El miedo a una invasión de EE UU tras la OTAN desata la burla
La idea de que Estados Unidos abandone la OTAN y acabe invadiendo España no ha tardado en convertirse en el hazmerreír de medio país. El planteamiento lo lanzó un mensaje inicial que pedía estar «preparados para lo peor» y poner en conocimiento del Estado la disponibilidad de cada uno para defender el país, la democracia, la colaboración con la Unión Europea, el progresismo social y hasta la institución monárquica como piezas de cohesión. La respuesta mayoritaria fue una carcajada.
De la defensa de la democracia al chiste de Kabul
El mensaje de partida no hablaba de tanques ni de tropas: hablaba de proteger un modelo. Decía que durante las últimas décadas se había construido una democracia sólida sobre la colaboración con la UE y otras naciones, el progresismo social, la igualdad de género y la integración de personas migrantes que buscan refugio. Y pedía apoyar a empleados públicos, funcionarios y representantes políticos para que esos avances no se destruyan.
La réplica más repetida fue la comparación con la salida de Afganistán. «Pues así me iba yo como aterrizara el Air Force One en España», escribió uno, dispuesto a marcharse a Estados Unidos para olvidar «la pesadilla terrible» que, a su juicio, supone el gobierno actual. Otro ironizó con regalar Cataluña sin luchar. Un tercero zanjó: «No nos va a invadir. No sabe dónde estamos. Estará buscando por debajo de México».
El hilo derivó pronto hacia Marruecos. Varios mensajes sostienen que el verdadero riesgo no viene de Washington sino del sur, y recuerdan que España no paga lo que toca en la OTAN, de modo que Ceuta y Melilla quedarían solas ante una hipotética crisis. Es la única línea del debate con algo parecido a un argumento estratégico.
¿Por qué nadie se toma en serio una invasión de Estados Unidos?
Porque la correlación de fuerzas hace absurdo el escenario. El razonamiento más citado es el de Vietnam: una potencia con todo el arsenal del mundo no dobló a un país con cuatro palos y mil túneles, y de aquello salió más humildad que otra cosa. La conclusión que se repite es que ni hace falta invadir: si Washington quisiera, le bastaría con presionar económicamente.
La burla se mezcla con el desprecio hacia quien firma el mensaje original. Se le acusa de no saber en qué país vive, de no haber hecho la mili y de hablar de defensa desde el sofá. La etiqueta que más circula es la de trolleo: varios mensajes celebran el hilo como una de las mejores provocaciones de los últimos meses y piden «trolls de calidad».
El trasfondo económico: aranceles, OTAN y dependencia
Debajo del chiste hay una discusión real sobre dinero. Un mensaje recuerda que cuando España «lamía el culo» a Estados Unidos era la octava potencia mundial y ahora es la decimoquinta y bajando. Otro apunta que el gasto en defensa que exige la OTAN es la factura pendiente, y que el país no la va a pagar.
Aparece también la sospecha de que el presidente del Gobierno intenta abanderar el wokismo contra Washington mientras le respaldan oligarcas tecnológicos frente a otros oligarcas. La tesis, sin pruebas, es que España se ha convertido en «tierras de nadie» entre dos bloques. Nadie aporta una cifra que lo sostenga.
Lo que se pierde quien no lee el hilo entero
Hay un cálculo sobre cuánto aguantaría la economía española sin el paraguas militar estadounidense que nunca llega a cerrarse, y una lista de bases y enclaves —Rota, Cádiz, Canarias— que se mencionan como activos en juego. También circula la teoría de que el verdadero peligro no es un desembarco, sino el goteo de «traidores y ratas lameculos» que, según un mensaje, ya está en marcha. Material fino para quien quiera seguir la pista.
El cierre: ni invasión ni calma
Con estos mimbres, lo probable es que la cosa quede en un susto y en un hilo más para el archivo. Pero la ansiedad de fondo —que alguien decida por nosotros desde fuera— no se disuelve con un chiste. Y si algún día aterriza el avión, ya veremos quién está en la pista.