(mensaje citado en revisión)
007: Spectre, o cómo convertir una franquicia de espías en una siesta con explosiones
Vaya por delante que entiendo el concepto. Tras el exitoso (y relativamente inteligente) reinicio de Casino Royale, la saga Bond ha ido descendiendo por la rampa del absurdo a velocidad de Aston Martin sin frenos. Pero Spectre no es un descenso. Es un salto al vacío desde el rascacielos de la credibilidad, aterrizando de cabeza en un montón de clichés reciclados, guion escrito por un algoritmo y la cara de perezoso deprimido de Daniel Craig, que parece estar deseando que le disparen solo para cobrar el seguro y largarse de esta pesadilla.
La Trama: Un Calco con Olor a Naftalina
El guion debe de ser el borrador rechazado de Skyfall al que le cambiaron los nombres de los villanos. La premisa es que todo lo malo que le ha pasado a Bond en las últimas cuatro películas (incluido el ataque a MI6 en Skyfall) era parte de un plan maestro orquestado por una organización secreta llamada… espera… SPECTRE. ¡Qué originalidad! ¡Qué audacia narrativa! Es como revelar que todos los problemas de tu vida los causó el niño que te robó el bocadillo en el colegio. El nivel de forzamiento es tal que esperas que al final Moneypenny salga y diga "era broma, sólo queríamos ver hasta dónde llegabas".
El Villano: Christoph Waltz Interpretando a Christoph Waltz (Versión Zzz)
Christoph Waltz, un actor capaz de robar cualquier escena con una sonrisa, aquí está tan aburrido como el público. Su Ernst Stavro Blofeld (sí, lo desvelan como si fuera el sens sentido, […] ) es un orate de manual, con una guarida futurista y un plan tan enrevesado que sólo puede explicarse con monólogos interminables mientras tiene a Bond atado. Su motivación: "Papá nos adoptó y le gustabas más tú, James". En serio. El archienemigo definitivo de 007 resulta ser el hermano celoso de la residencia de estudiantes. Dan ganas de que Bond le diga "toma mi Action Man y déjame en paz".
La Chica: Léa Seydoux y la Química de un Ladrillo
Léa Seydoux es una actriz con talento. Aquí parece que le han drojado. Su personaje, Madeleine Swann, es la hija del antiguo enemigo Mr. White, y su propósito en la trama es ser rescatada, explicar cosas obvias y enamorarse de Bond porque… el guion lo exige. La supuesta chispa entre ellos es tan fría como un invierno en Siberia. Cuando se besan, uno espera que aparezca un letrero que diga "INSERTE ROMANCE AQUÍ". Un insulto a personajes como Vesper Lynd.
El "Humor": Momento para Reír… de Vergüenza Ajena
Intentan inyectar chascarrillos forzados que caen con el estruendo de un avión estrellándose. La escena del hotel donde Bond cuelga el traje y la corbata en la percha, con la cámara haciendo una reverencia, es de un paternalismo que duele. Quieren ser Skyfall (seria, oscura) y Roger Moore (absurda, ligera) a la vez, y el resultado es un batiburrillo sin tono ni gracia.
La Banda Sonora: Sam Smith y el Bostezo Sonoro
La canción Writing's on the Wall de Sam Smith es tan anémica y quejumbrosa que parece la banda sonora de una ruptura por WhatsApp, no de una película de espías. Durante los créditos iniciales, con sus tentáculos digitales flotando, uno anhela el poderío de Live and Let Die o incluso el Another Way to Die de Alicia Keys y Jack White. Esto es un valium musical.
La Acción: Fastuosa, Vacía y Sin Consecuencias
La apertura en el Día de los Perecid en Ciudad de México es visualmente impresionante, un plano secuencia largo que es puro fuego artificial. Pero es hueca. Lo mismo con la pelea en el tren, un pálido reflejo de Desde Rusia con Amor. Las explosiones son enormes, los coches vuelan, pero no hay tensión, no hay riesgo. Sabes que Bond sobrevivirá a todo, incluido un edificio derrumbándose literalmente sobre él, para salir con un rasguño en la mejilla y el traje impecable. Aburrido.
El Mensaje: La Paradoja Estulta
La película quiere criticar la vigilancia masiva (el plan Nine Eyes) y al mismo tiempo glorificar a un dinosaurio malo como Bond, que es la encarnación del agente no regulado que hace lo que le da la gana. Quiere ser moderna y a la vez un homenaje rancio. El resultado es un mensaje contradictorio que se anula a sí mismo. El discursito final de M (Ralph Fiennes) defendiendo el "ojo humano" frente a los drones suena falso cuando acabas de ver dos horas de espectáculo digital vacío.
Conclusión: El Epitafio de una Era
Spectre no es una película mala. Es algo peor: es aburrida, pretenciosa y fistro.