TE PUEDEN METER EN LA CÁRCEL POR PONER UNA CASA EN TU PROPIO TERRENO Magnates del Ladrillo

Los irlandeses vieron el futuro, cavaron las casas en vez de construirlas.
Si el terreno es grande no te la encuentran más, cuando en el tejado tengas hierba crecida no lo ven, y si te la tienen que derribar, qué van a derribar?
 

@tonomurcia1826​

hace 1 día
ALBERTO.POR MI EXPERIENCIA COMO CONDUCTOR DE EXCAVADORAS DE MAS DE 30 AÑOS, TE PUEDO ASEGURAR QUE MÁS DE UNA VEZ HACIENDO UNA EXCAVACIÓN ME HE ENCONTRADO CON VARIAS CUEVAS Y NO HECHAS PRECISAMENTE POR PERSONAS.DE HECHO EXISTEN VARIAS CUEVAS EN ESPAÑA Y ALGUNAS SE PUEDEN VISITAR CON UN GUÍA TANTO CON BARCAS COMO POR EJEMPLO AQUÍ EN VALENCIA "LAS CUEVAS DE LA VALL DE UXOC", COMO ANDANDO.LAS CUEVAS PUEDEN SER NATURALES Y LO QUE TE QUIERO DECIR ES QUE TENGAS MUCHO CUIDADO PORQUE LA TIERRA CUANDO SE AIREA SE LE VA LA HUMEDAD Y TIENE UN GRAN PELIGRO DE DESPRENDIMIENTO!!!. TE LO DIGO POR EXPERIENCIA DE DESCUBRIR UNA CUEVA Y AL DÍA SIGUIENTE VOLVER Y ESTAR DERRUMBADA(imagen visible para usuarios registrados)(imagen visible para usuarios registrados)
Ayer no subió vídeo el de la cueva
 

@pericoperez3380​

hace 7 días
Este va a ser el enésimo comentario sobre el cuidado que tenéis que tener con la cueva, pedir asesoramiento a alguien que esté muy familiarizado con ese asunto y con la orografía del terreno porque no queremos que os pase nada. Sed muy prudentes que os jugáis la vida. Esto no es como cortar una naranja al revés es algo serio algo bonito se puede convertir en tragedia. Un abrazo.
 
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@Marcos_Daniel_Castro​

hace 7 días
Ojo con esa cueva alberto pensa que ya se derrumbo una vez por eso se tapo ponete a pesar si pasa eso con ustedes adentro es muy peligro si mo esta apuntalada la cueva con gente que save hacer eso estas poniendo en riesgo su vida mas si ya se segarro una vez
 
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@demeterestela2618​

hace 7 días
No expongas al perrito en la cueva (imagen visible para usuarios registrados) ah y el águila anda detrás de las sedosas. Y es mejor dejar a las sedosas guardadas cuando salgan ellas son presa fácil de los depredadores.
 
Para vivir en terreno rústico, no queda otra que encontrar un terreno que tenga ya construída legalmente una "caseta de aperos", y acondicionarla lo mejor que se pueda.
Que el terreno rustico tenga una caseta de aperos y no figure en las escrituras, eso es bastante habitual

PD. Para vivir en un terreno rustico, hay que tener alguna construccion o ruina, en las escrituras
 
Hay solares donde no dejan poner esas casas prefabricadas porque rompen la estética de la zona.

Es curioso que sean legales en Estados Unidos. Las hemos visto salir volando muchas veces en las noticias. Aquí no hay tornados y no te dejan.

Precisamente allí se hacen por el bajo coste y rapidez de construcción

Aquí te cobran igual por todo.
 
Los irlandeses vieron el futuro, cavaron las casas en vez de construirlas.
Si el terreno es grande no te la encuentran más, cuando en el tejado tengas hierba crecida no lo ven, y si te la tienen que derribar, qué van a derribar?

¿Como se evita inundación en caso de tormenta?
 
Si tienes gallinas los animales necesitan cuidados por tanto tienes que estar allí y necesitas una vivienda.
 
JAJAJAJAJA, esto de los youtubers rurales se nos está yendo de las manos. Ahora tenemos a Estrella, 23 añitos, que ha reformado un establo y vive en un terreno rústico sin cédula de habitabilidad, según cuenta en sus vídeos. Lo verdaderamente fascinante no es que alguien quiera rehabilitar una construcción rural y llevar una vida alternativa, sino esa necesidad moderna de publicar absolutamente todo en internet, incluidos los detalles que quizá sería más prudente consultar primero con un técnico o con el ayuntamiento. Antes, si alguien hacía una reforma dudosa en una aldea, se enteraban el vecino de la finca de arriba, el de abajo y el señor que iba a comprar el pan. Ahora te plantas delante de una cámara, cuentas tu vida a miles de desconocidos y dejas un archivo audiovisual perfectamente organizado para que cualquiera pueda conocer hasta el último detalle de tus aventuras inmobiliarias. ¡Pero si hasta los delincuentes de las películas procuran no dejar pruebas y aquí hay gente que convierte su propia situación administrativa en una serie documental con capítulos, música y miniaturas!

Lo de vivir en el campo se ha convertido en una especie de competición para ver quién consigue prescindir de más cosas. Uno vive sin conexión a la red eléctrica, otro se ducha con agua de un pozo, el siguiente restaura una ruina y nuestra protagonista parece haber decidido que una antigua construcción ganadera puede ser el escenario perfecto para empezar una nueva vida. Y cuidado, que rehabilitar edificios tradicionales puede ser una forma estupenda de recuperar el patrimonio rural. El problema es que tener una construcción en suelo rústico no significa automáticamente que se pueda convertir en vivienda, y que una reforma esté terminada tampoco garantiza que el inmueble reúna los requisitos legales para habitarlo. La situación concreta depende de la normativa urbanística, del uso autorizado, de las características de la construcción y de los permisos que correspondan. Precisamente por eso resulta tan llamativo que alguien convierta una situación potencialmente compleja en una bandera de libertad personal sin explicar siquiera qué trámites ha realizado o qué limitaciones tiene el inmueble.

Y es que estos canales a veces parecen una academia acelerada de urbanismo impartida por gente que todavía está descubriendo cómo funciona el mundo. Te enseñan cuatro paredes, una estufa, una mesa de madera y unas macetas, y ya tienes la sensación de estar viendo una vivienda de ensueño. Pero detrás de la estética rural hay preguntas bastante menos fotogénicas: ¿qué uso tiene legalmente el edificio?, ¿cómo se resuelve el saneamiento?, ¿qué condiciones de seguridad reúne?, ¿qué ocurre si hay que hacer obras estructurales?, ¿se puede empadronar allí la persona?, ¿qué limitaciones existen para rehabilitarlo? Son preguntas aburridas, sí, pero mucho más importantes que la música acústica y los planos de una taza de café junto a la ventana. Porque una cosa es enseñar cómo has transformado un establo y otra muy distinta demostrar que puedes utilizarlo legalmente como vivienda.

Y luego está la contradicción ideológica que comentas: ¿no era vegana? ¿Ahora come carne? JAJAJAJA. Habrá que ver qué ha contado exactamente Estrella, porque cambiar de opinión sobre la alimentación no tiene nada de malo. Uno puede ser vegano durante años y después modificar su dieta por razones personales, éticas o prácticas. Lo divertido es observar cómo algunos creadores presentan cada etapa de su vida como si hubieran descubierto la verdad definitiva. Hoy te explican por qué no hay que consumir productos animales; mañana te enseñan su nueva filosofía alimentaria; pasado mañana quizá publiquen un vídeo titulado «POR QUÉ TODO LO QUE TE CONTARON SOBRE LA COMIDA ERA MENTIRA». En internet, cambiar de opinión es perfectamente legítimo, pero estaría bien reconocer que uno ha cambiado de criterio en lugar de presentar cada nueva etapa como una revelación que viene a corregir la ignorancia del resto de la humanidad.

Al final, lo que tenemos es otra versión del fenómeno del influencer rural: gente muy joven que busca una vida diferente, encuentra una historia atractiva que contar y descubre que las redes sociales pueden convertir una experiencia personal en una fuente de ingresos y atención. No hay nada malo en rehabilitar una construcción, vivir de manera sencilla o experimentar con una alimentación distinta. Lo cuestionable es vender una situación personal como modelo para los demás sin explicar sus limitaciones, sus costes y sus posibles problemas legales. Porque quien vea el vídeo y decida imitarla podría encontrarse con una realidad bastante menos romántica cuando empiece a consultar licencias, proyectos técnicos y normativa municipal.

Y la ironía definitiva es que algunos de estos creadores dicen querer escapar de la sociedad moderna, pero necesitan que esa misma sociedad les proporcione cámaras, conexión a internet, publicidad, seguidores y visitas para financiar su aventura. Se van al campo buscando tranquilidad y terminan convirtiendo su intimidad en contenido; rehabilitan una construcción y la transforman en un decorado; defienden la libertad individual, pero necesitan mantener la atención de una audiencia que exige novedades constantes. Estrella tendrá que decidir qué quiere enseñar y cómo explicar su situación, porque la libertad de elegir una vida alternativa no elimina las obligaciones urbanísticas ni convierte automáticamente una construcción rural en una vivienda legal. Y si encima lo cuentas todo en YouTube, no te sorprendas de que el público empiece a hacer preguntas. Internet tiene una memoria prodigiosa: lo que hoy publicas como una aventura inspiradora mañana puede convertirse en el capítulo que todos vuelven a consultar cuando quieren saber cómo terminó la historia.
 
JAJAJAJAJAJA, ¡PROYECTO INATO! El nombre ya parece el resultado de una reunión de tres horas para bautizar una empresa que todavía no ha facturado un euro. Tenemos a Estrella, 23 añitos, que ha decidido reinventar la civilización desde un antiguo establo y convertir su vida privada en una serie documental sobre cómo escapar del mundo moderno. Su gran proyecto consiste en vivir en el campo, levantarse de madrugada para hacer sus necesidades en plena naturaleza y contarnos la experiencia a través de internet. Es maravilloso. Miles de años de evolución humana, agricultura, saneamiento, medicina, ingeniería y organización social para que, en pleno siglo XXI, llegue una muchacha con una cámara y descubra que hacer pis entre los arbustos es una forma revolucionaria de recuperar la libertad. ¡Que alguien le dé el Premio Nobel de Arquitectura Rural! Mientras tanto, el resto de los mortales seguimos pagando facturas, trabajando y utilizando un cuarto de baño sin necesidad de grabar un documental sobre nuestras deposiciones.

Pero esperad, porque el proyecto INATO tiene una nueva aventura: ¡no tiene agua y quiere hacerse un pozo! JAJAJAJAJA. Es decir, se instala en una finca, empieza a organizar su nueva vida autosuficiente y después descubre que para vivir hace falta agua. ¿Quién podría haberlo imaginado? Ahora toca investigar cómo conseguirla, cuánto cuesta perforar, si hay agua suficiente y qué permisos necesita. Porque un pozo no es un agujero mágico que haces en mitad de la parcela y del que empieza a brotar agua cristalina mientras suena música de relajación. Puede que encuentres agua a una profundidad razonable, puede que tengas que perforar mucho más, puede que el caudal no sea suficiente o puede que la calidad requiera análisis y tratamiento. Y todo eso cuesta dinero. Además, la posibilidad de construir y utilizar un pozo depende de las condiciones del terreno y de la normativa aplicable, incluidas las exigencias relacionadas con el dominio público hidráulico. Antes de ponerse a perforar alegremente, convendría consultar a la autoridad competente y comprobar qué autorizaciones son necesarias. La autosuficiencia empieza a ponerse interesante cuando descubres que ni siquiera puedes dar por hecho que tendrás agua por el simple hecho de poseer una parcela.

Lo que me llama la atención no es que una chica de 23 años quiera vivir en el campo. Faltaría más. Puede intentar llevar una vida sencilla, rehabilitar una construcción, cultivar un huerto y reducir sus gastos. El problema es presentar esa aventura como si bastara con tener cuatro paredes, un trozo de terreno y muchas ganas para haber resuelto todos los problemas de la existencia. Porque una cosa es pasar una temporada en una finca y otra muy distinta establecer allí tu residencia permanente, mantenerte económicamente y cumplir con las condiciones legales que correspondan. Si la construcción no tiene autorizado el uso residencial, reformarla y colocar una cama no convierte automáticamente el establo en una vivienda legal. La situación concreta depende del planeamiento urbanístico, de las características del inmueble y de las autorizaciones aplicables. Precisamente por eso resulta tan llamativo que alguien convierta una situación potencialmente compleja en una bandera de libertad personal sin explicar siquiera qué trámites ha realizado o qué limitaciones tiene el inmueble.

Porque, vamos a ver, Estrella: tienes 23 años, toda la vida por delante y puedes construir un proyecto interesante, pero ¿cuál es exactamente el plan económico de INATO? ¿De qué vas a vivir dentro de cinco años? ¿De las visitas, de las suscripciones, de vender algún producto o de trabajar fuera de la finca? ¿Has calculado los gastos anuales, las reparaciones, el transporte, la alimentación y los imprevistos? ¿Has averiguado qué uso legal puede tener el establo? ¿Qué ocurre si mañana deja de funcionar el canal? ¿Y cuánto dinero tienes reservado para conseguir agua? Porque una cosa es comprar una finca y otra descubrir después que necesitas financiar la infraestructura básica para vivir en ella. Puedes tener unas vistas espectaculares, una estufa de leña y un gallinero de postal, pero si no tienes agua suficiente y segura, el proyecto se complica bastante. No es un detalle decorativo: es una necesidad diaria para beber, cocinar, lavarte, limpiar y, si tienes animales, atenderlos adecuadamente.

Y luego está la fantasía de la autosuficiencia permanente. Otro concepto que se ha puesto de moda entre los nuevos exploradores de YouTube. Parece que basta con instalar unas placas solares, criar gallinas, plantar cuatro tomates y conseguir una cabra para independizarse de toda la sociedad. Pero ¿qué pasa cuando se avería el sistema eléctrico? ¿Quién paga el veterinario? ¿De dónde salen las herramientas, los repuestos y el combustible? ¿Cómo se financia una reparación del tejado? ¿Qué haces cuando una mala cosecha coincide con un gasto inesperado? ¿Y cuánto cuesta mantener el vehículo necesario para desplazarte a comprar lo que no produces? Ahora añadimos la perforación de un pozo, las posibles autorizaciones, el análisis del agua y el mantenimiento de la instalación. De repente, aquella bucólica vida autosuficiente empieza a parecerse a una lista interminable de inversiones. La autosuficiencia absoluta y permanente es extraordinariamente difícil; lo habitual es combinar producción propia, compras, servicios e ingresos externos. Incluso las explotaciones rurales tradicionales dependen de una economía mucho más amplia de lo que sugieren esos vídeos bucólicos en los que todo parece resolverse con una cesta de cigot y una puesta de sol.

Además, si Estrella decide convertir la finca en una actividad ganadera, apícola o comercial, tendrá que informarse sobre los requisitos correspondientes. Criar animales no significa necesariamente tener que convertirse en una explotación ganadera profesional: las obligaciones dependen de la especie, el número de animales, su finalidad y la normativa aplicable. Lo mismo ocurre con las abejas, cuyo mantenimiento puede exigir registros, condiciones sanitarias y otras obligaciones según el caso. Y si alguna vez recibe una inspección, tendrá que atender los requerimientos que legalmente procedan, como cualquier otra persona. La naturaleza no concede una amnistía administrativa por tener buenas intenciones, y los animales tampoco funcionan con un contrato ideológico de libertad. Una cabra no entiende de proyectos personales: necesita alimento, agua, cuidados, instalaciones adecuadas y atención sanitaria. Y si decides enseñar al público cómo mantenerla, lo mínimo es distinguir entre lo que haces tú, lo que permite la normativa y lo que recomendaría un profesional.

Pero lo mejor es el posible choque con la realidad laboral. Imaginemos que pasan dos años, las visitas bajan, los ingresos no cubren los gastos y la finca sigue necesitando dinero. Entonces aparece el plan B: buscar trabajo. Y resulta que el empleo está a treinta kilómetros, hay que utilizar el coche y una parte del sueldo se va en combustible, mantenimiento y desplazamientos. Esa es precisamente una de las trampas económicas de vivir en lugares aislados: puedes ahorrar en determinadas cosas y, al mismo tiempo, gastar mucho más en transporte. Si trabajas fuera y necesitas desplazarte todos los días, la ubicación de la vivienda puede convertirse en un gasto fijo considerable. Si trabajas desde casa, necesitas una actividad que genere ingresos suficientes. Y si pretendes vivir exclusivamente de las redes sociales, tienes que aceptar que los ingresos pueden ser irregulares y que la audiencia no tiene ninguna obligación de seguir interesada en tu vida durante décadas.

Lo verdaderamente irónico sería que Estrella empezara queriendo escapar de la rutina convencional y acabara descubriendo que tiene que levantarse antes del amanecer para trabajar, mantener la finca, producir vídeos, editar, publicar y contestar comentarios. Eso sí, con una diferencia: en lugar de cobrar una nómina estable, dependería en parte de que la plataforma recomendara sus publicaciones. El día que un vídeo funciona, la vida alternativa parece una genialidad; el día que no lo ve nadie, toca revisar las cuentas. Y cuando los ingresos digitales no bastan, aparece el mercado laboral de toda la vida, ese invento tan poco romántico en el que hay que cumplir horarios, desplazarse y cobrar por realizar un trabajo. Entonces quizá descubra que el problema nunca fue únicamente el sistema, sino la dificultad de conseguir ingresos suficientes para mantener el estilo de vida que uno desea.

Y aquí es donde me parece que estos canales deberían hacer un esfuerzo por ser más honestos. No hace falta ridiculizar a quien intenta vivir de otra manera, pero sí conviene enseñar la letra pequeña. Si el proyecto se sostiene gracias a las visitas, dilo. Si necesitas otro trabajo, dilo. Si la finca tiene limitaciones legales, explica qué has averiguado y qué queda pendiente. Si no tienes agua, explica cuánto cuesta conseguirla y qué permisos necesitas antes de presentar el pozo como la solución definitiva. Si no sabes cómo resolver un problema, reconoce que estás aprendiendo. Eso sería muchísimo más útil para los jóvenes que se plantean comprar una ruina y marcharse al campo que venderles la fantasía de que basta con romper con la sociedad para que desaparezcan las obligaciones económicas.

Porque, al final, INATO puede ser un proyecto interesante si se convierte en algo concreto, legalmente viable y económicamente sostenible. Pero si consiste principalmente en grabar la propia intimidad, publicar escenas de la vida cotidiana y esperar que las visitas paguen la aventura, entonces la pregunta es inevitable: ¿estamos viendo un proyecto de autosuficiencia o un canal de entretenimiento ambientado en un establo? No son lo mismo. Y si mañana se agota el interés del público, la finca seguirá ahí, las reparaciones seguirán costando dinero, habrá que resolver el suministro de agua y habrá que encontrar una forma de pagar las facturas.

A los 23 años se puede experimentar, equivocarse y empezar de nuevo. Precisamente por eso convendría utilizar esa edad para aprender un oficio, adquirir experiencia, calcular los costes y construir una base económica antes de presentar una improvisación como si fuera una alternativa definitiva al modo de vida de los demás. No hace falta vivir en una ciudad, comprar una casa convencional ni renunciar a la naturaleza. Pero tampoco hace falta fingir que el trabajo, las obligaciones y la economía son inventos de una sociedad malvada que puede abandonarse simplemente cruzando la puerta de un establo.

Y esa es la gran paradoja de INATO: puede que Estrella quiera demostrar que se puede vivir de otra manera, pero para demostrarlo tendrá que resolver exactamente los mismos problemas que resolvemos todos los demás: cómo obtener ingresos, cómo mantener un hogar, cómo conseguir agua, cómo afrontar los gastos y cómo cumplir las normas aplicables. Si consigue hacerlo, estupendo; tendrá un proyecto digno de explicar. Si no, tendrá que modificar sus planes, buscar trabajo o encontrar otra fórmula para sostenerse. Porque el nombre puede ser muy original, los vídeos pueden quedar preciosos y las mañanas en el monte pueden tener una luz espectacular, pero la libertad también necesita un plan económico, y las facturas no se pagan con planos cinematográficos.
 

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