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Forero Paco Demier
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El ejemplo de Santa María…
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La batalla contra los pecados sexuales requiere una profunda humildad y una constante perseverancia, reconociendo nuestra dependencia de la gracia divina para superar las tentaciones.
La historia de Santa María de Egipto es un poderoso ejemplo de transformación. Huyó de su hogar a los 12 años y vivió en Alejandría durante 17 años, entregada a las pasiones carnales. Su vida cambió drásticamente al intentar entrar en una iglesia para ver la Santa Cruz. Una fuerza invisible se lo impidió. Tras pedir ayuda ante un icono de la Madre de Dios, la Theotokos, pudo acceder, se arrepintió y se retiró al desierto. Allí pasó 47 años ayunando y llorando por sus pecados, luchando sin rendirse hasta el final de sus días.
A diferencia del reino animal, donde el sexo es puramente estacional y para la procreación, en los seres humanos tiene un propósito mucho más místico y elevado. El sexo dentro del matrimonio está bendecido por Dios y refleja la unión sagrada entre Cristo y la Iglesia. Por el contrario, cualquier relación sexual fuera del matrimonio desfigura esa imagen espiritual y hiere directamente el alma. Cristo eleva la exigencia moral más allá de las acciones físicas del Antiguo Testamento; enseña que cualquiera que mire con lujuria ya ha cometido adulterio en su corazón, pues a Dios le importa la pureza interior.
Los Padres de la Iglesia señalan que el descontrol del cuerpo alimenta los deseos carnales a través de varios desencadenantes. La gula, es decir, comer en exceso, incita directamente las pasiones. La pereza, dormir demasiado o quedarse acostado en la cama por mucho tiempo, también hace crecer estos malos deseos. El consumo excesivo de alcohol debilita el autocontrol y estimula la lujuria. La cultura moderna, a través de los medios, la música, el cine y la publicidad, manipula a las personas estimulando intencionadamente estas pasiones para lucrarse. Por ello, es indispensable proteger los ojos y los oídos de estas influencias.
La humildad es la raíz de todo. El ayuno, la abstinencia y la falta de sueño no sirven de nada sin ella. Se debe reconocer la propia incapacidad para vencer estos pecados a solas y depender por completo de la gracia divina. Los Padres afirman que "Dios prefiere una derrota humilde que una victoria orgullosa". La perseverancia del soldado es crucial. Aunque parezca que las tentaciones nos superan o que Dios ha retirado su gracia temporalmente, debemos seguir luchando con valentía hasta el último aliento. Perder la esperanza o huir por cobardía trae deshonor espiritual. Absolutamente todo lo que Dios permite en nuestras vidas tiene el único propósito de salvarnos y atraernos hacia Él.
El ejemplo de Santa María…