Tiroteo en la Universidad de Praga: catorce muertos y un arma que lo cambia todo
Un atacante armado con un rifle de cerrojo y una mira telescópica segó la vida de catorce personas en la Universidad de Praga antes de ser abatido. El edificio fue evacuado y las primeras informaciones hablaban de «varios muertos y decenas de heridos», una cifra que a lo largo del día llegó hasta quince y volvió a ajustarse a catorce.
El autor de los disparos fue identificado como David Kozak, un estudiante, y las fuerzas de seguridad lo dieron por muerto tras el asalto. Ocurrió en diciembre, con Europa pendiente del concierto de clausura de la Presidencia española del Consejo de la UE y a las puertas de la Navidad. Un solo hombre, un fusil y el mismo guion de siempre.
¿Quién era el autor del tiroteo y cómo actuó?
Según los primeros datos, el atacante usó un arma larga con mira telescópica y siguió disparando desde una posición elevada incluso cuando las fuerzas del orden ya estaban en el lugar. Esa descripción —tirador parapetado y protegido desde lo alto— explica por qué nadie pudo reducirlo antes. Hay quien sostiene que resulta imposible atinarle con rapidez en medio de la confusión cuando alguien dispara resguardado desde un tejado, y el dato del cerrojo, la lentitud de recarga, no basta para acortar la distancia.
Horas después se difundió su identidad y el contenido de una nota que habría dejado antes del ataque. En ella, según lo que se repitió, venía a decir que siempre le habían inspirado los asesinos en serie, pero que una matanza reciente en Rusia le había hecho ver lo sencillo y eficaz que resultaba subirse con el rifle a un sitio alto. El retrato de un perfil
narcisista sin móvil político claro convivió desde el principio con la etiqueta islamista, que se desinfló en cuanto salió su fotografía.
De la pista islamista a la ultraderechista: cómo cambiaron las hipótesis
Antes de que hubiera datos, hubo relato. Una parte de las reacciones atribuyó el ataque al terrorismo islamista por cuadrar con las fechas navideñas; otra parte lo encuadró, en cuanto supo que el sospechoso era blanco, en el terrorismo de extrema derecha, recordando que el país no es ajeno a esas dinámicas. Se apuntó incluso que habría avisado con antelación en grupos de mensajería y que su objetivo habrían sido estudiantes de perfil izquierdista, algo que se difundió sin confirmación oficial.
El propio país añade capas al asunto. En el contexto europeo,
República Checa es una economía que acumula oro en su banco central, mantiene moneda propia y ha tomado distancia de las posiciones más alineadas con la OTAN y la UE en materia de Ucrania o inmigración. Parte de la conversación pública leyó el suceso como un aviso interno, no como un episodio importado.
El minuto de silencio de los Reyes y el ruido conspirativo
Al mismo tiempo que se conocían las víctimas, los Reyes guardaron un minuto de silencio por ellas al inicio del concierto de clausura de la Presidencia española de la UE, y la escena institucional se cruzó con otra bien distinta en redes. Allí empezaron a circular teorías sobre una operación encubierta, una falsa bandera para justificar restricciones a la tenencia de armas o programas de control mental. Nada de eso cuenta con respaldo probatorio; son afirmaciones lanzadas al calor del momento y sin verificación.
Ese ruido contaminó incluso la conversación sobre las cifras. Hubo dudas sobre la magnitud real de las víctimas y sobre la lentitud en difundir imágenes, mientras un tiroteo en una universidad europea —un escenario poco habitual, a diferencia de Estados Unidos— pasaba a ocupar el primer plano informativo.
Armas y autodefensa: el caso español que se cuela en la discusión
El otro gran eje fue el de la tenencia de armas. Una corriente defiende que solo un país armado puede responder a tiempo ante un atacante; la contraria responde que más armas solo multiplican el daño. Para ilustrarlo se trajo a colación la legislación española: se recordó el caso de un anciano que disparó a un ladrón dentro de su propio salón, fue considerado culpable y se enfrentó a una pena de cuatro años, de la que se libró por un tecnicismo, con varios atacantes y barras de hierro en escena. También se citó el llamado caso Tous, resuelto con dos años de cárcel al declararse culpable el autor de los disparos.
El matiz jurídico importa: la defensa propia se reconoce cuando peligra la vida; perseguir a quien huye y dispararle en la calle ya no lo es. Entre la norma y el titular hay un trecho que casi nadie recorre.
Catorce familias rotas, un atacante muerto y ninguna respuesta que cierre el asunto. ¿Cuántas veces habrá que repetir el mismo guion antes de que alguien cambie el final?