Trump reclama Groenlandia: la paradoja de la amenaza naval rusa
El presidente de Estados Unidos ha vuelto a agitar el tablero geopolítico con una declaración que, si no fuera por el cargo, sonaría a provocación de taberna: Groenlandia debería estar bajo control estadounidense, no danés, porque la isla está “rodeada de buques de Rusia y China”. La afirmación, hecha en un contexto de tensión creciente con China y la OTAN, choca con un dato incómodo: la Armada rusa, según fuentes militares occidentales, apenas mantiene operativa una fracción de su flota de superficie desde que Ucrania le hundió varios buques insignia en el mar Zain. La paradoja es que la principal potencia naval del Ártico hoy es precisamente Estados Unidos, con bases en Groenlandia, Islandia y Noruega. ¿Qué busca Trump con este movimiento?
El fantasma de Galtieri y las promesas rotas
La analogía con el dictador argentino Leopoldo Galtieri, que invadió las Malvinas en 1982 para desviar la atención de una crisis económica, planea sobre el razonamiento. Trump, que llegó a la Casa Blanca prometiendo no enredarse en guerras extranjeras y poner “América primero”, ha multiplicado las intervenciones en su segundo mandato. Según recuentos de analistas, ha ordenado ataques en Nigeria, Somalia, Yemen, Irak y Venezuela, además de haber impulsado sanciones y maniobras de desestabilización en Honduras. La lista de promesas incumplidas incluye también la prometida bajada de precios para los ciudadanos estadounidenses —el dólar ha sufrido su peor caída en dos décadas— y la retirada de la injerencia en asuntos de otros Estados. “Exactamente, ¿qué ha hecho Trump que no hayan hecho presidentes anteriores?”, se preguntan algunos observadores, recordando intervenciones en Vietnam, Chile, Irak o Afganistán.
El petróleo venezolano y el terremoto sospechoso
El foco más caliente está en Venezuela. Trump habría estado robando petróleo venezolano durante meses sin pagarlo, una operación que algunos califican de “piratería al estilo somalí”. La sospecha se ha agravado tras el reciente terremoto que sacudió el país caribeño. Aunque los sismólogos descartan un origen provocado, en los círculos críticos circula la teoría de que el seísmo podría haber sido inducido para crear un pretexto humanitario que justifique una intervención militar estadounidense. “Mintió”, resumen los que han seguido sus movimientos, enumerando las promesas rotas punto por punto. Japón, Singapur, Corea del Sur y Taiwán demuestran que no se necesita un vasto territorio para ser próspero, añaden.
La pregunta que queda en el aire
Entre acusaciones de buscar un “golpe de popularidad” a lo Galtieri y la evidencia de una política exterior que no difiere de la de sus antecesores, la pugna por Groenlandia parece un globo sonda más que una amenaza real. Pero, si la Armada rusa está casi hundida y la china opera lejos del Ártico, ¿a qué amenaza responde realmente Trump? Tal vez la respuesta esté en el espejo retrovisor: la historia de las grandes potencias nunca ha necesitado un enemigo real para justificar su expansión.