El hilo de Vinted deriva a quién compra la ropa usada
El tramo arranca con un vídeo pegado a pelo y un par de enlaces de imagen, y en la misma jornada del 17 de septiembre el hilo cambia de tema sin avisar. Ya no se discute si las vendedoras posan o no: eso se da por hecho. Se discute quién está al otro lado. Un participante lo escribe sin rodeos: detrás de los anuncios ve prostitución encubierta y un tipo de comprador muy concreto sosteniéndola. Otro le contesta que se está pasando. Otro le da la razón. Y en
treinta mensajes el asunto pasa de la ropa al cliente.
Qué se ha sabido
Lo primero que se pega es el vídeo, sin comentario de acompañamiento:
A partir de ahí cada uno arrima su enlace: una imagen fija y una portada. Nadie los analiza, sirven de apoyo a lo que ya se está discutiendo.
De datos concretos, pocos. Un participante cuenta que le escribió a una vendedora y que lo bloqueó. No dice para qué le escribió ni qué esperaba. Otro recuerda que los baneos de cuenta van que vuelan, y lo lanza como advertencia general, sin contar ningún caso suyo.
Aparece una pregunta nueva: si a esas ventas les meten IVA. La lanza un forero al aire y se queda sin respuesta durante todo el tramo. Nadie sabe cómo se declara eso, ni si hay un mínimo, ni quién lo mira.
Lo que sí se repite es el catálogo. No es solo bikini: también ropa interior. También lencería. Se enumera como quien repasa una estantería, sin sorpresa. Y aparece, sin desarrollarla, la idea de que la plataforma es cosa de quien no puede permitirse otra cosa.
La otra frase que ordena todo es más larga. Para un participante, la prostitución es y será uno de los grandes negocios del siglo XXI, a la altura del turismo, la psicología y los entierros. Otro lo zanja diciendo que ese es el futuro, y se queda tan ancho.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en tres frentes.
El primero es de vocabulario. Unos sostienen que esto es prostitución encubierta, con un matiz: el pago no va por el cuerpo, va por la prenda. Otros contestan que es un mercado de segunda mano y que se le está dando demasiadas vueltas. No hay acuerdo y nadie cede.
Los primeros creen que el comprador paga por la persona. Los segundos, que paga por el producto y que el resto es la película que se monta quien mira.
El segundo frente es la pregunta que reaparece cada dos páginas: quién compra esto. Se pregunta con sorna y se pregunta en serio. La única respuesta que aparece es que compradores hay. Nadie concreta más. Hay un participante que interpela directamente a otro para saber qué se hace con lo que se compra, y el interpelado no contesta.
El tercero no se lo esperaba nadie: el fiscal. La duda del IVA se lanza y sigue ahí tres mensajes después, con el mismo silencio detrás.
Por debajo de los tres frentes corre el tono. Hay quien se ríe de las vendedoras, hay quien se ríe de los compradores y hay quien dice que ellas sabrán lo que hacen. Alguien apunta que hacen de modelos sin cobrar y lo suelta como dato, no como queja. Y hay quien opina que a algunas les va bien, que cambian una marca barata por otra mejor, y lo cuenta como una subida de categoría.
También hay mensajes que no discuten el negocio: comentan el físico de quien aparece en las fotos o el gusto de la prenda. No aportan nada al asunto, pero ocupan su sitio, y son los que hacen que el hilo parezca a ratos otra cosa.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el debate de la foto. Nadie pelea ya por qué un anuncio con cuerpo vende más que uno con percha. Eso está cerrado y el hilo pasa a lo siguiente, que es el comprador.
Entra un asunto que no estaba: el IVA. Entra también el de las suspensiones de cuenta, mencionado de pasada y sin caso concreto. Y entra la predicción sobre el negocio del siglo, con su lista de comparaciones. Nadie la discute y nadie la respalda.
El precio que nadie fija
Merece apartado propio lo que cada uno pagaría, porque es donde el hilo se calienta y se enfría en dos mensajes. Uno dice que vale lo que pida por ello, y lo dice sin ironía aparente. Otro contesta que no da ni un euro por según qué prenda. Entre esos dos extremos no hay término medio: o se paga lo que pidan o no se paga nada. Nadie propone una cifra.
Después está la comparación de espejo, la que más se repite: qué pasaría si los tíos hicieran lo mismo. Un participante lo plantea con el ejemplo de comprarse la ropa interior entre hombres y la conclusión que saca es que no funcionaría igual. Ahí el hilo se ríe un poco y sigue. Y al final de ese tramo hay quien propone que estas vendedoras se estarían forrando más en un programa de televisión que vendiendo ropa, con un personaje del formato como reclamo.
No hay cierre de ninguna clase. Nadie ha dado con lo del IVA, nadie ha explicado quién compra y el vídeo del principio sigue pegado, sin que nadie lo haya comentado en serio.