Siete años de informes de la AEMET y dos versiones del verano
Hemorroide suelta siete enlaces seguidos y el hilo se rompe otra vez. Son los resúmenes de verano de la propia AEMET, uno por año: 2020, 2021, 2022, 2024, 2025, 2026 y el avance de 2023. Sin comentario, sin frase de acompañamiento, sin nada. Con eso ya hay tela para tres páginas.
Qué se ha sabido
Los enlaces caen entre el
21 y el 22 de septiembre. Todos apuntan a la web de la agencia. En mitad del cruce, alguien pega además un vídeo de YouTube:
MITIO pregunta por el cambio de colores de los mapas y si la agencia tiene registros de eso. Ace Tone contesta que en la AEMET están encantados con el cambio porque, según su versión, se han dedicado a colorear mapas. Hemorroide remata con la ironía de que, como esto siga así, en unos años se alcanzará la temperatura del Sol. Y Coronel Kurtz se queda con la duración:
cuatro meses de verano y, bromea, años de 16 meses.
Un participante repasa la letra pequeña del informe y recuerda que la propia agencia separa la serie observada de la reconstruida, y que quien quiera discutir el método ahí tiene dónde agarrarse. Lo mismo dice sobre el reparto del calor: si a cada uno le ha parecido llevadero, es porque las anomalías fueron muy desiguales según la zona.
La cuenta de la piel la da CUATERBAC: escribe que desde el
1 de junio hasta prácticamente esa misma semana no se bajó de
35 grados, y que hubo
5 o 6 episodios por encima de 45. Mig15 apunta al Mediterráneo, a la humedad que dispara la sensación térmica y a
2015 como el peor que recuerda en toda Europa. Y NORDWAND suma fuentes de calor: coches, vehículos pesados, personas, calderas, compresores, maquinaria.
Dónde está la bronca
Frente de la piel. CUATERBAC sostiene que se ha pasado de un verano insoportable a que ahora, en septiembre, haga la temperatura que debería haber hecho en verano. Mig15 lo llama horroroso y dice que sin aire acondicionado no habría dormido. Frente a ellos, qbit lo niega en redondo y afirma que este año ha dormido mejor y con menos refrigeración que en los anteriores, porque por las noches había viento fresco. Colapso Total admite el calor pero no lo ve peor que hace tres o cuatro años. Y Suprimo ironiza con que este ha sido de los más fresquitos.
Frente del método. Turek sostiene que los termómetros de hace un siglo no son comparables a los de ahora ni los lugares donde se toma la temperatura, y suma el efecto de las ciudades convertidas en acumuladores de radiación entre hormigón y asfalto. Antiglobalismo cifra los registros en
80 años y los fiables en
50. DEREC lo dice en dos palabras: que mienten. Enfrente, un participante desempolva el informe para separar las dos series y avisa de que el dato moderno no depende de la reconstrucción antigua.
Frente del color. Aquí entra el asunto nuevo. MITIO pregunta por el cambio de tonalidades en los mapas. Ace Tone lo atribuye a un ejercicio de colorear. Y ashe lo lleva más lejos: habla de un
bombardeo de propaganda para que la gente note inconscientemente más calor del que hay.
Y por debajo, una discusión que no es de clima sino de listones. Mullban la monta con coches: un Seat Ibiza de 2009 con el embrague roto y una factura de
2.000 euros, frente a un Toyota CH-R de
35.000. Lo impensable primero acaba siendo compra maestra.
Tú pones el listón, le dice a quien lee: antes el rojo era para unas temperaturas y ahora es para otras. Stiff upper lip se ríe de la mecánica del hilo y lo compara con el de «nunca fue mejor momento para comprar». Alguien avisa de que los de siempre no podían faltar. Y Cygnus Saint pide que vengan los valencianos a opinar, que es la forma más rápida de saber si el verano fue liviano o criminal.
Qué cambia respecto a antes
Que el eje ya no es 1869. El eje es el archivo. Los siete enlaces convierten la discusión en una pelea por ver qué año se parece más a este, y ahí cada cual encuentra su casilla: 2012, 2015, 2003, el del 95. Entra como asunto nuevo el
cambio de colores de los mapas y la sospecha de que el calor se esté fabricando en la leyenda del gráfico, no en la calle. Entra también la sensación, repetida por varios, de que el calendario se ha descolocado: el calor de finales de septiembre es el que faltó en julio. Y aparece una comparación que trasciende el tiempo: el verano como un producto al que le han movido la etiqueta.