Salario de convenio: el suelo que se ha vuelto techo
¿Se ha normalizado pagar el
salario de convenio y nunca se va a cambiar? El punto de partida lo plantea un forero que sostiene que en España el
90% de las ofertas se cierra con la cifra que marca el convenio sectorial y que no hay señales de que las empresas quieran moverse de ahí. Su previsión mira a 2035 y dibuja el mismo paisaje, con la empresa justificándose en que es lo que manda la ley. Con el
paro oficial en el 15% —cifra que manejan los propios participantes y que consideran bastante peor en la práctica—, el mínimo legal se percibe ya como el techo de buena parte de las nóminas.
El salario lo fija el paro, no el convenio
El argumento más repetido no tiene nada que ver con la ley: el sueldo lo pone la productividad y la oferta y la demanda de empleo. Un participante sostiene que con un
3% de desempleo, como dice que ocurre en Estados Unidos, quien manda es el trabajador: las empresas suben salarios y mejoran prestaciones para retenerlo. Con un 15% oficial en España, y una cola que en algunas ofertas se cuenta por miles de candidatos, el poder se invierte. Según su ejemplo, para una vacante discreta se presentan 3.000 personas: nadie va a subir un euro por encima de lo obligatorio.
Frente a ese diagnóstico hay quien pone el foco en que el mercado no reparte justicia por sí solo. Las empresas pequeñas viven de un cliente gordo ligado a contactos, no de competir. Para el trabajador sí hay competencia; para el que tiene enchufe, no. Y no todos parten con las mismas oportunidades, por mucho empeño que le pongan.
Ofertas con «sueldo a concretar»: qué esconde el anuncio
El retrato más gráfico del problema es un anuncio que un forero dice haber visto: ingeniero superior en electrónica, alemán nativo, inglés y francés valorados, más de cinco años abriendo cuentas en el mercado alemán, disponibilidad para viajar una semana al mes y para vivir en una zona alejada de las grandes capitales. Y en la línea del salario, la fórmula mágica:
sueldo a concretar.
La traducción que se da a esa expresión en el hilo es demoledora:
27.000 euros más kilometraje, y a presumir de estar por encima del convenio. Un puesto que exige dominio nativo de un idioma, experiencia comercial internacional y movilidad permanente se cierra con una cifra que no se atreve a publicarse.
El convenio como freno: la negociación colectiva a examen
Hay una corriente que señala directamente a la negociación colectiva sectorial, descrita por un forero como el segundo mayor lastre del mercado laboral español después de la jornada partida. Su tesis: sirve para que prosperar dentro de un sector sea una odisea y para que no exista un mercado real, sino
pasteleo. Los que mejor viven, se argumenta, son los que trabajan sin convenio o con uno tan malo que obliga a las empresas a ofrecer más para poder contratar.
También aparece la objeción legal clásica: no se puede pagar distinto a cada trabajador por bueno o malo que sea. Y el matiz de que el convenio es una herramienta útil cuando fija precios por un servicio, pero perjudicial cuando actúa de ancla para todo un sector.
Pagar el mínimo y exigir el máximo: cacahuetes y monos
Aquí el diagnóstico se vuelve conductual. Si pagas el mínimo, no puedes exigir el máximo. El resultado lo resume otro forero: trabajar en función de lo que se cobra, e incluso menos, mientras se busca otra cosa. Por su trabajo pasaron
once personas en año y medio y la mayoría se marchó; los que aguantaron, sin hacer gran cosa.
El patrón se repite en empresas que presumen de estar por encima del convenio para congelar el sueldo
diez años. Un caso lo explica con precisión: el incremento anual que marca el convenio se incorpora al salario base y se resta del plus voluntario, de modo que el trabajador no ve un euro más. Otro describe a un jefe que cambia de coche de 120.000 euros cada cuatro años, pero que no encuentra el momento de sentarse a negociar una subida de 5.000.
¿Es el convenio la causa o el síntoma?
La respuesta no es unánime. Una parte sostiene que el empresario español es exactamente igual que el trabajador español: los mismos genes, la misma forma de pensar, solo distinta posición en la estructura. Mientras no se acepte eso, se argumenta, no se entiende por qué reacciona como reacciona.
La otra mitad del cuadro es el peso del sector público. Según un forero, el
52% del PIB pasa por el Estado y el 48% restante, la empresa privada, tiene muchas veces al Estado como cliente. El resultado sería una economía extractiva circular, no productiva: lo que ingresa el dueño sale de los impuestos de todos, vía licitaciones, observatorios y chiringuitos varios.
Qué se puede hacer cuando el suelo es el techo
Las recetas son de sentido común y de escaso margen. La primera, negociar al alza: nada impide pagar por encima del convenio, lo que lo impide es ser fácilmente sustituible. La segunda, ajustar el esfuerzo: el mínimo por el mínimo, y si aprietan, baja. La tercera, la vía más liberal: que sea el mercado quien fije el precio, con el aviso de que los convenios de miseria también sirven para contener el IPC a costa de sectores enteros.
Y una advertencia sobre el escenario que viene: si el convenio pierde peso y todo se va al salario mínimo, el techo se instala un escalón más abajo. El socialismo no sale gratis, dicen los más cáusticos.
Al final todo se reduce a una frase que un jefe repite y sus empleados comprueban cada mes: si pagas cacahuetes, solo consigues monos. Nadie ha encontrado todavía la forma de que el convenio deje de marcar el techo. Si en 2035 alguien vuelve a preguntarlo, la respuesta seguirá llegando en la nómina del día 1.