Castilla y León supera a la OCDE y el País Vasco se descuelga en PISA
Los resultados del informe educativo colocan a
Castilla y León por encima de la media de la OCDE y dejan al País Vasco en retroceso. Ese es el dato. Lo que viene después ya es otra cosa: la tentación de leer una tabla de rendimiento escolar como un veredicto sobre la gente que vive en cada territorio.
Y de eso va sobrada la conversación.
Conviene empezar por lo obvio, porque se olvida rápido. El informe PISA mide competencias de alumnos de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias. No mide cociente intelectual, ni talento innato, ni el carácter de un pueblo. Cuando alguien traduce el informe a un pulso entre la supuesta inteligencia de una comunidad y la de otra, no está describiendo el informe: está describiendo su propia manía.
Qué comunidades salen por encima y cuáles por debajo
Los datos que se manejan en la discusión sitúan a
seis comunidades por encima de la OCDE: Madrid, Castilla y León, Asturias, Galicia, Cantabria y Navarra. Cataluña quedaría apenas un escalón por encima de la media europea. Y el sistema vasco, que durante años se presentó como referencia, aparece ahora en la parte baja de su propia serie histórica.
El informe desata siempre la misma pelea: la comparación autonómica convertida en competición. La novedad es que esta vez el mapa se ha girado, y hay quien lo celebra con más ganas que argumentos.
Por qué Castilla y León sube (y por qué el dato engaña)
Hay una explicación que se repite y que tiene poco de mérito educativo: la demografía. En amplias zonas de la comunidad apenas quedan alumnos, y los que quedan proceden de hogares con más recursos o de familias de funcionarios estables.
Una región que se vacía puede presumir de medias limpias mientras pierde tejido. El resultado brilla justo cuando el territorio se apaga.
Madrid añade otro factor. Absorbe población cualificada del resto del país y esa selección previa se nota en las aulas. No es tanto el sistema como el alumnado que recibe. Cuando se comparan comunidades sin corregir eso, se compara en realidad a quién llega a cada colegio, no la calidad de lo que se enseña dentro.
El idioma de instrucción, la variable incómoda
El segundo gran frente es la lengua. Buena parte de la discusión sostiene que
enseñar a un niño en un idioma que no es el suyo ni el de sus padres lastra el rendimiento y desperdicia talento. La respuesta habitual defiende la inmersión como herramienta de cohesión y no solo de aprendizaje.
El pulso no se zanja con una tabla. Los datos mezclan lengua con origen familiar y con renta, y separar cada factor, uno a uno, es endiablado. Cualquiera que venda una causa única está vendiendo humo, y hay mucho en circulación.
¿Cuánto pesa el euskera para ejercer de médico?
Otra afirmación recorre la discusión: en el País Vasco, para una plaza de cirujano pesaría más acreditar euskera que sumar
tres doctorados. La formulación es gruesa, pero apunta a un asunto real y comprobable: el peso de los perfiles lingüísticos en la sanidad pública. Cuando el requisito de idioma compite con la excelencia clínica, el debate deja de ser académico y entra en la nómina.
La selectividad que cambia según la comunidad
Tampoco ayuda que cada comunidad fije su propia prueba de acceso a la universidad. Un alumno rinde distinto según dónde le toque el examen, lo que convierte cualquier comparación entre territorios en una foto movida.
El cálculo completo, examen a examen, deja diferencias que sorprenden, y explica por qué el mapa autonómico se mueve tanto entre un informe y el siguiente.
Las recetas de los que ya han perdido la paciencia
Al calor del dato han aparecido propuestas de manual: más matemáticas aplicadas y menos abstractas, menos temario enciclopédico de geología o historia, lectura obligatoria, enseñanza en la lengua materna del alumno y más horas de educación física, música y religión. Un cóctel que mezcla sentido común con ganas de revancha.
Alguna coincide con lo que hacen los sistemas que lideran los rankings. Otra es puro cabreo. Distinguirlas exige más datos de los que hoy se manejan.
Un mapa que va a seguir moviéndose
Si la tendencia se mantiene, la predicción es fácil: comunidades que envejecen y suben en el ranking, comunidades que se llenan y se complican. Lo que no está nada claro es cuánto de ese vaivén refleja la calidad de la enseñanza y cuánto, simplemente, quién acaba sentado en cada aula. Con estos mimbres, el siguiente informe volverá a girar el mapa.