Muere Jimmy Giménez-Arnau, 80 años de puro desparpajo
Con 80 años se ha ido Jimmy Giménez-Arnau, y el alivio compite con la nostalgia en los mentideros. Yerno de Francisco Franco por su matrimonio con la nieta María del Mar («Merry»), el periodista y escritor deja tras de sí una leyenda de vividor, corresponsal de guerra y cofundador de la mítica revista «Hermano Lobo». Su muerte, coincidiendo con la de Luis Ortiz, marido de Gunilla von Bismarck, ha disparado el comentario socarrón: entre los dos no suman un día cotizado.
El yerno que llegó desde el barco
Giménez-Arnau nació en un barco, según recordó alguno. Su padre fue diplomático y jefe de prensa de Franco durante la Guerra Civil; su abuelo, diputado con Alfonso XIII. Estudió Derecho y Periodismo, fue corresponsal en África y cofundó «Hermano Lobo» bajo el seudónimo Jimmy Corso. Su libro sobre la familia Franco, donde cargaba contra el marqués de Villaverde, se convirtió en referencia y hoy se cotiza a 200 euros en Amazon. Pero su fama la cimentó en la televisión: tertulias, excesos, y aquella mítica foto donde la vedette Duval le arreó un zapatazo mientras Coll, Ozores y Ussía observaban.
Entre la admiración y el escarnio
Las reacciones a su muerte oscilan entre el respeto a su oficio y la condena moral. Hay quien lo retrata como un «parásito caradura» que se vanagloriaba de sus infidelidades, presumía de haberse beneficiado a mujeres casadas y hasta alardeó de romper dientes a un desconocido. Fue detenido por posesión de cocaína —«el camello de Telecinco», le llamaron— y su hija no quería verle. Otros, en cambio, reivindican al periodista que fundó su propia emisora de radio y jugó en los juveniles del Real Madrid. «Tampoco era un muerto de hambre», resumen, con la solvencia de quien sabe que el curriculum vitae de un transgresor no siempre cabe en una casilla.
El legado de un «enfant terrible» vacunado hasta de la rabia
En una entrevista de 2022, Giménez-Arnau declaró que se vacunaba de todo, incluida la rabia, con tal de no pillar el covid. La ironía no falta al recordar que alguno de los que ahora le lloran lo acusaron de «grafenado» por la vacuna. Sea como sea, el personaje se fue como vivió: sin pasar desapercibido. DEP, o no.
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