Taxi vs Bolt en San Fermín: el oligopolio que se resiste a morir
¿Cuánto vale un monopolio? En el taxi español, la respuesta es cientos de miles de euros por una licencia que en los años 80 costaba cuatro pesetas. Con la llegada de Bolt a San Fermín, el modelo ha estallado. Los taxistas protestan, pero los datos no juegan a su favor.
El problema de fondo es estructural. La licencia de taxi ha pasado de ser un trámite casi gratuito a cotizarse en hasta 300.000 euros en el mercado secundario. Un privilegio hereditario que no existe en otras profesiones: nadie hereda una plaza de médico. Pero en el taxi, se vende. Y el usuario paga la factura: una carrera al aeropuerto que en Seúl cuesta 15 euros, en España cuesta 50 o 60. Con ese diferencial, no sorprende que los turistas de San Fermín abran Bolt.
Detrás de Bolt no hay un simple 'enchufe tecnológico'. La empresa fue fundada en Estonia y entre sus accionistas figuran Sequoia Capital y Mercedes-Benz, gigantes de la economía financiarizada. Frente a ellos, el gremio del taxi blande su licencia como un escudo. Pero el mercado no entiende de privilegios: entiende de precio y servicio. Y en el balance, el taxi lleva décadas perdiendo.
Hay quien defiende que la culpa es de los fondos buitre que 'expulsan a la especie autóctona'. Otros recuerdan las malas prácticas históricas del sector: facturas que no aparecen, cambios que no se dan, paseos turísticos a precio de oro. Sea como sea, la tormenta perfecta se ha desatado en San Fermín, y los taxistas lloran. Pero el mercado, como el encierro, no perdona.