Zelenski reclama a Sánchez los 53 Leopard de Zaragoza y los F-18
Ucrania habría reclamado a España el envío de los
53 carros de combate Leopard que el Ejército de Tierra mantiene en Zaragoza y varios cazas
F-18. La petición, difundida a partir de una información de
The Objective, no se limita a los blindados: incluye material naval y equipos de empresas como Porcelanosa y Marsans. Lo que más ha sorprendido no es la lista, sino su precisión. Quien la firma conoce la ubicación exacta de cada partida mejor, se sostiene, que el propio Ministerio de Defensa.
Qué hay de verdad en el inventario de Zaragoza
Los 53 Leopard no son un redondeo. Son una partida concreta de carros en almacenamiento, y ahí arranca la discusión técnica. Hay quien sostiene que parte de ese material llevaba tiempo retirado a la espera de chatarra, con líquidos y baterías corrosivos ya desmontados, lo que no impide devolverlo al servicio pero alarga plazos y encarece la puesta a punto.
La objeción contraria es de
sentido común militar: en Yugoslavia se llegó a combatir con T-34, y una reserva vieja sigue sirviendo para tapar huecos. Un carro obsoleto no vale como carro, pero puede reaparecer como artillería autopropulsada. El argumento del ahorro es el más terrenal: si no se usan, cederlos elimina el coste de mantenimiento. Contra eso pesa que la baja no se sustituye sola y que cada euro ahorrado en conservación se convierte en pedido nuevo a la industria, casi siempre extranjera.
El salto de un MiG-29 a un F-18
La parte técnica más incómoda no es el carro, es el avión. Un piloto formado en MiG-29 no se sienta en un F-18 y despega: cambian la aviónica, los procedimientos, el mantenimiento y hasta el idioma de las listas de comprobación. La comparación que circula —un piolet para subir al Everest— resume el problema.
Aprender a manejar un F-18 no se resuelve con un cursillo.
También hay quien recuerda que el problema no es solo el piloto: cada modelo arrastra cadena logística, repuestos y simuladores. Sin esa red, un caza cedido es un monumento caro en una base.
De ahí sale el reparto que se considera realista: cazas y blindados de origen soviético que los ucranianos ya saben operar, con países exsoviéticos reponiendo después vía compra a Estados Unidos, frente a material OTAN que exige adiestramiento largo y toda una infraestructura detrás. Dos conclusiones se extraen de ese desfase: el conflicto va para largo y quien cede equipo aliado se implica más de lo que dice.
Quién paga el envío y con qué se devuelve
El coste no desaparece porque el material ya esté amortizado. Se argumenta que la operación se articula con un préstamo del FMI cuya devolución recaería sobre Ucrania y con compensaciones que se reclamarían a la parte derrotada. Es el tipo de construcción financiera que funciona mientras el escenario previsto se cumple.
Aquí entra el recordatorio que varios análisis repiten: la
reforma exprés del artículo 135 de la Constitución, pactada en el verano de 2010, que dio al pago de la deuda externa prioridad sobre otras necesidades de gasto. Si la factura acaba trasladándose al contribuyente español durante generaciones, como sostiene la lectura más pesimista, el mecanismo ya está escrito.
El flanco sur y el coste de quedarse sin reservas
Ceder los Leopard de Zaragoza y los F-18 deja el mapa peninsular con menos púas. El razonamiento geográfico es simple: el material que sale por el este no vuelve por el sur, y Marruecos sigue ahí. La pregunta de qué ha aportado Marruecos a la causa se repite con retintín, y la respuesta habitual es que nada consta.
Una parte del análisis añade que el envío desarma a Europa entera mientras el conflicto devora material, y que una vez destruido o capturado, la reposición tarda años. Frente a eso, la lectura menos alarmista responde que España no está en guerra y que mantener parque ocioso también cuesta dinero.
La hipótesis que nadie sostiene con pruebas
En el extremo del espectro aparece la tesis de que el propio presidente ucraniano actuaría como pieza rusa, destruyendo su país y desarmando a sus aliados. Es una sospecha sin ningún respaldo documental, y como tal se lee: consuelo narrativo para un conflicto que no avanza según lo previsto.
Pedir por exceso y negociar a la baja
La explicación más sobria del listado es también la más cínica: quien pide 50 sabe que no recibirá 50. Si el resultado acaba en
25 Leopard y 50 Pizarro, o en cualquier combinación intermedia, el solicitante habrá conseguido su objetivo con un documento maximalista. Que el método funcione depende menos de la lista que de quien firma los papeles.
Con los plazos de adiestramiento que se manejan y una entrega escalonada, lo más probable es que el material salga a cuentagotas y con años de retraso sobre cualquier anuncio. Probable, no seguro: nadie se atreve a poner fecha a la primera entrega.