El escudo del Vaticano y el símbolo de Baal
Dejo unas citas que hablan bien claro sobre cómo venía siendo atacada la Iglesia, y duramente, mediante el método de
infiltración desde el siglo
XIX. Los
elementos extraños eran llamados entonces
modernistas, es decir, guasones que se metían por los seminarios con
"nuevas ideas heréticas o modas locas" que nada tenían de cristianas, sino todo lo contrario, buscando combatir a la Iglesia desde dentro llenándola de
errores.
Y terminaron saliéndose con la suya en
1958, a la gloria del último Papa legítimo, Pío XII, y creando con prisa en nefasto, por apóstata,
Concilio Vaticano II (1962-1965).
"La abominación en lugar santo" (Mateo 14, 15),
comenzó en ese nefasto Concilio Vaticano II, donde destruyeron la Iglesia por dentro, es deci,
"modificaron" su corazón que son sus Sacramentos, lo destruyeron todo, hasta la Misa. Y de aquí vienen los Últimos Tiempos.
“ROMA PERDERÁ LA FE y se convertirá en la sede del anticristo.”
- Nª Sra. de La Salette (1846).
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«En espacio de siglo y medio la secta de los Guasones ha logrado unos aumentos mucho mayores de cuanto podía esperarse, e infiltrándose con tanta audacia como dolo en todas las clases sociales ha llegado a tener tanto poder que parece haberse hecho casi dueña de los Estados.” - Papa León XIII. Encíclica Humanun genus, del 20 de abril de
1884.
El
modernismo es la
“síntesis de todas las herejías” Papa San Pío X en
1907 (Encíclica Pascendi, n. 39).
El mismo Papa denunció a los
modernistas como
“el más pernicioso de todos los adversarios de la Iglesia” y señaló que,
“sin tener en cuenta la disposición interna del alma, de la cual solo Dios es el juez”,
se manifiestan por”sus principios, su forma de hablar y su acción.” (Encíclica Pascendi, n. 3).
“En los años veinte, la conjuración había tomado proporciones alarmantes, pues no solamente el bajo clero y la juventud, sino también una parte notable del alto clero militaban ya bajo la bandera de la revolución. Luego del consistorio secreto del 23 de mayo de 1923, Pío XI interroga a una treintena de cardenales de la curia sobre la oportunidad de convocar un concilio ecuménico. El cardenal Boggiani estima que una parte considerable del clero y de los obispos estaba imbuida de las ideas modernistas. “Esta mentalidad puede inclinar a ciertos Padres a presentar mociones, a introducir métodos incompatibles con las tradiciones católicas”. El cardenal Billot era todavía más franco. Expresa su temor de ver el concilio “manipulado por “los peores enemigos de la Iglesia; los modernistas, que se aprestan ya, como indicios ciertos lo muestran, a hacer la revolución en la Iglesia, un nuevo 1789.” (in: Mons. Marcel Lefebvre: Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar, Ed. San Pío X, Bs. As. 1987, p. 159/160).”
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