Los templarios ayudaron en la Reconquista, pero no eran Francia
El papel de las órdenes militares en la Reconquista vuelve a la palestra cada vez que alguien intenta cuadrar dos ideas que, puestas juntas, chirrían: la Francia enemiga y unas tropas cruzadas que combatieron junto a los reinos cristianos peninsulares. El punto de partida razonable pasa por separar dos entidades que compartían algunas plazas y ningún mando: la Orden del Temple y el reino de Francia. La confusión entre ambas sostiene buena parte del relato de la enemistad milenaria.
¿Ayudaron los templarios en la Reconquista?
Sí, y de forma documentada en varios frentes. El Temple prestó un apoyo decisivo al reino de Portugal y una ayuda relevante a la Corona de Aragón. Con Castilla y León la relación fue bastante más fría. La clave está en la cadena de mando: la orden no respondía a París, respondía a Roma. Era una estructura eclesiástica con obediencia papal, un cuerpo militar sujeto a una autoridad supranacional que se movía por intereses propios.
Esa autonomía —la costumbre de ir por libre— es precisamente lo que explica su final. Su disolución bajo Felipe IV no la ejecutó una monarquía española, y el análisis que sostiene que el Estado francés nunca quiso una España fuerte añade que la colaboración templaria con los reinos ibéricos jamás se les perdonó.
¿Por qué se confunde el Temple con Francia?
Porque su fundación fue francesa, porque buena parte de sus miembros procedían de allí y porque quien acabó con la orden fue la corona francesa. Nada de eso convierte a la orden en un instrumento de la política exterior gala. Nació en Jerusalén, se financió con donaciones de toda Europa y operó con una independencia que incomodaba por igual a reyes y papas.
El análisis encalla justo ahí. Si Francia como Estado no existía en el siglo VIII, hablar de enemistad milenaria exige estirar el concepto hasta romperlo. Los agravios se rellenan con episodios muy posteriores: la batalla de Poitiers, Lepanto o la intervención napoleónica, que según la cifra que circula en la discusión costó un millón de muertos españoles a principios del XIX. Mezclar el Temple con Versalles es ordenar el armario histórico por colores.
Queda la pieza que nadie cierra: cómo encajar 700 años de frontera con el islam y una colaboración cruzada que nunca fue una alianza entre Estados, porque los Estados aún no habían nacido.