rafabogado
Será en Octubre
A continuación, el Evangelio de hoy jueves y las lecturas:
“ Venid a mí ”
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6
Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una progenitora y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.
Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.
Salmo de hoy
Salmo 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19 R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Descendiente más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Descendiente y aquel a quien el Descendiente se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de Sor Aroa González Solís Pampliega, del Monasterio de Santa Catalina de Siena. Alcalá de Henares. (Madrid).
Reflexión del Evangelio de hoy
Vivir de la gracia y caminar con Jesús
Santa Teresa de Jesús nos enseña que la vida cristiana no consiste, ante todo, en hacer muchas cosas por Dios, sino en dejarse encontrar por Él. Su camino fue una aventura de amistad con Cristo: aprender a estar con Él, reconocer su presencia y abandonarse a su acción incluso en medio de muchas pruebas. En ella descubrimos una verdad profundamente evangélica: todo comienza en Dios, que se da gratuitamente, y todo madura y crece cuando aprendemos a recibirlo.La sabiduría que nace de dejarse enseñar por Dios
El libro del Eclesiástico presenta la sabiduría como una mujer que sale al encuentro del que busca a Dios. No se trata simplemente de adquirir conocimientos religiosos, sino de entrar en una relación viva con Dios que transforma la existencia.Hay aquí una clave preciosa para nuestra vida espiritual: la sabiduría no se conquista como un mérito; se recibe. Dios sale primero a nuestro encuentro y nos ofrece su Palabra, su compañía y su gracia. Se encarna en Jesucristo para caminar a nuestro lado. Esta es la lógica de la gratuidad: antes de que nosotros hagamos algo por Dios, Dios ya ha hecho todo por nosotros; Jesús entrega su vida para que nosotros tengamos vida, y vida abundante.
San Pablo lo expresa así: «¿Qué tienes que no hayas recibido?». Todo es don. También nuestra fe, el deseo de amar y el hambre de santidad son gracia que Él despierta en nosotros.
Por eso, la primera actitud del discípulo no es el esfuerzo, sino la escucha. Esto significa volver a nuestra identidad más profunda: somos descendientes amados antes de ser trabajadores del Reino. No tenemos que ganarnos el amor de Dios; podemos vivir desde el amor que ya hemos recibido por ser sus descendientes.
Santa Teresa comprendió esto profundamente. En su vida fue aprendiendo a pasar del hacer al estar con Jesús, del control al abandono, de la autosuficiencia a la confianza.
Quizá hoy el Señor nos pregunta: ¿Estoy intentando demostrarle a Dios mi valor o estoy permitiendo que Él me revele quién soy para Él? Atrévete a preguntarle en este ratito de oración: «Jesús, ¿quién soy yo para ti? ¿Qué mentiras he creído de mi relación contigo? Jesús, muéstrame la verdad sobre mí mismo y sobre lo que Tú piensas de mí».
La sabiduría comienza cuando dejamos que Jesús nos revele y enseñe a vivir como descendientes.
El descanso que nace de un corazón entregado
Estas palabras de Jesús revelan algo esencial del corazón de Dios: el que cree que puede con todo puede tener dificultad para reconocer que necesita a Dios; sin embargo, Dios sostiene al que está cansado y necesita recibir.Jesús no promete una vida sin cargas. Dice algo más profundo: «Cargad con mi yugo». El cristiano aprende a llevar sus responsabilidades, luchas y sufrimientos con Cristo y desde Cristo. Su yugo no aplasta porque no lo llevamos solos.
San Agustín escribió: «Ama y haz lo que quieras». Cuando el corazón ha sido alcanzado por el amor de Dios, la obediencia deja de ser una carga exterior y se convierte en respuesta de amor.
Jesús no dice: «Venid cuando estéis fuertes, cuando hayáis cambiado, cuando seáis dignos». Dice simplemente: «Venid a mí». La iniciativa es suya. La gracia precede nuestra respuesta.
Si queremos que nuestra vida cristiana dé fruto, primero se tiene que dar el encuentro con Jesús, después viene la transformación y, finalmente, la misión. No somos enviados a anunciar el Reino para conseguir que Dios nos ame; somos enviados porque hemos experimentado que ya somos amados. La misión nace de la intimidad.
Santa Teresa sabía que la oración era, ante todo, amistad: permanecer muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama. Desde ahí podemos entregar a Jesús nuestros cansancios, heridas, exigencias y miedos.
Cuando en la vida te veas cansado y agobiado y vengan recuerdos dolorosos, pregúntale a Jesús: «Jesús, ¿dónde estabas Tú en ese momento doloroso de mi vida?». Y pide el don de poder perdonar de corazón a quien te hirió, porque eso te liberará de un peso tremendo.
Tal vez hoy necesitamos dejar de intentar sostener nuestra vida con nuestras propias fuerzas y escuchar nuevamente su invitación: «Venid a mí». No se trata de escapar de la cruz, sino de descubrir que Cristo está en la cruz y podemos descansar en Él.
Oración
Santa Teresa de Jesús, intercede por nosotros para que aprendamos a acudir a Jesús con todo lo que somos, sin máscaras ni pretensiones. Pídele que sane nuestras heridas, libere nuestro corazón de aquello que nos pesa y nos enseñe el santo abandono. Que el Espíritu Santo nos haga experimentar profundamente que somos descendientes amados y que, descansando en Cristo, podamos entregar gratuitamente nuestra vida al servicio de su Reino. Amén.Fuente: Venid a mí
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
