Zapatero reclama a Arabia Saudí un papel para las joyas
«Su Excelencia». Con ese encabezado y destino a la Corte Real saudí arranca la carta en la que José Luis Rodríguez Zapatero pide respaldo escrito para su versión de las joyas: que el difunto rey Abdullah bin Abdulaziz Al-Saud le regaló personalmente un ajuar de piedras preciosas, engarzadas por alguien que, se apunta, se dedica a la bisutería. Sin papeles. Sin cajas. Sin nada que lo acredite salvo la palabra.
Ese es el nudo del asunto: hay una versión, un proceso vivo y una firma que no llega. Y una pregunta que sobrevuela todo el asunto: ¿por qué la Casa Real saudí iba a mover un dedo por un expresidente español?
Por qué la respuesta saudí puede tardar meses o incluso un año
El argumento más repetido es de pura aritmética procesal. El rey que debía avalar el relato está muerto, y forzar a los actuales responsables saudíes a mover papeles de una herencia ajena no es una gestión de despacho: hay quien calcula que la contestación, si llega, puede demorarse
meses o un año entero. Para entonces, el asunto podría estar prescrito y cerrado sin que nadie haya confirmado nada.
De ahí que algunos lean el movimiento como una jugada de relojería: ganar tiempo es, en la práctica, ganar el caso. Otros ven lo contrario, una huida hacia delante de quien necesita un aval externo porque el interno no existe. Y está la variable del propio Mohamed bin Salman, cuyo interés por las andadas de un expresidente español se presume más bien escaso: si tuviera que ocuparse de cada Zapatero que le escribe, apuntan, no sería quien es.
Los diamantes de calidad llevan número de serie y se rastrean
Frente al relato de la bisutería sin papeles, aparece el argumento técnico: las piedras de cierto valor van numeradas, se traza su origen y se puede preguntar a los proveedores y joyeros de la Casa Real saudí quién compró qué y cuándo. Una vía que no depende de la buena voluntad de una corte, sino de un catálogo. El detalle empuja en dirección opuesta a la carta: si todo es rastreable, un documento firmado sería lo de menos.
Queda la pregunta incómoda de si este Zapatero puede convertirse en un problema de imagen para una monarquía que mide cada gesto. La respuesta, con los datos sobre la mesa, sigue abierta.
El dato que descoloca no es jurídico sino de mercado: alguien ha puesto precio a su firma.
Un millón de euros es lo que se ofrece, medio en broma medio en serio, por estampar un papel que diga que las joyas fueron un regalo. La carta pide gratis lo que aquí ya tiene tarifa.