Maersk abandona Rusia y el comercio marítimo se reordena
¿Deja de llegar Aliexpress a Rusia? La retirada de Maersk del mercado ruso, en el contexto de las sanciones tras la invasión de Ucrania, ha abierto un debate sobre si el gigante del comercio electrónico chino corta el suministro a los compradores rusos. La respuesta corta es que no. La respuesta larga es que el mapa logístico se está redibujando a toda velocidad, y que quien pierde no es precisamente Moscú.
Rusia es
uno de los principales mercados de Aliexpress, según se subraya en la discusión. Los comentarios de producto en la plataforma están, literalmente, llenos de compradores rusos. La retirada de la naviera danesa es un golpe en la espinilla, pero no en la yugular:
siempre habrá otras compañías dispuestas a cubrir el hueco, y el hueco es jugoso.
¿Por qué Maersk se va de Rusia y qué implica?
Maersk deja de operar en Rusia. Eso es un hecho. Lo que no es un hecho es que eso deje a los rusos sin sus paquetes. La naviera danesa manejaba una parte del tráfico marítimo, pero el comercio entre China y Rusia tiene otras vías que no dependen de una sola empresa europea.
El cálculo que se hace en el análisis es frío:
el trozo de pastel que deja Maersk tardará cero coma en ser ocupado por otro operador, y encima con mayor margen de beneficio, porque el precio de la operación y los riesgos cambian. Las sanciones siempre generan negocios alternativos. ¿O alguien cree que Irán se ha hundido por estar excluido de las compras de petróleo?
Hay un detalle geográfico que se repite con sorna:
entre China y Rusia no hay mar. Son vecinos por tierra. La estepa de Mongolia hace las veces de mar de tierra, y por ahí van los trenes.
El tren que no se para: la ruta ferroviaria China-Rusia
La guerra en Ucrania ha paralizado la nueva Ruta de la Seda china y ha congestionado la mayor fábrica del mundo, según la información que se cita. El gigante asiático se ha visto obligado a aumentar sus exportaciones por mar, más caras y más lentas, para dar salida a su producción. Ese es el titular que se comparte.
Pero ahí está el matiz que desmonta el titular:
Rusia tiene incontables conexiones ferroviarias con China para transportar mercancía que no dependen de ese tren en concreto. La ruta entre Rusia y China sigue operativa. Otra cosa es que ya no llegue a Chamartín, lo cual es lógico y evidente.
A quienes no les llega por tren es a los europeos. A los españoles, principalmente. Los pequeños paquetes de Aliexpress llegan normalmente por avión a España. El tren que se ha cortado es el que traía mercancía a Europa occidental, no el que va de China a Rusia.
¿Quién paga realmente las sanciones?
Aquí el análisis se vuelve incómodo. Mientras a los rusos les sigue llegando el Aliexpress, en España las botellas de aceite de girasol están a
4 euros y la gasolina a
2 euros. El que se queja de que Occidente toma partido en una guerra que ni le va ni le viene sostiene que se ha vendido a los ciudadanos para proteger intereses extranjeros.
El argumento que más recorrido tiene es el de los efectos secundarios. Cuando una empresa deja de operar en un país, no solo pierde el mercado:
si Rusia suponía el 10% de su mercado, entre el 5% y el 15% de su personal del área de transporte va a la calle. El despido no se queda en Moscú. Aterriza en la oficina de al lado.
La otra cara es la del coste energético. Un país que no pertenece ni a la UE ni a la OTAN es invadido por otro que tampoco. Europa, en su celo, embarga cuentas y sanciona a su principal suministrador de energía, fertilizantes y grano. El resultado: los precios se disparan aquí, no allí.
Kaliningrado y el pulso de los exclaves
El caso de Kaliningrado se usa como prueba de cargo. El enclave ruso, con
un millón de residentes, está atrapado sin salida por las sanciones, con productos hasta cinco veces más caros que en Polonia y autoridades repartiendo tierras para que la gente plante sus propias patatas. La ironía del que lo cuenta es que terminarán comiéndose al abuelo, como en Leningrado.
El contraargumento es que Maersk conoce perfectamente el terreno. El riesgo político con los dirigentes europeos es mayor que retirarse de un mercado marginal y complicado de manejar: barrera de idioma, cambiaria, la legendaria fiabilidad y puntualidad de las empresas rusas. Y los puertos rusos son propiedad de operadores asiáticos.
China, el árbitro que no quiere serlo
La pregunta de fondo es qué hará China. Una parte del análisis sostiene que China no va a permitir que Estados Unidos se haga con la hegemonía mundial, más cuando ellos son los siguientes en la lista. Otra parte avisa de que China podría dar la espalda a Rusia y clavar el cuchillo por detrás.
El dato que se lanza para dimensionar el asunto:
China fabrica el 90% de los medicamentos que se consumen en la Tierra y casi todos los paneles solares. Si Occidente quiere cerrar el comercio global, no solo dejará de comerciar con China, sino con Corea y con Asia en general. Eso supone retroceder décadas de progreso.
Lo que nadie discute es que el comercio se está reordenando. China no es tan dependiente de exportar, no es tan barata como era y Occidente ha entendido que no puede depender de ella en sectores estratégicos. Un operario medio ya cuesta más en Shenzhen que en Rumanía. El cambio de tendencia es real; el bloqueo total, no.
Al final, la pregunta sigue en pie: si el Aliexpress les sigue llegando a los rusos y aquí pagamos la gasolina a dos euros, ¿quién está ganando esta guerra comercial?