La publicidad que vende mestizaje mientras los barrios siguen separados
¿Por qué cada vez más anuncios muestran parejas interraciales sonrientes mientras la realidad social parece ir por otro lado? La crítica a la imposición de un modelo de mestizaje como ideal ha ganado terreno en los últimos años, y no solo en los márgenes de internet. Se argumenta que la publicidad y los medios de comunicación nos están metiendo con calzador que el modelo ideal es que personas de distintos orígenes formen parejas, pero ¿qué hay detrás de esa narrativa?
El escaparate de la diversidad
La mezcla étnica no es ningún invento moderno. Ha ocurrido toda la vida, en todos los sitios. Lo que ha cambiado es que ahora se presenta como dogma en la televisión, en los anuncios y en los discursos institucionales. La parejita mixta sonriente en el spot del banco, en la serie de turno o en el cartel del ministerio se ha convertido en un lugar común. Pero mientras tanto, los barrios reales siguen separados como en los viejos tiempos, y la integración de verdad se la trae al pairo a los que diseñan el decorado. Reparten estética para el personal y luego la factura de la vivienda, la sanidad y las listas del paro van por otro lado. Que nadie confunda una foto bonita con una política útil.
Inmigración y pensiones: el verdadero motor
Hay quien sostiene que los incentivos migratorios y demográficos actuales no buscan «mezclar por amor», sino reemplazar stock de población para sostener el tinglado de las pensiones. A las élites europeas les importa un pimiento el color de la piel; lo que quieren es pagar la factura. Este argumento, que circula con fuerza en los análisis críticos, apunta a que la inmigración se gestiona como una herramienta de ingeniería social y económica, no como un proyecto de convivencia. En esa línea, se menciona el papel de grandes fondos de inversión como BlackRock y Vanguard, que supuestamente financian políticas de control poblacional.
La reacción del consumidor
La respuesta del público no se ha hecho esperar. Algunos consumidores boicotean marcas que utilizan estas imágenes, bajo el lema «go woke, go broke». Otros ven en la publicidad una estrategia de marketing sin agenda oculta, simplemente una forma de atraer a un público diverso. También hay quien señala que la publicidad favorece a un mercado sexual femenino y perjudica al masculino, o que la representación se limita a ciertos grupos étnicos mientras otros quedan invisibilizados. Lo cierto es que la publicidad inclusiva es un negocio, y como todo negocio, responde a la demanda. Si la gente busca «negro con blanca», se graba; si busca «blanco con negra», también. No hay ideología, hay PIB.
Mientras tanto, la factura de la vivienda, la sanidad y el empleo sigue su curso, y las fotos bonitas no arreglan nada. Quizá el modelo ideal no sea el que nos venden, sino el que pagamos. Y ese, como siempre, lo pagamos nosotros.