Eric Finch
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Una campaña a Cuerpo
08/11/2026Ignacio Camacho-ABC
- Moncloa ha entrado en una crisis de pánico. El presidente está en ese estado gafe en el que no funciona ningún botón del cuadro de mandos
Cuánto partido le habría sacado Umbral al apellido de Carlos Cuerpo. El fino oído del gran renovador del articulismo moderno detectó el uso frecuente de ese sustantivo como variante de ‘tronco’ en el lenguaje cheli madrileño. Sánchez lo quiere ahora utilizar –al ministro– como escudo provisional contra el impacto adverso de los trenes estrellados en Toledo. Necesita tres semanas de sosiego y ha escogido al sucesor de Nadia Calviño para ocuparse de los asuntos serios olvidados –peor: preteridos– durante ocho años de Gobierno. Vender gestión con urgencia tras el fracaso trágico de una política corrupta que tenía al ministerio de mayor inversión como epicentro administrativo de un verdadero enjambre sísmico de embelecos, malversaciones y cohechos.
Urda le ha echado la campaña abajo. Los eslóganes emotivos, el amor, los bailes y el buen rollito no sirven en el nuevo escenario, que favorece a Feijóo porque ha situado la solvencia gestora en primer plano. En algunas encuestas los socialistas están rozando los cien escaños y esa perspectiva ha desatado en Moncloa una crisis de pánico. Pero el presidente anda en ese estado gafe en que no funciona ningún botón del cuadro de mandos; pulse el que pulse no logra levantar el vuelo ni el ánimo. La dimisión de Puente y el eslogan de que «no todos los políticos son iguales» son un recurso escaso ante el nuevo escándalo de los contratos ferroviarios. Pedro ya no está luchando por el poder sino por el control del aparato que le garantice un acta de aforado.
En ese marco ha llamado a Cuerpo para que se haga cargo del marrón que Puente ha dejado. Un perfil distinto, con fama de sensato y sin las aristas rugosas del vallisoletano. Es ambicioso y tiene más vocación política de la que aparenta, al punto de que algunos disidentes del sanchismo han llegado a verlo como un posible candidato a la sucesión en el liderazgo. Pero ni siquiera milita en el partido, ha declinado la oferta de presentarse a fruta y su futuro más probable apunta a sacar rédito de sus buenos contactos en el sector privado. El jefe le ha pedido una última mano como apagafuegos de emergencia en un caos que requiere una cierta pátina de rigor tecnocrático tras el devastador paso del clan de Ábalos y del agitador dimisionario.
Tarde para aparentar responsabilidad o ganar respeto. Un cambio de tono y un par de ceses no van a alterar la evidencia de que la catástrofe se debió a graves fallos de mantenimiento. El contundente veredicto de la opinión pública está respaldado por una implacable secuencia de hechos. La fiabilidad del servicio queda destruida para mucho tiempo, aunque eso sea para Sánchez lo de menos en este momento de desespero. Se trata de impostar fiabilidad con un disfraz sereno mientras los guionistas encuentran un relato útil para recuperar algo de terreno. Y confiar en que la huelga y los días que restan hasta el 29 alejen un poco el recuerdo de los perecid. Poco objetivo para haber adelantado las elecciones creyendo que existía una posibilidad real de éxito.
