El PSOE convoca una marcha en Madrid en defensa de Sánchez
¿Qué pasa cuando el poder convoca a la calle para defenderse de un juez? El sábado hay manifestación en Madrid. No la convoca la oposición, ni un sindicato, ni una plataforma ciudadana. La convoca el partido que gobierna, para respaldar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, después de que este anunciara que se toma unos días para decidir si continúa en el cargo tras la investigación abierta sobre su esposa, Begoña Gómez. La fecha, la hora y el lugar ya están cerrados. Y el cartel no deja dudas:
defensa del presidente frente a lo que el PSOE llama «cultura del odio».
La convocatoria ha caído como un jarro de agua fría en buena parte del país. No por el hecho de manifestarse, que es un derecho, sino por quién lo hace y para qué.
Un Gobierno manifestándose a favor de sí mismo es una escena que hasta ahora se veía en otros países, no en el centro de Madrid. La pregunta que se hace mucha gente es sencilla: si el poder convoca a sus votantes para presionar a un juez, ¿dónde queda la separación de poderes?
Qué se sabe de la manifestación del sábado en Madrid
La convocatoria está confirmada para el sábado por la mañana en Madrid. El PSOE la ha presentado como un acto de «decencia democrática» y de defensa de la legitimidad del Gobierno frente a lo que considera una campaña de acoso. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha llamado públicamente a la movilización con un mensaje que se ha replicado en cadena: «No nos podemos quedar quietos».
El argumento oficial es que la investigación sobre Begoña Gómez es una operación política sin base jurídica. El argumento crítico es que un partido en el Gobierno no convoca manifestaciones contra un juez, sino que recurre a los tribunales. Entre esos dos relatos se mueve toda la discusión.
Por qué se compara esta marcha con las manifestaciones del franquismo
La comparación más repetida en las últimas horas es histórica. Varios analistas han recordado las manifestaciones «espontáneas» que se organizaban durante el franquismo ante la embajada británica para reclamar Gibraltar. La anécdota que circula es que el embajador británico llamó al ministro del Interior para quejarse y este le respondió que le mandaría más policías. El británico contestó con sorna que se conformaba con que le mandase menos manifestantes.
El paralelismo es evidente: un Gobierno que se manifiesta a favor de sí mismo y, de paso, contra el poder judicial y la prensa. La diferencia es que entonces no había urnas que validaran nada.
Ahora sí. Y eso es lo que hace más incómoda la escena para una parte del propio electorado socialista.
Quién va a la manifestación y quién no
Hay un dato que descoloca a los organizadores: buena parte del movimiento asociativo y sindical que tradicionalmente respalda al PSOE no ha confirmado su asistencia. CCOO de Madrid ha convocado su propio acto para el domingo, un día después, en el Auditorio Marcelino Camacho, bajo el lema de la «decencia democrática». Es decir, se desmarca del sábado sin desmarcarse del discurso.
El cálculo que circula entre los críticos es que la manifestación será pequeña. Se habla de «unos cientos de personas» como escenario más probable, con la vista puesta en si la cifra real desborda o confirma esa previsión. La convocatoria de autobuses desde distintas provincias es uno de los puntos que más suspicacias ha levantado: hay quien pide que se publiquen los contratos para ver con cuánta antelación se alquilaron.
El trasfondo económico: quién paga y a quién beneficia
Más allá del ruido político, hay una lectura económica que conviene no perder de vista. La movilización se produce en un contexto en el que el Gobierno ha anunciado su intención de seguir adelante con su agenda legislativa, incluida la amnistía. Y en el que las encuestas internas manejan escenarios de pérdida de apoyo electoral.
La tesis que sostienen algunos analistas es que la manifestación no busca convencer a nadie, sino
activar a los ya convencidos y crear un relato de resistencia que sirva para justificar decisiones posteriores. Si el sábado salen pocos, el relato será que la derecha mediática ha conseguido amedrentar a la gente. Si salen muchos, el relato será que el pueblo está con el presidente. En ambos casos, el Gobierno gana algo.
Qué puede pasar el sábado
La previsión meteorológica apunta a lluvia en Madrid, lo que puede reducir aún más la asistencia. Los organizadores han pedido a los asistentes que lleven paraguas y que no respondan a provocaciones. La policía ha anunciado un dispositivo de seguridad que incluye controles en los accesos a la zona.
Lo que nadie sabe es si la manifestación servirá para algo más que para llenar un par de titulares. El presidente sigue sin anunciar su decisión. El juez sigue investigando. Y el país sigue esperando a ver qué pasa el lunes.
Al final, la manifestación del sábado será lo que siempre son estas cosas: una foto. Unos verán en ella la prueba de que el pueblo está con Sánchez. Otros verán la prueba de que el Gobierno está solo. Y los dos tendrán razón, porque la misma foto se puede leer de dos maneras. Lo único seguro es que el sábado llueve en Madrid.
Y no, no es una metáfora.