Un ciclista muerto y otro herido en Calp reabre el pulso por las bicis en carretera
Un ciclista ha fallecido y otro ha resultado herido tras ser atropellados por un coche en una carretera de la zona de Calp, en la provincia de Alicante. El suceso, ocurrido en un tramo de curvas y túneles entre Altea y Calpe, ha reabierto un pulso que en España se repite cada temporada: el que enfrenta a quienes defienden que la bici tiene derecho a circular por cualquier vía con quienes sostienen que hacerlo en según qué carreteras es una temeridad anunciada. El conductor del vehículo, de 20 años, dio positivo en drogas, según los datos que se manejan en el asunto.
La discusión no es nueva, pero el escenario sí tiene particularidades. La carretera que une Calpe con Altea, y su prolongación hacia el norte por Moraira o Jávea, es un corredor de curvas sin visibilidad, túneles y arcenes mínimos donde el tráfico dominguero se mezcla con pelotones de ciclistas. Quienes conocen la zona lo describen como un tramo donde el adelantamiento se convierte en una lotería y donde la diferencia de velocidad entre un coche y una bici hace que cualquier error se pague en vidas.
Qué se sabe del atropello de Calp
El atropello se produjo en una vía interurbana de la zona. En el vehículo implicado viajaba un conductor de 20 años que dio positivo en drogas, un dato que aparece en las primeras informaciones y que, por sí solo, no cierra el caso: no se detalla qué sustancia ni el resultado final de laboratorio. Junto a los ciclistas atropellados, uno falleció y otro fue trasladado herido, y entre los afectados había un menor de 14 años que formaba parte del grupo.
La mecánica exacta del siniestro sigue sin estar cerrada. Hay quien apunta a un adelantamiento fallido a la salida de un túnel, y quien no descarta que el coche invadiera el carril contrario. Son hipótesis, no hechos probados, y así conviene tratarlas mientras no haya una reconstrucción oficial. Lo que sí es un hecho es el resultado: un coche contra un pelotón de bicicletas en una vía sin arcén suficiente.
El tramo Calpe-Altea: curvas, túneles y cero margen
La carretera entre Calpe y Altea es, para quien la conoce, un rosario de curvas ciegas, túneles y desprendimientos. No hay alternativa cómoda: quien va de Calpe a Altea y quiere enlazar con la AP-7 tiene que pasar por ahí, porque el acceso desde Calpe queda desplazado hacia Bonaire. Es decir, no es una vía que se pueda esquivar fácilmente.
En ese contexto, la convivencia entre coches y bicicletas se vuelve un ejercicio de fe. La diferencia de velocidad entre ambos es enorme, y la visibilidad, escasa. Varios conductores habituales de la zona señalan que los fines de semana y en periodos como la operación salida de Semana Santa el tramo se convierte en un infierno de frenazos, colas y adelantamientos al límite. La conclusión que repiten es incómoda: lo raro no es que pase, sino que no pase más a menudo.
El derecho a circular y el derecho a sobrevivir
El eje del conflicto es sencillo de formular y difícil de resolver. Una bici puede circular legalmente por una carretera interurbana, pero eso no la protege de un impacto a 80 kilómetros por hora. La normativa obliga al conductor a adaptar la velocidad y a guardar distancia, pero la norma no impide que un despiste, una imprudencia o un positivo acaben con alguien en el suelo.
De ahí salen dos corrientes. Una sostiene que la carretera es para lo que es y que meter bicicletas en vías sin arcén es trasladar todo el riesgo al más débil; la otra recuerda que el ciclista no comete ninguna ilegalidad y que el problema no es su presencia, sino la de conductores que no respetan la distancia de seguridad. El choque de marcos es total: unos hablan de imprudencia temeraria del ciclista, otros de imprudencia temeraria del conductor.
El conductor de 20 años y el positivo en drogas
El dato del positivo en drogas del conductor, de 20 años, es el que más peso tiene en el plano penal. Sin embargo, conviene no correr: no se especifica qué sustancia ni el resultado confirmado en laboratorio, y la causa sigue su curso. En España, un positivo en drogas al volante no equivale automáticamente a una condena por homicidio imprudente, pero sí agrava la posición del investigado.
Hay quien recuerda que, con las leyes actuales, un conductor joven y con positivo puede quedar en libertad en pocos días mientras la víctima mortal recibe una misa de recuerdo cada año. Es una queja recurrente en estos casos y no carece de base: la distancia entre la respuesta penal y el daño causado es, para muchos, difícil de digerir.
El menor de 14 años en el pelotón
Uno de los puntos que más ha removido la conversación es la presencia de un menor de 14 años en el grupo de ciclistas. Para una parte de los que siguen el asunto, llevar a un chaval de esa edad a una carretera interurbana con tráfico es, directamente, una irresponsabilidad adulta. Para otra, el menor iba acompañado y en una actividad deportiva normalizada, y el foco debe estar en quien conducía bajo los efectos de sustancias.
El debate sobre la edad conecta con otro más amplio: el de si el ciclismo en carretera se ha convertido en una actividad de riesgo estructural en España. Las cifras de ciclistas fallecidos cada año no invitan al optimismo, y la sensación de que la normativa actual no protege lo suficiente al más débil es compartida incluso por quienes defienden el derecho a pedalear.
La bici en carretera: ¿deporte o ruleta rusa?
La comparación más repetida es la de la ruleta rusa. Ir en moto ya es un riesgo alto; ir en bici por según qué vías, dicen, es jugar con cinco balas en el tambor. No es una exageración gratuita: un coche a 80 kilómetros por hora que se encuentra un pelotón detrás de una curva no tiene margen físico para detenerse. El resultado depende del reflejo del conductor, no del derecho del ciclista.
Frente a eso, hay quien propone restringir la circulación de bicicletas a vías con carril bici o arcenes anchos, y quien defiende que la solución no es expulsar al ciclista sino educar y sancionar al conductor. Lo que nadie discute es que la convivencia actual, tal como está diseñada, no funciona.
Con estos mimbres, lo previsible es que el asunto de Calp no cambie nada de fondo. Habrá declaraciones, algún radar más y el mismo tramo esperando al próximo domingo. Si algo se mueve, será por la vía penal, no por la de la convivencia.