Blindados en Ceuta: el despliegue que nadie sabe para qué sirve
Las imágenes de vehículos blindados patrullando la frontera de Ceuta han recorrido las redes en las últimas horas. La etiqueta de urgencia hablaba de tanques, pero los militares han querido precisar que se trata de BMR, blindados medios sobre ruedas con una Browning cal.50 de autodefensa. La corrección técnica no aclara el fondo: ¿qué hacen allí y bajo qué órdenes?
Un despliegue con más preguntas que respuestas
La presencia de blindados en la frontera no es nueva: llevan ahí al menos dos semanas. Lo que ha cambiado es la percepción pública, alimentada por la llegada de una presión migratoria que, según algunas estimaciones, podría implicar a miles de personas. La sensación de urgencia contrasta con la falta de instrucciones claras de uso de la fuerza.
Las críticas apuntan en dos direcciones. Quienes defienden el despliegue sostienen que cualquier presencia militar disuade y permite una respuesta rápida. Pero la corriente dominante en el análisis táctico es otra: si los soldados no están autorizados a disparar ni un proyectil de goma, los blindados son un elemento decorativo de lujo. El precedente de 2021, cuando los militares repartieron bocadillos y mantas a quienes saltaron la valla, se repite como un mantra.
La capacidad real de defensa en el Estrecho
El debate no se ha quedado en la anécdota de los blindados. Hay quien ha puesto sobre la mesa el potencial de la Armada: una sola fragata F-100, con su radar Aegis y misiles Harpoon de más de 120 kilómetros de alcance, puede cubrir los 14 kilómetros del punto más angosto del Estrecho. La defensa aérea cuenta con sistemas como el Cervus III, desarrollado por Escribano M&E, capaz de neutralizar drones en capas.
Pero la capacidad técnica no equivale a voluntad política. Marruecos dispone de drones de ataque con alcance suficiente para operar sobre Ceuta, Melilla e incluso Canarias, y España se ha limitado a desplegar vehículos terrestres sin orden de fuego. En ese desajuste entre medios y reglas de enfrentamiento reside el verdadero problema.
El ruido político de fondo
La crisis se ha cruzado con el debate político. La cesión del Sáhara y la política de apaciguamiento hacia Marruecos, impulsada por el Ejecutivo, alimentan el argumento de que el despliegue es para la galería. Mientras los blindados hacen acto de presencia, los 34.000 agentes de la Guardia Civil que cubrieron el eclipse han vuelto a sus cuarteles, y las fiestas de la Sierra de Madrid se llenan de controles de alcoholemia. La frontera sur, entre tanto, sigue esperando una instrucción que no llega.