Isak Andic: del Seat 850 a los 4.500 millones de Mango
Isak Andic llegó a Barcelona en 1968 con 14 años, huyendo con su familia de una Turquía que malvivía entre golpes de Estado. Setenta y un años después, el fundador de Mango murió al caer por un barranco en las montañas de Montserrat mientras practicaba senderismo, una de sus pasiones junto a la vela. Dejó atrás una fortuna estimada en
4.500 millones de euros, la quinta de España, y una empresa con presencia en
115 países y 15.000 empleados. La noticia, publicada por
El Correo, desató un debate que va mucho más allá del obituario.
De Estambul a Montserrat: la vida del fundador de Mango
La familia Andic es de origen judío sefardí, expulsada de España por los Reyes Católicos y de vuelta a la Península siglos después. Isak no brilló en el instituto; su hábitat era la calle. Con 17 años empezó a vender en Barcelona prendas que compraba en Turquía, ahorró para un
Seat 850 y recorrió España con el maletero como almacén. «No sé si por orgullo o por honor, hasta que no vaciaba el maletero no volvía a casa», contó en
El País Semanal.
El negocio creció con el mercado hippie, con ropa traída de Londres y un tenderete en un mercadillo de la Ciudad Condal. Después llegaron la fabricación propia en Sabadell y varias tiendas en Barcelona. En
1984 abrió el primer establecimiento de Mango en el paseo de Gracia. El nombre, según su propia explicación, porque le gustaba esa fruta y se pronuncia igual en muchos idiomas. Pragmatismo puro.
¿Por qué el textil español triunfó en el mundo y no en el segmento alto?
Una de las líneas más repetidas del análisis sostiene que España es una anomalía: incapaz de despuntar en la industria pesada, pero con una presencia global llamativa en el textil. Mango e Inditex nacieron en los 70, crecieron en los 80 y sobrevivieron a los 90. Hay quien apunta que el negocio es sencillo y replicable —no hay propiedad intelectual en los cortes, solo en las marcas—, lo que explica su escalabilidad. La otra cara: ese mismo modelo no ha producido nada en el segmento más alto del mercado, salvo excepciones que dejaron de ser locales cuando las compraron grupos extranjeros.
El contrapunto lo pone la memoria industrial: fábricas valencianas como Lois, Old Chap, Caroche, Caster, Chaparral, Cimarrón, Chevignon, Privata o Ferris desaparecieron. También Mataró, epicentro textil catalán, quedó reducido a la nostalgia. La globalización se llevó por delante el tejido productivo local y dejó en pie solo las marcas que supieron escalar.
El origen de la fortuna: ahorro propio, crédito ajeno y redes de apoyo
Aquí el análisis se bifurca. Unos subrayan el mérito individual: inteligencia, sacrificio y trabajo. Otros recuerdan que el salto de cero a cientos de millones es lo difícil, y que de ahí en adelante el sistema favorece a quien ya está dentro. La financiación, se argumenta, rara vez es neutral: las redes familiares, de paisanaje o de comunidad pesan más de lo que el relato del emprendedor solitario admite.
El caso de El Corte Inglés se cita como ejemplo de que el capital inicial vino de un tío emigrado a Cuba, no de una comunidad concreta. La discusión deriva hacia el papel de la banca: en España, se sostiene, el negocio bancario ha estado reservado a familias tradicionales, y los empresarios hechos a sí mismos que han intentado entrar han acabado mal. Los nombres que se mencionan son Ramón Areces, Ruiz Mateos, Mario Conde y el propio Andic con el Sabadell.
¿Qué pasa con una empresa de 15.000 empleados cuando muere su fundador?
Andic había dejado la gestión en manos de Toni Ruiz, pero seguía siendo omnipresente. Padre de tres hijos, dedicaba su jubilación activa a navegar en su velero
Nirvana Formentera y a caminar por montañas. «O te reinventas, o desapareces», repetía. Su axioma favorito era otro: «En la vida, o eres locomotora o eres vagón». Eligió lo primero.
La pregunta sucesoria planea sobre el legado. Hay quien ve en una empresa de ese tamaño un problema más que una herencia: colocarla y cobrar. La familia, de momento, no ha dado señales sobre el futuro de la compañía. Mango sigue su camino, con tienda en la Quinta Avenida de Manhattan desde hace dos años, el sueño que Andic hizo realidad tras superar una crisis empresarial.
La locomotora que arrancó en un Seat 850 sigue rodando. Quién la conduce ahora, y hacia dónde, es otra historia.