Los ministros de Sánchez festejan a Mohamed VI en la embajada marroquí
España no tiene relaciones con Marruecos: tiene un peaje. La última cuota se pagó con la presencia de varios ministros del Gobierno de Pedro Sánchez en la recepción ofrecida en la embajada de Marruecos con motivo del aniversario de la llegada al trono de Mohamed VI. Un acto en apariencia protocolario que ha reactivado las críticas a una política exterior leída por sus detractores como una sumisión constante a Rabat.
El contexto no ayuda al gesto. La relación bilateral viene marcada por la crisis de Ceuta y por el giro del Ejecutivo sobre el Sáhara Occidental, que muchos analistas califican de cesión en favor de la propuesta marroquí de autonomía. Que una representación del Consejo de Ministros acuda a festejar al monarca alauita justo en ese escenario alimenta la sensación de que los gestos simbólicos se deciden al dictado de Rabat, no en Madrid.
La contraposición es inevitable: en un lado está la frontera de Ceuta, con su historial de tensión migratoria y la respuesta que provocó en redes sociales; en el otro, la foto de los ministros brindando en la embajada. Esa imagen, recordada por la prensa en la cobertura de la crisis fronteriza, convierte un acto institucional en un arma arrojadiza política de primera magnitud.
Mientras la relación bilateral no se traduzca en cooperación efectiva en frontera y en una posición clara sobre el Sáhara, episodios como este seguirán generando más ruido interno que rédito exterior. Puede que la foto institucional sea intrascendente. Su lectura política, salvo que cambie el relato, tiene recorrido.