Quake, 30 años: la 3DFX de 50.000 pesetas y el resto de la historia
¿Cuánto costó realmente jugar a Quake en los noventa? Mucho más que el precio del juego. La revolución que trajo el shooter de id Software en 1996 no fue solo gráfica: fue económica. Para correrlo de verdad hacía falta un Pentium I, y para verlo en todo su esplendor, una tarjeta 3DFX que llegó a costar 50.000 pesetas de la época, una cifra que hoy, con la inflación, se convierte en varios cientos de euros.
El precio de la modernidad
No era solo el juego, era el hardware. Quien no tenía tarjeta gráfica se las ingeniaba con el modo software, perdiendo los 75 hercios mínimos que exigían los más puristas. El que podía, se compraba la 3DFX y todavía recuerda ese primer salto de calidad. Y mientras Duke Nukem, Doom o Half-Life disputaban el trono, Quake fue el que hizo pobre a más de uno.
Con el tiempo, la inversión se convirtió en tradición: jugar por LAN con el hermano, y años después, con el sobrino. El gasto inicial se amortizaba en horas de diversión compartida. Otros, en cambio, presumían de haber esquivado esa bala, de dedicarse al skate y a la calle. Al final, todos acaban pagando algo.
Treinta años después, la 3DFX no vale nada, pero la nostalgia sigue teniendo precio: en actualizaciones, en suscripciones, en volver a entrar en el juego de turno. La economía de Quake no fue solo el impulso de una industria: fue también la crónica de un bolsillo que nunca salió indemne.