Vox mueve en el Congreso declarar a Putin persona non grata
En 2016, el Ayuntamiento de Madrid le entregó la Llave de Oro de la ciudad. Aquel reconocimiento no levantó entonces demasiadas ampollas. Ahora, el partido que se quedó solo defendiendo que no se retirase quiere que el Congreso de los Diputados le cuelgue al presidente ruso una etiqueta bastante menos amable: la de
persona non grata. Vox ha registrado una proposición no de ley para que el Parlamento y el Gobierno de España se pronuncien contra Vladimir Putin por la invasión de Ucrania, y pretende que el asunto acabe subiendo al Pleno. El texto, adelantado por Europa Press, califica la ofensiva de
violación sumamente grave del derecho internacional y de la soberanía nacional.
¿Qué pide exactamente la proposición de Vox sobre Putin?
El documento pide declarar a Putin persona non grata como reproche por la invasión de Ucrania y lo hace
sin perjuicio de la ulterior depuración de responsabilidades conforme al derecho penal internacional. Es decir, la iniciativa deja la puerta abierta a eventuales exigencias penales futuras, sin fijar plazos ni tribunales concretos. En la práctica, una proposición no de ley es un pronunciamiento político: no obliga al Gobierno a nada y no abre por sí sola ningún proceso judicial.
El texto da por hecho que la guerra, aunque no se sabe cuándo terminará,
se saldará con miles de muertos y asesinados y con la destrucción de viviendas, escuelas y hospitales, de pueblos y de ciudades. Sostiene también que el único responsable de lo que ocurre en Ucrania y en Rusia es el dirigente ruso, y añade que el pueblo ruso es igualmente víctima de un régimen al que describe como tiranía de un sátrapa.
La Llave de Oro de Madrid: el flanco que Vox no cerró
El calendario tiene su ironía. Días antes de registrar la proposición, Vox fue el único grupo que votó en contra de retirar la Llave de Oro concedida al dirigente ruso en 2016. Su portavoz municipal argumentó que no tenían claro si el galardón distinguía al mandatario o al pueblo ruso. La maniobra en el Congreso llega, por tanto, después de haber quedado retratado en ese flanco, y hay quien lee la iniciativa como una forma de desactivar la etiqueta de partido cercano al Kremlin.
Lo que ningún comunicado aclara es qué se hace con una distinción municipal ya entregada. La propuesta de persona non grata tiene recorrido parlamentario; la retirada de la llave, recorrido administrativo. Nadie ha explicado aún si una cosa compensa la otra.
El electorado prorruso que se da por perdido
La reacción interna ha sido más ruidosa que el anuncio. Una parte del electorado habitual de Vox ha interpretado el gesto como una traición y ha anunciado, en tono airado, que retira su voto. Otra parte se limita a encogerse de hombros: sostiene que seguirá votando al partido porque
no hay nada más en el horizonte y porque comparte el programa en inmigración, feminismo o españolismo, aunque discrepe radicalmente en política exterior. Es el clásico mal menor, aplicado a una causa que muchos daban por intocable.
También hay quien acusa al partido de cambiar de chaqueta, y quien señala que su base nunca fue tan prorrusa como sugieren las redes, sino simplemente antiatlantista. La confusión entre oponerse a la OTAN y apoyar a Moscú recorre buena parte de la discusión, y no parece que vaya a resolverse pronto.
La neutralidad a la húngara como alternativa
El modelo que algunos defienden no es el ruso, sino el húngaro. La receta que se defiende es la de condenar la invasión, guardar silencio sobre el resto y no embarcarse en un enfrentamiento directo con Moscú que solo sirva para favorecer intereses ajenos en esa zona. Es la línea de perfil bajo que algunos consideran la única salida sensata para un partido que presume de soberanismo.
Frente a eso, el argumento que gana peso es que la neutralidad, en esta guerra, equivale a mirar hacia otro lado mientras se consuma la ocupación. Ahí la discusión deja de ser táctica y se vuelve moral, que es exactamente el terreno donde los partidos se parten por la mitad.
Zelenski en el Pleno y el voto que no se mueve
La agenda aprieta. El presidente ucraniano intervendrá de forma telemática en el Pleno del Congreso en los próximos días, lo que convierte el gesto de Vox en algo más que un comunicado: coincidirá en el tiempo con la comparecencia. Para los críticos internos, ahí se acaba el margen para fingir neutralidad.
Y sin embargo, buena parte de los desencantados anuncia que volverá a votar lo mismo. La queja se queda en casa. Con una base que asume discrepancias concretas a cambio de compartir el resto del programa, la fuga de votos que algunos auguran tiene menos pinta de hemorragia que de ruido.
La paradoja queda servida: el partido que se quedó solo protegiendo una llave madrileña es ahora el que pide el reproche formal en el Congreso, y el reproche le cuesta parte de su propia clientela. Nadie ha calculado todavía cuánto pesa cada mitad.