cincuenta cadáveres cosidos a balazos en las cunetas de las carreteras cercanas a Alcobendas. La mayoría de los asesinados procedían de otros puntos de Madrid, sin embargo, cuatro vecinos del pueblo también formaron parte de esta lista trágica de ejecuciones arbitrarias y sin juicio alguno que se llevaron a cabo.

La primera víctima mortal de la Guerra Civil que apareció en el término municipal de Alcobendas fue uno de sus sacerdotes del pueblo. El cuerpo de Andrés Rodríguez Perdiguero apareció con varios impactos de bala el 19 de agosto de 1936 en la carretera de Francia según la Causa General. Según el blog ‘Historias de las calles de Alcobendas’, Andrés había nacido en 1898 (durante la guerra tenía 38 años) en esta villa. Poco antes de ser tiroteado había desempeñado el cargo de sacristán en la preciosa iglesia mudéjar de San Pedro el Viejo, conocida por San Pedro el Real, situada en Madrid capital. Otras fuentes como el libro de César Vidal llamado ‘Paracuellos-Katyn’ indican que también había ejercido como sacristán en ‘La Paloma’. Sus restos se encuentran en el cementerio de Alcobendas enterrados en el mismo nicho que sus familiares Jerónimo, Valentina, Carmen y Manuel.
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Carretera de Francia donde se encontraron muchos cadáveres

Unos días más tarde, el 1 de septiembre también aparecía asesinado José Aguado Lussón, líder de Unión Patriótica de Alcobendas y una de las personas más odiadas por los partidos izquierdistas de la localidad. Sabemos de él que era miembro de la asociación religiosa Virgen de la Paz mientras que algunas web vinculadas con la extrema izquierda califican a José Aguado como “cacique” de Alcobendas y “financiador” de la “extrema derecha” del pueblo.

Este mismo día 1 de septiembre fue linchado hasta la gloria en la Carretera de Colmenar el otro párroco de Alcobendas, Mariano Sebastián Izuel. Algunos portales de Internet dicen de él que había hecho campaña para la CEDA en las elecciones de 1934. Pocos datos sabemos más de Sebastian Izuel, tan solo podemos aportar que en el año 1910 impartía con frecuencia misas en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Madrid aunque en 1911 ya estaba en Alcobendas. En la actualidad hay una calle que lleva su nombre.

El último vecino de Alcobendas que murió asesinado durante la Guerra Civil fue un capitán de Veterinaria del Ejército llamado Francisco Sánchez López que también estaba muy vinculado con la CEDA. Su familia había denunciado su desaparición el 6 de octubre de 1936, pero las autoridades no encontraron su cuerpo hasta nueve días más tarde. Presentaba numerosos impactos de bala. Una concurrida calle de Alcobendas lleva su nombre actualmente.

Lugar de paseos

Como antes hemos dicho, mientras se producían estos crímenes de vecinos de la localidad, el término municipal de Alcobendas se estaba convirtiendo en uno de los escenarios favoritos en el que milicianos descontrolados llevaban a cabo sus temidos ‘paseos’. Un gran número de personas del norte de Madrid capital y de otros pueblos de la zona, acusados de ser derechistas, católicos o militares desafectos, eran trasladados en plena noche hasta la carretera de Francia, la de Chamartín o hasta La Sarracena para ser asesinados a sangre fría. Hemos tenido acceso a través de la Causa General al registro de cadáveres que fueron encontrados en este municipio durante la Guerra Civil y la lista de perecid asciende a más de cincuenta.
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Relación de los cadáveres que aparecieron en Alcobendas

La mayoría de cadáveres que se recogieron en Alcobendas durante la guerra carecían de toda documentación por este motivo las autoridades judiciales no pudieron determinar la identidad de los asesinados. Los pistoleros que les habían apiolado a sangre fría les robaban todas sus pertenencias, haciendo imposible la identificación. En muy contadas ocasiones, los funcionarios judiciales sacaron fotografías de los asesinados que eran trasladadas hasta el depósito de cadáveres de la calle Santa Isabel de Madrid a donde solían acudir familiares de desaparecidos para buscar si entre las imágenes de los perecid estaban la de sus seres queridos.

Uno de los asesinatos más impactantes que se produjeron en Alcobendas durante la guerra fue el de Mercedes Fernández Molano, aristócrata madrileña y abuela de Margarita Gómez Acebo (Reina de Bulgaria) que con más de 65 años fue ejecutada en la Carretera de Chamartín el 18 de agosto de 1936. Su asesinato se produjo al mismo tiempo que el de la Marquesa de Cubillas, también con una edad similar a la suya.

El caso de Mercedes Fernández Molano fue espeluznante ya que también fueron asesinados su hija y su yerno (Mercedes Cejuela y Fernández Molano y Manuel Gómez Acebo y Monet) en su finca ‘La Arboleda’ de Collado Villalba en el mes de noviembre de 1936. De esta manera, Margarita Gómez Acebo se quedó sin padres y abuela en menos de dos meses.
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Margarita Gómez Acebo y el Rey de Bulgaria

Otro de los crímenes que tuvieron lugar en el término municipal de Alcobendas fue el de un conocido industrial de la zona norte de Madrid llamado Juan Mao Díaz. Se produjo en el año 1937 y se trató de una terrible confusión por parte de unos milicianos y guardias de asalto que habían montado un control de carretera en las inmediaciones del pueblo. La Audiencia Territorial de Madrid fue la encargada de investigar el error de los milicianos aunque nadie pagó por ello. Antes de la contienda, este individuo ya tenía antecedentes penales por haber cometido algún tipo de robo en los ferrocarriles.

En septiembre de 1936 también se produjo un crimen que todavía hoy no se ha podido resolver. El día 12 de este mes aparecieron en la carretera de Chamartín, en los muros del Monte de la Sarracena, los cadáveres del matrimonio formado por David Torcal de la Cruz, natural de Hortaleza y Micaela Mateo Cuevas, de Alcalá de Henares. No se trataba ni de terratenientes ni de personas adineradas, todo lo contrario. Eran personas muy humildes que vivían en una pequeña choza de cañizos y adobe situada cerca del Arroyo de Valdebebas.

El desenlace de David (antiguo soldado raso de las guerras de África) y Micaela fue fatídico. Sin embargo, años anteriores ambos habían tenido que soportar una terrible tragedia: la gloria de sus dos descendientes tras derrumbarse la casa en la que residían. Aquel suceso, que tuvo repercusión en la prensa de la época, tuvo lugar en 1928 y acabó con la detención (varios días) de ambos por negligencia.

Los perdedores en Alcobendas

Una vez terminada la Guerra Civil, la Causa General fue la encargada de intentar esclarecer los asesinatos que se produjeron en Alcobendas durante el conflicto. Con la colaboración del puesto de la Guardia Civil de la localidad así como de la sección de la Falange, se determinó que durante la contienda en Alcobendas había funcionado una especie de Comité de Investigación e Incautación. El máximo responsable del comité era el socialista Manuel García Moreno, que también estaba vinculado con la UGT. También formaban parte del mismo Alejandro de las Heras y Delfín Homobono René y los miembros de la CNT Ángel García Moreno y Manuel Mas Guadalix.
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Publicación en el Boletin Oficial

Aunque los informes sobre los miembros de este comité no fueron excesivamente negativos (no se les acusó directamente de los asesinatos de los vecinos de Alcobendas), sí que se afirmaba que gracias a ellos se produjeron las detenciones. . García Moreno fue detenido tras la guerra y encarcelado en la prisión de Colmenar Viejo hasta el año 1946.

Sobre Delfin Homobono René tan solo tenemos a nuestra disposición una notificación publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid (5 de mayo de 1941) en la que se decía que este año estaba en paradero desconocido tenía que presentarse ante el Juzgado Militar de Colmenar Viejo para notificarle su procesamiento y obtener de él su declaración indagatoria. En esta notificación se decía que Delfín, vecino de Alcobendas, prestó “servicios como motorista con los rojos”.


Fuentes consultadas:


– Causa General
– Hemeroteca Nacional
– Hemeroteca Comunidad de Madrid
– Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid
– Kaos en la Red (Web)
– Historia de las Calles de Alcobendas (blog)
Origen: Guerra en Madrid: Alcobendas en la Guerra Civil: escenario de ‘paseos’ y ejecuciones injustificadas
pero no estaba metido en la gurtell

esta es la eterna candidata a alcaldesa de alcobendas.

para sustituirla la dieron la patada hacia arriba, al parlamento europeo.

todo sueldos publicos

La Fiscalía atribuye a Pepa Aguado un "papel trascendental" en la Gürtel

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En octubre de 1936 llega a Madrid el BATALLÓN LEONES ROJOS, este batallón está compuesto únicamente por milicianos de distintas barriadas de la ciudad de Alicante.Su grueso estaba formado por agricultores y pescadores.
Llegaron prácticamente sin uniformes ni armamento, tan solo algunos portaban escopetas de caza,algunos uniformados con monos de trabajo,la mayoria con su ropa de civil.
Los dependientes de los comercios madrileños serian los encargados de financiar los uniformes y equiparlos para partir al frente.
A principio de Noviembre son armados apresuradamente apenas sin haber recibido instruccion
Son enviados a las defensas situadas en la Casa de Campo donde 2 batallones que defienden este sector estan siendo destrozado por el ejercito ingeniero de Fanco.
Tas haber resistido en Madid,el batallon se gana su fama por su coraje. Se forman varios destacamentos del batallon y combatirán en otros frentes como Guadalajara, otro destacamento el sector Usera-Villaverde y el grueso del batallon defendera Madrid.Tanto debio de crecer su fama, que hasta el ejercito de franco nombra al batallon como batallon LEONES ALICANTINOS.
 

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