Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

EL FRANQUISMO Y LA ACADEMIA
El sabio, el tuerto y la esposa del diablo
Suele decirse que el grito de “Muera la inteligencia” lanzado por Millán Astray contra Unamuno en Salamanca fue un exabrupto o una irreflexiva salida de tono. Más bien resultó ser el anuncio de un programa de depuración
MIGUEL DE LUCAS

El viejo estaba allí. Y habló. Vaya, ya lo creo que habló. Dijo lo que nadie más se atrevió a decir. Y lo dijo bien. Entre el público estaba el tuerto, a quien además le faltaba un brazo. Echaba chispas, el tuerto. Dicen que ese día gritaba mucho. Daba golpes y gruñía como una mala bestia. Se lo llevaban los malos escuchando al viejo. Había un obispo catalán, el primero que escribió que todo aquello era una Cruzada, que la Ciudad de Dios combatía a la Ciudad del Diablo. Pero allí estaba la esposa del diablo. La llamaban la Alta Dama o la Alta Señora. Al final el viejo tuvo que agarrarse del brazo de la Señora para que no lo linchasen allí mismo. Su marido, en cambio, no tendría tanta clemencia. Pero ya llegaremos a eso.

Conocemos a los personajes. Conocemos los hechos. Sabemos cómo empieza y cómo termina esta historia. El viejo (o el sabio) se llamaba Miguel de Unamuno. Era rector perpetuo de la Universidad de Salamanca, pero el título solo le iba a durar unas semanas. El tuerto (o el manco) era José Millán-Astray y Terreros. Todavía hoy muchos lo conocen por ser el fundador de la legión. Muy pocos, en cambio, saben que también fue el fundador de Radio Nacional de España. La mujer es María del Carmen Polo y Martínez-Valdés, aunque ese nombre a esas alturas nos dice muy poco. Durante los cuarenta años que siguen será conocida como Carmen Polo de Franco. O “la collares”. O, sencillamente, la Señora.

Se ha escrito mucho sobre aquella mañana del día de la Hispanidad (todavía Día de la Raza). Es una de esas leyendas de la Guerra Civil que se han contado tantas veces que casi han perdido su significado. Aunque quizás por ello mismo convenga recordarla.

12 de octubre de 1936. La Guerra Civil apenas cumple su cuarto mes. Las tropas sublevadas contra el Gobierno de la República avanzan rápido. Unas semanas antes, el 28 de septiembre, el general africanista Francisco Franco ha sido nombrado en Salamanca Jefe de los ejércitos “Generalísimo”. A partir de esa fecha la ciudad será sede de su cuartel general, la primera capital (más tarde lo será Burgos) del bando facineroso. La celebración del descubrimiento de América, Fiesta de la Raza, ha de ser por tanto por todo lo alto. Salamanca ya ha dejado de ser la primera universidad del país, pero todavía mantiene un prestigio y una influencia determinantes, en gran medida debido precisamente a la figura de Unamuno. Sin caer en la exageración, el viejo es con diferencia el intelectual más respetado en España. Anda por los setenta y dos años y ha visto ya varios cambios de régimen. El sabio ha vivido las guerras carlistas. Tres veces ha sido rector de la Universidad de Salamanca y en dos ocasiones ha sido destituido por razones políticas. Pronto va a sumar la tercera. Resumiendo mucho: le gustaba meterse en líos. Sin importarle el tonalidad del gobierno, siempre ha sido incómodo para el poder. Ha conocido el destierro por injurias al rey Alfonso XIII y por insultar a Primo de Rivera (“fantoche real y peliculero tragicómico”). También ha contribuido como pocos a la caída de la monarquía, hasta el punto de proclamar desde el balcón del Ayuntamiento la llegada de la República el 14 de abril de 1931. Comenzaba, según sus palabras, “una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido”.

Desde aquel día ha llovido mucho. El sabio no oculta ahora su decepción por la marcha de la República ni su desprecio visceral hacia el presidente Azaña (“Cuidado con Azaña, es un escritor sin lectores y será capaz de hacer una revolución para tenerlos”). Y sí, Unamuno se contradecía a sí mismo unas nueve veces al día y rara vez se casaba con nadie. Hasta ese momento, no obstante, Franco y el resto de militares sublevados no pueden estar más contentos. El cerebro más reconocido del país les daba su apoyo. Con matices, claro. Unamuno siempre fue incómodo. Lo iba a demostrar una última vez, aunque a cambio descubriría que, a diferencia de lo ocurrido en los años veinte, lo que llegaba con Franco no era una segunda versión de la dictadura de Primo de Rivera. Posicionarse en su contra no se resolvía con cuatro meses de destierro en Fuerteventura.
Pasemos ahora al escenario. Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Filas a rebosar. Se conservan las imágenes de ese día. Falangistas, soldados, personalidades, catedráticos. Era un acto protocolario, pero importantísimo. A nadie se le escapa la necesidad de contar con el respaldo del mundo académico. Y las palabras del viejo con cara de búho contaban mucho, dentro y fuera de España.

Y sin embargo, nada va a seguir el guión previsto.
Tras la misa de rigor, llega el acto académico. Todo está preparado para el espaldarazo definitivo al alzamiento. No vamos a aburrirnos con los discursos. La secuencia sigue así. Primero le toca el turno a Unamuno. Es un saludo de cortesía. Dice que prefiere no hablar: “Me conozco cuando se me desata la lengua”. Le siguen el catedrático José María Ramos Loscertales, el dominico Vicente Beltrán de Heredia, el catedrático Francisco Maldonado de Guevara. Cierra las charlas el presidente de la comisión de Cultura y enseñanza, José María Pemán. Las dos primeras intervenciones siguen los cauces esperados. Unamuno escucha sereno la chatarrería verbal de la época: loas a España, vivas al Caudillo, denuncias del marxismo, la guasonería, el judaísmo, el bolchevismo. Cuando llega el discurso de Maldonado de Guevara, los ánimos de la audiencia andan desatados. Lo que se escucha a continuación rompe incluso la escala de la patidifusez. Maldonado habla de catalanes y vascos como “cánceres en el cuerpo de la nación” que “el fascismo, sanador de España, sabrá cómo eliminar, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”. El público, lejos de pavor, rompe en gritos. Se oyen los “vivas” de Millán Astray. Los falangistas aplauden extasiados.

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Francisco Franco y Millán Astray en el acto fundacional de la Legión.

Es entonces, cuentan los testigos, cuando a Unamuno le cambia la cara. El anciano aprieta las manos. Se busca en los bolsillos. Allí encuentra una carta de Enriqueta Carbonell, esposa de Atilano Coco, pastor protestante detenido en los primeros meses de la guerra. Unamuno se había llevado la carta para entregársela a Carmen Polo y tratar de conseguir que la petición de clemencia llegue hasta Franco. Ahora, nervioso, toma el papel y garabatea en el reverso algunas anotaciones. Escribe: “Guerra incivil”. Escribe: “Catalanes y vascos”. Escribe: “Vencer y convencer”. Escribe: “Cóncavo y convexo” (esto último no lo llegó a utilizar). Cuando José María Pemán termina su discurso, el todavía rector de Salamanca se pone de pie. Las palabras que siguen varían según las fuentes. La versión que da Andrés Trapiello en Las armas y las letras es, tal vez, una de las más completas. Según Trapiello, el silencio que se hizo fue profundo.

“Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. Callar, a veces, significa mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Había dicho que no quería hablar, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra solo es una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el repruebo que no deja lugar para la compasión; el repruebo a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición. Quisiera comentar el discurso (por llamarlo de alguna forma) del profesor Maldonado. Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. El obispo, quiera o no, es catalán, nacido en Barcelona, para enseñaros la doctrina cristiana, que no queréis conocer, y yo que, como sabéis, nací en Bilbao, soy vasco y llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Eso sí es Imperio, el de la lengua española, y no…”
Llega en ese momento la interrupción de Millán Astray. El tuerto se levanta. Comienza a golpear la mesa con su única mano y grita: “¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?”. Hecho una furia, culmina su discurso con el lema de la legión: “¡Viva la gloria!”. La audiencia jalea. Unamuno prosigue:
“Acabo de oír el grito necrófilo y sin sentido grito de ¡Viva la gloria! Esto me suena lo mismo que ¡Muera la vida! Y yo, que me he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de los que no las comprendieron, he de decirles, como autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente […] ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos en España. Y pronto habrá más, si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre (no un superhombre) viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad del espíritu, suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él.”
 
Se produce en ese instante la segunda y definitiva interrupción del legionario, quien suelta su frase: “Muera la inteligencia”. Hay quien dice que sus palabras fueron otras: “¡Mueran los intelectuales!”. O tal vez: “Si la inteligencia sirve para el mal, muera la inteligencia”. O tal vez: “¡Muera la intelectualidad traidora!”. Para algunos apólogos, la misma idea expresada de otras formas resulta de algún modo menos brutal. Al oírle Unamuno se enerva y llegan sus palabras finales, minutos antes de que el acto termine prácticamente a golpes.
“Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir, necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece […] pediros que penséis en España”.
De nuevo tenemos para esto casi tantas versiones como testigos. Hay quien dice que el viejo salió casi en volandas, perseguido por los falangistas. En los últimos años, una serie de historiadores ha negado que Unamuno corriera peligro. Lo cierto, sin embargo, es que incluso una versión tan poco sospechosa de izquierdismo como la que daba el propio Millán Astray días después de lo ocurrido refleja la atmósfera reinante:
“Al terminar, la Señora del Jefe del Estado salía sola y entonces me dirigí al señor de Unamuno y le dije: “Señor Rector: dé usted el brazo a la Señora del Jefe del Estado y acompáñela hasta la puerta a despedirla”. Él así lo hizo. Yo fui detrás. Luego supe que los estudiantes jóvenes y principalmente los falangistas, si no hubiese sido por haber ido dando el brazo a la Señora del Caudillo e ir yo detrás de ellos, quizás hubiesen tomado alguna medida violenta contra el señor Unamuno.”
Normalmente aquí suele terminar el relato. La verdadera historia, en cualquier caso, comienza en este mismo punto. Es el fin del viejo. Esa tarde, cuando acude a su tertulia en el Casino, sus compañeros le dan la espalda y lo increpan. Un día después, 13 de octubre, el Ayuntamiento aprueba su destitución como concejal. El 14 de octubre, el claustro de la Universidad de Salamanca decide retirarle la confianza. Es el mismo claustro que en enero de ese año había propuesto a Unamuno como candidato al premio Nobel de literatura. El 18 de octubre es cesado oficialmente. En palabras de su biógrafo, Jon Juaristi, el ya ex rector se convierte en prisionero de Salamanca. No vuelve a poner un pie en la calle. “He decidido no salir ya de casa desde que me he percatado de que al pobrecito policía esclavo que me sigue –a respetable distancia– a todas partes, es para que no escape –no sé adónde- y así me retenga en este disfrazado encarcelamiento como rehén de no sé qué, ni por qué ni para qué”.
 
En cuestión de semanas sus amigos dejan de visitarle. Ser visto en su compañía se convierte en motivo de sospecha. Dos meses más tarde, el 31 de diciembre, día de Nochevieja, hacia las cinco de la tarde, muere en Salamanca Miguel de Unamuno y Jugo, escritor, filósofo, fruta en Cortes, rector perpetuo. Al día siguiente, primero de enero, se reúnen en un velatorio los mismos catedráticos y falangistas que lo habían defenestrado. Estos consiguen apropiarse del féretro para enterrarlo como si fuera uno de los suyos. Ese día el nieto del ex rector salía corriendo mientras gritaba a sus padres: “Se llevan al abuelo, a tirarlo al río”.
La depuración
Todo esto lo cuenta el historiador Jaume Claret Miranda en su libro El atroz desmoche. La destrucción de la Universidad española por el franquismo, 1936-1945. En realidad, el incidente de Salamanca es apenas una de las muchas cosas, ni siquiera la más grave, de las muchas que se detallan en este libro. Con una bibliografía y una documentación que solamente se puede considerar abrumadora, Claret Miranda recorre un episodio silenciado y oculto durante décadas, nunca antes contado en su totalidad. Su libro, basado en la tesis del autor, es estudio minucioso y pormenorizado, universidad por universidad, centro por centro (Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Santiago de Compostela, Oviedo, Sevilla, Granada, Barcelona, Madrid, Valencia y Murcia), de un exterminio intelectual: el plan de liquidación de cualquier rastro de disidencia por parte del régimen de Franco.
Como escribe en su prólogo el historiador Josep Fontana, el choque entre Millán Astray y Unamuno posee un valor metafórico. “Cuando se habla del ‘¡Mueran los intelectuales!’ que José Millán Astray pronunció el 12 de octubre de 1936 en Salamanca se suelen interpretar sus palabras como el exabrupto de un militar temperamental. Lejos de ello, representaban la expresión sincera de un punto fundamental del programa de los sublevados de 1936”.
Al recordar el incidente corremos el riesgo de quedarnos con una imagen banal o caricaturizada de Millán-Astray, la de un malvado de cartón piedra, un villano de opereta que grita y bufa como un mastín enloquecido. A ello contribuyen sin duda sus discursos exaltados, su sangriento historial y su imagen poco menos que siniestra. Su biógrafo, Luis E. Togares, quien no se esfuerza demasiado en disimular la admiración que le suscita el personaje, lo describe así: “Su imagen, de uniforme, tuerto y manco, con el pecho repleto de condecoraciones, la mirada fría de su único ojo, como perdida, y la tez cetrina y cadavérica, resultaba la misma imagen de la gloria en combate, la imagen subyugante de la guerra”. No obstante, según cuenta el libro de Togares, quizás la mayor contribución de Millán Astray a la historia de España no sea ni su enfrentamiento con Unamuno ni la fundación de la Legión, sino el apoyo decidido al nombramiento de Franco como jefe de los Ejércitos. El Polifemo del Rif (según el terriblemente cursi apodo que acuñó la prensa franquista) hizo todo lo posible por promocionar a su viejo compañero de batallas en África. Como insiste Fontana, no está de más recordar que pocas semanas después del episodio en Salamanca, Franco nombró a Millán Astray jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda, y que ya unas semanas antes el tuerto había sugerido la inserción obligatoria en todos los periódicos del lema “Una Patria, un Estado, un Caudillo”, copia casi literal del Ein Volk, ein Reich, ein Führer de Hitler.
El Día de la Raza no fue la única vez que Millán Astray habló de acabar de raíz con todo rastro de disidencia. Lo haría de nuevo una semana más tarde, el 18 de octubre, escribe Jon Juaristi, durante la inauguración de un cuartel de requetés, “amenazando con fulminar a los intelectuales desafectos a la rebelión”. ¡Muera la inteligencia! no era un grito descontrolado, sino el anuncio exacto de lo que iba a suceder en los años siguientes.
En la universidad, aquello fue llamado “el atroz desmoche”. La expresión se la debemos nada menos que a Pedro Laín Entralgo, uno de aquellos falangistas arrepentidos, quien en su Descargo de conciencia, publicado tras la gloria de Franco (en 1976), afirma: “…se acometía la empresa de la reconstrucción intelectual de España –tan urgente, después del atroz desmoche que el exilio y la depuración habían creado en nuestros cuadros universitarios, científicos y literarios”.
¿Cuántos cerebros fueron desmochados? Poner números a la llamada depuración es tarea imposible. Según Jaume Claret, en cada territorio “la autoridad militar correspondiente, con la colaboración de fuerzas vivas, adoptaba una serie de medidas provisionales en el ámbito educativo con el objetivo de purgar a los elementos republicanos y de izquierdas y devolver el control a los elementos católicos y de derechas”. La purga alcanzaba todos los niveles. Se calcula, por ejemplo, que hacia 1937 ya eran 50.000 los maestros expedientados. Hacia marzo de 1939, el ministro franquista Sainz Rodríguez cifraba en 1.101 los docentes universitarios depurados. Son las estimaciones del régimen. Desde el otro lado, los republicanos en el exilio estimaban que cerca de un 40% del profesorado universitario se vio afectado.
 
En los discursos de la época, los propagandistas de Franco describen la aniquilación como un pasaje bíblico: “La espada de nuestro caudillo trazó, en un amanecer ardiente de julio, la divisoria entre dos mundos irreconciliables, entre el reinado del error y el imperio de la verdad… Y como en todo trance de creación, nuestra Patria revivió en el alumbramiento de un orden nuevo, el augusto dolor de su gloria y mística maternidad”. Dentro de la universidad, la guerra civil tuvo efectos similares a los de la artefacto artefacto peligroso atómica. A la destrucción inicial habría que sumarle los daños causados por varias décadas de radiaciones. Incluso puede que algunos claustros no se hayan librado todavía hoy de la contaminación. Ello explicaría, en opinión de Josep Fontana, el –digamos– escaso interés hacia este episodio. “¿A qué puede deberse esta diferencia entre la forma en que se ha investigado la tragedia de los maestros y el silencio acerca de lo que sucedió en las universidades? La razón esencial es que la universidad franquista no se renovó después de la transición y optó, para disimularlo, por callar y esconder su pasado”.
Los claustros universitarios, explica Claret, se vieron profundamente afectados tanto por las consecuencias directas –exilio, gloria y represión del profesorado– como por las indirectas –nuevas adjudicaciones de vacantes, interferencias políticas o equilibrios entre los intereses de las familias ideológicas. Todo ello “de resultas de una política que propugnaba la necesidad de entrar a sangre y fuego, sin respeto a nada de lo preexistente”. Como bien resumía desde su exilio mexicano el médico y científico José Puche Álvarez, “lo que se perdió en la guerra no fue sólo un Gobierno, sino toda una cultura”.
El caso de Salvador Vila Hernández
La asepsia de las cifras no permite siquiera asomarse a la tragedia detrás de cada expediente. Los más afortunados perdían el trabajo. Otros acababan en el exilio. Demasiados, en las cárceles o ante el pelotón de fusilamiento. Para comprender la dimensión humana de la pérdida es necesario volver al terreno de las historias. Regresemos por tanto al 12 de octubre de 1936. Conviene recordar, por ejemplo, que el mismo día y a la misma hora que Unamuno se enfrentaba a Millán Astray en Salamanca, en la Universidad de Sevilla el poeta de la generación del 27 Jorge Guillén leía el discurso del Día de la Raza ante el general Queipo de Llano y el Gran Visir de Tetuán, Sidi Ahmed El Ganmia. A Guillén le recomendaron participar en el acto de adhesión al alzamiento para que no prosiguiera la investigación abierta contra él. En agosto de 1936 se le había denegado ya el permiso para asistir a una reunión del Pen Club en Buenos Aires. Finalmente, tras muchos azares, se exilió con su familia a Francia y después a Canadá.

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Retrato de Salvador Vila.

Menos suerte tendría Salvador Vila Hernández, rector de la Universidad de Granada al estallar la Guerra Civil. Salvador Vila era un joven catedrático salmantino. Fue un investigador precoz, así como un extraordinario arabista. También fue amigo y discípulo predilecto de Unamuno, a quien tuvo como maestro mientras estudiaba Letras y Derecho en Salamanca. En 1928 había disfrutado de una beca para estudiar cultura árabe en la Universidad de Berlín, donde conoció a su futura mujer Gerda Leimdörfer, procedente de una familia alubia, laica e ilustrada, hija del redactor jefe del principal periódico judío de la capital alemana.
Quienes conocieron a Salvador Vila habrían de recordarlo como un hombre “sonriente siempre, y sencillo y bueno”. Era de carácter tímido y tenía un leve defecto de pronunciación en el habla. Eso no le impidió hacerse, en 1935, con la dirección de la Escuela de Estudios Árabes en Granada, y un año después, en 1936, con el rectorado de la Universidad. Tras conocerse la noticia del golpe de Estado, y con la confianza de que el paso del verano calmaría los ánimos, el matrimonio partió a Madrid y a Salamanca para visitar al viejo maestro. De acuerdo con el relato de Claret: “Durante aquellas primeras semanas, Miguel de Unamuno y Santiago Vila pasearon y conversaron por las calles de Salamanca como si nada sucediese a su alrededor”. Uno de aquellos días, el 7 de octubre de 1936, después del almuerzo, “una pareja de la Guardia Civil detenía al joven matrimonio en su casa y los trasladaba a Granada. Alarmado ante el arresto, el maestro trataba en vano de interceder por su discípulo predilecto. Mientras tanto, Salvador y Gerda eran encarcelados por separado en la prisión de hombres y en la de mujeres. Ya no volvieron a verse”.
 
No es exagerado pensar que la persecución y el arresto de su alumno más brillante cambiaron radicalmente la visión de Unamuno sobre el levantamiento militar de Franco. Esa es la interpretación que hace Jaume Claret y cuesta no asumirla como la más correcta. “El cambio de actitud no respondió a ningún arrebato irreflexivo, sino que venía originado por una lenta evolución a raíz del constante goteo de noticias sobre los excesos represores cometidos por las nuevas autoridades”. En uno de sus cuadernos, el rector de Salamanca apunta lo siguiente: “El que una horda de locos energúmenos mate a un número de ricos sin razón alguna, por bestialidad, no me parece tan grave como el que unos señoritos asesinen a un profesor por suponerle masón”.
En los primeros días de octubre, Unamuno comienza a escribir a las autoridades cartas que no obtienen respuesta. Llegado el momento decide visitar personalmente a Franco en su cuartel general. El todavía rector confía en su autoridad y su prestigio para interceder por sus amigos. Pide clemencia, entre otros, para el catedrático y último alcalde republicano de Salamanca, Casto Prieto Carrasco. Sus palabras apenas son escuchadas. El caudillo no atenderá ninguna de sus peticiones. Es más, puede que, después del altercado con Millán Astray, quedase echada para siempre la suerte de Salvador Vila. Así lo sugiere en su libro Jaume Claret: “No por casualidad, el crimen contra el discípulo se producía poco después de que el general Francisco Franco firmase la destitución de Miguel de Unamuno como rector dentro de las represalias tras el incidente durante la celebración de la Fiesta de la Raza”. La noche del 22 de octubre de 1936, el ya destituido rector de Granada es conducido a Víznar, la misma localidad donde tres días antes era asesinado Federico García Lorca. Allí será cancelado junto con otros veintiocho presos.
“Gerda Leimdörfer no se enteró del asesinato de su marido hasta el 1 de noviembre, y no consiguió ser excarcelada hasta tiempo después, gracias a los buenos oficios del compositor Manuel de Falla.” Para lograrlo, y como si hubiesen vuelto los tiempos del Santo Oficio, “tuvo que abjurar del judaísmo y convertirse al catolicismo. Con un niño de pocos meses, la viuda de Salvador Vila tomaba el nombre de María de las Angustias, virgen patrona de Granada”.
Prisionero en su propia casa en Salamanca, la noticia de la gloria de Salvador Vila no hizo sino añadir amargura a los últimos días de Unamuno. El 13 de diciembre, dos semanas antes de su gloria, el maestro se lamentaba así en una carta dirigida a su amigo Quintín de la Torre:
“Claro está que los mastines –y entre ellos algunas hienas– de esa tropa no saben lo que es la guasonería ni lo que es lo otro. Y encarcelan e imponen multas –que son verdaderos robos y hasta confiscaciones y luego dicen que juzgan y fusilan. También fusilan sin juicio alguno […] Y esto es cosa cierta, porque lo veo yo y no me lo han contado. Han asesinado, sin formación alguna de causa, a dos catedráticos de universidad –uno de ellos, discípulo mío– y a otros. Últimamente al pastor protestante de aquí, por ser… masón. Y amigo mío. A mí no me han asesinado todavía estas bestias al servicio del monstruo […] Qué cándido y que ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco.”
La exhibición de atrocidades
El anti-judaísmo en los primeros años de represión franquista no era el único elemento común con el nancy alemán o la Inquisición española. También lo fue la quema de libros. El 30 de abril de 1939, cuando aún no se cumple un mes del final de la guerra, una pira de volúmenes considerados peligrosos o poco equilibrado arde en la Universidad Central de Madrid. Los nuevos dirigentes, leemos en El atroz desmoche, justificaron las hogueras por “la falsificación, a través del libro escolar, de nuestra historia patria, buscando en el servilismo soviético el modelo más adecuado para infiltrar en la niñez el repruebo a todo lo nacional, a todo lo católico y espiritual”.
El adjetivo “atroz” (es decir: fiero o cruel) no es gratuito. Difícilmente puede definirse de otro modo lo ocurrido en Santiago de Compostela: la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del Seminario de Estudios Galegos (SEG). “Al menos noventa y nueve fueron asesinados, represaliados o se exiliaron.”
 
Sólo como atroz (es decir: inhumano o enorme) puede describirse el asesinato en Oviedo del rector y catedrático de Derecho Civil Leopoldo García-Alas García-Argüelles. Sus malos alegaron que el acusado había asistido a un mitin de Manuel Azaña. La causa última de su gloria, en cambio, no se debía a su ideología ni a su cargo, sino sencillamente al hecho de ser el descendiente de Leopoldo Alas “Clarín”, autor de La regenta. El repruebo de la sociedad tradicional de Oviedo contra aquella novela llegaba a tal extremo que, al no poder descargar su rabia contra el literato (Clarín llevaba perecid desde 1901), la emprendieron contra su descendiente y el monumento a su honor. Así lo narra Claret: “Un grupo de jóvenes vestidos con camisa azul, correajes y pistolas colocaban una enorme careta de burro en el busto del novelista y, antes de dinamitarlo, se fotografiaban orgullosos frente a él”.
La exhibición de atrocidades podría dar la impresión de obedecer a una espiral desatada de furia sin sentido. Nada más lejos de la realidad. En el campo de la cultura esa interpretación sería enormemente ingenua. La violencia tenía un triple fin: el castigo para los desafectos, la sumisión de los indecisos y la cohesión de los vencedores. Por esto mismo el período de la “depuración” sería una edad dorada para los delatores. El franquismo, apunta este libro, no sólo necesitaba una universidad sometida, sino cómplice. Al fin y al cabo, casi peor que las ausencias sería lo que vino después, cuando el vacío del exilio, las cárceles y las cunetas pasó a ser cubierto por una legión de arribistas. Detrás de cada sanción, de cada exilio, de cada asesinado, se hallaba un beneficiario. Las cátedras se convirtieron en botín de guerra y premio por los servicios prestados. En la práctica, la consecuencia inmediata para las generaciones siguientes sería una universidad mucho más restringida, además de declaradamente clasista y sens. El bachillerato universitario se volvía más selectivo, subraya Claret, y la educación superior reducía sus objetivos, “a dotar de una cultura clásica, religiosa y eminentemente española a la minoría selecta de alumnos que han de ir a la Universidad”. Una minoría selecta donde muy pocos tenían cabida, “y menos aún las alumnas, cuyo puesto último, en general, no debe ser la Universidad, sino el hogar”.
Con frecuencia se ha dicho, con admirable capacidad de síntesis, que la Guerra Civil la ganaron los curas y la perdieron los maestros. En el campo de las ideas, el nuevo régimen tuvo como objetivo inicial, a menudo expresado de forma explícita, borrar cualquier rastro del pensamiento crítico y racionalista nacido en la Ilustración, y que por azares históricos en España solo había llegado a eclosionar en los años veinte y treinta del siglo XX. Como dice el historiador británico Eric Hobsbawm, la guerra “encarnaba las cuestiones políticas fundamentales de la época: por un lado, la democracia y la revolución social, siendo España el único país de Europa donde parecía a punto de estallar; por otro, la alianza de una contrarrevolución o reacción, inspirada por una Iglesia católica que rechazaba todo cuanto había ocurrido en el mundo desde Martín Lutero”. El 1 de abril de 1939, cautivo y desarmado el Ejército rojo, el monopolio del pensamiento regresaba a manos de Dios.
Con la nueva era de la Victoria, la Iglesia recuperaba el control de todos los ámbitos educativos. En la escuela su dominio iba a ser absoluto. En la educación universitaria el único rival serio en la fruta del botín iba a ser la Falange, que ya en los años de la República tenía presencia en los campus a través del SEU (Sindicato Español Universitario). Entre los planes para una universidad “falangizada”, el Movimiento Nacional promovía el logro de la “autarquía cultural” (sic). Pero aun así Falange ni pudo ni supo imponerse. Como se recoge en El atroz desmoche: el mismo Franco aclaraba que en España “no hará falta una universidad católica, porque todas nuestras universidades serán católicas y en ellas habrá una enseñanza superior religiosa de carácter filosófico”.

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Juan Peset

Así, mientras los colegios se llenaban de crucifijos y las facultades de capillas, la persecución de profesores ligados a la República no cesaba. Entre los últimos ajusticiados figura el nombre de Juan Peset Aleixandre, catedrático de Medicina legal y exrector de la Universidad de Valencia. Otro alumno extraordinario, que acumulaba cinco carreras (doctor en Medicina, Ciencias y Derecho, y perito químico y mecánico), y que fue condenado por dos veces a gloria en un simulacro de consejo de guerra. En su defensa, multitud de testimonios aseguraban que hizo lo posible por proteger vidas y edificios en la retaguardia republicana. No sirvió de mucho. A las seis de la mañana del 24 de mayo era cancelado contra el muro del cementerio de Paterna (Valencia). Más de dos mil personas fueron asesinadas allí. La gloria del rector Juan Peset ocurrió en 1941. La guerra, por aquellas fechas, llevaba dos años terminada.
 
Una ola de patidifusez
A partir de 1939 todo intento de modernización pedagógica o democratización de la Universidad era abolido. Las consecuencias, dice Jaume Claret, no sólo no se ocultaban, sino que eran asumidas como un mal necesario: “el desmoche ha sido tremendo porque tremenda era la plaga”. En Barcelona el número de expedientes se volvía gigantesco. Al ser una de las últimas ciudades en caer, “todos los docentes de la Universidad fueron declarados suspensos de empleo y obligados a solicitar el reingreso y la depuración”.
En Madrid, entre los perjudicados partirían al exilio personalidades tan conocidas como Américo Castro o Claudio Sánchez-Albornoz. Julián Besteiro, catedrático de Lógica y ex presidente del Congreso y del Partido Socialista, pagaría con su vida el compromiso con la República. Murió en 1940 en la cárcel de Carmona (Sevilla). Terminada la guerra, y al ser preguntado por sus captores por la localización exacta del Tesoro Nacional, cuentan que Besteiro respondió con un punto de orgullo: “En las cárceles y en los campos de concentración”.

Con el tiempo, más tarde o más temprano, los sectores más aperturistas y lúcidos del franquismo llegarían a ser conscientes del daño causado. Destacan las palabras del primer ministro de Educación Nacional de Franco, Pedro Sainz Rodríguez, quien calificó el éxodo de intelectuales como “uno de los más graves problemas que la Guerra Civil plantea a la cultura española”. Una pérdida, en su opinión, que únicamente podía ser comparada con “la emigración de los afrancesados a raíz de la Guerra de la Independencia”. La suya no era, no obstante, la opinión mayoritaria en su tiempo. En cuestión de tres años el pensamiento había retrocedido a las tinieblas medievales, con el aplauso exaltado de quienes ahora estaban llamados a dirigir la cultura. En Los intelectuales y la tragedia de España, libro publicado en 1937, Enrique Suñer Ordóñez proponía directamente la “extirpación a fondo de nuestros enemigos, de esos intelectuales, en primera línea, productores de la catástrofe. Por ser más inteligentes y cultos, son los más responsables”.
Jaume Claret termina su estudio sobre El atroz desmoche en el año 1945. Es cierto que a partir de esa fecha, tras la derrota de Hitler y Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, se atempera (sin llegar nunca a detenerse) el grado de represión ideológica en las aulas españolas. Como ha estudiado entre otros Jordi Gracia en La resistencia silenciosa y antes en Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, la universidad no tardaría en volver a ser en la década siguiente uno de los focos de resistencia contra la dictadura. La razón ilustrada pudo recuperar algo de oxígeno, de forma precaria y escondida, a partir de los años cincuenta. La historia reciente de la universidad española es quizás un relato de claroscuros, pero en la inmediata posguerra la oscuridad era absoluta.
“Cuando nos referimos al yermo franquista siempre tenemos en mente a todos aquellos docentes que se perdieron, pero olvidamos que el yermo real y duradero lo crearon sobre todo aquellos profesores que permanecieron en España y ocuparon las vacantes”, concluye Claret. “Evidentemente, en esta desgraciada herencia hubo excepciones […] Con los años, además, la masificación impidió mantener el control estricto de los claustros, y poco a poco, algunas cátedras se airearon, pero en muchas otras la herencia siguió presente. De hecho, todavía parte de la actual universidad española es más hija de la universidad franquista que de la republicana. No ideológicamente, sino por tradición.”
Casi nadie lee hasta el final estos artículos. Por lo tanto, querido lector o querida lectora, si has llegado hasta esta línea significa que podemos hablar en confianza y compartir alguna confidencia. Resulta tentador que nos preguntemos, por ejemplo, cómo habría sido la universidad española si el proceso modernizador puesto en marcha por la República no hubiera sido ahogado en un charco de sangre.
La próxima vez que oigamos hablar sobre la precariedad de la investigación en España, sobre rectores colocados a dedo que plagian sus trabajos o sobre la falta de prestigio de los campus españoles, podríamos pensar por un momento en Miguel de Unamuno, en Salvador Vila, en Leopoldo García-Alas, en Julián Besteiro, en Juan Peset. O en las palabras que escribió desde el exilio Manuel Azaña. En sus últimos cuadernos se conserva esta nota, escrita en junio de 1939, un año antes de su gloria: “Todas las informaciones que recojo prueban que, sin haberse retirado la ola de sangre, ya se abate sobre España la ola de la patidifusez en que se traduce el pensamiento de sus salvadores. El desastre para todo el país, debe ser aún mayor de lo que yo me imaginaba y temía”. En el fondo, las palabras que Millán Astray dirigió aquel 12 de octubre contra Unamuno no habían podido ser más acertadas. “Todo lo ocurrido en España”, escribiría Azaña, “es una insurrección contra la inteligencia”.
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CLARET MIRANDA, Jaume (2006). El atroz desmoche. La destrucción de la Universidad española por el franquismo, 1936- 1945.Barcelona: Crítica.
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Miguel de Lucas es periodista y candidato a doctor en Literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Sevilla. En la actualidad, trabaja como profesor de Lengua española en el Centro Norteamericano de Estudios Interculturales de Sevilla.
Para saber más:
GRACIA, Jordi (2004). La resistencia silenciosa. Fascismo y cultura en España. Barcelona: Anagrama.
JUARISTI, Jon (2012). Miguel de Unamuno. Madrid: Taurus.
RABATÉ, Colette y RABATÉ, Jean Claude (2009). Miguel de Unamuno. Biografía. Madrid: Taurus.
ROJAS, Carlos (1995). ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la gloria! Salamanca, 1936. Barcelona: Planeta.
TOGORES, Luis E. (2004). Millán Astray. Legionario. Madrid: La esfera de los libros.
TRAPIELLO, Andrés (2010). Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Barcelona: Destino.
 
El abuelo de Puigdemont se refugió en la Sierra de Cádiz huyendo de los comunistas – José María Aguilera
El Archivo Histórico Provincial descubre el asilo en Benaocaz de Francisco Puigdemont con su cuñado, párroco de la iglesia del pueblo
En una circular fechada el 14 de noviembre de 1938 se refleja su presencia como refugiado procedente de la zona roja
(imagen visible para usuarios registrados)El abuelo de Carles Puigdemont, Francisco, se refugió en Benaocaz junto a su hermano político Juan Olivares. – LA VOZ

JOSÉ MARÍA AGUILERA Cádiz 11/10/2017
Carles Puigdemont, el ‘molt honorable president’ de la Generalitat de Cataluña, carga sobre sus espaldas con un pasado familiar reflejo de esta España heterogénea. El principal instigador de la independencia de su región enraíza con el oriente andaluz, con Jaén y Almería, origen de su abuela materna Manuela Ruiz Toledo. Carles Casamajó, su abuelo, su «referente» y de quien hereda el nombre como homenaje, se enamoró de esta sureña muchos años antes de que se perdiera su pista en un campo de concentración para republicanos en Noé, cerca de Toulose.
Pero el ‘president’ también tenía su abuelo paterno, quien bajó por necesidad al sur aunque por motivos radicalmente opuestos. Francisco Puigdemont Padrosa regentaba una pastelería familiar en Amer (Girona), hogar y lugar de nacimiento de Carles en el 62. Francisco, de profundas convicciones religiosas (su descendiente Josep le recordaba llorando cuando quemaron la iglesia de Santa María), tuvo que huir de la zona roja evitando así luchar a favor de los republicanos.

En un primer instante, dio el salto a Francia, donde le retuvieron y mandaron de vuelta a España. Entonces, como han descubierto los investigadores delArchivo Histórico Provincial de Cádiz, Francisco Puigdemont varió abruptamente su trayectoria para refugiarse en la sierra gaditana junto a su cuñado, el cura Juan Oliveras Galcerán, hermano de su mujer.
(imagen visible para usuarios registrados)Circular cedida por el Archivo Histórico Provincial de Cádiz– LA VOZ

Esta nueva pieza de la historia se cimenta en una circular del alcalde de Benaocaz, el pueblo que dio asilo al abuelo del ‘President’ y a su tío-abuelo en su huida de los comunistas. El regidor José María Aragón envía este escrito al gobernador civil para informarle de los refugiados que se encontraban hospedados en su localidad, sólo ellos dos, además de señalar que los gastos de manutención los sufragaba su ‘hermano político’, que ocupaba el cargo de párroco de la iglesia benaocaceña.
La misiva viene fechada del 14 de noviembre de 1938 y corresponde a un fondo de la junta provincial de beneficiencia, un organismo que controlaba las obras benéficas ya desde el siglo XIX. Una formalidad burocrática para mantener el control sobre los refugiados en la zona nacional y que ha desvelado la presencia de Francisco Puigdemont en la Sierra de Cádiz.
El abuelo fue destinado poco tiempo después a un penal de Burgos, donde se encargaría de suministrar alimentos a los por entonces ‘enemigos rojos’, y en 1940 regresaba a su pastelería en Amer. Volvía a su tierra con dos uniformes zainos de la Falange, que regaló a dos de sus descendientes: Josep (11 años) y Xavier (12), el padre de Carles Puigdemont. Este último, que nacería 22 años después, se convertiría en un crítico acérrimo del franquismo y en el principal impulsor de la ruptura con España. Pero esta historia aun está por escribir.
(imagen visible para usuarios registrados)Carta enviado al Gobierno Civil por el alcalde de Benaocaz.– LA VOZ
Origen: El abuelo de Puigdemont se refugió en la Sierra de Cádiz huyendo de los comunistas
 
Guerra en Madrid: El asesinato del alcalde de Las Rozas durante la Guerra Civil
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Fotografía realizada al cadáver de Blas Riaza en La Almudena
La localidad madrileña de Las Rozas fue el escenario de combates durísimos durante la Guerra Civil Española hasta el punto de que tuvo que ser reconstruida al completo al término de la contienda. Todavía hoy quedan visibles en su término municipal un gran número de fortines y nidos de ametralladoras, algunos de ellos con un excelente estado de conservación. Sin embargo, desde no nos vamos a centrar en las ofensivas que aquí se desarrollaron, sino en una historia que también demuestra la crueldad de la guerra. Una historia que ha quedado oculta más de 75 años, hasta hoy. Con este artículo pretendemos dar a conocer nuestra investigación alrededor del asesinato de Blas Riaza Bravo, el último alcalde de Las Rozas antes de que empezara el conflicto fratricida.

En la página web del Ayuntamiento de Las Rozas hay una breve sección histórica en la que se hace referencia a todos los alcaldes que ha tenido esta localidad entre 1500 y 2015. En esa lista figura Blas Riaza Bravo como alcalde roceño en el año 1935, antesala de la Guerra Civil Española. Además de esta pequeña aparición de Blas Riaza en el portal del consistorio, no figuran prácticamente más datos en Internet que demuestren que realmente fue alcalde en aquel periodo. Pese a todo, nosotros hemos confirmado que fue el máximo responsable político de Las Rozas durante aquel año tras encontrar su nombre en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, con fecha del 12 de febrero de 1935. En este boletín aparece publicado un escrito firmado por “Blas Riaza Bravo, como alcalde constitucional interino de esta Villa, Las Rozas de Madrid”. El documento, a todas luces intrascendente, simplemente informaba de la existencia de un joven roceño que no había sido localizado para realizar el servicio militar.

Después de esta pequeña introducción, hemos empezado a recomponer pieza a pieza el asesinato de Blas Riaza, un crimen sin lugar a dudas político que tuvo lugar en el mes de septiembre de 1936. Los malos que le ejecutaron, dos meses después de que empezara la guerra, sabían perfectamente que había sido alcalde de Las Rozas aunque algunos libros de historia (incluida la Causa General) no hayan relacionado su gloria con las actividades políticas de Blas en 1935.

Como alcalde de Acción Popular en 1935

Al estallar la Guerra Civil Española Blas Riaza tenía 28 años. Descendiente de una familia acaudalada de Las Rozas y con numerosas propiedades (especialmente fincas), su trayectoria política era bien reconocida en su pueblo ya que como antes hemos dicho había sido alcalde interino en el año 1935. Su ideología política era conservadora y cristiana (pertenecía a Acción Popular) al igual que la gran mayoría de su familia: su padre, también llamado Blas había intentado llegar a la alcaldía roceña en el año 1911. Pese a todo, dentro de la familia Riaza Bravo también había personas que se mostraban contrarios a esta forma de pensar: un primo de Blas, llamado Ángel Bravo Suárez, era militante del Partido Comunista y nada más estallar la guerra fue designado presidente del Comité Revolucionario de Las Rozas.

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Documento que confirma que Blas fue alcalde
de Las Rozas en 1935
Hemos tenido acceso a una investigación que realizó el juez municipal de Las Rozas, Joaquín Lázaro en el año 1941 sobre los hechos que sucedieron durante la Guerra Civil en esta localidad. Por medio de esta investigación hemos averiguado que el 7 de agosto de 1936 el que era alcalde roceño Francisco Gómez del Pozo y el presidente del Comité Revolucionario (primo de Blas) ordenaron entregar 15.000 pesetas a una serie de vecinos, supuestamente con “grandes posibilidades” económicas. Entre estos vecinos estaba el antiguo alcalde, Blas Riaza, al que amenazaron con detenerle si no entregaba el dinero en un plazo de 48 horas. Tanto a él como a otros cinco roceños les dijeron que serían trasladados a Madrid si no ayudaban económicamente al Comité Revolucionario del pueblo.

Durante la noche del 7 de agosto, Blas se dirigió hasta el Hotel Los Azucarillos de Las Rozas donde el comité revolucionario había establecido su sede después de incautarse del hotel, propiedad de la familia de Eduardo Martínez Cierra. Muy a su pesar, nuestro protagonista entregó en mano a su primo todo el dinero que tenía en su casa, evitando ser detenido aquel terrorífico mes de agosto. Hemos encontrado en el periódico ‘La Hoja Oficial del Lunes’ con fecha 24 de agosto de 1936, un artículo en el que se habla de un donativo que hizo el Secretario del Comité Revolucionario de Las Rozas a Victoria Kent de 442 pesetas recaudadas por el vecindario. Es más que posible que parte de ese ‘donativo’ perteneciera a Blas, al que obligaron a entregar parte de sus ahorros. El mismo comité también regaló este mismo día un convoy de alimentos con destino a los combatientes republicanos formado por los siguientes productos: 450 cigot, 440 gallinas, 15 arrobas de vino, 14 sacos de patatas, 50 cajas de galletas, 50 libras de chocolate, 30 jamones y 19 quesos.

Su detención el 25 de septiembre

Aquella amenaza que sufrió Blas en agosto fue la antesala de lo que vendría un mes más tarde. La noche del 25 de septiembre de 1936 se personaron en Las Rozas tres coches cargados de milicianos con salvoconductos de la Dirección General de Seguridad procedentes de El Guanol donde habían registrado un hotel propiedad de Ruiz de Velasco. Al frente dellos estaba un antiguo funcionario de Patrimonio Nacional, que antes de la Guerra Civil también había estado destinado en el Ministerio de Hacienda. Se llamaba Luis Pastrana Ríos y pese a sus modales refinados ordenó la detención de Blas Riaza. Varios milicianos, pistolas en mano, fueron hasta su casa de Las Rozas para practicar la detención.

Nada más identificarse como miembros de la Escuadrilla del Amánecer, los milicianos inmovilizaron al antiguo alcalde de Las Rozas y le subieron a uno de los coches indicando a su familia que regresaría en menos de 24 horas después de ser interrogado en la Dirección General de Seguridad. Además de acusarle de “desafecto”, los miembros de la Escuadrilla del Amanecer (uno de los grupos frentepopulistas más sádicos que operaron en la retaguardia madrileña) le dijeron que querían que respondiera a unas preguntas sobre un suceso que tuvo lugar el 24 de julio de 1936 en Las Rozas. Al parecer, aquel día, se produjo un tiroteo en esta localidad entre los ocupantes de un vehículo y unos milicianos en un puesto de control cercano a la carretera de La Coruña. La Escuadrilla insinuó que Blas podría haber tenido que ver algo en ese tiroteo que provocó la gloria de uno de los ocupantes del coche y heridas graves a otros dos. Blas no tenía absolutamente nada que ver con aquel suceso que fue tildado por la prensa de la época como “ataque extremista violento extremista violento” de la Quinta Columna aunque más adelante se demostraría que los ocupantes del coche nada tenían que ver con los sublevados: eran miembros de la CNT que acababan de regresar de luchar en Navacerrada a las órdenes del teniente Carbó.

Los familiares de Blas Riaza se despidieron de él en mitad de la noche pensando que regresaría a la mañana siguiente. A pesar de que a Las Rozas llegaban rumores de los ‘paseos’ que se estaban produciendo en Madrid capital, lo cierto es que nadie podía ni imaginar en la localidad roceña lo que estaba a punto de suceder con su antiguo alcalde.

El asesinato

El ex alcalde de Las Rozas nunca llegó hasta la Dirección General de Seguridad. Nada más pasar por las inmediaciones de Ciudad Universitaria, Luis Pastrana ordenó que Blas se bajara del vehículo inmediatamente. Nada más poner el pie en tierra, dos impactos de bala golpearon su cabeza acabando con su vida en el acto. Uno de ellos entró por la sién y el otro por la cara. A día de hoy desconocemos si el autor de los disparos fue directamente Luis Pastrana o si por el contrario su malo fue otro miembro de la Escuadrilla del Amanecer, una escuadrilla que días antes del asesinato de Blas había sido aclamada por la prensa republicana por “su eficaz trabajo” a la hora de detener a los enemigos de la República. Blas tenía 28 años y toda una vida por delante.

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Milicianos durante la Guerra Civil Española

A primera hora de la mañana del 26 de septiembre, alguien encontró el cadáver de Blas Riaza y se puso en contacto con la Policía que lo trasladó inmediatamente hasta el cementerio de La Almudena. Como sucedió otras muchas veces en aquel terrorífico mes de septiembre, los agentes realizaron una fotografía al cuerpo sin vida del antiguo alcalde de Las Rozas que por cierto no llevaba identificación alguna. Estas fotografías serían enseñadas días más tarde a sus familiares más cercanos cuando se personaron en la Dirección General de Seguridad preguntando por Blas. Allí les enseñaron una serie de fotografías de cadáveres sin identificar: allí estaba el de su ser querido. La Escuadrilla del Amanecer se lavó las manos en relación con el crimen afirmando que tras prestar declaración Blas aquella noche, fue puesto en libertad a la mañana siguiente. Una gran mentira. Los Tribunales Populares nunca investigaron el asesinato.

Luis Pastrana en Patrimonio Nacional

El malo o inductor del asesinato de Blas Riaza tenía un nombre propio. Al término de la Guerra Civil los juez militares que investigaron su asesinato culparon directamente del crimen a Luis Pastrana Rios, que como antes se ha comentado era uno de los máximos responsables de la Brigada del Amanecer. En Internet se puede encontrar varios datos sobre él en los que se afirma que había sido funcionario de Hacienda y que incluso había sido sancionado por este Ministerio antes de la guerra por malversación.

Desde ofrecemos más detalles sobre la figura de este oscuro personaje. En el Archivo Histórico Nacional nos hemos encontrado con una denuncia efectuada por los funcionarios administrativos de Patrimonio Nacional en el que acusan directamente a Luis Pastrana de formar parte del Comité Revolucionario de dicho organismo que funcionó en el Palacio Real (conocido como Palacio Nacional durante la guerra) entre 1937 y 1939.

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Investigación abierta en Las Rozas para averiguar todos los
detalles del asesinato
Los funcionarios de Patrimonio Nacional acusaban a Pastrana de haber realizado un desfalco el 25 de enero de 1937 en las arcas del Palacio Real que provocó un saldo acreedor de casi 1.500 pesetas. Consideran que tuvo que ver con “alguna anomalía” en el libro de Caja de la administración de Patrimonio Nacional. También le acusaban de haber participado, como miembro del Comité Revolucionario, en la persecución de “aquellos elementos que eran considerados desafectos por el gobierno rojo”. Esta circunstancia, provocó la detención y el posterior asesinato de Manuel Anguiano, jefe de contabilidad del Palacio Real, Antonio López Madrid, habilitado del Palacio, Constancio Alonso, subalterno y Manuel Luxan, presidente del Consejo de Administración de Patrimonio Nacional. El comité del Palacio Real también tuvo que ver con el asesinato del Coronel Médico Pedro Bouthelier, padre del famoso quintacolumnista durante la Guerra Civil Antonio Bouthelier.

Nunca se ha sabido con exactitud que otras personas pudieron participar directamente en el asesinato del alcalde de Las Rozas. La investigación que emprendió el juez municipal de esta localidad en el año 1941 determinó el el malo fue Luis Pastrana que llevó a cabo la acción tras una denuncia prestada por el Comité Revolucionario de Las Rozas, presidido por el primo de Blas. Aunque la investigación afirma que “ningún” roceño participó directamente en el crimen, sí que considera que los miembros del comité podían haber evitado la detención.

Desde hemos seguido la pista de Luis Pastrana Ríos para saber que sucedió con él tras la guerra y desgraciadamente no hemos sabido nada de él. Desconocemos completamente su murió durante el conflicto o si por el contrario se exilió de España al igual que otros muchos republicanos. Lo que si sabemos es que el primo de Blas Riaza abandonó nuestro país en 1939 para marcharse a Francia posteriormente. Allí le perdemos la pista.

Otros crímenes que se cometieron en Las Rozas

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Iglesia de San Miguel destruida tras la
Guerra Civil
En Las Rozas murieron cientos de combatientes de los dos Ejércitos durante la Guerra Civil, muchos de ellos como consecuencia de la Batalla de la Niebla que se desarrolló en toda la zona noroeste de Madrid. Sin embargo, hasta que se empezó a combatir con dureza, en el municipio roceño se trataba de hacer una vida normal. Con todo, pocos días después del alzamiento, aparecieron en el término municipal cerca de diez cadáveres sin identificar. El primero de todos apareció en la Dehesa de Navalcarbón el 27 de julio de 1936. Un agricultor encontró el cadáver de un hombre muy grueso de unos cincuenta años con diez pesetas en el bolsillo. Al parecer se trataba de un sacerdote.
En septiembre aparecieron más cadáveres, uno de ellos pertenecía a un hombre llamado Niceto García Rivero de 65 años en la zona conocida como el Puente de la Retorna (si algún lector sabe donde quedaba ese puente que nos lo diga). El 24 de septiembre, en la carretera de El Guanol aparecieron los cuerpos sin vida de dos hermanos de 24 y 22 años, “al parecer vecinos de Aravaca”, uno de ellos con ropa de pijama. Por estas fechas también aparecieron otros dos cadáveres sin identificar en el número 19 de la carretera de la Coruña (un hombre de 25 y otro de 40), otros dos en el kilómetro 16 de esta vía y otro en la zona de la Fuentecilla. Ninguno de esos asesinatos fue esclarecido tras la Guerra Civil.

Fuentes consultadas

– Archivo Histórico Nacional. Sumario del Juez Municipal Joaquín Lázaro sobre Las Rozas.
– Causa General. Fotografías.
– Sumario 24548 contra Luis Pastrana Ríos y otros.
– Boletín Oficial de la Provincia de Madrid.
– Hemeroteca Nacional.
Origen: Guerra en Madrid: El asesinato del alcalde de Las Rozas durante la Guerra Civil
 
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Guerra en Madrid: El drama de los descendientes de Cristóbal Colón en la Guerra Civil

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El Duque de Veragua en el año 1934, descendiente directo de
Cristóbal Colón. Asesinado dos años más tarde en Madrid
Si un linaje nobiliario sufrió como nadie las iras de la Guerra Civil Española ese fue el de los Duques de Veragua, más conocidos por ser los descendientes directos de Cristóbal Colón. En julio de 1936, el heredero más directo del Descubridor de América era Cristóbal Colón y Aguilera, noble madrileño nacido el 12 de septiembre de 1878, famoso por sus negocios vinculados con las ganaderías de toros.

El inicio de la sublevación sorprendió al Duque de Veragua en su imponente palacete de Madrid situado entre las calles San Mateo y Beneficiencia, un precioso palacio que todavía hoy sigue en pie muy cerca del Museo Romántico. Al no tener descendencia directa, el Duque vivía en la planta baja del palacio junto a su ayudante de cámara Agustín Pérez, un gran número de sirvientes y una decena de caballos árabes de pura sangre. Tres días después del asalto al Cuartel de la Montaña, su palacete estuvo a punto de ser incautado por las organizaciones del Frente Popular, circunstancia que no sucedió gracias a la actuación de la Policía que había sido alertada por el Cuerpo Diplomático residente en la capital. Al ser una persona muy reconocida en Chile, Argentina y Uruguay, los embajadores de estos países en Madrid pidieron a las Fuerzas de Seguridad que velaran por la vida de Don Cristóbal al considerar que podría correr riesgo de ser detenido o asesinado.

El 25 de julio de 1936, en plena hora de la siesta, un grupo de Milicianos de Telefónica irrumpieron en el Palacio del Duque de Veragua anunciando a los sirvientes del noble (que no estaba en el palacio) que el edificio estaba requisado hasta nueva orden. En la tercera planta del palacio colocaron una bandera republicana. Justo en ese instante hizo su entrada en el palacete el Duque acompañado por su cuñado, Manuel Carvajal (Marqués de Aguilafuente) que acababan de llegar de mantener una reunión con el Cuerpo Diplomático. Tras una fortísima discusión y después de que llegaran miembros de los Círculos Socialistas del Sur y Madrileños, el palacete de la calle San Mateo fue literalmente saqueado. Un gran número de tapices, obras de arte y objetos de oro y plata fueron robados “supuestamente” para ser trasladados a un “lugar seguro”, propiedad de Patrimonio Nacional. Nunca jamás se ha vuelto a saber nada de todas aquellas obras de arte de incalculable valor.

Pese al saqueo y a la incautación de sus obras de arte, el Duque siguió viviendo en su palacete de la calle San Mateo intentando hacer una vida más o menos normal en aquel Madrid bélico. El diplomático chileno Carlos Morla le ofreció asilo en su embajada donde ya estaban empezando a llegar centenares de perseguidos y amenazados por las organizaciones frentepopulistas. Otros diplomáticos de Argentina y Santo Domingo también insistieron en la necesidad de que abandonara cuanto antes su palacete ya que tenía todas las papeletas de ser detenidos. El Duque de Veragua rehusó en todo momento aquellas invitaciones. Tal y como aseguraría el noble a algunos de sus sirvientes, pensaba que “respetarían su vida” ya que se trataba del único descendiente directo de Colón.

La detención del descendiente de Colón

27 de agosto de 1936. Varias camionetas de milicianos se situaron justo en la entrada del Palacio de Veragua. En esta ocasión los que entraron en el palacete eran los componentes del Círculo Socialista de la calle Velázquez, un grupo de militantes socialistas que estaban liderados por Zacarías Ramírez, conocido con el apodo de ‘El Coji’. Los milicianos ya no buscaban obras de arte sino llevarse detenido al propio Duque de Veragua, a su cuñado Manuel Carvajal y a su ayudante de cámara Agustín Pérez. Para tranquilizarles los milicianos les dijeron que se solo prestarían declaración y que esa misma noche podrían regresar al palacio sin ningún tipo de problema. No fue así, ya nunca jamás regresarían.
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Palacio del Duque de Veragua / Madrid Histórico
El Círculo Socialista de la calle Velázquez donde fue trasladado el Duque de Veragua era una checa que estaba situada en el número 50 de la misma calle Velázquez. Zacarías Ramírez, el máximo responsable de este Círculo, se había incautado del local tras detener allí a varias religiosas dominicas que habían establecido una especie de convento clandestino a los pocos días de empezar la Guerra Civil. A la checa la denominaron formalmente Destacamento de Información del Círculo Socialista del Sur y parte del dinero que requisaban en sus actuaciones era entregado o al Ministerio de Hacienda o directamente a Margarita Nelken.

Sabemos que el Duque de Veragua y su cuñado estuvieron casi quince días encerrados en la checa de la calle Velázquez donde además de ser maltratados, fueron obligados a firmar tres cheques de 15.000, 10.000 y 20.000 pesetas para que fueran cobrados por los miembros del Círculo Socialista “a cambio de su libertad”. Consciente de que su vida pendía de un hilo, Don Cristóbal también fue obligado a firmar un traspaso de sus fincas de Toledo a Zacarías Ramírez ‘El Coji’. Pese a todo, su libertad nunca llegaría a producirse.

Paralelamente, los sirvientes y familiares del Duque de Veragua y su cuñado sufrían arresto domiciliario en el palacete de la calle San Mateo. Conscientes de los contactos que tenía el Duque con las diferentes embajadas, el objetivo del Círculo Socialista era que nadie informara a los diplomáticos de la detención que había sufrido. La legaciones diplomáticas no se enteraron de su desaparición hasta el 18 de septiembre de ese 1936, fue demasiado tarde.

Un día antes, el 17 de septiembre, el Juzgado del pueblo de Fuencarral había recibido una notificación de que habían aparecido dos cadáveres en el kilómetro 3 carretera de Colmenar con signos de violencia. Se trataba del Duque de Veragua y de su cuñado que habían sido asesinados durante la madrugada del 16 de septiembre. Hemos tenido acceso al certificado de defunción del Duque en el que se afirma que había perecid como consecuencia de dos disparos, uno en la sien y otro en la nuca. Asimismo indicaba el certificado que su cráneo presentaba un gran número de hematomas después de haber recibido un gran número de culatazos. El cuerpo del Duque apareció vestido con su chaqueta de seda cruzada y su pantalón gris. No aparecieron ni los gemelos de su camisa ni la medallita de la virgen de las Angustias que siempre llevaba consigo.

¿Posible implicación de Carrillo en el asesinato?

Este certificado de defunción del Duque de Veragua contrasta con un reportaje que publicó en su día el Diario Alcázar hace más de tres décadas en el que se acusaba directamente a Santiago Carrillo de haber cometido el asesinato. Este reportaje, ampliado más adelante por el Diario YA en su edición digital, contaba con la versión de un individuo, apodado ‘El Estudiante’ que habría sido testigo del asesinato del Duque por parte del que fuera líder comunista. Veamos lo que dijo ‘El Estudiante’:
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Santiago Carrillo, varias décadas después de la Guerra Civil

“Al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un ‘forito’, ocho cilindros muy viejo y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos y el quinto, el jefe de las checas, que aún yo no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los cancelar a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: Pionero, estudiante ven aquí. ¿Sabes quién es éste? Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre. Este es el Duque de Veragua, el facineroso número uno de España. Esto añadió Carrillo mientras sacaba una pistola debajo del tabardo (que recuerdo perfectamente del nueve de largo) y disparó tres tiros sobre el cráneo del Duque que ya estaba bien perecid”. El testimonio del Estudiante también relata como el propio Carrillo ordenó cortar el dedo al Duque para sacarle el anillo que portaba.

Desde no queremos restar credibilidad a la versión dada por este testigo, sin embargo, hay algunos aspectos que nos llaman la atención y que sería conveniente matizar. Según el certificado de defunción del Duque de Veragua al que hemos tenido acceso, el descendiente de Colón había fallecido como consecuencia de dos disparos en la cabeza (en la sien y en la nuca). Sin embargo, según la versión de ‘El Estudiante’, el Duque primero fue acribillado a balazos por disparos de una ametralladora y después recibió tres (no dos) disparos en la cabeza efectuados supuestamente por Santiago Carrillo.

El segundo dato que no coincide sobre la versión de ‘El Estudiante’ es la fecha de la gloria del Duque de Veragua. Según ‘El Estudiante’ la ejecución se produjo el 24 de agosto de 1936, una fecha que no coincide con nuestros datos, ya que sabemos que el Duque aquel día estaba en libertad; sería detenido el 27 de agosto y asesinado el 16 o 17 de septiembre. ¿Cómo es posible que haya casi 20 días de diferencia?

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Artículo publicado en
ABC
En relación a Santiago Carrillo, nosotros tampoco hemos encontrado vinculación directa con el asesinato del Duque. Esto no quiere decir que no participara en él, simplemente que no la hemos encontrado. De hecho, tras la Guerra Civil, después de ser detenido Zacarías Ramírez (luego ampliaremos detalles), en ningún momento de su declaración hace alusión a la participación en el crimen de Carrillo. Insistimos, esto no quiere decir que el que fuera líder del PCE no ordenara o participara en el asesinato.

El cuerpo diplomático se entera del crimen

La familia del Duque de Veragua se enteró de los asesinatos de los dos nobles el mismo día 18 de septiembre después de recibir una notificación del Juzgado de Fuencarral en la que se pedía que acudieran hasta este pueblo para reconocer dos cadáveres. Familiares y sirvientes del noble confirmaron la trágica noticia e informaron inmediatamente a los amigos del Duque pertenecientes al Cuerpo Diplomático.

En el diario de Carlos Morla se puede leer como el Cuerpo Diplomático se enteró del asesinato el 19 de septiembre de 1936, un asesinato que indignó de sobremanera especialmente a las embajadas Latinoamericanas que mantenían vínculos con el Duque de Veragua.

Con el asesinato del Duque de Veragua, que murió sin descendencia, surgía un grave problema ya que había desaparecido el último descendiente directo de Cristóbal Colón, el Descubridor de América. Este hecho supuso un punto de inflexión entre las naciones americanas que necesitaban encontrar un sucesor al Duque de Veragua que siguiera siendo un referente en todos los aspectos. A los pocos días lo encontraron.

Desde el mes de septiembre se había tenido conocimiento de que un sobrino del Duque de Veragua se encontraba encarcelado en Bilbao desde el inicio de la Guerra Civil. Se trataba del capitán de caballería Ramón Colón Carvajal, militar con amplia experiencia en las guerras de África, que había sido arrestado por los republicanos durante los primeros días de la sublevación militar en San Sebastián. Tras pasar unas semanas encerrado en el Buque Prisión Biscarramendi, fue trasladado a otro buque llamado Aranzazumendi.

Salvar al descendiente de Colón

Las embajadas de Chile y Argentina movieron todos sus hilos para tratar de salvar la vida de Ramón Colón Carvajal y se pusieron en contacto con el Ministro de Estado Álvarez del Vayo para pedir su liberación. No fue él sino el ministro vasco sin cartera Irujo el que puso todas las facilidades posibles para trabajar en su posible puesta en libertad. Irujo llegó a proponer tanto a Carlos Morla como a Tito Pérez Quesada (encargado de negocios de la embajada de Argentina) poner un avión del gobierno vasco para que les trasladara primero a Bilbao para recoger a Ramón Colón y después a Francia atravesando las “líneas rebeldes”.

Las negociaciones lideradas por las embajadas de Argentina y Chile fueron de lo más fructíferas y a mediados de octubre de 1936, Ramón Colón fue liberado y trasladado posteriormente hasta el buque inglés Acompañante donde fue “recibido con honores” y posteriormente a San Juan de Luz de Francia. Aunque algunos periódicos de la época aseguran que su puesta en libertad fue el 9 de octubre, esta fecha contrasta con el libro de Carlos Mola quién asegura que el día 13 las negociaciones todavía se encontraban “estancadas”.
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Artículo publicado en Evening News de EEUU
sobre la liberación de Ramón Colón

De cualquier modo creemos que la fecha más exacta de la liberación de Ramón Colón coincide con la celebración del Día de la Hispanidad. Según un ejemplar del periódico estadounidense Evening News al que hemos tenido acceso la liberación se produjo el día 12 de octubre de 1936.

Terminada la Guerra Civil

Una vez finalizada la Guerra Civil, Ramón Colón se convirtió en el nuevo Duque de Veragua. Su hermana Piedad terminaría contrayendo matrimonio con Manuel Valdés Larrañaga, uno de los grandes artífices de la Falange Clandestina en la retaguardia madrileña durante la contienda. Uno de los descendientes de Ramón Colón, llamado Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto (que también fue Duque de Veragua) moriría asesinado por la banda extremista violento ETA en el año 1986.
 
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Pero volvamos de nuevo al asesinato del Duque de Veragua durante la Guerra Civil Española. Pese a las denuncias de las embajadas extranjeras por el mencionado crimen, el gobierno de la República se negó a investigar el asesinato del último descendiente directo de Cristóbal Colón. Álvarez del Vayo, que era el único que daba la cara ante los medios de comunicación, fue objeto de grandes críticas de la prensa internacional, unas críticas que obviamente se censuraban a la opinión pública madrileña.

Tuvieron que pasar casi dos años del fin de la Guerra Civil hasta que los servicios de información franquistas consiguieron arrestar en 1941 a Zacarías Ramírez ‘El Coji’, el principal responsable de la checa del número 50 de la calle Velázquez y por lo tanto, principal sospechoso del asesinado de Cristobal Colón. Su apresamiento fue de lo más novelesco. Durante la noche del 14 de diciembre de 1940 varios policías vestidos de paisano entraban en el domicilio-despacho de Zacarías situado en la calle Almagro de Zaragoza con una orden de detención firmada por las más altas esferas.

Durante casi dos años, Zacarías se había hecho pasar por Comandante de Ingenieros y Doctor en Derecho. Vestido de uniforme casi todo el día, se había instalado en un despacho de la calle Almagro donde ejercía la abogacía, especialmente para “ayudar” a las familias de los presos políticos republicanos que estaban en las cárceles de Aragón. Esto fue lo que propició su captura.

De los durísimos interrogatorios a los que fue sometido ‘El Coji’ se recogen algunos aspectos biográficos que desconocíamos del que fue posiblemente el principal responsable del asesinato de Cristóbal Colón. Al parecer en 1940 tenía 36 años, era natural de Medina del Río Seco (Valladolid) y antes de la Guerra Civil había trabajado como sastre en diferentes comercios de la capital. En Madrid residió en la calle Caravaca hasta que las tropas de Franco estuvieron a punto de entrar. Fue entonces cuando tomó la decisión de abandonar Madrid y marcharse a Alicante con la intención de coger un barco al extranjero. Fue demasiado tarde, ya no quedaban barcos por lo que fue apresado junto con otros de sus compañeros de la checa. Antes de ser detenido había tirado algunas de las joyas que llevaba encima al mar para evitar ser acusado de robo.
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Diario ABC

Con un nombre ficticio, Zacarías pasó varios meses realizando trabajos forzosos en un batallón disciplinario de Franco hasta acabar en el campo de concentración de Albatera. Después fue puesto en libertad y no sabemos todavía demasiado bien como llegó a Zaragoza ya en 1940.

El juicio contra Zacarías Ramírez

Tras su apresamiento en diciembre de 1940 relató con pelos y señales toda su historia durante la Guerra Civil Española explicando que inicialmente formó parte del Círculo Socialista del Sur para marcharse posteriormente a combatir a la Sierra de la mano del capitán Condés. Después regresaría a Madrid, ciudad en la que sería nombrado jefe del Servicio de Información del Sur, dependiendo del Comité de Investigación Pública cuya sede estaba en el Círculo de Bellas Artes. Reconoció haber participado al menos en unas 50 detenciones y registros domiciliarios a petición del Círculo de Bellas Artes o de la Dirección General de Seguridad.

Zacarías desmintió con rotundidad haber dado la orden él de detener al Duque de Veragua sino todo lo contrarió. Fue ‘El Coji’ quién mandó detener a un policía “republicano” que se había excedido durante el registro al palacete del Duque. Más tarde reconocería que efectivamente el Duque estuvo en el número 50 de la calle Velázquez y que ninguna persona preguntó por él durante el tiempo en el que estuvo preso.

Con el objetivo de salvar el pellejo, Zacarías Ramírez delató durante los primeras horas de su interrogatorio a los que habían sido sus compañeros antifascistas una vez terminada la Guerra Civil. Hemos tenido acceso al sumario a las diligencias policiales y en ellas se explica que Zacarías reconoció que el hecho de ejercer de abogado en Zaragoza e ir vestido de Comandante de Ingenieros de un lado a otro no era tan solo un hecho aislado para sobrevivir a una situación complicada. ‘El Coji’ reconocería que formaba parte de una basta organización antifascista clandestina que tenía como objetivo poner en libertad al mayor número de presos políticos.

En su primera declaración policial Zacarías daría nombres, apellidos y direcciones de los miembros de esta organización antifascista que tenía ramificaciones en Madrid, Valencia y Zaragoza. En menos de un mes más de treinta personas estaban entre rejas gracias a la ‘valentía’ de ‘El Coji’.

Pese a toda este información que compartió Zacarías con la Seguridad del Estado, éste terminaría siendo ejecutado en el año 1942 pese a contar con informes positivos por parte de los servicios de información franquista que estaban muy agradecidos con ‘El Coji’ por su colaboración.

Fuentes consultadas

– Sumario y diligencias policiales contra Zacarías Ramírez
– Hemeroteca ABC
– Hemeroteca Nacional
– Diario de Morla Linch
– El Terror Rojos de Julius Ruiz
Origen: Guerra en Madrid: El drama de los descendientes de Cristóbal Colón en la Guerra Civil
 
Guerra en Madrid: La verdad sobre el asesinato del Coronel Puigdengolas a manos de sus propios hombres

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El Coronel Puigdengolas haciendo una gestión telefónica
Durante los tres años que duró la Guerra Civil Española, la opinión pública madrileña fue manipulada de una manera muy eficaz por parte del servicio de propaganda de la República. Entre 1936 y 1939 ocurrieron un sinfín de acontecimientos de los que nunca supo el ciudadano de a pie de Madrid, gracias entre otras cosas al papel de los censores, entre los que se encontraba el archifamoso Arturo Barea.

Uno de aquellos episodios que fue manipulado por la propaganda republicana fue el asesinato del Coronel Ildefonso Puigdengolas, militar republicano, que murió a tiros en el frente de Parla. La gloria de Puigdengolas, acribillado a balazos por sus propios hombres, nunca fue dada a conocer a los madrileños que pensaban que había fallecido como consecuencia de una acción de combate contra las tropas nacionales. Nada más lejos de la realidad.

Antes de explicar con detalle lo ocurrido en Parla, es conveniente conocer mejor al personaje. El Coronel Puigdengolas era un militar de la cabeza a los pies que había nacido en Figueras (Gerona) en 1876, por lo que al empezar la Guerra Civil tenía 60 años. Luchó en la guerra de Cuba y en África hasta llegar a ser Coronel de Seguridad, mostrándose siempre partidario de las izquierdas: de hecho, llegó a enfrentarse personalmente con el General Sanjurjo en el año 1932, cuando se produjo el golpe de estado, conocido coloquialmente como la ‘Sanjurjada’.

Un militar muy bien valorado por la República

Al estallar la Guerra Civil, como era de esperar, Puigdengolas se posicionó próximo al bando republicano y dirigió la Columna anarquista que el 20 de julio de 1936 consiguió hacerse con el control de Alcalá de Henares, donde se había producido un amago de revuelta. El 22 de julio fue uno de los encargados de dirigir junto a Cipriano Mera la conquista de Guadalajara, ciudad en la que se habían hecho fuertes unos 600 militares y falangistas. Puigdengolas, sin embargo, no pudo frenar los desmanes que se produjeron en la ciudad alcarreña por parte de la CNT que acabaron con la vida de muchos de los militares que se habían rendido, entre ellos el Comandante Ortiz de Zárate.
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Articulo sobre Puigdengolas cuando era
Coronel de Seguridad

Tres días después de dirigir aquella ofensiva de Guadalajara fue nombrado por el Ministerio de la Guerra Comandante Militar de Badajoz, donde sería apresado unas horas por militares contrarios al Frente Popular. Sin embargo logró la libertad y dirigió la defensa de la ciudad durante la primera mitad del mes de agosto ante los avances franquistas, que contaban con mayor número de hombres y equipamiento militar. Antes de que cayera en manos de Franco la ciudad, y tras ser herido de metralla en el brazo por un bombardeo, Puigdengolas consiguió huir de Extremadura y escapar a Portugal.

Durante casi dos meses permaneció detenido en el Batallón de Cazadores de Elvas y en el fuerte de Cacxias de Lisboa hasta que consiguió ser evacuado a la España Republicana en el buque Nyassa. Puigdengolas llegó hasta Tarragona el 13 de octubre de 1936 y nada más pisar suelo español el Ministerio de la Guerra le ordenó que se trasladara a toda prisa a Madrid. Por aquellos días concedió una entrevista a la agencia de prensa republicana Febus en la que realizaría las siguientes manifestaciones: “Estoy otra vez en pie de guerra. Inmediatamente que la autoridad lo disponga, saldré para el frente para batir a las comparsas del incivil Queipo de LLano”.

Una vez en la capital fue nombrado jefe de la Agrupación de Columnas de Illescas para sustituir en el cargo a Ramiro Otal Navascues que había sido nombrado Jefe de Operaciones del Estado Mayor del Ejército del Centro.
Puigdengolas llegó a Madrid entre el 23 y el 26 de octubre y fue uno de los artífices de la ofensiva republicana en Seseña el día 29 de este mes. Aquella ofensiva se haría famosa por el avance imparable durante horas de una veintena de carros de combate soviéticos que llegaron a peine con facilidad en el interior del pueblo, controlado por los nacionales. Pese al ímpetu inicial, la ofensiva republicana no consiguió los propósitos esperados.

El asesinato en Parla

Dos días después del intento de conquista de Seseña, Puigdengolas se encontraba en los alrededores de Parla tratando de frenar un ataque franquista en este municipio de poco más de 1000 habitantes (por aquel entonces). Tras el avance fulminante de los Regulares se produjo una espantada de milicianos que defendían una posición elevada. Con el objetivo de frenar esa espantada, Puigdengolas, pistola en mano, disparó sobre el capitán que estaba al frente de la posición con la intención de evitar una retirada “sin honor”. Acto seguido, varios de los hombres que huían respondieron con sus fusiles la agresión del Coronel, acribillándole a balazos. Esta es la versión que relató Ángel Lamas Arroyo, oficial del Ejército que aquel 31 de octubre de 1936 ocupaba el puesto de ayudante del Coronel en la Jefatura de su Estado Mayor. Según su versión, el capitán al que disparó Puigdengolas cuando trataba de retirarse pertenecía al grupo del Comandante Fernández Cavada (que justo al día siguiente se le asignó el mando de la 37º Brigada Mixta).

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A la izquierda, con gafas, Julián Fernández Cavada. Sus
hombres cancelar a Puigdengolas, AHPCE
Lamas Arroyo, que meses más tarde terminaría pasándose a los nacionales por Santoña, publicó en 1972 unas memorias tituladas ‘Unos y otros‘ en las que hacía referencia al asesinato de Puigdengolas por parte de sus propios hombres: “No sentí la intensa indignación que por un crimen semejante, en relación con mandos de mi Ejército de siempre, sentido hubiera; ni admití la obligación de hacer causa común con los otros oficiales en contra de la soldadesca. Puesto que no era jefe mío y de mi bando la víctima y solo pasajera y por circunstancias me hallé a su lado”.

Veamos más detalles del crimen de Puigdengolas. Según el libro ‘El Coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz’, el capitán al que disparó nuestro protagonista mantuvo una acalorada discusión con el Coronel y le explicó que su retirada hacia Getafe no era consecuencia del pánico que tenían hacia los Regulares sino a una orden de repliegue que había dado el propio Comandante Cavada.

Según la versión de Lamas Arroyo, el Coronel Puigdengolas “saca la pistola, la apoya en el pecho de aquel pobre aturdido… y mordiendo rabiosamente la palabra fistro le dispara sin más intimidación. Con lo que cae instantáneamente… Pero la reación es también del todo increible para otros tiempos y viene automática. Media docena de fusiles apuntan a bocajarro al Coronel y disparan en rígida descarga. Cae igualmente fulminado. Siempre pensé que perecid”.

Los milicianos que cancelar a Puigdengolas explicaron a Lamas Arroyo que le “tenían ganas” desde hacía tiempo al Coronel por “faccioso” pues llevaba en pocas fechas “despachados” a unos cuantos “defensores de la República”. Es decir, según estos milicianos Puigdengolas se tomaba la justicia como él quería. La explicación que esgrimieron sus malos carecía de todo rigor ya que cuando fue asesinado, el Coronel apenas llevaba una semana en Madrid.

El entierro del Coronel

La misma tarde del 31 de octubre de 1936, la prensa madrileña se hacía eco de la gloria de Puigdengolas en Parla. El periódico ‘La Voz’, decía en su portada que había perecid “luchando por la República, un héroe del pueblo”. En ningún momento se comentaba el enfrentamiento que tuvo con un capitán de su mismo Ejército ni que había sido tiroteado por sus propios hombres. El entierro de Puigdengolas tuvo lugar el 01 de noviembre de este año, justo un día después de su asesinato, y a él acudieron un sinfín de representantes políticos y militares. Está enterrado en el Cementerio Este de Madrid.

Al parecer, pocos meses después de la gloria de Puigdengolas, Ángela Martínez (su viuda), solicitó al Ministerio de la Guerra, la pensión anual a la que tenía derecho como viuda de un oficial del Ejército.

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Articulo del periódico La
Libertad
Si la prensa republicana no fue consciente o no quiso ser consciente del verdadero motivo de la gloria de Puigdengolas, podemos decir lo mismo de la prensa franquista. El periódico ‘Labor’ publicaba el 5 de noviembre de 1936 (ni una semana después de su gloria) que “el traidor Puigdengolas” había “perecid tras un bombardeo de la aviación franquista”, algo que realmente no había ocurrido.

Su descendiente, José Luis Puigdengolas había terminado la carrera de medicina justo antes de empezar la Guerra Civil, por lo que en julio de 1936 ya ocupaba el rango de teniente médico y se encontraba destinado en Ciudad Real, donde posiblemente se enteró de la gloria de su padre. Afiliado al Partido Comunista, José Luis ejerció como médico de vanguardia durante la Batalla del Ebro y terminó la guerra como con un fulminante ascenso a capitán. Durante toda la campaña protegió a numerosos derechistas perseguidos y se casó por la Iglesia en 1938 (aunque parezca mentira) con una joven católica llamada Amalia Lafuente.

Otra historia en Parla

El día después de que el Coronel Puigdengolas fuera asesinado, la localidad de Parla volvió a ser noticia. El 1 de noviembre, tropas republicanas conseguían hacer prisionero a un soldado artillero italiano que combatía del lado de los nacionales, algo muy noticiable para la propaganda republicana que quería demostrar ante la opinión pública internacional que Mussolini estaba apoyando con artillería a Franco (ya se sabía que Italia había cedido a varios pilotos a la aviación nacional). El soldado italiano apresado, que se llamaba Luigi Corsi Silaberta, era natural de Villa Costelli y tenía 21 años, había sido ascendido a Brigada por méritos de guerra y había participado días atrás en los combates de infantería y artillería en Illescas.

La maquinaria de la propaganda Republica dio a conocer a la opinión pública el supuesto relato de Corsi desde que llegó a España hasta que fue arrestado por los republicanos.Afirmó que pertenecía al 10 Cuerpo del Ejército de Artillería ubicado en Roma y que fue trasladado forzosamente hasta España para combatir junto “a los rebeldes”. Dijo que había llegado a Vigo el 28 de septiembre de 1936 junto a más de 150 militares italianos, más numerosos carros de combate, 38 cañones antitanque, 25.000 proyectiles de artillería y cuatro estaciones de radio.
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Sumario judicial contra Luigi Corsi

Los corresponsales extranjeros en Madrid difundieron a toda prisa las informaciones sobre Luigi Corsi. Los encargados de propaganda de la República se sumaron un tanto con esta difusión ya que pretendían criticar con dureza al Comité Internacional de no Intervención. Para que nuestros lectores vean hasta donde llegó la noticia, hemos subido una captura de pantalla de un periódico de Nueva Zelanda (New Zeland Herald) que se hizo eco del arresto de Corsi.

A través del Archivo Histórico Nacional hemos encontrado el sumario del juicio al que fue sometido el prisionero italiano Corsi, al que un Tribunal Popular juzgaba por auxilio a la rebelión. Durante todo el juicio, trató de ganarse la confianza del prisionero Pablo Sarroca Tomás, un antiguo sacerdote castrense que había decidido apoyar a la República, pocos días después de que empezara la Guerra Civil. Sarroca, en realidad formaba parte de los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, dedicándose sobre todo a la sección de propaganda y prensa. Aprovechando sus estudios de italiano, Sarroca ejerció de traductor y hombre de confianza de Corsi con el objetivo de que éste accediera a conceder entrevistas ante la prensa internacional que estaba en Madrid.

Tras quedar detenido en el Cuartel de Conde Duque a la espera de que se celebrara su juicio, Luigi recibió allí un gran número de visitas, entre otras la de dos parlamentarios británicos que querían comprobar su estado de salud. Durante el juicio, el joven italiano se mostró partidario de la República y tras decir varias veces que fue obligado a combatir en España, en enero de 1937 fue absuelto, quedando en libertad.

Fuentes consultadas

– ‘Unos y otros’, Ángel Lamas Arroyo
– ‘El Coronel Puigdengolas y la Batalla de Badajoz’, Hector Alonso García
– ‘Guerra y represión en el sur de España’, Francisco Espinosa
– Hemeroteca Nacional
– Hemeroteca ABC
– Archivo Histórico Nacional, Causa General
Origen: Guerra en Madrid: La verdad sobre el asesinato del Coronel Puigdengolas a manos de sus propios hombres
 
Guerra en Madrid: La traición de Alberti a Muñoz Seca y el ‘triunfo’ de Buero Vallejo

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A la izquierda Muñoz Seca. Arriba a la derecha Rafael
Alberti y abajo Antonio Buero Vallejo

Todavía hoy sigue sorprendiéndonos lo diferente que fue la Guerra Civil Española para unas personas u otras. El conflicto fratricida en aquel Madrid bajo dominio republicano y cercado por los nacionalistas fue tremendamente dispar en función de un sinfín de variables como la ideología, los amigos o enemigos, las envidias e incluso las influencias. En esta nueva entrada de vamos a recordar a tres escritores españoles de aquella época cuya historia durante la guerra fue radicalmente opuesta al igual que su devenir durante aquellos tristes años.

Pedro Muñoz Seca era uno de los autores teatrales mas insignes y populares de Madrid durante la II República y antes de ella. Nacido en el Puerto de Santa María en 1879, cuando se produjo el Alzamiento gozaba ya de 57 años y estaba en la plenitud de su carrera, siendo muy admirado en una época donde el teatro era el principal espectáculo internacional en contraposición al cine que empezaba a popularizarse. En aquellos años Muñoz Seca, hombre cercano, generoso y amigo de sus amigos, arrastraba una gran popularidad y admiración desde las mas altas jerarquías de la política y finanza del país hasta los aficionados mas humildes.

La sencillez de los personajes de sus obras teatrales resultaba muy accesible e identificable con las clase trabajadora. Esto se demostraba, por ejemplo, con aquellas palabras que pondría en su personaje Antoñito en el sainete que publicó en 1906 “La casa de la juerga”, unos versos que tuvieron durante la II República una gran actualidad en el plano político:
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Muñoz Seca fue detenido en los primeros días de la sublevación por las milicias populares y después de pasar por su correspondiente checa fue recluido en la Prisión de San Antón. Desde el momento mismo de su detención la familia recurrió a todas las personas influyentes y amigos que él conociera y pocos o muy pocos se preocuparon por él e hicieron todo lo posible por sacarle de la cárcel. Si que destacó por su humanidad Antonio Paso, padre del famoso Alfonso Paso, que incluso tuvo que quitarse los calcetines que llevaba puestos para dárselos a Muñoz Seca el cuál le decía que tenía mucho frío en la prisión. Sin embargo y a pesar de su popularidad y generosidad nadie, ni de la cultura ni la de política, fue capaz de liberarle de aquellas milicias que estaban creando el terror en la capital con detenciones y asesinatos injustificados.

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Paracuellos del Jarama tras la Guerra Civil
Después de la guerra su hija Asunción denunciaba por ejemplo a Rafael Sánchez Guerra, un político que había sabido sobrevivir a los avatares revolucionarios acomodándose : Sánchez Guerra fue ayudante del Presidente de la República Alcalá Zamora y Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Madrid. Éste, a pesar de la convivencia y amistad mutua de ambas familias, ante la petición de Asunción Muñoz Seca de que usara de sus influencias para sacar a su padre de la cárcel, cuando todos en Madrid conocían las continuas sacas y asesinatos que se estaban produciendo le contestó textualmente “… que en lo único que les podía ayudar era decirles en qué cementerio ingresaba su padre”.

Pedro Muñoz Seca fue sacado de la cárcel de San Antón en la madrugada del 28 de noviembre de 1936, en una expedición de presos que fue ejecutada por las milicias encargadas de su conducción en Paracuellos del Jarama. La orden de saca, como todas las que se produjeron con anterioridad desde primeros de noviembre, aparece firmada el 27 de noviembre de 1936 por el Delegado de Orden Público Serrano Poncela, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas como su gran amigo y protector Santiago Carrillo, el cual firmaba las órdenes en blanco y los jefes de milicias se encargaban de poner la fecha y nombres de los ejecutados. El siguiente día el Director de la Prisión y un funcionario firmarían las diligencias de cumplimiento de la orden con una relación de las personas que habían sido ejecutadas.

En distintas piezas de la Causa General de Madrid, aparecen alusiones de testigos e inculpados por el asesinato de Pedro Muñoz Seca. Por ejemplo es particularmente significativa por las referencias al autor teatral las manifestaciones que realiza después de la Guerra Civil Gregorio Muñoz Juan, hombre de 43 años con domicilio en la calle de Real, 32 de Paracuellos de Jarama.- El testigo afirmaba que desde el mes de septiembre de 1936 estuvo, al igual que otros muchos convecinos derechistas, obligado a cavar trincheras por imposición del Comité del Frente Popular de Paracuellos de Jarama y que el día 7 de noviembre por la mañana se presentaron los componentes del citado Comité y otros varios individuos que constituían el Comité del Frente Popular del barrio de las Ventas, obligándoles a dejar las trincheras en las que estaban ocupados, y bajar al sitio denominado “Arroyo de San José” para dedicarse, con más personas del vecindario de Paracuellos, a la apertura de zanjas.

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Izquierda: Casa natal de Muñoz Seca en el Puerto de
Santa María / Derecha: Casa de Rafael Alberti
Al llegar a aquel lugar sobre las 9 de la mañana observaron aproximadamente 200 cadáveres y unos 12 ó 15 milicianos desconocidos, armados de fusil, que se dedicaban a quitar a los cadáveres lo que llevaban en los bolsillos y las mejores prendas de vestir; oyó decir allí que las víctimas procedían de la Cárcel Modelo y habían llegado sobre las ocho de la mañana de aquél día en autobuses de dos pisos de los del servicio público en Madrid y cancelados inmediatamente. Desde este día 7 de noviembre Gregorio no dejó de trabajar en este paraje, dedicado a abrir fosas y enterrar cadáveres procedentes de las distintas prisiones de la capital: habían comenzado la saca de presos que en algunos aspectos se asemejan en la actualidad a los crímenes yihadistas que por desgracia podemos ver en la actualidad a través de la televisión.

Reproducimos textualmente lo que el testigo declararía de lo que vio el 28 de noviembre día del asesinato de Pedro Muñoz Seca:

(mensaje citado en revisión)

Este testimonio por su crudeza y realismo lo prosigue el testigo el día siguiente 29 de noviembre “…A las nueve de la mañana, y cuando iban a enterrar a los cadáveres que quedaban de la víspera, encontraron, al Norte de la fosa número 4, otros 500 cadáveres, que según oyó decir procedían de las cárceles de San Antón y Porlier y que tuvieron que ser llevados aquella misma noche. Estos cadáveres fueron enterrados en la fosa número 5. A las 10 llegaron unos individuos en coche y bajaron a dos ancianas, a las que cancelar a pistoletazos y fueron enterradas en las fosas pequeñas que hay al Oeste de las números 5 y 6”.

La traición de Rafael Alberti

De los tres escritores a los que queremos hacer referencia, Pedro Muñoz Seca sufrió la peor suerte. También la familia de éste acudió a pedir ayuda a su paisano Rafael Alberti, nacido en el Puerto de Santa María como él en 1902, cuando Muñoz Seca contaba 23 años y sobresalía este en el ámbito literario. Alberti era el intelectual mas sobresaliente en la Guerra Civil, presidiendo el Comité de Intelectuales Antifascistas junto a su pareja Maria Teresa León. Además en dicho Comité, como en todas las facetas laborales, se habían creado órganos de depuración de sus integrantes y, Muñoz Seca desde un principio estuvo catalogado como monárquico y de derechas dada sus continuas colaboraciones en el periódico ABC y otros medios afines.

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Alberti con una delegación soviética. El literato está señalado
con una flecha.
Nada quiso hacer Alberti por su paisano Muñoz Seca, a pesar de que el hermano del primero le rogaba que intentase sacarlo de la cárcel; pero él inflexible y queriendo mostrarse en consonancia con sus postulados comunistas y con la revolución proletaria de Rusia con cuyos intelectuales Mijail Kolsotv o Illa Ehrenburg se dedicaba plenamente a la propaganda revolucionaria, siempre en la retaguardia. Al finalizar la guerra y durante muchos años hasta la gloria de Franco viviría su exilio dorado cobrando directamente de Moscú de las rentas llevadas por zainín al exterior; a su vuelta a España llegaría a gozar de popularidad siendo elegido incluso fruta a las Cortes.

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Desde no nos inventamos absolutamente nada. La pasión de Alberti por la mano dura del comunismo soviético queda reflejado en una loa que él mismo escribió de su puño y letra dedicada a Stalin, para nosotros, al igual que Hitler, uno de los grandes genocidas de la historia: “José Stalin ha perecid. Padre y maestro y camarada. Quiero llorar, quiero cantar. Que el agua clara me ilumine. Que su alma clara me ilumine. En esta noche que te vas”.

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Como puede observarse, el destino de ambos literatos portuenses fue radicalmente opuesto. Llama la atención que hoy en día mientras la casa donde nació Muñoz Seca solo una lápida recuerda su vida, en la que nación Alberti existe todo un Museo de veneración al insigne portuense que poco quiso hacer por salvar a su paisano de la gloria.

El triunfo durante el franquismo del ‘camarada’ Buero

Otro escritor militante comunista y que no solo sobrevivió a la justicia franquista en la postguerra, , sino que triunfó en el ámbito teatral tras sufrir pocos años de cautiverio fue Antonio Buero Vallejo. Al estallar el alzamiento Buero Vallejo era un joven universitario matriculado en Bellas Artes dónde se inició en la carrera política, siendo elegido rápidamente como Secretario General de la FUE (Federación Universitaria Española) y ya a mediados de la campaña en el año 1938 se afilió al Partido Comunista y al Socorro Rojo Internacional.

Buero Vallejo, además de dedicarse a realizar carteles propagandísticos dada su adscripción comunista y su facilitad para la pintura, intervino como sanitario en los frentes de guerra, al término de la cual es contactado por miembros del PC en la clandestinidad en Madrid, dedicándose a falsificar documentaciones de falange y de otro tipo para elementos comunistas ocultos. Tal es así que incluso llegó a falsificar documentos para Jjosé Cazorla, sustituto de Santiago Carrillo en La Junta de Defensa de Madrid y uno de los máximos organizadores de la represión policial y saca de presos en los primeros meses de la guerra civil en la capital.

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A pesar de haber sido condenado a la pena de gloria, Buero Vallejo apenas llegó a pasar por las cárceles franquistas cinco años dedicándose posteriormente, con total libertad a pesar de la Dictadura, a su carrera teatral con un gran éxito.

Bibliografía
– Causa General (CG)
– Archivo Histórico Militar (AHM)
– Paracuellos Katyn, César Vidal
– Un diplomático en el Madrid rojo, Felix Schlayer
Origen: Guerra en Madrid: La traición de Alberti a Muñoz Seca y el ‘triunfo’ de Buero Vallejo
 
Solo el 24% de los fondos fue para las fosas de las víctimas – Roberto Perez
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El expresidente acudió al acto del X aniversario de la Ley de Memoria Histórica que se celebró en León en 2017 – Vídeo: La Memoria Histórica choca contra la realidad: «José Antonio era el gasolinero del pueblo»
LAS CUENTAS DE LA MEMORIA HISTÓRICA
Zapatero destinó a su ley 25 millones en seis años y las autonomías dedican unos 10 al año
(imagen visible para usuarios registrados)Roberto Pérez
11/02/2018 02:32h


En seis años, de 2006 a 2011, el Gobierno de Rodríguez Zapatero se gastó unos 25 millones de euros en subvencionar proyectos relacionados con la Memoria Histórica. En 2007 sacó adelante la ley que regula la materia y que, según se dijo en su momento, tenía como prioridad dignificar a las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, localizar y abrir fosas comunes, identificar cadáveres y dar la oportunidad a las familias de honrarles y darles sepultura. Aquel digno propósito, sin embargo, se convirtió en destino residual de la millonada de dinero público que corrió al amparo de la ley de Zapatero.
De esos 24,9 millones de euros, apenas 5,9 -un discreto 24%- se dedicaron realmente a financiar proyectos de búsqueda de fosas, de identificación de restos de víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista. Así se desprende de los propios listados oficiales que dejó certificados el Gobierno de Zapatero. El grueso de aquellos fondos acabaron pagando actividades diversas, a menudo desarrolladas por asociaciones fundadas precisamente al calor de aquella multimillonaria apuesta gubernamental por subvencionar la Memoria Histórica. En la lista de beneficiarios de todo este flujo de dinero público afloran también los sindicatos y fundaciones o entidades encuadradas o ligadas a partidos como el PSOE, IU, ERC o el PNV.
Un reparto variado
En aquellos seis años se subvencionó con un total de 1,15 millones de euros la instalación de 36 placas de homenaje, monolitos, lápidas o similares. Coste medio unitario: 32.000 euros. En subvencionar 44 exposiciones se fueron 1,27 millones de euros -a casi 30.000 euros por exposición-; otros 1,73 millones de euros en financiar documentales; más de dos millones de euros para subvencionar trabajos archivísticos y documentales; millón y medio se fueron en actos públicos de homenaje cuyo coste unitario, en algún caso, alcanzó los 60.000 euros; casi tres millones de euros para recopilar testimonios orales y escritos…

El Gobierno de Zapatero inauguró un multimillonario ovillo en torno a la Memoria Histórica que el PP cortó en seco cuando Rajoy llegó a La Moncloa, pero que desde entonces ha proliferado en gobiernos autonómicos, fruta y ayuntamientos. Dada la larga lista de instituciones, hoy por hoy es imposible saber cuánto dinero público se le va a España tras esa puerta -y menos aún en qué actividades concretas acaba todo ese dinero-. No hay un estudio global de fiscalización que escrute cuánto, cómo y en qué se gasta todo el sector público español bajo el epígrafe «Memoria Histórica». Pero de los datos oficiales recopilados por ABC se desprende que, solo entre todos los gobiernos autonómicos, el gasto en este particular supera los 10 millones de euros anuales.
A ellos se suma lo que dedican ayuntamientos, fruta y similares, montante añadido que se cuenta también por millones. Solo una porción de todo ese dineral se dedica realmente a localizar, honrar y dar digna sepultura a quienes perecieron víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura.
Los que más dedican
Algunos gobiernos autonómicos de izquierdas han abanderado especialmente el incremento del gasto en torno durante los últimos años, pero hay notables diferencias entre autonomías. Hay administraciones regionales que no dedican dinero público a la Memoria Histórica o es testimonial. Otras, sin embargo, presumen de que cada vez gastan más en esta materia. Ha sido el caso de la Junta de Andalucía, que este año ha dotado su área de «Memoria democrática» con 1,7 millones de euros, frente a los 1,3 millones de 2017.
En Extremadura, los acuerdos presupuestarios entre PSOE y Podemos se han sustanciado en una dotación extra de medio millón para gastar este año en programas. En Baleares, la presidenta socialista, Francina Armengol, ha presupuestado para este año 750.000 euros a gastar en la misma materia. En el Gobierno valenciano la suma es abultada. El año pasado, por ejemplo, convocó subvenciones por valor de casi medio millón de euros. Y este 2018 da un paso más y ha reservado 429.000 euros para crear el Instituto Valenciano de memoria Democrática. Todo esto en una comunidad en la que, según ha denunciado recientemente el PP, el gobierno socialista de Alicante ha disparado un 161% el presupuesto: 520.000 euros para este 2018.
En el País Vasco resulta complicado discernir con exactitud el dinero dedicado específicamente a la memoria histórica tal y como la concibió Zapatero, es decir, la relativa a la Guerra Civil y a la represión franquista. Y es que el Gobierno vasco engloba presupuestariamente esta materia en su área de «Memoria, Convivencia y Derechos Humanos». Ésta incluye tanto lo relativo a la Guerra Civil y la dictadura como el violencia extremista de ETA o del GAL. En definitiva, todo lo relativo a la vulneración de derechos humanos desde los años 30 hasta la actualidad. Para todo ello, el Gobierno vasco reserva algo más de 2 millones. El Gobierno de Navarra ha consignado este año unos 800.000 euros para «políticas públicas de memoria».
Cataluña también tiene un alto presupuesto: su programa «Relaciones institucionales, memoria, paz y derechos humanos» contó en 2017 con 5,17 millones de euros.
En el resto de gobiernos regionales, las partidas reservadas para la Memoria Histórica son discretas y, en algún caso, meramente testimoniales.
Origen: Solo el 24% de los fondos fue para las fosas de las víctimas
 
Dos sacerdotes con distinto final – Juan A. Torres / El periódico de Ibiza y Formentera
Historia – 80 aniversario del golpe de estado contra la II República
Juan A. Torres|@labritja84 | Eivissa | 17/07/2016
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Sobre estas líneas un sacerdote rodeado por milicianos en las calles de Dalt Vila, en una imagen publicada en el libro ‘Mallorca en guerra contra el marxismo’, de Andrés de Palma, publicado en 1936 por la editorial Antonio Sabater. Foto: AHE
17-07-2016

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Mañana, 18 de julio, se cumplen 80 años del golpe de estado contra el gobierno de la Segunda República. El fracaso de esta sublevación militar de 1936, conocida como el Alzamiento nacional, y que estuvo apoyada por los partidos de derechas y facinerosos además de la Iglesia, condujo al país a una guerra civil de casi tres años que dividió España en dos bandos y que tras la derrota de los republicanos desembocó en cuatro décadas de dictadura del general Franco, uno de los militares sublevados junto a Emilio Mola y José Sanjurjo.
Las noticias del golpe de estado también llegaron a las Pitiüses y un día después, el 19 de julio, el capitán Rafael García Ledesma, la máxima autoridad militar en las Pitiüses, declaró el estado de guerra y se unió a la sublevación. La represión contra la izquierda no se hizo esperar y alrededor de unas sesenta personas fueron encarceladas en el castillo de Dalt Vila. A García Ledesma le sustituyó el comandante de infantería Juli Mestre Martí, un militar catalán de rango superior que se encontraba de vacaciones en la isla.
Tres semanas tardaron los republicanos en recuperar el control. Fue después del desembarco del 8 de agosto en Santa Eulària y Pou des Lleó de la denominada Columna de Baleares, una expedición comandada por Alberto Bayo que tres días antes había ansioso del puerto de Barcelona con el objetivo de recuperar el control de las Islas para el bando republicano y que contó con la ayuda de guardias civiles llegados desde Valencia al mando de Manuel Uribarry.
Desde que pisaron la isla, los milicianos fueron en busca de las personas relacionadas con el golpe, entre ellos el banquero Abel Matutes Torres y el mismo comandante Mestre, que fue cancelado el 15 de agosto. García Ledesma ya se había quitado la vida un día después de la llegada de los republicanos. Pero el gran objetivo de los republicanos fue la Iglesia. Hasta 21 eclesiásticos de la isla fueron asesinados a manos de los milicianos, que también destrozaron y quemaron iglesias por toda la isla. Uno de ellos fue el párroco de Sant Francesc Xavier, Antoni Roig Juan. Un joven de 39 años que había nacido en Santa Eulària y que fue asesinado en sa Carrossa cuando era conducido preso hacia el Castell. Enrique Fajarnés Cardona narró este episodio en su libro ‘Lo que Ibiza me inspiró’: «Parece que los milicianos le compelían a que vitorease la República; pero él, fortalecido ya por el espíritu del martirio, replicaba vitoreando a Cristo Rey. Exasperados los otros, le dispararon los fusiles a mitad de la cuesta. El prisionero no pudo llegar a la cárcel».
Paco, un joven testigo
Presenciando aquella escena estaba Paco, un joven vilero que entonces contaba con trece años de edad acompañado por otro chaval del que sólo recuerda que era descendiente de Consuelo Cuevas, «una artista de segunda». Cuenta Paco que prefiere mantener su apellido en el anonimato al hablar de una época que todavía hoy, a sus casi 94 años, le produce mucho dolor. Aquel día su amigo y él, que vivía en la entonces calle Tamarit del Poble Nou de la Marina (ahora bautizada como Bisbe Torres) subieron a la Catedral para ver los destrozos que los republicanos habían provocado en el templo. Al bajar de allí y a su paso por sa Carrossa se encontraron con la trágica comitiva. «Fue una escena dantesca: aquel sacerdote no quería caminar y un bravucón de aquellos le disparó por detrás y lo mató», explica Paco de manera pausada y con el pesar que los años no han conseguido borrar.
Mossènyer Cama
Otra suerte muy distinta corrió Vicent Ferrer Cama, sacerdote originario de Sant Joan y que sobrevivió a la masacre de ‘Els fets des Castell’ del 13 de septiembre, donde 93 personas (entre ellas 18 religiosos) perdieron la vida masacrados por los milicianos que emprendían su huida de la isla tras el bombardeo que sufrió la ciudad por parte de la aviación facineroso italiana. Don Vicent, que aquella noche perdió a su hermano Josep, también sacerdote, se mantuvo con vida tras la primera embestida con ametralladoras y granadas de mano que los milicianos utilizaron para acabar con los prisioneros.
Los republicanos encontraron a don Vicent sentado en la esquina donde pudo esquivar los proyectiles y rodeado de cadáveres. Le ordenaron que se levantara y ante la negativa del sacerdote le dispararon el tiro de gracia, que no fue tal. Mossènyer Cama se tapó la cara con el brazo derecho, que fue atravesada por la bala que le impactó en la cara del sacerdote y le salió junto a la oreja, sin llegar a cancelar. Malherido, salió de Dalt Vila por el Portal de ses Taules y llegó a la desaparecida Clínica Alcántara, en la actual avenida Ignasi Wallis, donde fue curado de sus heridas.
Don Vicent fue un auténtico enamorado de la música pero el balazo que recibió en el brazo le impidió volver a tocar el violín. Mossènyer Camafalleció en 1986 y desde 2007 tiene una estatua que le recuerda junto a la iglesia de su pueblo natal.
Tras la recuperación del poder por parte del bando nacional, empezó la represión más sangrienta de todo el conflicto armado alentada por Arconovaldo Bonaccorsi, autoproclamado Conde Rossi, un facineroso italiano que luchó contra las tropas de Bayo en Mallorca liderando a los Dragones de la gloria
Origen: Dos sacerdotes con distinto final » Ibiza » Pitiusas » El periódico de Ibiza y Formentera
 
José Antonio Aguirre: un católico admirador de la democracia… soviética descrito por un agente comunista en España

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“El presidente Aguirre es joven, elegante, amable. Por su aspecto parece un artista, pero su especialidad es la producción de chocolate. Creo que es así. En su partido -partido burgués de los nacionalistas vascos- es considerado como de extrema izquierda. Sobre la mesa tiene un pequeño crucifijo de marfil; Aguirre es un católico convencido, como es católico todo su partido. Y con el mismo convencimiento y no menos dureza habla del papel destructor y letal del fascismo, que está en contradicción con el humanismo cristiano suyo y de sus amigos.
Aguirre describe las atrocidades de los facciosos en San Sebastián; habla de la ayuda extranjera que reciben los reaccionarios, sobre todo del Vaticano; está entusiasmado con la nota soviética al Comité de No Intervención de Londres.
(mensaje citado en revisión)
Los nacionalistas vascos constituyen el flanco más derechista del frente contra el fascismo. Están unidos por numerosos lazos con el gran capital industrial y financiero del lugar. Las ideas religiosas y el nexo con el clero los aproxima a los reaccionarios clericales de la Navarra vecina y facciosa, la Vendée española”
KOLTSOV, Diario de la guerra de España, pp.137-138
“Diario de la guerra española (versiones españolas: Editorial Ruedo Ibérico 1963, Akal 1978) constituye un documento imprescindible, a pesar de sus desviaciones propagandísticas, y en él se reflejan muchas de estas actividades, aunque apócrifamente atribuidas a un inexistente comunista mejicano, Miguel Martínez […] Todos los historiadores están de acuerdo en que el papel de Mijaíl Yefímovich Koltsov en la guerra civil española no fue el del simple “corresponsal de Pravda” que pretendía ser. Testimonios diversos lo describen como agente del NKVD (policía secreta de Stalin), comisario político, agente de propaganda, organizador de la censura, asesor militar e incluso informador personal del propio Stalin. Su amigo Iliá Ehrenburg, corresponsal de Izvestia en esa época, llegó a decir: “Sería difícil imaginar el primer año de guerra sin M. Ye. Koltsov”. Su Diario de la guerra española (versiones españolas: Editorial Ruedo Ibérico 1963, Akal 1978) constituye un documento imprescindible, a pesar de sus desviaciones propagandísticas, y en él se reflejan muchas de estas actividades, aunque apócrifamente atribuidas a un inexistente comunista mejicano, Miguel Martínez […] Mijaíl Koltsov fue encarcelado poco después, acusado de actividades antisoviéticas y ejecutado en 1940, o en 1942 según otras fuentes. La reciente puesta en circulación de algunos documentos del archivo personal de Stalin ha arrojado luz sobre esta misteriosa detención. Parece ser que Koltsov fue denunciado por André Marty, máxima autoridad de las brigadas internacionales” (Jesús Aller en La Nueva España)
Origen: DESDE MI CAMPANARIO: JOSÉ ANTONIO AGUIRRE; un católico admirador de la democracia… soviética descrito por un agente comunista en España
 
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PNV, el jesuita Arzalluz, el fusilamiento de sacerdotes nacionalistas vascos y una réplica.
Carlos Ibáñez Quintana responde al artículo de Xabier Arzalluz sobre los sacerdotes vascos cancelados. El artículo de Arzalluz:
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Damnatio Memoriae
Xabier Arzalluz
La condena más grave que existía en la antigua Roma no era ni la crucifixión ni el destierro sino la condena de la “memoria”, el hacer desaparecer a una persona, generalmente hombres públicos, de la historia de su pueblo. Así condenaron, por ejemplo, al emperador Domiciano: se derribaron sus estatuas y todo lo de suntuario que había erigido en sus años de poder, borraron su nombre de las actas imperiales, consulares o de cualquier otra mención pública. La condena a la no existencia.

El próximo 28 de Octubre se celebra en Roma la gran ceremonia de la solemne subida a los altares de un total de 498 nuevos beatos. Se trata de “mártires de la Cruzada de Franco”. Junto a ellos, como añade el episcopado español, los que ya fueron canonizados en Madrid por el Papa Wojtyla, mientras aguardan su turno otros 863 “mártires perecid por el repruebo a la fé”, cuyos Decretos esperan ser firmados por el Papa en los próximos meses, así como un millar más, cuyas causas ya se encuentran en distintas fases del proceso. Todo esto según el ABC del 10-10-07. El Secretario de la Conferencia Episcopal Española “recordó que los mártires no son de ningún bando, sino que han valorado más a Cristo que a su propia vida”.
Murieron por el “repruebo a la fé” de aquellas turbas que con tanta barbarie desacreditaron las ideas de libertad y justicia que decían defender. Pienso que en estos tiempos de revisión histórica, aquellas organizaciones políticas y sindicales deberían lanzar un serio “mea culpa” de aquellos pavor de los que también fueron responsables.
Pero debo también levantar la voz ante el pleno del Episcopado español que, según el Secretario de la Conferencia Episcopal, estará en pleno en Roma el día 28. Todavía estamos muchos esperando a que la Jerarquía española, como sucesora de aquella que declaró CRUZADA a la rebelión militar de Franco contra el Estado legalmente constituído, diga una palabra de condena o de lamentación ante aquella declaración de guerra del Episcopado español contra un régimen legítimo por más que no deseado. ¡Cuántos de los que fueron masacrados por las gentes republicanas no lo fueron simplemente por esta declaración de guerra.!
Aquellos, injustamente asesinados han recibido al menos el reconocimiento y la máxima gloria que, según sus convicciones, puede una persona recibir: la de ser declarados héroes, con mención personalizada y glorificados hasta en efigie.
Pero hay otros que no van a ser nombrados ni muchos menos “glorificados “el día 28 en Roma. Ni siquiera van a ser mencionados en sus propias diócesis, ni tendrán una tumba ni una modesta lápida en las iglesias o parroquias en las que prestaron sus servicios religiosos. Fueron DIECISEIS. Asesinados por las gentes de Franco al entrar en Euskadi.. Y que no fueron mil porque ni el Vaticano ni los Obispos de Europa o América podían aceptar que se estropeara el concepto de Cruzada que tantos dividendos propagandísticos proporcionaron a Franco y a la Iglesia, especialmen a la española. Hasta los Obispos de aquí estarán en Roma el día 28. Pero los 16 sacerdotes vascos asesinados por Franco seguirán con la “DAMNATIO MEMORIAE” que les ha barrido durante las largas seis décadas de cualquier memoria o recuerdo público.
Fueron:
ADARRAGA LARBURU, José, sacerdote diocesano, natural de VILLABONA (Gip), 55 años, adscrito a la parroquia de Hernani, detenido en la cárcel de Ondarreta y ejecutado en Hernani el 17-10-36.
ALBISU VIDAUR, Gervasio; sac.dioc., de Rentería, 65 años, coadjutor de Rentería, en la prisión de Ondarreta y ejecutado a el cementerio de Hernani 7-8/10-36
ARIN OYARZABAL, José Joaquín, sac.dioc. natural de VILLABONA (Gip), 61 años, arcipreste de Mondragón, prisión de Ondarreta, ejecutado en Oyarzun 24/25-10-36.
ARIZTIMUÑO OLASO, José, sac. dioc. de Tolosa (Gip), 40 años, prisión de Ondarreta y ejecución en Hernani 17-10-36.
BOMBIN, Antonio O:F:M;, sac. Franciscano que ejerció largos años en Perú. Prof. En 1936 en el Colegio Seráfico de Anguciana (Rioja) Su cadáver apareció en Laguardia (Alava) zonas ambas controladas por los rebeldes. Fecha de ejecución no determinada.
GURIDI ARRAZOLA, Leonardo. Sac. Dioc., natural de Oñate (Gip.) 40 años, Coadjutor en Modragón, prision de Ondarreta y ejecución en Oyarzun, 24/25-10-36.
ITURRICASTILLO ARANZABAL,Jorge, Sac Dioc., Nat. De Elgeta (Gip), ecónomo de Marín (Guanoza),prisión de Ondarreta, Ejecución en Oyarzun 7-11-36.
LEKUONA ETXABEGUREN,Martín, Sac.Dioc..nat de Oyarzun (Gip), 28 años, Coadjutor de Rentería, prisión en Ondarreta, ejecución en Hernani,7/8-10-36.
MARKIEGI OLAZABAL,José,,sac.dioc.,nat. De Deba (Gip) 40 años,coadjutor en Mondragón, prisión en Ondarreta,ejecutado en Oyarzun el 25-10-36
MENDIKUTE LIZEAGA,Alejandro. Sac.dioc., nat de Alza (Gip),45 años, capellán en San Sebastián, residente en Hernani., prisión de Ondarreta, ejecutado en Hernani 23/24-10-36.
ONAINDIA ZULOAGA, Celestino. Sac. Dioc., natural de Markina,38 años, coadj. de Elgóibar, prisión en Ondarreta y ejecutado en Hernani 28/29-10-36
OTANO MIGUELEZ; José, C :M :F , sac.claretiano, nat de Lerga (Nab) 38 años. Prisión en Ondarreta, ejecutado en Hernani 23/24-10-36.
PEÑAGARICANO SOLOZABAL, Jose ignacio. Sac dioc.,natural de Markina-Etxebarria, 64 años, prisión de Ondarreta, ejecutado en Oyarzun 27/28-10-36.
SAGARNA URIARTE,José. Sac.dioc., natural de Ceánuri, 24 años, coadj. de Berriatúa, ejecutado en Amalloa, su anterior parroquia 20-10-36.
URTIAGA ELEZBURU,Román de S.José, O.C.D.,carmelita descalzo, nat de Zaldibar (Bizk), 48 años, ejecutado en el momento de la ocupación de Larrea (Amorebieta), 16-5-37
Nuestro recuerdo y gratitud:
-a los 224 sacerdotes y religiosos que pasaron por las cárceles de Araba, Bizkaia, Guipúzcoa, Nabarra, Alicante, Madrid, Palencia, Sevilla…..
-a los que sufrieron destierro durante largos años recorriendo los caminos de 33 provincias españolas
-a los que pasearon su nostalgia por 21 países extranjeros…
-a los 800 miembros del Clero Vasco que, de una forma u otra sufrieron persecución junto a su pueblo…
– a los 114 capellanes de gudaris…
Un recuerdo emocionado a cada uno de ellos. Aunque la Iglesia y sus superiores les hayan condenado a la no existencia permanecen en la memoria de aquel pueblo por el que entregaron su ministerio y su vida.

Y la réplica:
Lo que no cuenta Arzallus
Que Ariztimuño fue hecho prisionero cuando ibaen barco de Francia a Bilbao. Poco antes había escrito en Euzkadi de Bilbao incitando a los jóvenes nacionalistas, que dudaban, a que tomasen las armas en defensa de la República.
Que dos sacerdotes de Rentería se presentaron en Oyarzun a los requetés diciéndoles que Rentería estaba abandonada. Una sección de requetés fue enviada y cayó en una celada, resultando aniquilada. Los sacerdotes fueron cancelados.
Que Mendicute en un mitin nacionalista había dicho que “eso de que el Corazón de Jesús reinará en España es una patraña, porque ni España puede llegar a tanto, ni el Corazón de Jesús tan bajo”.
Del resto de los cancelados, casi todos habían tenido alguna participación en la lucha a favor de los rojos. Con esto no justificamos la pena que se les impuso que pudo ser excesiva en algunos casos.
Todos aquellos sacerdotes pusieron en un mismo plano el amor a la patria inventada por Sabino, que el amor a Dios. Otros muchos estaban en la misma situación. Se ocupaban más de la política que de la Fe. Y se siquieron ocupando los supervivientes, que eran todos los demás. Así hemos llegado hoy a la triste situción de la Iglesia en el Pais Vasco.
Arzallus no menciona a los siguientes sacerdotes nacionalistas notorios cancelados por los rojos:
Victor Alegría Uriarte, en el Cabo Quilates
Benito Atucha Aguirrecelaya, en Ceánuri
Rufino Ganuza Rodríguez de San Pedro, en el Cabo Quilates.
Fermín Gorostiza Iturrita en Usánsolo.
Arzallus se calla que si ha llegado a ser personalidad es gracias a su paso por la Compañía de Jesús que le sufragó los estudios. Y ello fue posible porque lo primero que hicieron los sublevados fue permitir a España el regreso de la misma.
Entre esos sacerdores que tuvieron que ejercer su apostolado por otras tierras de España, puedo aportar el testimonio de D. José María Duñabeitia, que celebraba en Durango las misas del día de los Mártires de la Tradición y del 25 de septiembre, cuando los demás curas se negaban a hacerlo. Regresando a Bilbao, después de una de esas misas me contó que había estado en un pueblo de la Mancha donde le habían dedicado una calle, por su labor durante el tiempo de destierro. “Si aquella condena sirvió para que no desarrollara una labor de hombre de Dios, que les dejó agradecidos a mis feligreses, ¡Bendita condena!”
Como vemos, algunos sacerdotes nacionalistas dieron más importancia a su carácter sagrado que a la política. De entre los capellanes de gudaris puede que llegue a los altares el pasionista Aita Patxi. Quien entre los curas “pogre” de Vizcaya, nacionalistas, era calificado como “un tabarra” por la insistencia con que encarecía el rezo del Santo Rosario.
Las circunstancias personales que concurren a el Sr. Arzallus, le convierten en una de las personas menos adecuadas para tratar de éstos temas como lo hace.
Y para acabar un pequeño recordatorio de quien es este Sr. Arzallus:
La Historia de un Dictador
Su padre, Felipe Arzalluz Eizmendi, nacido en 1887, no era un simple chófer. Lo mismo que su abuelo, Luis, y su bisabuelo Francisco alardeaban de su participación en las guerras carlistas junto al príncipe heredero, en defensa de la reacción y el absolutismo frente a los intentos de liberalismo, Felipe Arzalluz se sentía fiel continuador de la línea familiar. Tenía a gala pertenecer al requeté [voluntarios que en las guerras civiles lucharon en defensa de la tradición religiosa y monárquica] local y guardaba en un arcón el viejo mosquetón de su progenitor como una reliquia singular.
Pero no constituía un miembro cualquiera del requeté. Durante los preliminares de la Guerra Civil, con 49 años bien cumplidos echados a sus espaldas, era todavía un mocetón robusto, fuerte y de mucho carácter, según los testimonios y las fotografías de la época. «Un verdadero carlistón», según el responsable del nacionalismo. Y, como
conductor de la línea de autobuses que unía el valle del Urola con la capital de la provincia, era el principal enlace vía San Sebastián entre los carlistas que preparaban el alzamiento militar en su comarca y los hombres del general Emilio Mola, el director, en Pamplona. Su nombre de guerra entre los sublevados, según consta en varios documentos, era el de Errexil, el mote familiar por el que se le conocía en el pueblo.
Aunque gran parte de los archivos militares han desaparecido o están ilocalizables, se sabe que el autobús de Felipe Arzalluz fue utilizado días antes de la sublevación para trasladar a Azkoitia una partida de revólveres Smith & Wenson adquiridos previamente en Inglaterra por algunos de los jefes de la conspiración.
El levantamiento de las unidades de África el 18 de julio de 1936 se conoció en Azkoitia [localidad guipuzcoana de donde es oriunda la familia Arzalluz] dos días después. Como uno de los cabecillas de la conspiración, Errexil asumió el papel que tenía asignado.
Se caló la boina roja hasta las cejas, se echó el pistolón al cinto, llamó a un grupo de vecinos y armados hasta los dientes se presentaron en el cuartel de la Guardia Civil del pueblo.
Allí, al grito de «Abajo la República», «Mueran los traidores», «Abajo el Gobierno vasco», el Tejero de Azkoitia y sus «conmilitones» convencieron al sargento encargado del puesto, Félix Sáenz de Urturi y Rodríguez, de 43 años, para que con la guarnición al completo se alzara en armas contra la República. Y lo cierto es que el sargento y los guardias a sus órdenes no se hicieron rogar.
Recuerdo que se llevaron preso a mi padre. Estaba en una habitación muy oscura.Le custodiaban unos gudaris. Un día, en compañía de una hermana mía, fuimos al palacio de Juin a llevarle comida. Un gudari me llevó a hombros. Creo que eran gudaris porque me viene a la memoria una persona con un fusil. No me acuerdo ni de mi padre ni de nada.
Sólo que era una habitación oscura y que había unos gudaris». De esta manera tan peculiar recuerda Javier Arzalluz el cautiverio de su padre en la prisión de JuinTorrea.
El que sería años más tarde máximo responsable del PNV tenía entonces cuatro años. Su hermana Victoria, algunos más.Pero muy pocos para retener una visión nítida de los trágicos acontecimientos que ocurrían en el país. Los prisioneros estaban, en realidad, bajo custodia del Comité Municipal del Frente Popular.Vivían hacinados en una torre de tres plantas a la que se le habían tapiado las ventanas para evitar fugas.
Los milicianos responsables de su custodia se habían desentendido de su suerte y obligaban a susfamilias a llevarles alimentos de sus propias casas todos los días.
 
TV3 revela la implicación de ERC en los asesinatos de la retaguardia duante la Guerra Civil – e-notícies
También de otras formaciones como el PSUC, Acción Catalana y el POUM


El documental ‘Tarradellas, l’home que ho guardava tot’, emitido este martes por el programa ‘Sense ficció‘ de TV3, ha revelado de rebote la implicación de Esquerra y otros partidos como el PSUC o Acción Catalana en las ejecuciones en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil.
Las ejecuciones se atribuían hasta ahora a los ‘incontrolados’ de la CNT-FAI -dos formaciones que durante la Transición no recuperaron la importancia que habían tenido durante la República-, pero el reportaje muestra documentos que indican que Esquerra y otros partidos participó también en los episodios de violencia.
El reportaje explica, a partir de documentos, que “el descontrol no lo protagonizan sólo los anarquistas, también miembros de UGT, el PSUC, Acción Catalana, POUM y Esquerra Republicana” y que “estos últimos, al menos en teoría, deberían hacer caso al Govern de la Generalitat”. Como ejemplo del desbarajuste cita el caso de un militante de ERC que se instaló “en una torre situada en la calle Campoamor número 6 (Horta), utilizando una ametralladora en la terraza de la mencionada casa”.
El documental revela, en este sentido, la existencia de “una carpeta muy especial, la carpeta azul” con “una colección de 700 documentos que hacen referencia al periodo revolucionario: desde el 19 de julio de 1936 hasta después de los Sucesos de mayo de 1937, un período que comprende escasamente un año y en el que Cataluña vive un periodo de agitación y violencia desatada”.
El propio Tarradellas, en vista de las consecuencias que podía tener, decidió que la documentación no fuera accesible hasta quince años después de su gloria o de su mujer, Antonia Macià y el programa explica que “ha tenido acceso por primera vez a este material”.
“Tarradellas, l’home que ho guardava tot” -una producción de TV3 con la colaboración de Optim TV Audiovisual, dirigida por Enric Canals- hace un recorrido por la vida de Josep Tarradellas a través de la vasta documentación sobre el presidente de la Generalitat que se conserva en el Archivo Montserrat Tarradellas i Macià.
El título hace referencia a la pasión del presidente exiliado por guardar todos los papeles que caían en sus manos. El trabajo recoge los puntos de vista de los historiadores Joan Esculies, Carles Santacana y Josep Lluís Martín Ramos así como las opiniones de colaboradores de Tarradellas en diferentes etapas -Montserrat Catalán y Josep Fornas- o de políticos que tuvieron relaciones estrechas como Josep Maria Bricall, o polémicas, como Jordi Pujol.
(imagen visible para usuarios registrados)Una patrulla de control durante la Guerra Civil
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Origen: TV3 revela la implicación de ERC en los asesinatos de la retaguardia duante la Guerra Civil – Noticias Política – Noticias Comunicación – e-notícies
 
GUERRA CIVIL 1936, HISTORIA
Una interpretación de la historia y la propaganda en la democracia del siglo XXI.
En 2004 la editorial “Almud, Ediciones de Castilla La Mancha”, publicó un libro titulado “La Guerra Civil en la Provincia de Toledo (Utopía, conflicto y poder en el sur del Tajo. 1936-1939)”, del que es autor José María Ruiz Alonso y en el que se hace constar que ha contado “con una ayuda de la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha”.
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Resultado de un trabajo de investigación meritorio por el esfuerzo que supone, la interpretación que se desprende de sus páginas aparece ya implícita en el título: el proceso revolucionario que causó miles de perecid en la provincia de Toledo así como una persecución religiosa que destruyó el ingente patrimonio artístico cultural acumulado durante siglos, viene definido como una “utopía”, es decir un “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación” en palabras del Diccionario de la Real Academia. Frágil utopía, sostenida sobre “la esperanza republicana” a la que pondría fin “la derrota, el castigo y los cuarenta años de franquismo”. Para Ruiz Alonso: “A pesar de los conflictos y de los problemas, los campesinos y jornaleros toledanos nunca estuvieron tan cerca de disfrutar una sociedad igualitaria como bajo la II República y la Guerra Civil” (Tomo II, págs.525-526).
El señor Ruiz Alonso está en su derecho de admirar las sociedades igualitarias que sean de su gusto pero los frentepopulistas tenían muy claro cuáles eran los respectivos modelos de sociedad que trataban de imponer y la historia ha demostrado con el tiempo hasta qué punto de degradación de lo humano, terror y aniquilamiento se ha llegado en los países que se vieron sometidos durante años a dichos esquemas igualitarios. El modelo, para el fruta del Frente Popular Antonio Mije, era la Rusia soviética:
Allí tenemos la atalaya luminosa que nos alumbra el camino; allí hay un pueblo orgulloso, un pueblo libre, que no sufre ni explotación ni hambre, que se ha libertado por completo y que marcha a la cabeza de las muchedumbres de trabajadores del mundo entero. Camaradas de Badajoz, miremos el camino de la Unión soviética, y tendamos a impulsar pronto el Frente Popular, y unámonos en un solo partido para que España, por encima de los facinerosos, le tienda la mano y diga: “Igual que tú, he hecho mi revolución; hermana soy en el concierto de los países soviéticos del mundo”» (de un discurso pronunciado en Badajoz y reproducido en Claridad el 19-mayo-1936).
Tampoco debía entusiasmar este igualitarismo a los centenares de campesinos y jornaleros que fueron asesinados en la zona controlada por los frentepopulistas: 196 jornaleros y 656 labradores –según el propio Ruiz Alonso— sin contar a los propietarios agrícolas que no trabajaban directamente la tierra.

Realidad ésta, la del terror provocado por los milicianos, que lleva a una de las más cuestionables manipulaciones del libro que estamos comentando al describir la suerte corrida por el fruta Dimas Madariaga en los siguientes términos: «El 28 de julio de 1936, Dimas Madariaga murió a consecuencia de un enfrentamiento armado con campesinos cerca de Escalona (información de I.Herreros)» (pág.548).

Suponemos que se trataría de campesinos utópicos e igualitarios pero definir sucesos cómo el que costó la vida al fruta Madariaga de “gloria como consecuencia de un enfrentamiento armado” resulta llamativo. No en vano, la experiencia del escritor inglés George Orwell en la zona roja le brindó numerosos ejemplos de mentiras y de deformaciones de orden político que, proyectadas al pasado, nos sitúan ante una peculiar manera de re-escribir la historia.

El entonces cura párroco de Piedralaves (provincia de Ávila) dejó un detallado relato sobre lo sucedido a Madariaga que puede leerse en un libro de tan fácil acceso a los investigadores como es la Historia de la Cruzada Española (Tomo III en la re-edición de Datafilms, 1984, pág.365). Resumimos lo ocurrido: cuando el 27 de julio llegó un grupo de milicianos a la población abulense en la que se encontraba pasando unos días, salió de su casa internándose en el monte unos tres kilómetros esperando a que se alejasen. Pero alguien descubrió el camino que había emprendido:
Los milicianos siguieron su rastro y al fin le encontraron. Dimas Madariaga se encaró con ellos valerosamente: “Tú eres Madariaga”. “Fruta facineroso y católico”, exclamó uno. Soy de los que nunca niegan al Divino Maestro, respondió el fruta. Y cayó en el momento atravesado por una descarga.Convertir a un asesinado en víctima de un enfrentamiento armado no es una idea original ni de Ruiz Alonso ni de su informante (I.Herreros).
Como se trataba de un fruta de Acción Popular y vicepresidente del Congreso, la gloria de Madariaga no podía pasar desapercibida como la de otros miles de españoles que estaban sucumbiendo en los mismos días como consecuencia de la actividad represiva de aquellos milicianos. La prensa incautada en Madrid publicó «que en un choque habido cerca de Escalona (Toledo) entre facinerosos y campesinos, halló la gloria el fruta cedista D.Dimas Madariaga. No es necesario advertir que éste figuraba en el grupo facineroso» (ABC, 29-julio-1936). No hubo tal grupo, ni tal choque como I.Herreros ha hecho creer a José María Ruiz Alonso siguiendo probablemente la información publicada en el ABC madrileño o en otros periódicos como La Vanguardia de Barcelonaque se hacía eco de un telegrama enviado desde Escalona y difundido por el periódico socialista Claridad. En agosto de 1939 varios de los responsables caían en manos de la policía. El nombre de alguno de estos, juzgado en consejo de guerra y ejecutado, figura en esas relaciones de “víctimas del franquismo” que tanto difunden los voceros de la memoria histórica y nos instruye acerca de la naturaleza de lo que realmente ocurrió.
Un ejemplo más de cómo la “historiografía” de nuestros días reproduce, sin mayor argumentación, los esquemas de la propaganda. Las consecuencias, las pueden sacar los propios lectores.
Origen: DESDE MI CAMPANARIO: Memoria histórica
 
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Memoria histórica versus libertad – Alfonso Bullón de Mendoza

«No es el momento de luchar contra la dictadura de Franco, pues murió hace cuarenta y dos años. Es el momento de luchar en defensa de la libertad que hoy disfrutamos frente a los nuevos aspirantes a tiranos, frente a los que pretenden dejar sin efecto el artículo 20 de nuestra Constitución, que defiende la libertad de expresión en general y la libertad de cátedra en particular»
ALFONSO BULLÓN DE MENDOZA 07/02/2018 08:59h

La ley de Memoria Histórica fue una mala ley. Es verdad que tenía aspectos positivos, como facilitar la búsqueda de los cadáveres de las víctimas de la guerra que aún yacían en el lugar de su ejecución, o potenciar los estudios históricos sobre el periodo. Pero en su planteamiento general había un claro deseo de revanchismo por parte de quienes perdieron la guerra. El punto fundamental de su falsificación de la historia consiste en poner el comienzo de la gran tragedia española del siglo XX en el alzamiento del 18 de julio de 1936, olvidando las causas que llevaron a él, causas que, según Ortega, eran lo primero y más sustancial que había que conocer para opinar del conflicto, y que incluyen hechos tan significativos como que el Frente Popular llegó al poder falsificando el resultado electoral.

Al PSOE y sus adláteres no les interesaba recordar estos antecedentes, y por tanto su visión se limita a que en 1936 había un régimen democrático plenamente equiparable con el que hoy disfrutamos, y unos señores malos, muy malos, que se sublevaron contra él porque no les gustaba la libertad. Y en virtud de ello se ha obligado a cambiar los nombres de numerosas calles y quitar cuantos símbolos podían recordar el régimen de Franco.

La ley era mala, pero empeorable, y a ello se han dedicado con ahínco diversos gobiernos autonómicos, como los de Andalucía, Valencia y Aragón. Se trata de textos similares y que anticipan el que ha presentado el PSOE a las Cortes el pasado 14 de diciembre, sin duda el más sectario y liberticida de todos. Un comentario a fondo de dicho escrito exigiría mucho más espacio del disponible, por lo que señalaré los aspectos que considero más graves para el futuro de España y de la libertad.

El artículo 32 dispone que el Ministerio de Educación se encargará de «la inclusión de la memoria democrática» en «el currículo de la educación primaria, secundaria obligatoria, bachillerato y para personas adultas. Asimismo impulsará, en colaboración con las universidades, la incorporación de la memoria democrática en los estudios universitarios». Un programa de adoctrinamiento en todos los niveles de la enseñanza que irá acompañado del adoctrinamiento del profesorado, mediante la inclusión en sus planes de formación de «la actualización científica, didáctica y pedagógica en relación con el tratamiento escolar de la memoria democrática con el objetivo de dotar al profesorado de herramientas conceptuales y metodológicas adecuadas». El artículo 35 establece que a través de los medios de comunicación públicos se promocionará el conocimiento de la memoria democrática y «se elaborará un manual de estilo para el adecuado tratamiento de la información en materia de memoria histórica». Sobran comentarios.

Toda nación, y más una nación que no pasa por sus mejores momentos, necesita impulsar elementos que potencien su cohesión. Si la memoria democrática fuera el estudio de cómo tras la gloria de Franco los políticos del régimen y las fuerzas de la oposición se pusieron de acuerdo para implantar un régimen de libertades, su propagación podría servir para fomentar la unión entre los españoles. Pero la memoria democrática, tal y como está concebida, es la asunción de que en España hubo una guerra civil con buenos y malos, que ganaron los malos, que los malos estuvieron en el poder durante varias décadas, y que gracias a la lucha contra los malos de fuerzas tan democráticas a lo largo de toda su historia como los comunistas, los socialistas o los nacionalistas volvió a España la democracia idílica de 1936. La renuncia al espíritu de la Transición (y a la verdad) es evidente, y por eso algunos sectores políticos plantean una nueva Transición. «Y puesto que la Transición fue una transición hacia la democracia –afirma Stanley Payne– presumiblemente marcaría el comienzo del abandono de la democracia».

En este sentido parecen ir las disposiciones adicionales del texto, donde se propone una alteración del Código Penal para que se condene a penas de hasta cuatro años de prisión a quienes «enaltezcan o justifiquen por cualquier medio de expresión pública o de difusión el franquismo», y «quienes lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito de alguna de las víctimas». Sanciones que se ven agraviadas en el caso del profesorado: «Se impondrá además la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio educativos, en el ámbito docente, deportivo y de tiempo libre, por un tiempo superior entre tres y diez años al de la duración de la pena de privación de libertad impuesta en su caso en la sentencia».

Según la literalidad del texto, me temo que un profesor que explique las razones de los alzados para sublevarse, señale que entre las víctimas de la represión franquista hubo quienes estuvieron implicados en las decenas de miles de asesinatos cometidos en la zona frentepopulista, o se atreva a decir que en la época de Franco hubo en España un gran desarrollo económico y social, es susceptible de ser enviado a la cárcel e inhabilitado para ejercer su profesión. Y sin embargo es evidente que quienes se sublevaron tuvieron buenos motivos para hacerlo (se comparta o no su decisión), que no todas las víctimas de la represión franquista eran ángeles de la caridad, y que en la época de Franco se produjo un desarrollo político y social que facilitó enormemente la transición política.

No es el momento de luchar contra la dictadura de Franco, pues murió hace cuarenta y dos años. Es el momento de luchar en defensa de la libertad que hoy disfrutamos frente a los nuevos aspirantes a tiranos, frente a los que pretenden dejar sin efecto el artículo 20 de nuestra Constitución, que defiende la libertad de expresión en general y la libertad de cátedra en particular. Contra quienes pretenden que sea el Estado, y no los historiadores, en el ejercicio libre de su profesión, quien construya la Historia. Como señalaban hace varios años algunos de los más fruta historiadores franceses: «La historia no es un objeto jurídico. En un Estado libre, no corresponde ni al Parlamento ni a la autoridad judicial definir la verdad histórica. La política del Estado, aun cuando esté animada por las mejores intenciones, no es la política de la historia».

Por todo ello, cuando llegue la hora de votar esta ley en las Cortes, es bueno que nuestros representantes tengan claro que no estarán votando sobre si la dictadura de Franco fue buena o mala, sino a favor o en contra de la libertad en la España del siglo XXI.

Alfonso Bullón de Mendoza es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad CEU San Pablo
 
2.500 folios para que 21 sacerdotes de Ibiza sean santos – Laura Riera / Diario de Ibiza
El proceso para canonizar a los religiosos se inició en 2008 y continuará ahora en la Santa Sede
Laura Riera | Ibiza 13.06.2015 | 05:30
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El obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, clausuró ayer en la catedral la fase diocesana del proceso de canonización de 21 sacerdotes diocesanos «mártires» de la iglesia durante la guerra civil Española.
Los 2.500 folios que contienen documentos y testimonios acerca de «las vidas, causas y elementos» de los 21 sacerdotes asesinados en las Pitiusas en agosto y septiembre de 1936 pueden servir para que estos religiosos se conviertan en los primeros santos ibicencos, explicó ayer el obispo Vicente Juan Segura en el acto de clausura de la fase diocesana del proceso de canonización de estos «mártires» de la iglesia, celebrado ayer por la tarde en la Catedral.
«Estos documentos son el testimonio valiente de unos sacerdotes que servían a su pueblo; con esta causa no se pretende abrir polémicas ni discusiones que no nos corresponden», señaló el obispo, que también destacó que era la primera vez que un acto de estas características se celebraba en las Pitiusas. «Es un día muy importante y que marcará el futuro de las islas», agregó.
Durante la solemne ceremonia, el prelado recordó que el primer caído fue Juan Torres Torres, que había sido ordenado sacerdote el 6 de junio de 1936 y nombrado entonces ecónomo de la parroquia del Pilar de Formentera. Le quitaron la vida el 7 de agosto de 1936. «Con 24 años, fue el cura más joven asesinado. Su testimonio no se puede ni se debe olvidar», afirmó Vicente Juan Segura, que también mencionó a Antonio Tur Costa, ecónomo de la parroquia de Sant Carles, asesinado en este pueblo el 8 de agosto de 1936. En la catedral se encontraba su sobrina Catalina Tur, que tenía solo seis años cuando ocurrió la tragedia. «En 24 horas cancelar a mi abuelo, a mi padre y a mi padrino, que era sacerdote. Estoy muy afectada, pero en fin…», lamentó la mujer, de 85 años.
Otra de las víctimas «del repruebo a la fe» que citó el obispo fue Antonio Roig Guasch, del que resaltó su «firmeza en su fe hasta el derramamiento de su sangre». El 10 de agosto de 1936 le arrebataron la vida en Sa Carrossa.
La noche más sangrienta fue la del 13 de septiembre, cuando 18 sacerdotes (Andrés Tur Tur, José Tur Bennassar, Miguel Planells Tur, José Ramón Escandell, Joaquín Cirer Sala, José Riera Bonet, Antonio Cardona Vingut, Francisco Planells Tur, José Torres Torres, Mariano Roig Marí, José Ferrer Guasch, Antonio Marí Torres, Ignacio Serra Riera, Antonio Ramón Orvay, Mariano Escandell Roig, Miguel Riera Bonet, José Tur Ferrer y José Serra Ribas) fueron acribillados en la masacre del Castillo.
A partir de ahora, el proceso de canonización será tramitado en Roma por la Congregación para las Causas de los Santos.
Diario de ibiza
 
Guerra en Madrid: La verdad sobre el asesinato del Coronel Puigdengolas a manos de sus propios hombres

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El Coronel Puigdengolas haciendo una gestión telefónica
Durante los tres años que duró la Guerra Civil Española, la opinión pública madrileña fue manipulada de una manera muy eficaz por parte del servicio de propaganda de la República. Entre 1936 y 1939 ocurrieron un sinfín de acontecimientos de los que nunca supo el ciudadano de a pie de Madrid, gracias entre otras cosas al papel de los censores, entre los que se encontraba el archifamoso Arturo Barea.

Uno de aquellos episodios que fue manipulado por la propaganda republicana fue el asesinato del Coronel Ildefonso Puigdengolas, militar republicano, que murió a tiros en el frente de Parla. La gloria de Puigdengolas, acribillado a balazos por sus propios hombres, nunca fue dada a conocer a los madrileños que pensaban que había fallecido como consecuencia de una acción de combate contra las tropas nacionales. Nada más lejos de la realidad.

Antes de explicar con detalle lo ocurrido en Parla, es conveniente conocer mejor al personaje. El Coronel Puigdengolas era un militar de la cabeza a los pies que había nacido en Figueras (Gerona) en 1876, por lo que al empezar la Guerra Civil tenía 60 años. Luchó en la guerra de Cuba y en África hasta llegar a ser Coronel de Seguridad, mostrándose siempre partidario de las izquierdas: de hecho, llegó a enfrentarse personalmente con el General Sanjurjo en el año 1932, cuando se produjo el golpe de estado, conocido coloquialmente como la ‘Sanjurjada’.

Un militar muy bien valorado por la República

Al estallar la Guerra Civil, como era de esperar, Puigdengolas se posicionó próximo al bando republicano y dirigió la Columna anarquista que el 20 de julio de 1936 consiguió hacerse con el control de Alcalá de Henares, donde se había producido un amago de revuelta. El 22 de julio fue uno de los encargados de dirigir junto a Cipriano Mera la conquista de Guadalajara, ciudad en la que se habían hecho fuertes unos 600 militares y falangistas. Puigdengolas, sin embargo, no pudo frenar los desmanes que se produjeron en la ciudad alcarreña por parte de la CNT que acabaron con la vida de muchos de los militares que se habían rendido, entre ellos el Comandante Ortiz de Zárate.
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Articulo sobre Puigdengolas cuando era
Coronel de Seguridad

Tres días después de dirigir aquella ofensiva de Guadalajara fue nombrado por el Ministerio de la Guerra Comandante Militar de Badajoz, donde sería apresado unas horas por militares contrarios al Frente Popular. Sin embargo logró la libertad y dirigió la defensa de la ciudad durante la primera mitad del mes de agosto ante los avances franquistas, que contaban con mayor número de hombres y equipamiento militar. Antes de que cayera en manos de Franco la ciudad, y tras ser herido de metralla en el brazo por un bombardeo, Puigdengolas consiguió huir de Extremadura y escapar a Portugal.

Durante casi dos meses permaneció detenido en el Batallón de Cazadores de Elvas y en el fuerte de Cacxias de Lisboa hasta que consiguió ser evacuado a la España Republicana en el buque Nyassa. Puigdengolas llegó hasta Tarragona el 13 de octubre de 1936 y nada más pisar suelo español el Ministerio de la Guerra le ordenó que se trasladara a toda prisa a Madrid. Por aquellos días concedió una entrevista a la agencia de prensa republicana Febus en la que realizaría las siguientes manifestaciones: “Estoy otra vez en pie de guerra. Inmediatamente que la autoridad lo disponga, saldré para el frente para batir a las comparsas del incivil Queipo de LLano”.

Una vez en la capital fue nombrado jefe de la Agrupación de Columnas de Illescas para sustituir en el cargo a Ramiro Otal Navascues que había sido nombrado Jefe de Operaciones del Estado Mayor del Ejército del Centro.
Puigdengolas llegó a Madrid entre el 23 y el 26 de octubre y fue uno de los artífices de la ofensiva republicana en Seseña el día 29 de este mes. Aquella ofensiva se haría famosa por el avance imparable durante horas de una veintena de carros de combate soviéticos que llegaron a peine con facilidad en el interior del pueblo, controlado por los nacionales. Pese al ímpetu inicial, la ofensiva republicana no consiguió los propósitos esperados.

El asesinato en Parla

Dos días después del intento de conquista de Seseña, Puigdengolas se encontraba en los alrededores de Parla tratando de frenar un ataque franquista en este municipio de poco más de 1000 habitantes (por aquel entonces). Tras el avance fulminante de los Regulares se produjo una espantada de milicianos que defendían una posición elevada. Con el objetivo de frenar esa espantada, Puigdengolas, pistola en mano, disparó sobre el capitán que estaba al frente de la posición con la intención de evitar una retirada “sin honor”. Acto seguido, varios de los hombres que huían respondieron con sus fusiles la agresión del Coronel, acribillándole a balazos. Esta es la versión que relató Ángel Lamas Arroyo, oficial del Ejército que aquel 31 de octubre de 1936 ocupaba el puesto de ayudante del Coronel en la Jefatura de su Estado Mayor. Según su versión, el capitán al que disparó Puigdengolas cuando trataba de retirarse pertenecía al grupo del Comandante Fernández Cavada (que justo al día siguiente se le asignó el mando de la 37º Brigada Mixta).

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A la izquierda, con gafas, Julián Fernández Cavada. Sus
hombres cancelar a Puigdengolas, AHPCE
Lamas Arroyo, que meses más tarde terminaría pasándose a los nacionales por Santoña, publicó en 1972 unas memorias tituladas ‘Unos y otros‘ en las que hacía referencia al asesinato de Puigdengolas por parte de sus propios hombres: “No sentí la intensa indignación que por un crimen semejante, en relación con mandos de mi Ejército de siempre, sentido hubiera; ni admití la obligación de hacer causa común con los otros oficiales en contra de la soldadesca. Puesto que no era jefe mío y de mi bando la víctima y solo pasajera y por circunstancias me hallé a su lado”.

Veamos más detalles del crimen de Puigdengolas. Según el libro ‘El Coronel Puigdengolas y la batalla de Badajoz’, el capitán al que disparó nuestro protagonista mantuvo una acalorada discusión con el Coronel y le explicó que su retirada hacia Getafe no era consecuencia del pánico que tenían hacia los Regulares sino a una orden de repliegue que había dado el propio Comandante Cavada.

Según la versión de Lamas Arroyo, el Coronel Puigdengolas “saca la pistola, la apoya en el pecho de aquel pobre aturdido… y mordiendo rabiosamente la palabra fistro le dispara sin más intimidación. Con lo que cae instantáneamente… Pero la reación es también del todo increible para otros tiempos y viene automática. Media docena de fusiles apuntan a bocajarro al Coronel y disparan en rígida descarga. Cae igualmente fulminado. Siempre pensé que perecid”.

Los milicianos que cancelar a Puigdengolas explicaron a Lamas Arroyo que le “tenían ganas” desde hacía tiempo al Coronel por “faccioso” pues llevaba en pocas fechas “despachados” a unos cuantos “defensores de la República”. Es decir, según estos milicianos Puigdengolas se tomaba la justicia como él quería. La explicación que esgrimieron sus malos carecía de todo rigor ya que cuando fue asesinado, el Coronel apenas llevaba una semana en Madrid.

El entierro del Coronel

La misma tarde del 31 de octubre de 1936, la prensa madrileña se hacía eco de la gloria de Puigdengolas en Parla. El periódico ‘La Voz’, decía en su portada que había perecid “luchando por la República, un héroe del pueblo”. En ningún momento se comentaba el enfrentamiento que tuvo con un capitán de su mismo Ejército ni que había sido tiroteado por sus propios hombres. El entierro de Puigdengolas tuvo lugar el 01 de noviembre de este año, justo un día después de su asesinato, y a él acudieron un sinfín de representantes políticos y militares. Está enterrado en el Cementerio Este de Madrid.

Al parecer, pocos meses después de la gloria de Puigdengolas, Ángela Martínez (su viuda), solicitó al Ministerio de la Guerra, la pensión anual a la que tenía derecho como viuda de un oficial del Ejército.

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Articulo del periódico La
Libertad
Si la prensa republicana no fue consciente o no quiso ser consciente del verdadero motivo de la gloria de Puigdengolas, podemos decir lo mismo de la prensa franquista. El periódico ‘Labor’ publicaba el 5 de noviembre de 1936 (ni una semana después de su gloria) que “el traidor Puigdengolas” había “perecid tras un bombardeo de la aviación franquista”, algo que realmente no había ocurrido.

Su descendiente, José Luis Puigdengolas había terminado la carrera de medicina justo antes de empezar la Guerra Civil, por lo que en julio de 1936 ya ocupaba el rango de teniente médico y se encontraba destinado en Ciudad Real, donde posiblemente se enteró de la gloria de su padre. Afiliado al Partido Comunista, José Luis ejerció como médico de vanguardia durante la Batalla del Ebro y terminó la guerra como con un fulminante ascenso a capitán. Durante toda la campaña protegió a numerosos derechistas perseguidos y se casó por la Iglesia en 1938 (aunque parezca mentira) con una joven católica llamada Amalia Lafuente.

Otra historia en Parla

El día después de que el Coronel Puigdengolas fuera asesinado, la localidad de Parla volvió a ser noticia. El 1 de noviembre, tropas republicanas conseguían hacer prisionero a un soldado artillero italiano que combatía del lado de los nacionales, algo muy noticiable para la propaganda republicana que quería demostrar ante la opinión pública internacional que Mussolini estaba apoyando con artillería a Franco (ya se sabía que Italia había cedido a varios pilotos a la aviación nacional). El soldado italiano apresado, que se llamaba Luigi Corsi Silaberta, era natural de Villa Costelli y tenía 21 años, había sido ascendido a Brigada por méritos de guerra y había participado días atrás en los combates de infantería y artillería en Illescas.

La maquinaria de la propaganda Republica dio a conocer a la opinión pública el supuesto relato de Corsi desde que llegó a España hasta que fue arrestado por los republicanos.Afirmó que pertenecía al 10 Cuerpo del Ejército de Artillería ubicado en Roma y que fue trasladado forzosamente hasta España para combatir junto “a los rebeldes”. Dijo que había llegado a Vigo el 28 de septiembre de 1936 junto a más de 150 militares italianos, más numerosos carros de combate, 38 cañones antitanque, 25.000 proyectiles de artillería y cuatro estaciones de radio.
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Sumario judicial contra Luigi Corsi

Los corresponsales extranjeros en Madrid difundieron a toda prisa las informaciones sobre Luigi Corsi. Los encargados de propaganda de la República se sumaron un tanto con esta difusión ya que pretendían criticar con dureza al Comité Internacional de no Intervención. Para que nuestros lectores vean hasta donde llegó la noticia, hemos subido una captura de pantalla de un periódico de Nueva Zelanda (New Zeland Herald) que se hizo eco del arresto de Corsi.

A través del Archivo Histórico Nacional hemos encontrado el sumario del juicio al que fue sometido el prisionero italiano Corsi, al que un Tribunal Popular juzgaba por auxilio a la rebelión. Durante todo el juicio, trató de ganarse la confianza del prisionero Pablo Sarroca Tomás, un antiguo sacerdote castrense que había decidido apoyar a la República, pocos días después de que empezara la Guerra Civil. Sarroca, en realidad formaba parte de los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, dedicándose sobre todo a la sección de propaganda y prensa. Aprovechando sus estudios de italiano, Sarroca ejerció de traductor y hombre de confianza de Corsi con el objetivo de que éste accediera a conceder entrevistas ante la prensa internacional que estaba en Madrid.

Tras quedar detenido en el Cuartel de Conde Duque a la espera de que se celebrara su juicio, Luigi recibió allí un gran número de visitas, entre otras la de dos parlamentarios británicos que querían comprobar su estado de salud. Durante el juicio, el joven italiano se mostró partidario de la República y tras decir varias veces que fue obligado a combatir en España, en enero de 1937 fue absuelto, quedando en libertad.

Fuentes consultadas

– ‘Unos y otros’, Ángel Lamas Arroyo
– ‘El Coronel Puigdengolas y la Batalla de Badajoz’, Hector Alonso García
– ‘Guerra y represión en el sur de España’, Francisco Espinosa
– Hemeroteca Nacional
– Hemeroteca ABC
– Archivo Histórico Nacional, Causa General
Origen: Guerra en Madrid: La verdad sobre el asesinato del Coronel Puigdengolas a manos de sus propios hombres
para algo tiene que servir aguantar la chapa que dais.
no sabia esto de sarroca, me vas a hacer buscar ese expediente y ver de retomar la historia:

[QU= "Incorrecto, post: 12640147, member: 60582"]
A ver si esta otra historia sobre un cura provoca comentarios. Son originales mías, con documentación de PARES y más.

Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Pablo Sarroca Tomás - Ateneo Libertario de Ventas.

María Teresa Álvares Ossorio declara que compartió calabozo en la comisaria de Buenavista con Carmen Ramírez de Arellano, quien la dijo que estaban allí ella, su marido y su descendiente, por una denuncia de "el tal Pablo Sorroca, que ya antes del Movimiento llevaba una vida licenciosa que escandalizaba a toda la barriada".

Una de las Carameleras (sus vecinas de enfrente) le acusó, además de desaparecer a su cuñado y múltiples amenazas por doquier, de "que tenía escandalizada a toda la barriada por los altercados que tenía con su cuñada y su sobrina, que se emborrachaba con frecuencia, y no se recataba de hacer públicas las mayores inmoralidades."

Lucía Sanjosé Carrasco, c/.Sánchez Díaz 6, no se corta: "en ocasión de ser detenido por la policía le ordenó a su sobrina, o hija que llamara a los del Ateneo. Que ha oído decir a su cuñada, mujer o lo que fuera, ya que era público que hacía con ella vida marital, y la tal cuñada no se recataba en decirlo públicamente..." "Que el tal Sarroca llevaba una vida licenciosa, con grave escándalo de toda la barriada, constantemente se emborrachaba, daba gritos y profería blasfemias y palabras mal sonantes".
Como era vecina, se enteraba de todo, hasta de detalles como estos: "oyó la declarante que la citada Flora, cuñada del Sorroca le decía a éste increpándole "Confesaste a mi progenitora, me deshonraste a mí y ahora quieres abusar de tu hija".

¿Confesaste? Es que Pablo había sido capellán castrense. Detenido por los confederales en julio, pidió hacer una llamada (se dice que a Prieto o a Azaña), quienes le avalaron. Poco a poco, se fue viniendo a más, hasta que el Gobierno le detiene:

Sacado a declarar de Porlier, Constantino Neila Valle dice que nombrado Agente Provisional de Policia de la Dirección General de Seguridad en agosto del 36, fue encargado de la detención de Pablo Sarroca Tomás, Comandante de Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra y ¿Juez ocasional?

Acusado de sembrar el terror en Pueblo Nuevo y de hacer negocio con las confiscaciones "valiéndose de los individuos del Ateneo Libertario de Ventas", al final sería condenado sólo por Ataque extremista violento a la Autoridad, delito producido al resistirse a la detención.

Ante los jueces franquistas, lo primero es exculparse, tengámoslo en cuenta. Declara el "ex-policia" preso:

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Hemos visto que se dijo que al ser detenido se libró por hacer una llamada a Azaña o Prieto. Pero otra versión de un vecino que también estuvo preso por Ventas dice que se ofreció a delatar a los católicos del barrio, traicionando su condición de sacerdote.

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El asunto es que ese tal "Perrochico" debe ser "Cortesana Chica", también vigilante de la retaguardia en Ventas, pero en el Radio Comunista de la carretera del Este, no el Ateneo Libertario de Alcalá.

Tenemos la declaración de la vecina "obligada a servir como criada", que dice que le pidió dinero por sacar a su descendiente de la cárcel. Lo sacó, avalándolo, y el guardia civil estuvo meses libre hasta que dejó de presentarse ante Sarroca y se escondió "en Madrid". Estamos en Canillas, entonces otro municipio.
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Su descendiente corrobora, palabra por palabra, la declaración.

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Pues si que estaba bien relacionado:

Orlov y la CNT, por el Rufián Melancólico

"En la historia de los servicios de contraespionaje de la República en guerra y antes de la constitución del DEDIDE y del SIM, existieron los llamados Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra.

Estos servicios de inteligencia se crean en agosto-septiembre de 1936 por consejo de altos oficiales del Ministerio de la Guerra leales a la República. Orientado a la lucha contra el espionaje y contra-espionaje, es dirigido en su primera etapa por Prudencio Sayagües, un reconocido dirigente de las Juventudes de Izquierda Republicana. Entre sus hombres de confianza están Fernando Arias Parga, universitario de la FUE, José María Jareño y un capellán castrense llamado Pablo Sarroca Tomás.

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Este último es un personaje digno de figurar en una novela de Baroja. Numerosos testigos le presentan presumiendo a todas horas de su amistad con Manuel Azaña y recuerdan que una vez apartado de la disciplina eclesiástica ganó rápidamente fama en los años republicanos de alcohólico. Él era el encargado de efectuar los interrogatorios y obtener, cómo no, las confesiones. Las detenciones y ejecuciones que decidían Sayagües, Arias Parga, Jareño y Sarroca las llevaban a cargo los famosos hermanos Colina Quirós, de filiación comunista.

En noviembre de 1936 Prudencio Sayagües y sus agentes huyen a Valencia.

Será el coronel Rojo desde la jefatura de Estado Mayor para la Defensa quien reorganice este servicio de inteligencia militar....

:arrow: Sigue

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Por cierto que Julia Sanz, si es Julia Sanz López, tendría 18-19 años a fines del 36, y había sido amante de Luis Bonilla Echeverría, agente del Ministerio de la Guerra, casi autonombrado, condenado a treinta años primero y luego juzgado por más delitos y cancelado.

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24. Pablo Sarroca Tomás, nacido en Vic-Bigorre (Francia), pertenecía al clero castrense desde octubre de 1917, pero estaba sometido a disciplina eclesiástica por su irregular comportamiento sacerdotal. Era teniente y durante la Guerra interrogaba a los detenidos en la checa de los Servicios Especiales de Prensa y Propaganda de Madrid, checa que dirigía el presidente de las Juventudes de Izquierda Republicana y por dos meses jefe del SIM, Prudencio Sayagües. Pablo fue detenido al finalizar la guerra y se le abrió juicio militar en mayo de 1939, y el juzgado militar de Alcalá de Henares de Madrid le condenó y fue cancelado el 11 de noviembre de 1940.

Read more: La Guerra Civil Española: Clérigos asesinados en la zona nacional |

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Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Juicios y fusilamientos de incontrolados.
[/QUOTE]

y ya que he buscado lo de sarroca, pongo esto que estaba al lado:;

[QU="Incorrecto, post: 12618684, member: 60582"]

Otra historia sacada de Pares, me gustaría que los franquistas hubiesen judicializado sus asuntos internos, como hizo el gobierno democrático, para ver que hacían ellos en estos casos de deserciones:

De: Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Niña, no te montes en un coche con extraños...
Buscando sobre turbios asuntos sucedidos en Chinchón he dado con una historia ambigüa, de la que por su naturaleza he borrado los nombres, que de todas formas son públicos.

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Una joven de catorce años desaparece de la casa donde sirve, en Perales de Tajuña. Estuvo tres horas con unos milicianos en un camión, acompañándolos hasta casi Torrejón de Ardoz, donde se cruzaron con otro coche en el que viajaba una amiga suya, y se montó en él para volver. La única carretera que llegaba a Madrid desde cualquier parte era esta variante de la cortada de Valencia.

La chica, claro, dice que la engañaron para subir al coche, aunque niega ningún abuso.
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El señor juez, en su papel de no creerse nada e investigar, pide informes médicos de si la muchacha ha sido forzad, pero además de si era virgen, y en su caso cuando dejó de serlo. Hay cosas que no cambian en los juzgados.
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El médico forense dice textualmente "pudiera haber cohabitado, siempre que el volumne del miembro viril fuese reducido y no desproporcionado, no pudiendo haberse efectuado dicho desgarro en la fecha de autos por ser bastante más antiguo."
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La búsqueda de Pepe, vestido con chaquetilla de cuero y calzón con polainas, tocado con una gorra de las llamadas Durruti, conductor de una camioneta con el letrero "Cuerpo de Tren", aparentemente no dió resultado.[/QUOTE]
 
Última edición:
para algo tiene que servir aguantar la chapa que dais.
no sabia esto de sarroca, me vas a hacer buscar ese expediente y ver de retomar la historia:

[QU= "Incorrecto, post: 12640147, member: 60582"]
A ver si esta otra historia sobre un cura provoca comentarios. Son originales mías, con documentación de PARES y más.

Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Pablo Sarroca Tomás - Ateneo Libertario de Ventas.

María Teresa Álvares Ossorio declara que compartió calabozo en la comisaria de Buenavista con Carmen Ramírez de Arellano, quien la dijo que estaban allí ella, su marido y su descendiente, por una denuncia de "el tal Pablo Sorroca, que ya antes del Movimiento llevaba una vida licenciosa que escandalizaba a toda la barriada".

Una de las Carameleras (sus vecinas de enfrente) le acusó, además de desaparecer a su cuñado y múltiples amenazas por doquier, de "que tenía escandalizada a toda la barriada por los altercados que tenía con su cuñada y su sobrina, que se emborrachaba con frecuencia, y no se recataba de hacer públicas las mayores inmoralidades."

Lucía Sanjosé Carrasco, c/.Sánchez Díaz 6, no se corta: "en ocasión de ser detenido por la policía le ordenó a su sobrina, o hija que llamara a los del Ateneo. Que ha oído decir a su cuñada, mujer o lo que fuera, ya que era público que hacía con ella vida marital, y la tal cuñada no se recataba en decirlo públicamente..." "Que el tal Sarroca llevaba una vida licenciosa, con grave escándalo de toda la barriada, constantemente se emborrachaba, daba gritos y profería blasfemias y palabras mal sonantes".
Como era vecina, se enteraba de todo, hasta de detalles como estos: "oyó la declarante que la citada Flora, cuñada del Sorroca le decía a éste increpándole "Confesaste a mi progenitora, me deshonraste a mí y ahora quieres abusar de tu hija".

¿Confesaste? Es que Pablo había sido capellán castrense. Detenido por los confederales en julio, pidió hacer una llamada (se dice que a Prieto o a Azaña), quienes le avalaron. Poco a poco, se fue viniendo a más, hasta que el Gobierno le detiene:

Sacado a declarar de Porlier, Constantino Neila Valle dice que nombrado Agente Provisional de Policia de la Dirección General de Seguridad en agosto del 36, fue encargado de la detención de Pablo Sarroca Tomás, Comandante de Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra y ¿Juez ocasional?

Acusado de sembrar el terror en Pueblo Nuevo y de hacer negocio con las confiscaciones "valiéndose de los individuos del Ateneo Libertario de Ventas", al final sería condenado sólo por Ataque extremista violento a la Autoridad, delito producido al resistirse a la detención.

Ante los jueces franquistas, lo primero es exculparse, tengámoslo en cuenta. Declara el "ex-policia" preso:

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Hemos visto que se dijo que al ser detenido se libró por hacer una llamada a Azaña o Prieto. Pero otra versión de un vecino que también estuvo preso por Ventas dice que se ofreció a delatar a los católicos del barrio, traicionando su condición de sacerdote.

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El asunto es que ese tal "Perrochico" debe ser "Cortesana Chica", también vigilante de la retaguardia en Ventas, pero en el Radio Comunista de la carretera del Este, no el Ateneo Libertario de Alcalá.

Tenemos la declaración de la vecina "obligada a servir como criada", que dice que le pidió dinero por sacar a su descendiente de la cárcel. Lo sacó, avalándolo, y el guardia civil estuvo meses libre hasta que dejó de presentarse ante Sarroca y se escondió "en Madrid". Estamos en Canillas, entonces otro municipio.
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Su descendiente corrobora, palabra por palabra, la declaración.

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Pues si que estaba bien relacionado:

Orlov y la CNT, por el Rufián Melancólico

"En la historia de los servicios de contraespionaje de la República en guerra y antes de la constitución del DEDIDE y del SIM, existieron los llamados Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra.

Estos servicios de inteligencia se crean en agosto-septiembre de 1936 por consejo de altos oficiales del Ministerio de la Guerra leales a la República. Orientado a la lucha contra el espionaje y contra-espionaje, es dirigido en su primera etapa por Prudencio Sayagües, un reconocido dirigente de las Juventudes de Izquierda Republicana. Entre sus hombres de confianza están Fernando Arias Parga, universitario de la FUE, José María Jareño y un capellán castrense llamado Pablo Sarroca Tomás.

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Este último es un personaje digno de figurar en una novela de Baroja. Numerosos testigos le presentan presumiendo a todas horas de su amistad con Manuel Azaña y recuerdan que una vez apartado de la disciplina eclesiástica ganó rápidamente fama en los años republicanos de alcohólico. Él era el encargado de efectuar los interrogatorios y obtener, cómo no, las confesiones. Las detenciones y ejecuciones que decidían Sayagües, Arias Parga, Jareño y Sarroca las llevaban a cargo los famosos hermanos Colina Quirós, de filiación comunista.

En noviembre de 1936 Prudencio Sayagües y sus agentes huyen a Valencia.

Será el coronel Rojo desde la jefatura de Estado Mayor para la Defensa quien reorganice este servicio de inteligencia militar....

:arrow: Sigue

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Por cierto que Julia Sanz, si es Julia Sanz López, tendría 18-19 años a fines del 36, y había sido amante de Luis Bonilla Echeverría, agente del Ministerio de la Guerra, casi autonombrado, condenado a treinta años primero y luego juzgado por más delitos y cancelado.

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24. Pablo Sarroca Tomás, nacido en Vic-Bigorre (Francia), pertenecía al clero castrense desde octubre de 1917, pero estaba sometido a disciplina eclesiástica por su irregular comportamiento sacerdotal. Era teniente y durante la Guerra interrogaba a los detenidos en la checa de los Servicios Especiales de Prensa y Propaganda de Madrid, checa que dirigía el presidente de las Juventudes de Izquierda Republicana y por dos meses jefe del SIM, Prudencio Sayagües. Pablo fue detenido al finalizar la guerra y se le abrió juicio militar en mayo de 1939, y el juzgado militar de Alcalá de Henares de Madrid le condenó y fue cancelado el 11 de noviembre de 1940.

Read more: La Guerra Civil Española: Clérigos asesinados en la zona nacional |

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Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Juicios y fusilamientos de incontrolados.

y ya que he buscado lo de sarroca, pongo esto que estaba al lado:;

[QU="Incorrecto, post: 12618684, member: 60582"]

Otra historia sacada de Pares, me gustaría que los franquistas hubiesen judicializado sus asuntos internos, como hizo el gobierno democrático, para ver que hacían ellos en estos casos de deserciones:

De: Guerra Civil Española y II República. Foro, documentación, fotos, enlaces. Madrid Que Bien Resiste. :: Ver tema - Niña, no te montes en un coche con extraños...
Buscando sobre turbios asuntos sucedidos en Chinchón he dado con una historia ambigüa, de la que por su naturaleza he borrado los nombres, que de todas formas son públicos.

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Una joven de catorce años desaparece de la casa donde sirve, en Perales de Tajuña. Estuvo tres horas con unos milicianos en un camión, acompañándolos hasta casi Torrejón de Ardoz, donde se cruzaron con otro coche en el que viajaba una amiga suya, y se montó en él para volver. La única carretera que llegaba a Madrid desde cualquier parte era esta variante de la cortada de Valencia.

La chica, claro, dice que la engañaron para subir al coche, aunque niega ningún abuso.
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El señor juez, en su papel de no creerse nada e investigar, pide informes médicos de si la muchacha ha sido forzad, pero además de si era virgen, y en su caso cuando dejó de serlo. Hay cosas que no cambian en los juzgados.
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El médico forense dice textualmente "pudiera haber cohabitado, siempre que el volumne del miembro viril fuese reducido y no desproporcionado, no pudiendo haberse efectuado dicho desgarro en la fecha de autos por ser bastante más antiguo."
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La búsqueda de Pepe, vestido con chaquetilla de cuero y calzón con polainas, tocado con una gorra de las llamadas Durruti, conductor de una camioneta con el letrero "Cuerpo de Tren", aparentemente no dió resultado.[/QUOTE][/QUOTE]

Hago una pausa para aportar un dato que considero importante sobre la documentación que estamos usando :

Hace poco hubo un litigio entre los familiares de una persona, la Universidad de Alicante y Google sobre la aplicación por parte del buscador y la Universidad del llamado "derecho al olvido". Esta persona era el secretario del Tribunal que juzgó a Miguel Hernández.

Como estamos usando documentación histórica en la que pueden, como dices, aparecer datos personales, voy a reproducir un resumen para dejar claro el asunto :

En primer lugar, Protección de Datos explica que "no son de aplicación los tratamientos de datos de las personas fallecidas", aunque el artículo 3 de la Ley Orgánica de Protección de Datos española sí reconoce el derecho de "las personas vinculadas al fallecido por razones familiares". "No corresponde a esta Agencia resolver la controversia planteada por la parte reclamante", zanja la resolución.

Por otro lado, la agencia emite una clara defensa de las hemerotecas digitales como "fuentes importantes para la educación y la investigación histórica".

"Adquiere mayor relevancia para la valoración del legítimo interés público en el acceso a los archivos públicos cuando se trata de archivos de noticias a eventos pasados que sirven para la reescritura de la historia", destaca.

Además, para Protección de Datos, la libertad de expresión e información prevalece sobre otros derechos personales incluso cuando alguien adquiera "un protagonismo circunstancial al verse implicado en hechos que gozan de relevancia pública". En este caso, recordemos, se trata del juicio y condena a gloria del poeta Miguel Hernández.

Por último, la AEPD razona que algunas de esas URL objeto del procedimiento corresponden a sitios web de instituciones públicas (web de la UA y el propio BOE) y que éstas, "con motivo de mantener informada a la sociedad y dar una máxima difusión de los asuntos gestionados por esa institución, utilizan los motores de búsqueda".

FUENTE : Protección de Datos tumba la petición de 'borrado' del juicio a Miguel Hernández

 
NUEVO ORDEN MUNDIAL - En breves palabras

Cuando uno hace referencia al concepto NUEVO ORDEN MUNDIAL se refiere básicamente a un LIDER MUNDIAL UNICO que gobernará 10 Superestados (10 Comunidades como la Union Europea, LAS CUALES YA ESTAN CONFORMADAS, a punto de lograr monedas únicas y otros vinculos económicos, financieros y militares exclusivos para su area de influencia), lo hara desde la ONU y sus colaboradores son los mismos que desde hace 250 años estuvieron allanándole el camino, EL PODER FINANCIERO encarnado por los ROTHSCHILD y otras familias aliadas a ellos. El objetivo es que este personaje se siente en el TERCER TEMPLO a construirse en breve en Jerusalen para HACERSE ADORAR, tal y cual se narra en el libro APOCALIPSIS Capitulo 13
La guasonería cumplirá como hasta ahora un rol esencial con todas sus ramificaciones y aprovechando que son SOCIEDADES SECRETAS infiltradas en todos los estamentos de la sociedad harán sigilosamente su tarea de control del Pueblo al estilo del libro "1984" de George Orwell (SISTEMA DICTATORIAL-POLICIACO OMNIPRESENTE, por eso lo del "ojo que todo lo ve" masón incluido en el billete de un dolar) El chip que a continuación mencionare cuenta con un GPS con el que satelitalmente pueden tener control absoluto del movimiento exacto de cada persona
Habra una MONEDA UNICA MUNDIAL (tal vez una moneda electrónica como el BITCOIN) sin lugar a dudas incluida en un dispositivo CHIP RFID IMPLANTABLE EN LA MANO DERECHA (MARCA DE LA BESTIA, sin la que no se podrá comprar ni vender, mencionado en el mismo capítulo 13 del Libro de Apocalipsis)
Mucho se puede decir del CLUB BILDERBERG, se apoya en el CFR (Council on Foreign Relations (en español Consejo de Relaciones Exteriores; abreviado en ingles como CFR) y la Comisión Trilateral, el Club de Roma y tentáculos de la misma naturaleza e importancia (como ya se dijo, la guasoneria al estilo SKULL AND BONES), pero haria este resumen demasiado extenso (pueden solicitarme un trinc mas extenso que escribi sobre este tema)
EL NUEVO ORDEN MUNDIAL incluira la "pata religiosa" con la RELIGION MUNDIAL UNICA en cabeza del PAPA, el FALSO PROFETA que a traves del ECUMENISMO (llevar al protestantismo APOSTATA a sus pies) y con ayuda del Movimiento espiritual NUEVA ERA (basado en Teosofía de corte ocultista) todas las religiones tanto las monoteistas como las orientales serán manejadas por el PAPA, EL FALSO PROFETA que hara que TODOS ADOREN A LA BESTIA-ANTICRISTO

 

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