El informe de ENTSO-E sobre el apagón: las renovables no fueron la causa única
El informe final de ENTSO-E sobre el apagón peninsular de abril de 2025 ya está sobre la mesa, y su lectura desmonta la versión más simple que se instaló en el debate público. El documento no señala a las energías renovables como culpables únicas del colapso, pero tampoco las exonera: describe una cadena de fallos en la que la generación solar aparece como un eslabón relevante, no como el detonante. La conclusión incómoda es que el sistema falló por una combinación de factores que nadie quiere asumir en solitario.
Qué dice realmente el informe sobre el origen del apagón
El relato que se ha ido consolidando en los resúmenes del documento apunta a un detonante concreto: la caída casi simultánea de dos líneas de alta tensión de 400 kV en el norte peninsular, entre Soto-González y Penagos, y entre Lada y Velilla. Ese fallo se produjo en un momento de alta exportación de electricidad hacia Francia, lo que convirtió una pérdida localizada en un problema de escala peninsular.
A partir de ahí, el efecto dominó. La energía que iba camino de Francia se redirigió por rutas alternativas, sobrecargando el resto de la red española y portuguesa en cuestión de segundos. El informe describe episodios de oscilación de tensión previos al colapso, con picos registrados desde las 11:04 de la mañana. A las 11:51, media hora antes del apagón, las comunicaciones entre operadores y Red Eléctrica reflejaban ya un vaivén de tensión atribuido a la entrada de generación solar.
El papel de la fotovoltaica: factor de potencia fijo y desconexiones prematuras
El documento sí señala un comportamiento problemático en buena parte del parque renovable. Muchas instalaciones operaban bajo esquemas de factor de potencia fijo, lo que limitaba su capacidad de reaccionar ante variaciones de tensión y contribuir activamente a estabilizarla. Además, numerosas plantas se desconectaron automáticamente antes de alcanzar los umbrales de tensión establecidos en sus puntos de conexión a la red.
Ese detalle es el que alimenta la tesis de quienes sostienen que la generación solar tuvo un papel clave en la cascada. El informe también menciona generadores con potencia reactiva en Q-referencia por debajo del 75% que no respondieron a las fluctuaciones. La consecuencia práctica: cuando el sistema necesitaba que alguien sostuviera la tensión, buena parte del parque renovable se estaba yendo de la red.
La batalla política que el informe no cierra
El documento reparte responsabilidades pero evita señalar a un culpable único, y esa ambigüedad ha sido leída de formas opuestas. Desde el Gobierno se subrayó que no hubo un problema de exceso de renovables, una lectura que el informe permite sostener en términos estrictos: el detonante fueron las líneas caídas, no la generación solar. Desde la oposición y buena parte del sector crítico se insiste en que el informe sí documenta el papel de la fotovoltaica en la cascada, y que esa parte se ha minimizado.
Hay un tercer frente que el documento deja abierto: la preparación de la red. El sistema no estaba diseñado para absorber una desconexión masiva y simultánea de generación intermitente, y las medidas que el propio informe propone —control dinámico de tensión, requisitos más estrictos para los parques— apuntan a que el problema es de diseño y de regulación, no solo de tecnología.
El gas ruso y el cierre nuclear: los hilos que el informe no toca
Uno de los argumentos que más recorrido ha tenido es el de las centrales de ciclo combinado que se pusieron en marcha justo después del apagón, quemando gas que en parte procedía de Rusia. Para unos, eso demuestra que las renovables no bastan y que el respaldo fósil sigue siendo imprescindible. Para otros, es simplemente la consecuencia lógica de perder 2.200 MW de generación de golpe: alguien tenía que cubrir el hueco.
En paralelo, la presidenta de la Comisión Europea ha reconocido un «error estratégico» en el alejamiento de la energía nuclear y ha defendido su vuelta como fuente fiable. Ese giro encaja mal con la tesis de que el apagón fue un problema exclusivo de renovables, pero también con la de que todo estaba bajo control.
El informe está disponible, es público y cada cual lo lee como quiere. Lo que no aparece por ningún lado es la versión limpia que todos querían: ni las renovables son las únicas culpables, ni la red estaba preparada, ni nadie va a asumir el coste político de decirlo entero. El punto exacto donde el análisis se atasca es ese: el documento describe una cadena de fallos, y una cadena no tiene un solo eslabón que se pueda señalar sin mirar los demás.