En el programa de ayer domingo, protagonizado por Peio Ruiz Cabestany en su recorrido en bicicleta de montaña por la Ruta de la Plata, aparece la escena del pastor que viene a decir que siempre se ha convivido con los lobos y que el hecho de acabar con ellos responde a la "comodidad y ganancia" de grandes ganaderos que no son ellos mismos los pastores... Dicho así, cómo no convencerán a quienes ven los toros de la barrera. En cuanto se saca a relucir el "lucro" de los agentes implicados, ya tienen ganado el relato. Se empieza apuntando a sectores para los cuales todo forma parte de un puro negocio en persona de grandes hacendados o de otras que lo hacen por afición o entretenimiento. Frente a las "matanzas" de animales, se alza la imagen hipnótica que nos presenta a personas sin ética ni sarracena que lo matan todo por su interés particular o por simple entretenimiento. La caza en general forma parte de esta estrategia, presentando a cazadores de palillo en boca o puro con una corte de personas a su servicio. Los Santos Inocentes, como otros relatos-mito, está en la mente de muchos para los que la caza es un claro crimen contra la humanidad animal... De esto ha habido y lo seguirá habiendo en este sector como en cualquier otro. Solo cambiará la extracción de los amos y los siervos. Toda propaganda es como una mirada en túnel que impide ver la dimensión de la realidad de lo que se habla. Se dejan fuera -discriminación positiva- los otros aspectos de esa realidad que son contrarios al éxito de sus intenciones. El equilibrio real queda fuera, en este caso el equilibrio hombre-naturaleza, vendiendo como verdadero equilibrio el propio de la naturaleza en el que el ser humano es un intruso. Se establece así una dualidad incompatible e insoluble para el que "otros hombres" tienen una solución que deja fuera al propio hombre pero no a ellos mismos, que parecen conocer perfectamente los ecosistemas, o que no hay un verdadero ecosistema que contemple la presencia humana.
El animalismo extremo no es tan extremo aunque lo sean algunas de sus acciones más celebradas o criticadas. Subyace detrás de tanto amor por la naturaleza; de tanta empatía, de tanta "consciencia" un subterráneo rechazo al hombre por el hombre. Rasquen un poco en el ensueño de tantos ecologistas concienciados y verán que pronto brota desde su aparente flema pacifista, una hostilidad hacia todo aquel que les lleve la contraria.
Es como todo -al parecer- una lucha contra el hombre que se aprovecha de nuestras debilidades y excesos para ir contra nosotros. A poco lo piensen con cierta profundidad, encontrarán las mismas claves o parecidas en todos los aspectos, muchos de los cuales ya son cotidianos. Todo se sustenta en un sistema de pensamiento y de creencias que quieren imponer de manera precipitada. Si se fijan, de las grandilocuentes declaraciones humanistas de antaño, se van podando brotes y luego ramas, dejando un tronco cada vez más esquelético. Me sorprende que el discurso de la "disidencia" abunde en apuntar en ese sentido, como si fueran personas que ven incumplidas las promesas que les hicieron. Iba de eso señores, de dar un caramelo para sacarte de "casa". ¿Qué fuerza pueden tener las quejas si todo el organismo trabaja en la misma dirección? Ninguna. Son quejas al aire de gente que no alcanza a comprender que lo que se está dirimiendo ahora mismo no son hechos aislados, porque no pueden serlo cuando todos apuntan en la misma dirección.
Hay algo perversamente teológico en todo esto.
El animalismo extremo no es tan extremo aunque lo sean algunas de sus acciones más celebradas o criticadas. Subyace detrás de tanto amor por la naturaleza; de tanta empatía, de tanta "consciencia" un subterráneo rechazo al hombre por el hombre. Rasquen un poco en el ensueño de tantos ecologistas concienciados y verán que pronto brota desde su aparente flema pacifista, una hostilidad hacia todo aquel que les lleve la contraria.
Es como todo -al parecer- una lucha contra el hombre que se aprovecha de nuestras debilidades y excesos para ir contra nosotros. A poco lo piensen con cierta profundidad, encontrarán las mismas claves o parecidas en todos los aspectos, muchos de los cuales ya son cotidianos. Todo se sustenta en un sistema de pensamiento y de creencias que quieren imponer de manera precipitada. Si se fijan, de las grandilocuentes declaraciones humanistas de antaño, se van podando brotes y luego ramas, dejando un tronco cada vez más esquelético. Me sorprende que el discurso de la "disidencia" abunde en apuntar en ese sentido, como si fueran personas que ven incumplidas las promesas que les hicieron. Iba de eso señores, de dar un caramelo para sacarte de "casa". ¿Qué fuerza pueden tener las quejas si todo el organismo trabaja en la misma dirección? Ninguna. Son quejas al aire de gente que no alcanza a comprender que lo que se está dirimiendo ahora mismo no son hechos aislados, porque no pueden serlo cuando todos apuntan en la misma dirección.
Hay algo perversamente teológico en todo esto.