Freixenet anuncia un ERE para 180 empleados, el 24% de su plantilla
¿Por qué una marca que fue símbolo de las Navidades españolas recorta ahora casi una cuarta parte de su plantilla? El gigante del cava ha comunicado un expediente de regulación de empleo que afectará a un máximo de 180 trabajadores, el 24% de su plantilla en España. La medida, según la empresa, responde a la necesidad de «reestructurar sus operaciones de producción» ante una situación que el sector describe como una crisis sin precedentes. El ERE impactará en las sociedades Freixenet y Segura Viudas, pero no en Comercial.
La sequía es el argumento oficial. Pero detrás del ajuste late una tormenta perfecta: caída del consumo, competencia de cavas de otras regiones y un desgaste de marca que muchos vinculan con el procés. En los mentideros económicos se repite una idea: el cava catalán ya no tiene el monopolio. Extremeños, riojanos y aragoneses han ocupado el hueco con precios agresivos y menos lastre político.
El cava extremeño gana terreno
La irrupción de cavas extremeños ha sido uno de los factores que más se repite en el análisis. Los datos que maneja el sector apuntan a un crecimiento sostenido de la producción en Extremadura, que ha sabido capitalizar el descontento de parte del consumidor. En los lineales, la etiqueta extremeña se ha convertido en una alternativa real, no solo por precio, sino por una calidad que ya compite en igualdad de condiciones.
Hay quien sostiene que el trasvase de clientes no es solo una cuestión de paladar. La asociación entre Freixenet y el independentismo —aunque la empresa siempre negó tal vínculo— ha pasado factura. En entornos empresariales se comenta que muchas compañías eliminaron el cava catalán de sus cestas de Navidad tras el 1-O. Un gesto que, sumado a la sequía, ha dejado a la marca contra las cuerdas.
La sequía y la caída del consumo
La sequía ha golpeado con dureza al Penedès, la comarca que concentra la mayor parte de la producción de cava. La falta de agua ha reducido la cosecha de uva y ha encarecido los costes. A eso se suma un cambio en los hábitos de consumo: los jóvenes beben menos alcohol y cuando lo hacen, eligen otras opciones. El cava ha perdido presencia en las mesas, y las marcas históricas lo notan.
La empresa insiste en que el ERE es una medida de reestructuración para garantizar su viabilidad. Pero los sindicatos ya han anunciado movilizaciones. El próximo 29 de abril está convocada una concentración frente a la sede de Freixenet en Sant Sadurní d'Anoia. La negociación del expediente se presenta tensa.
El factor político: del boicot a la indiferencia
El procés y sus consecuencias han dejado una huella profunda en el consumo. Durante años, Freixenet fue vista como una empresa catalana más, ajena al conflicto. Pero su posicionamiento público a favor del 155 y su distanciamiento del independentismo la convirtieron en diana de críticas por ambos lados. En Cataluña, algunos la tildaron de traidora; en el resto de España, otros la siguieron viendo como catalana, sin más.
Esa doble hostilidad ha erosionado la marca. Los datos de ventas muestran una caída sostenida en el mercado nacional, mientras que la exportación se ha mantenido gracias al tirón internacional. Pero el mercado exterior no compensa la pérdida de cuota en España. La empresa lo sabe y por eso busca reducir costes.
¿Qué pasará con los trabajadores?
El ERE afectará a un máximo de 180 empleados, el 24% de la plantilla. La empresa ha ofrecido recolocaciones en otras sociedades del grupo, pero los sindicatos consideran que la medida es desproporcionada. La negociación incluirá indemnizaciones y planes de prejubilación. El plazo para alcanzar un acuerdo expira a mediados de mayo.
Mientras tanto, el sector del cava mira con preocupación el efecto dominó. Otras bodegas podrían seguir el mismo camino si la sequía persiste y el consumo no se recupera. La crisis del cava catalán es, en realidad, la crisis de un modelo que ya no funciona como antes.
Al final, la pregunta no es si Freixenet sobrevivirá, sino si alguien levantará la copa por los 180 que se quedan por el camino. Va a ser que no.