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Forero Paco Demier
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1. El peligro silencioso de…
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El padre Spyridon sostiene que el entretenimiento constante —redes, series, reels— no es un pasatiempo inocente, sino el principio del mal según San Ignacio Brianchaninov. La distracción dispersa el alma, la vuelve superficial y la deja sin fuerzas para afrontar el sufrimiento.
El padre Spyridon lo dice sin rodeos: la distracción mundana no es un pecado menor ni una manía de monjes antiguos. Es el principio del mal. La frase no es suya, la toma de San Ignacio Brianchaninov, obispo ruso del siglo XIX, y la aplica a lo que casi todos hacemos cada día: encender la televisión, abrir el teléfono, dejarse caer en un reels tras otro.
El argumento empieza por lo más incómodo. Nadie cree que está haciendo algo malo. Uno elige contenido "bueno", evita lo soez, se ríe un rato y sigue con su vida. Esa es precisamente la trampa: el entretenimiento actual se presenta como inofensivo, y por eso nadie lo vigila. El padre Spyridon señala que muchos se autoengañan pensando que si seleccionan bien lo que ven, no se están haciendo daño.
San Ignacio Brianchaninov no hablaba de pantallas, porque no existían. Hablaba de la dispersión del espíritu, de la costumbre de llenar la mente con estímulos para no quedarse a solas con uno mismo. Lo que el santo describía como distracción mundana es exactamente lo que hoy llamamos consumo de contenido. Cambian las formas, no el mecanismo.
La consecuencia principal tiene un nombre técnico en la tradición ortodoxa: dispersión espiritual. Al consumir estímulos tecnológicos de forma continua, el alma pierde concentración. Y sin concentración, la capacidad de entender las cosas profundas se reduce. La percepción de Dios, de la salvación, de lo que importa, se queda en la superficie.
Eso tiene un efecto práctico que cualquiera reconoce. Una persona acostumbrada a la sensación constante se vuelve incapaz de soportar el dolor, las dificultades, las luchas cotidianas. El ser interno se debilita porque nunca se le exige nada. Y de ahí al vacío hay un paso. El padre Spyridon sostiene que vivir esclavizado a estas distracciones genera un vacío espiritual que deriva en depresión y desesperación.
Su crítica a la respuesta habitual es dura. Dice que la sociedad busca ayuda psicológica o médica sin atacar la raíz del problema, que a su juicio es la saturación de pantallas y entretenimiento. No niega que exista sufrimiento, pero sostiene que se está tratando el síntoma y no la causa.
La tradición ortodoxa tiene una palabra para esto: nepsis, que se traduce como sobriedad o vigilancia del corazón. El mandato de Cristo a sus discípulos fue "Velad y orad". No es un consejo piadoso, es una protección. Todos los santos, ricos o pobres, monjes o laicos, compartían una característica: rechazaban las distracciones del mundo para poder vigilar su propio corazón.
El padre Spyridon usa una imagen que se entiende de inmediato. El alma es una fortaleza en guerra espiritual. Los sentidos y los pensamientos son los guardianes. Si los guardianes están distraídos mirando pantallas, la fortaleza queda desprotegida. Las tentaciones no necesitan asaltar la muralla: entran por la puerta.
El pasaje de Marta y María, las hermanas de Lázaro, sirve para explicar los dos esfuerzos del cristiano. Marta representa el trabajo exterior: la hospitalidad, las buenas obras, cuidar de los demás. María representa el esfuerzo interior: la quietud, el silencio, escuchar a los pies de Cristo. San Ignacio enseña que las actividades exteriores purifican el alma y son necesarias, y que el trabajo interno nace del externo.
Pero hay un aviso. La acción exterior sin humildad se vuelve soberbia y voluntariosa. Marta le exige a Jesús que regañe a su hermana, y ahí está el error: confundir el servicio con tener razón. San Barsanufio el Grande explica que cuando el alma entra en quietud y silencio ante Cristo, empieza a ver la verdad de sus propios pecados. Al reconocer su miseria, se humilla. Y solo en ese estado de humildad puede recibir la gracia de Dios.
El padre Spyridon cierra con una exhortación práctica: servir a Dios a través de las personas que uno tiene cerca, la familia, los compañeros de trabajo, practicando la paciencia y el perdón. Y al mismo tiempo, cerrar las puertas a las tecnologías y entretenimientos vacíos que, dice, el diablo pone delante para adormecer la conciencia. Es una advertencia religiosa, no un diagnóstico médico. Quien sienta que su estado anímico se deteriora debe consultar a un profesional de la salud.
1. El peligro silencioso de…