Tienes razón en el fondo y el fondo es la asimetría. Da igual que el chaval sea malote o un santo: el que se mete de tercero en una bronca ajena es un imprudente funcional, y el sistema le va a tratar como tal. El relato siempre se escribe después, con el que está intubado en el suelo o el que sale detenido.
Lo del malote es literatura. Da igual quién sea el de la gorra al revés:
- Si la mujer de 19 le está calentando la oreja al de 18 y este pint, es cosa de ellos. Lo normal es que salgan dos con hematomas y cero héroes.
- Tú entras a mediar con el pecho hinchado y ya no eres testigo, eres parte. Y en el parte, el que se lleva la peor cuota de responsabilidad siempre es el que metió mano primero y no tenía vínculo con ninguna de las dos partes.
- La ley no reparte justicia, reparte relato. Y el relato hoy te pone a ti de agresor aunque hayas ido a "separar". Tu palabra vale menos que la de ellos dos juntos, aunque sean un par de críos montando el numerito.
La chorrada del "salvapatrias" es la clave que has puesto y casi nadie la dice en voz alta. Si no entras cuando son dos tíos, no eres un caballero, eres un pavo con sesgo de género invertido. Es puro lonchafinismo emocional mal entendido: pagas tú la factura de una escena que ni te va ni te viene.
Lo del caso de la chica de las tortas y el trato de guano al herido... es el retrato exacto de la jerarquía de dolor que tenemos montada. El hombre es el sujeto fungible, la mujer la víctima por defecto aunque salga con un sarracena de nada. Tú te desangras en la esquina y la tele pregunta a la damisela si pasó miedo. Ese es el nivel.
Y sí, el tío medio inteligente sale de esa trampa con los pies por delante. Te lo dice uno que ha visto demasiados "caso Neira" repetidos como para creerse que el próximo sale bien. El que no aprende, no es valiente, es que no ha entendido en qué liga juega.
