China castiga al porcino europeo con aranceles de hasta el 62%
China ha anunciado aranceles temporales de hasta el 62% a la carne de cerdo europea, una medida que golpea de lleno a España como uno de los principales productores y exportadores del sector. La decisión llega en plena guerra comercial entre Bruselas y Pekín, después de que la UE impusiera derechos compensatorios a los coches eléctricos chinos que, sumados al arancel general del 10%, alcanzan hasta un 35,3% adicional para fabricantes como SAIC, un 17% para BYD y un 18% para Geely. El pulso arancelario entre ambas potencias se recrudece y deja al porcino español en el punto de mira.
Qué implica el arancel chino para el porcino español
El sector porcino español es uno de los grandes exportadores a China y la medida supone un golpe directo. Entre las firmas afectadas por el arancel del 20% figuran El Pozo, Noel, Campofrío, Cárnicas Cinco Villas, Friselva y Sánchez Romero Carvajal, según el comunicado recogido en el material. La tasa se aplicará a las compañías que no colaboren en las pesquisas chinas, mientras que para las que sí lo hagan el arancel será del 20%, excepto las tomadas como muestra, que van desde el 15,6% de la española Litera Meat hasta el 32,7% de la holandesa Vion.
Hay quien sostiene que el daño es mayor para España que para el resto de Europa. El argumento es que España es uno de los principales productores y exportadores de carne de porcino del continente, por lo que cualquier traba comercial en este sector tiene un impacto desproporcionado. En contra pesa la lectura de que las empresas españolas han salido mejor paradas que la mayoría de europeas, con tipos más bajos que los aplicados a otros países.
El jamón ibérico, fuera del alcance de los aranceles
Una de las curiosidades que ha aflorado en la discusión es que el jamón ibérico está excluido de estos aranceles. Eso no ha impedido que se cuele en la conversación el debate sobre las denominaciones de origen. La D.O. Guijuelo ha conseguido que Agricultura le apruebe un nuevo tipo de jamón solo 50% ibérico, cruce de hembra de raza ibérica con macho de raza Duroc, que previsiblemente se venderá algo más barato pero jugando a la posibilidad de confusión. Los consejos reguladores de las otras tres denominaciones jamoneras están que trinan tras los esfuerzos realizados para subir la clasificación hasta el 100% ibérico.
La paradoja es que mientras China cierra la puerta al porcino europeo, el consumidor español podría encontrar jamones más baratos en el mercado interior. Hay quien apunta que si los productos de calidad se quedan en España en lugar de exportarse, el precio interno podría bajar. Otros recuerdan que el jamón ibérico no está afectado por los aranceles, así que el efecto sobre ese producto concreto es nulo.
La guerra comercial entre la UE y China
El contexto es una escalada arancelaria mutua. La UE aplica aranceles diferenciados a los coches eléctricos chinos: un 10% general más derechos compensatorios de hasta el 35,3% según el fabricante. China responde ahora con aranceles temporales al porcino europeo de hasta el 62%. La lógica de fondo es la misma que se aplica en otros sectores: proteger la industria propia encareciendo el producto importado.
La discusión sobre si los aranceles funcionan o no está servida. Una corriente defiende que China protegió su industria automovilística con aranceles y ahora recoge los frutos, y que Europa debería hacer lo mismo con sus sectores estratégicos. Otra sostiene que los aranceles los acaban pagando los consumidores del país que los impone, y que encarecer los productos importados solo empobrece a los ciudadanos sin garantizar que la industria nacional sea competitiva.
El caso de Detroit se ha citado como ejemplo: una ciudad que vivió de la industria del automóvil y que, tras la deslocalización, no ha mejorado precisamente. La contraargumentación es que la industria se fue porque interesaba producir más barato, no porque los aranceles la echaran. El debate sigue abierto.
El impacto en el consumo interno
Más allá del pulso comercial, la discusión deriva hacia el bolsillo del consumidor. Si China cierra la compra de porcino europeo, parte de esa producción se queda en el mercado interior. Eso podría traducirse en precios más bajos para el consumidor español, especialmente en productos como el jamón. La otra cara es que las empresas exportadoras pierden un mercado enorme y pueden verse obligadas a ajustar producción y empleo.
El sector porcino no es solo las granjas. Alrededor de la actividad se mueven transportistas de pienso, de animales vivos y de cereales, trabajadores portuarios que descargan cereal, empresas de mantenimiento de fábricas, granjas y mataderos, y mano de obra en los mataderos. Es una cadena larga. La objeción es que los cebaderos están cada vez más automatizados, consumen muchísima agua y generan purines que son un problema medioambiental, con balsas que en algunos casos filtran a los acuíferos. No es, en esa lectura, una actividad intensiva en mano de obra como la agricultura o la industria.
Qué puede pasar con el precio del jamón
El jamón ibérico está excluido de los aranceles chinos, así que el efecto directo sobre ese producto es nulo. Otra cosa es el jamón serrano o el porcino en general, que sí puede verse afectado. Si parte de la producción que iba a China se redirige al mercado interior, es razonable esperar una presión a la baja en los precios. Pero también es posible que las empresas prefieran reducir producción antes que malvender, lo que mantendría los precios estables.
La discusión sobre las denominaciones de origen añade otra capa. La aprobación de un jamón 50% ibérico por parte de la D.O. Guijuelo puede abaratar el producto, pero también diluir la percepción de calidad. Las otras tres denominaciones jamoneras, que habían hecho un esfuerzo por subir al 100% ibérico, no han recibido bien la decisión. El consumidor, mientras tanto, se encuentra con un etiquetado cada vez más confuso.
El pulso arancelario entre China y la UE sigue su curso. España, como uno de los principales exportadores de porcino, está en el centro del tablero. Las empresas afectadas por el 20% tendrán que decidir si colaboran con las pesquisas chinas para rebajar el tipo o si asumen el coste. Los consumidores, por su parte, verán si el excedente que no viaja a China se queda en las estanterías a mejor precio. De momento, la única certeza es que el jamón ibérico no paga arancel.