Begoña Gómez y Marruecos: el pinchazo sin pruebas que agita el tablero
Nadie ha visto esas conversaciones. Sobre esa ausencia se ha montado un terremoto. Un periodista habría puesto su carrera en juego al desvelar que
Marruecos guardaría conversaciones de
Begoña Gómez con distintos ministerios del país vecino, según el relato difundido con instrucciones precisas: retuitear, seguir al informador, guardar capturas y reenviar el material a los contactos personales. Manual de difusión en toda regla. Del contenido de esas conversaciones, a la fecha de este análisis, solo existe una transcripción sin verificar.
¿Qué dicen las conversaciones que Marruecos tendría de Begoña Gómez?
El único texto que ha circulado es un supuesto pinchazo telefónico entre Begoña Gómez y un interlocutor identificado como
Aziz. En él se reproduce una queja por la «campaña de acoso y derribo» de la prensa española y por el escrutinio de sus negocios: «especulan porque no tienen pruebas», dice ella. La respuesta atribuida al otro lado de la línea reconoce que siguen las noticias «con interés» y que les preocupa el corte brusco que puedan sufrir esos negocios. Ella cierra apelando al criterio compartido «con el del Presidente».
Suena coherente. Suena, también, a guion redactado por alguien que conoce las teclas que hay que tocar. No hay audio, no hay fecha, no hay soporte técnico ni peritaje. Y ahí arranca el problema: una acusación de este calibre exige algo más que un pantallazo reenviado por mensajería. La pregunta que recorre buena parte de las respuestas es demoledoramente simple: si existe la grabación, ¿por qué no se publica entera?
De Canarias a Barbate: el rastro marroquí en la economía española
El material que se ha ido enlazando alrededor del caso dibuja un mapa más ancho. Un medio económico publicaba que la mujer más rica de Marruecos, procedente de la familia propietaria de
Holmarcom Group y señalada como aliada de Begoña Gómez, mantiene un plan de inversión de
35 millones de euros en Canarias, centrado en el archipiélago desde la llegada de Sánchez a la secretaría general del PSOE.
En paralelo se han recuperado piezas sobre el Estrecho: el desmantelamiento, según se sostiene, de la unidad de la Guardia Civil que perseguía el narcotráfico en la zona, el papel atribuido al OCON SUR y la decisión de Marlaska de no reforzar la plantilla en Barbate, sustituyendo únicamente a los dos agentes asesinados. Vox llevó el asunto al Senado con una acusación dura: que la inacción del Ministerio del Interior convierte al Gobierno en «cómplice del narcotráfico».
Conviene no mezclar planos. Son informaciones publicadas, no conclusiones judiciales. Y ninguna de ellas, por sí sola, demuestra la existencia de las grabaciones que sostienen el resto del relato.
¿Quién mueve la noticia, el periodista o el sistema?
Aquí el escepticismo se vuelve incómodo. Una corriente sostiene que ningún periodista publica algo así sin luz verde previa, y que la filtración podría ser una ficha movida desde dentro para calentar el tablero o para forzar una salida pactada. «Igual es con autorización de esa cadena», resume la línea más cínica. Otra replica que la operación de desgaste tiene destinatario claro y que quien la lanza no busca la verdad, sino
leña.
La sospecha no es gratuita. Si el material es auténtico, hay un agujero de seguridad en el núcleo del Gobierno. Si es falso, hay una operación de desinformación de primer orden. Las dos hipótesis son malas. Y en medio, un periodista que, según el planteamiento inicial, se habría
suicidado laboralmente al firmarlo.
Dudas internas en el PSOE, Pegasus y la frase de Juliana
Hay un frente que no depende de Rabat. Se sostiene que dentro del propio PSOE hay gente con ganas de ajustar cuentas con Sánchez y que el miedo a señalarse frena cualquier movimiento: «no son mucho mejores que él», resume una de las lecturas repetidas. La caída, cuando llegue, se describe en términos de hienas y cadáver.
A ese clima se suma el ruido técnico. El CNI rastreaba la huella digital facilitada por Francia para buscar pistas del supuesto hackeo al presidente, el episodio de Pegasus que nunca terminó de aclararse. Y el análisis mediático ha echado más gasolina: Enric Juliana, en la
Cadena Ser, dejó una frase citada hasta el empacho, «tengo la sensación de que Pedro Sánchez ya se ha ido».
Lo que no se puede afirmar todavía
Seamos precisos. No hay resolución judicial. No hay grabación publicada. No hay confirmación oficial de ninguna de las partes. Las conversaciones son, a día de hoy, un supuesto: una transcripción difundida sin verificar. La inversión en Canarias es una información periodística. El supuesto desmantelamiento de unidades policiales en el Estrecho se interpreta de formas opuestas. Y la conexión entre todas las piezas es una hipótesis de trabajo, no una cadena de pruebas.
Si la transcripción acaba teniendo respaldo técnico, el desenlace probablemente no se juegue en los tribunales ni en las hemerotecas, sino en la aritmética parlamentaria y en la capacidad de aguante de quien hoy ocupa La Moncloa. Con reservas: esto puede desinflarse sin más y quedarse en un episodio más de ruido. Pero el rastro ya está puesto, y alguien ha decidido que era el momento de ponerlo.