Sánchez comparece tras el 25,7% del PSOE en Extremadura
¿Para qué convoca el presidente del Gobierno una comparecencia a las 8:30 de la mañana justo después de que su partido firme en Extremadura el peor resultado de su historia autonómica? La pregunta circula desde que se conoció la convocatoria, y la respuesta que se impone en los análisis no tiene nada que ver con la autocrítica. El PSOE se dejó en Extremadura más de veinte puntos respecto a 2007 y quedó en el
25,7% de los votos, según la serie histórica que se difundió tras el escrutinio. La cita, en cambio, apunta a otro sitio: relevo de portavoz, recolocación de cuadros y el enésimo intento de vender al presidente como único dique frente a la ultraderecha.
La serie que deja el batacazo en Extremadura sin margen
Los números no admiten lectura amable. El PSOE extremeño pasó del
53,3% en 1983 al 25,7% en el último recuento, con caídas sucesivas desde 2011 y un desplome final de catorce puntos respecto al resultado anterior. La serie completa, que circuló desglosada tras el escrutinio, dibuja una pérdida de más de la mitad del apoyo electoral en cuatro décadas.
Hay quien sostiene que el castigo responde a la gestión del hermano del presidente y a los casos que rodean a la federación extremeña; en contra pesa el argumento de que el PP apenas sumó un escaño y que buena parte del electorado socialista simplemente se quedó en casa. El dato que sí resiste cualquier interpretación es otro:
130.000 votos a un imputado, según el recuento que se comentó al conocerse los resultados.
¿A quién votó el que se fue del PSOE?
La transferencia de voto es el punto más incómodo. El PP mantuvo su suelo y Vox dobló resultados, lo que implica que una parte relevante del electorado que abandonó al PSOE no se fue a la abstención ni al partido de centro-derecha, sino directamente a la formación de ultraderecha. El fenómeno no es nuevo: hay votantes que llegan desde la izquierda y usan el voto prohibido como protesta contra el régimen de los dos partidos centrales, según un análisis que circula en el foro.
Esa lectura convive con la oficial: el PSOE remarca que su proyecto sigue vivo y aprovecha el auge de Vox para presentarse como dique de contención. Es la misma estrategia que ya funcionó en otras citas, y explica por qué la comparecencia no va de Extremadura.
El relevo de portavoz que se cuece en la comparecencia
La hipótesis más repetida no tiene que ver con el análisis electoral. La convocatoria serviría para anunciar a la nueva portavoz del Gobierno en sustitución de la actual, que se marcha a las elecciones de Aragón, y para promocionar a la candidata autonómica que compite con el barón territorial del propio partido. El movimiento repite el manual: colocar a un cuadro en el Consejo de Ministros y lanzarlo después como candidato.
La escena tiene su punto de comedia. A las 8:30 de la mañana, con la resaca del escrutinio aún caliente, el presidente comparece para hablar de cualquier cosa menos de lo que pasó en las urnas. La felicitación navideña, el desayuno, el estado de ánimo del compareciente: todo eso ya forma parte del guion conocido.
Qué se juega el PSOE con esta estrategia
El cálculo es sencillo. Si el relato del dique de contención funciona, cada derrota autonómica se convierte en un argumento para concentrar el voto en las generales. Si no funciona, el partido acumula barones quemados, federaciones en caída libre y una estructura territorial que se descompone elección a elección.
El problema de fondo es que la marca presidencial absorbe todo y no deja espacio a los candidatos propios. Los resultados extremeños son la prueba: cuando el PSOE pierde, pierde el presidente; cuando gana, gana el presidente. Nadie más existe.
Con estos mimbres, la comparecencia de las 8:30 promete poco más que un cambio de nombre en la portavocía y alguna frase sobre la ultraderecha. Cuatro días después, la mitad del electorado que se quedó en casa seguirá en casa.