Varsavsky defiende a Trump en plató y carga contra Sánchez
Martín Varsavsky, fundador de Jazztel, Ya.com y FON, dueño de Menéame, se sentó en un plató de Antena 3 y soltó lo que muchos empresarios piensan pero no dicen en horario de máxima audiencia: que Trump es mejor para el negocio y que la cultura woke se apaga. El presentador del programa, según los asistentes, aguantó el envite. La presentadora, Susanna Griso, puso cara de circunstancias. Y el empresario, con el micrófono más alto que el de la mesa, siguió a lo suyo.
El momento clave no fue una cifra ni un gráfico. Fue una frase: «Esto es el fin de la cultura woke». Varsavsky, nacido en Buenos Aires en 1960, naturalizado español, con pasado inversor en Estados Unidos, lleva meses moviéndose en esa dirección. Primero en redes. Luego en televisión. El dueño de Menéame —plataforma que adquirió y que, según él mismo ha declarado, está tratando de que «deje de ser un nido de comunistas y represente más a todos»— ha pasado de ser señalado como woke a convertirse en azote del wokismo. El giro tiene fecha y lugar: la final de la Champions en París y los atentados de octubre de 2023 en Israel, según coinciden varios análisis.
De Jazztel al plató: quién es Martín Varsavsky
Varsavsky es un empresario de telecomunicaciones con ocho compañías fundadas, entre ellas Jazztel, Ya.com, FON, Goggo Network y Prelude Fertility. Argentino de nacimiento, de ascendencia judía, naturalizado español y con pasaporte estadounidense en el pasado. Su perfil público ha oscilado entre el tecnólogo visionario y el inversor polémico. En España se le recuerda por haber puesto WiFi gratis al movimiento 15M, un detalle que ahora le persigue en cada aparición. También por haber abogado durante la pandemia por confinar a los no vacunados, una postura que le granjeó enemigos en ambos extremos del espectro.
Su entrada en el capital de Menéame fue el movimiento que más ruido hizo. La plataforma, pionera del agregador social en español, llevaba años en declive. Varsavsky la compró y prometió rescatarla del «nido de comunistas» en que, según su diagnóstico, se había convertido. La frase, pronunciada en redes, resume su giro: de inversor tecnológico a cruzado cultural. En el plató de Antena 3 no hizo más que confirmar esa deriva.
Qué dijo exactamente sobre Trump y Sánchez
La intervención tuvo dos dianas. La primera, Trump. Varsavsky defendió al expresidente estadounidense frente a un plató que, según los presentes, no compartía su entusiasmo. La segunda, Pedro Sánchez. «Un tipo que se pasa todo el día con Hamás, con los enemigos de occidente», dijo, según recogen las crónicas. La frase, sin matices, cayó como una losa en un formato que suele domesticar a los invitados. No lo consiguió.
El empresario no improvisaba. Lleva meses construyendo un relato: que el péndulo político ha girado, que la derecha cultural gana terreno y que quien no lo vea se queda fuera del negocio. Su defensa de Trump no es ideológica en el sentido clásico; es de oportunidad. O eso dice él. «Soy inversor», repite. Y como inversor, apuesta por lo que sube.
El giro de Varsavsky: de woke a azote del wokismo
La conversación sobre Varsavsky tiene un antes y un después. El antes: un empresario tecnológico con posiciones progresistas en lo social, defensor de causas identitarias y crítico con la derecha. El después: un converso que denuncia la cultura woke, apoya a Trump y carga contra el Gobierno español. ¿Qué pasó en medio? Dos episodios se repiten en los análisis. El primero, la final de la Champions en París, donde Varsavsky habría recibido una dosis de realidad sobre el clima político europeo. El segundo, los atentados de octubre de 2023 en Israel, que habrían terminado de alinearlo con posiciones proisraelíes duras.
Hay quien sostiene que el giro es sincero: que Varsavsky vio lo que no quería ver y reaccionó. En contra pesa el argumento de que su conversión coincide con el cambio de viento global. Cuando Trump vuelve, cuando la derecha cultural gana en Europa, cuando el wokismo pierde fuelle en las empresas, un inversor con intereses en múltiples sectores tiene incentivos para subirse al carro. La pregunta no es si cambió, sino cuándo dejó de ser rentable lo anterior.
Menéame y el negocio de comprar plataformas en declive
Menéame es el otro frente. Varsavsky compró la plataforma y prometió devolverla a la centralidad. «Estamos tratando que deje de ser un nido de comunistas y represente más a todos», dijo. La frase, más allá de su crudeza, revela una tesis empresarial: que el agregador perdió valor por sesgo ideológico y que hay mercado para una versión más amplia. El problema es que Menéame no pierde usuarios por su línea editorial, sino por el auge de otras redes y por la migración de su comunidad a espacios sin moderación. Comprar una plataforma en declive y culpar al comunismo es una forma de no mirar los números.
El paralelismo con otros foros es inevitable. En España, los espacios de discusión política han vivido asaltos cruzados: primero desde la izquierda, luego desde la derecha. La diferencia es que unos moderan y otros no. Y la moderación, guste o no, es lo que mantiene a flote una comunidad. Varsavsky lo sabe. Por eso su discurso no va de libertad de expresión, sino de audiencia.
Por qué importa que un empresario diga esto en televisión
La aparición de Varsavsky en Antena 3 no es un hecho aislado. Es la señal de que un sector del empresariado español ha decidido salir del armario político. Durante años, la norma no escrita era no mojarse: donar a ambos lados, callar en público, negociar en privado. Eso se ha roto. Varsavsky no es el primero ni será el último. Pero su caso es llamativo porque combina tres cosas: dinero propio, plataforma de comunicación y una conversión ideológica reciente y ruidosa.
El efecto en el debate público es doble. Por un lado, legitima que otros empresarios digan lo que piensan. Por otro, expone la fragilidad de un ecosistema mediático donde un inversor puede comprar una plataforma y usarla como altavoz. Menéame no es Twitter, pero es un nodo. Y los nodos, cuando cambian de dueño, cambian de tono. La pregunta que queda en el aire no es si Varsavsky tiene razón, sino cuánto tardará el siguiente en imitarlo.
El dato que descoloca no está en el plató. Está en el calendario. Varsavsky pasó de poner WiFi al 15M a defender a Trump en horario de máxima audiencia. Entre una cosa y otra, ocho compañías fundadas, una pandemia, una final de Champions y una guerra. El péndulo, como él mismo dice, se mueve. Y él, con él.