Un abuelo de 92 años con demencia recorrió mil kilómetros
Francisco, un vecino de Pueblo Nuevo de Guadiaro (Cádiz), de 92 años y con un principio de demencia, salió el pasado domingo a dar un paseo. Cuando la familia denunció su desaparición, se activó un dispositivo de búsqueda en los lugares habituales. Nadie imaginó que el anciano se había subido al coche y había cruzado media España: apareció en Miranda de Ebro (Burgos), a más de 1.000 kilómetros, en el aparcamiento de un tanatorio, preguntando cómo llegar a Málaga.
Trasladado de vuelta a casa en ambulancia, su primera reacción fue pedir jamón. La anécdota, sin embargo, deja un poso incómodo: ¿cómo puede conducir mil kilómetros una persona con deterioro cognitivo? El caso reabre el debate sobre la renovación del carnet de conducir de los mayores, un asunto que la DGT no termina de cerrar.
Hay quien quita hierro al asunto: no hubo víctimas. Pero la pregunta de quién renovó el permiso a alguien en ese estado sigue ahí. La parte más humana, la que descoloca cualquier análisis, la puso él mismo: al volver a casa, lo primero que pidió fue jamón.