Scott Ritter y el cerco de 17.000 soldados: la gran afirmación que no confirma ningún parte
Si el cerco de 17.000 soldados ucranianos y de la OTAN fuese real, el Estado Mayor de Kiev no publicaría un parte de guerra: estaría viviendo una dimisión en cadena y el mundo hablaría de otra cosa. Esa es la primera paradoja que surge al analizar la última intervención de Scott Ritter, ex oficial de inteligencia de los Marines, que asegura que una ofensiva rusa ha dejado rodeados a miles de efectivos justo cuando llega el crudo invierno.
Ritter no es un analista cualquiera. Fue inspector de armas de la ONU y marine de verdad, algo que ni sus críticos le discuten. Pero desde un incidente con una menor en 2001, del que no fue condenado, pasó de inspector a altavoz del Kremlin, y eso se nota en cada intervención. La pregunta es si su información sobre el terreno sigue siendo fiable o si, como sostienen algunos, se ha convertido en propaganda de guerra.
El parte de guerra ucraniano no confirma el cerco
Quienes defienden el análisis de Ritter señalan que los partes oficiales ucranianos, con su lenguaje de «mantener la defensa en condiciones difíciles», son una confirmación implícita del cerco. Pero esa lectura tiene un problema: ningún Estado Mayor publica «estamos rodeados, mandad víveres y munición». Los partes militares existen para mantener la moral, no para dar información sensible al enemigo.
Es más, el mismo argumento se ha usado en el bando contrario con la «caldera de Pokrovsk», anunciada desde el verano y nunca confirmada. El síndrome de ver lo que uno quiere ver funciona en los dos sentidos.
Ocho kilómetros de Kramatorsk: el clásico que ya cansa
El vídeo que difunde Ritter asegura que las fuerzas rusas están a 8 kilómetros de Kramatorsk y que esa sería la primera ciudad asaltada, seguida de Sloviansk. Pero esa distancia se lleva repitiendo desde marzo de 2022, cuando los rusos estaban a las puertas y no entraron. Y luego en 2023, y en 2024.
Kramatorsk no es Bajmut. Lleva diez años fortificada desde 2014, con líneas defensivas reales. Tomarla sería un logro táctico serio, pero de ahí a Sloviansk hay 25 kilómetros de terreno que los rusos han mordido a costa de meses y decenas de miles de bajas. La distancia al objetivo es lo de menos: lo que importa es si controlan las alturas, la logística y si tienen capacidad de cerrar el cerco sin dejar un saliente vulnerable.
Con el invierno encima, la pregunta queda abierta: ¿será Kramatorsk el próximo escenario de una guerra que no termina? ¿O estamos ante otro episodio de propaganda que se desinfla cuando llega el frío?