Una boda con IBAN y 300 euros por invitado: el precio de no ir
¿Cuánto cuesta conservar a un amigo? Trescientos euros, a juzgar por la invitación que originó todo. El convite ya traía la cifra puesta:
300 euros por cabeza para financiar el banquete y el resto de la celebración. El invitado dijo en voz alta lo que muchos callan, que pagar ese dinero para sufragar la fiesta de otro le parecía un sinsentido, y admitió después que quizá le había faltado tacto. No hubo contraoferta ni discusión. Lo bloqueó.
La escena tiene pinta de anécdota doméstica y es otra cosa: el retrato de un modelo en el que la boda ha dejado de ser un gasto de quien se casa para convertirse en una cuota de quien asiste.
Por qué las bodas han pasado de recibir sobres a pedir dinero
Antes existía un circuito de reciprocidad que hoy se ha roto. «A ver, se suponía antes que, de un grupo de amigos de 10 hombres, por lo menos 8 se iban a casar por la iglesia. Entonces gastabas en ellos, pero cuando te casabas tú, gastaban en ti», resume un participante. Ese fondo común funcionaba mientras casi todos pasaban por el altar y a una edad previsible. Con menos bodas religiosas y más parejas que no pasan por el altar, el que invita deja de cobrar a plazos y cobra al contado. Cada convite se convierte en una liquidación.
De ahí que el sobre discrecional haya mutado en tarifa. Antes se entregaba lo que buenamente podías, en efectivo, casi a escondidas. Ahora hay invitaciones con cantidades fijas, recordatorios y hasta
número de cuenta impreso junto al agradecimiento. La fórmula que se repite en los mensajes destacados no deja dudas del género: una frase grandilocuente sobre lo importantes que son las personas, y luego el IBAN.
¿Cuánto se paga en una boda? Cifras citadas: de 100 a 1.000 euros
Las cifras que se manejan abarcan todo el arco. Hay quien recuerda que, en su época,
100 euros por cabeza ya parecían mucho. Otro pagó
150 euros en la boda de la mujer de su padre, una celebración sin ceremonia en la que el banquete se quedó en lo que en otras bodas es el aperitivo. Un tercero pagó
600 euros por dos personas en una boda de 2014. Y un participante sostiene que hay quien deja
1.000 euros, un tercio de su sueldo mensual. Los 300 del caso central no son la cima de las cifras citadas: por encima aparecen los 600 por dos personas y los 1.000 que se atribuyen a algunos invitados.
Ahí está el problema de fondo. Una cantidad fija trata igual al que gana bien y al que llega justo a fin de mes, y a eso se suman desplazamiento, alojamiento y arreglo personal si la boda cae en otra provincia. El desglose completo, boda a boda, deja una horquilla que sorprende a quien solo ha visto la suya.
Menús de 150 euros y bodas de 30.000
El coste del banquete explica parte del vértigo. Se citan
menús de 150 euros por comensal y celebraciones de
30.000 euros pagadas a crédito o sufragadas por los padres a regañadientes. Con esas cifras sobre la mesa, la aportación del invitado deja de ser un regalo y se parece bastante a una entrada: «No són invitaciones, són entradas», zanja un mensaje.
El resultado, según varios mensajes, es una celebración dimensionada en función de lo que se espera recaudar, no de lo que la
pareja puede pagar. Y cuando la cuenta no cuadra, el enfado es proporcional a lo invertido. Si lo que quieres es montar un negocio, móntalo, viene a decir otro participante, pero no lo disfraces de banquete nupcial.
El divorcio como argumento para financiar la fiesta con dinero ajeno
El razonamiento que un participante atribuye a los novios no tiene desperdicio: «Lo petamos en la celebración, sin arriesgar, porque pedimos la pasta a otros. Como nos casamos, nos tienen que dar pasta. Y así el divorcio se ve más fácil, porque no cuesta casarse». Traducido: la fiesta se financia con capital ajeno y el riesgo se traslada a los invitados. Varios mensajes recuerdan parejas que se separaron al año, o a los dos, después de un bodorrio pagado a escote.
Frente a ese modelo hay quien cuenta lo contrario: bodas pagadas a medias entre los novios y sus padres, sin lista de regalos y avisando por escrito de que no hacía falta aportar nada. Salió algo más caro de lo presupuestado. Y funcionó.
Qué significa que te bloquee un amigo por no pagar la boda
El bloqueo es la parte del relato que más interpretaciones admite. Una lectura dominante sostiene que revela el tipo de vínculo: quien te convierte en una cartera con patas no estaba contigo por ti. Otra lo lee como un alivio contable: una boda menos y
300 euros que se quedan en casa, celebración propia incluida. La amistad, en la mayoría de los diagnósticos, se había acabado antes de la invitación.
Con estas cuentas, cada convite debería traer dos precios: lo que cuesta ir y lo que cuesta no ir. El segundo, en este caso, ha salido gratis y sin sobres de por medio. Lo llamativo es que a eso todavía se le siga llamando invitación.