Trump redobla el pulso por Groenlandia mientras Dinamarca busca amparo en la OTAN
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país «llegará hasta donde sea necesario» para obtener el control de Groenlandia, territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca. Lo dijo en el Despacho Oval, antes de la visita del vicepresidente J.D. Vance a la base espacial militar de Pituffik, en el noroeste de la isla. La delegación estadounidense —Vance, su esposa Usha y el secretario de Energía Chris Wright— había recortado sus planes iniciales, que incluían Nuuk y una carrera de trineos tirados por perros. La ambición, en cambio, no se recortó un milímetro.
«Necesitamos Groenlandia para la seguridad nacional y la seguridad internacional», declaró Trump. Y añadió que el mundo entero, incluida Dinamarca, necesita que Estados Unidos controle la isla. La frase, leída en clave diplomática, equivale a un aviso: no hay margen para un no. La pregunta que sobrevuela el asunto ya no es si Washington respeta la soberanía danesa, sino cuánto tiempo tardará en encontrar la fórmula para saltársela.
Qué es Groenlandia y por qué importa tanto
Groenlandia es un territorio autónomo bajo soberanía del Reino de Dinamarca, no un Estado independiente ni un miembro de la Unión Europea. Esa condición jurídica, que muchos confunden, es clave: Dinamarca está en la UE, Groenlandia no. La isla alberga la base militar de Pituffik, un enclave estratégico para el escudo antimisiles y la vigilancia del Ártico. Su posición entre América y Europa, y sus recursos minerales sin explotar, la convierten en una pieza codiciada.
La población es minúscula:
56.000 habitantes, según los datos que se manejan en el análisis. Con esas cifras, cualquier operación de seducción económica resulta asequible para el Tesoro estadounidense. La idea que circula es sencilla: repartir cheques entre los adultos, convocar un referéndum y presentar el resultado como una decisión libre del pueblo groenlandés. El manual ya se ha usado antes.
El precedente que nadie quiere repetir: Alaska y Florida
La historia ofrece ejemplos incómodos. Estados Unidos compró Alaska a la Rusia zarista y adquirió Florida a España tras una ofensiva diplomática con amenazas veladas. También se anexionó la mitad del territorio mexicano. En 1898, la voladura del
USS Maine en el puerto de La Habana sirvió de pretexto para una guerra que terminó con España fuera de sus últimas provincias de ultramar. El patrón se repite: presión, dinero y, cuando hace falta, un casus belli.
La diferencia es que Dinamarca no es la España de 1898. Es miembro fundador de la OTAN y de la Unión Europea. Atacar a un socio de la Alianza Atlántica rompe el artículo 5, el mismo que Washington invoca cuando le conviene. Ahí está el nudo del asunto: Estados Unidos no necesita invadir, le basta con desestabilizar desde dentro.
La vía que nadie llama invasión: dinero, medios y referéndum
El escenario que más se repite no es el de los tanques, sino el de la chequera. Inundar de dinero a las élites locales, financiar campañas de opinión y presentar la anexión como una mejora de vida. Quien denuncie la injerencia será etiquetado de extremista, de prorruso o de todo a la vez. Dinamarca aparecerá en los medios como un socio colonial caduco, y la UE se limitará a expresar su «profunda preocupación».
Ese guion tiene un problema: Groenlandia no es un solar vacío. Sus habitantes tienen derechos, cultura propia y una relación compleja con Copenhague. La condescendencia con la que se les describe en algunos análisis —gente que no trabaja, que vive de subsidios— dice más de quien lo escribe que de ellos. La realidad es que cualquier anexión requeriría un referéndum, y los referéndums no siempre salen como uno espera.
El factor que lo cambia todo: China, Rusia y Taiwán
El pulso por Groenlandia no se juega solo en el Atlántico Norte. Hay quien sostiene que Rusia ya ha dado su conformidad implícita y que China no ha reconocido la anexión de Crimea para no sentar precedente con Taiwán. Si Washington se queda con Groenlandia, Pekín tendrá un argumento más para justificar lo suyo. Y si Trump declara que Taiwán es independiente, como ha insinuado, el tablero se mueve entero.
Hay quien sostiene que China podría apoyar a Estados Unidos en Groenlandia a cambio de luz verde en Taiwán. Es un trueque de manual: tú te quedas el Ártico, yo me quedo el estrecho. El problema es que ese intercambio rompe el equilibrio de poder que ha sostenido el mundo desde 1945. Y nadie sabe qué pasa después.
Qué puede hacer Europa: de la protesta tibia al rearme
La Unión Europea se enfrenta a un dilema incómodo. Por un lado, vende la idea de que hay que rearmarse para defenderse de Rusia y China. Por otro, quien amenaza a un socio europeo es precisamente Estados Unidos, el proveedor de esas armas. El negocio es redondo para Washington y ruinoso para la credibilidad europea.
Las opciones reales son escasas. Dinamarca puede invocar el artículo 5 de la OTAN, pero eso obligaría a los aliados a enfrentarse a su propio paraguas protector. Puede acudir a la ONU, donde Estados Unidos tiene veto. O puede aguantar el pulso y confiar en que el coste político de una anexión sea demasiado alto. Ninguna de las tres vías es cómoda.
El precedente de Perejil: cuando la UE sí se movió
Hubo un momento en que Europa actuó con rapidez. Durante la crisis de la isla de Perejil, con España recuperando el islote ocupado por Marruecos, la UE estaba bajo presidencia danesa y respaldó a España, según recuerda un participante. Fue un caso menor, pero demostró que la solidaridad europea existe cuando el agresor no es el aliado principal. La pregunta es si esa misma solidaridad se activaría contra Washington.
La respuesta, a la vista de los precedentes, es que no. La UE ladrará, emitirá comunicados y seguirá comprando armamento estadounidense. Dinamarca se quedará sola con su soberanía y con un vecino mucho más grande que ha decidido que necesita su isla. El resto es coreografía diplomática.
Qué pasa con la OTAN si el agresor es el socio principal
La Alianza Atlántica se construyó para disuadir a Rusia. Si el agresor es Estados Unidos, el artículo 5 se convierte en un papel mojado. Nadie va a enviar tropas danesas a luchar contra marines estadounidenses. Nadie va a romper la Alianza por una isla de 56.000 habitantes. La OTAN sobrevivirá, pero con una hipoteca moral que no se paga con discursos.
Mientras tanto, Trump sigue diciendo que «llegará hasta donde sea necesario». No ha dado detalles sobre la visita de Vance, pero tampoco los necesita. El mensaje ya está lanzado. Groenlandia es el objetivo, y el resto del mundo mira hacia otro lado. La única pregunta que queda es cuánto tardará en dejar de mirar.