Sueldos bajos, coches a 46.500€ y vetos al coche viejo
El coche propio se está convirtiendo en un lujo. No de capricho, sino de supervivencia: quien lo necesita para trabajar lo paga cada vez más caro, y quien ya tiene uno se lo encuentra vetado en un número creciente de calles. Los tres frentes de la tormenta son
salarios que no suben, coches nuevos por las nubes y zonas de bajas emisiones que expulsan a los vehículos viejos de los centros urbanos. Conviene un matiz antes de dramatizar: el veto no es general, se concentra en determinadas áreas, y hay quien defiende que el coche usado sigue siendo la opción más sensata.
El coche del año en Europa arranca en 46.500€
El
KIA EV6, nombrado coche del año en Europa en 2022, es un eléctrico cuya configuración básica parte de
46.500€. Ese es el listón del presente. Frente a él circula una tesis incómoda: que el coche barato es perfectamente posible. Un utilitario de 75 CV con aire acondicionado, airbag, ABS y dirección asistida podría venderse por
6.000€. Solo le falta que alguien quiera fabricarlo y que exista apoyo institucional. Ninguna de las dos cosas, de momento, se da.
El mercado de segunda mano tampoco salva la papeleta. Un híbrido de corte familiar con cerca del medio millón de kilómetros a la espalda arranca ya en
4.000€. Lo viejo y amortizado no está barato: está menos caro. La conclusión que se repite es que, si nada cambia,
el coche será cosa de rentas medias-altas.
¿Por qué mi coche viejo no puede entrar en el centro?
Porque las zonas de bajas emisiones, las ZBE que las ciudades despliegan, dejan fuera a los vehículos sin etiqueta ambiental. La salida con más tradición es la catalogación como vehículo histórico, y ahí las versiones chocan de plano. Una sostiene que basta con que el coche tenga
30 años y supere el trámite autonómico que resuelven las direcciones generales de industria. Otra asegura que el criterio se ha endurecido hasta exigir que el vehículo sea una pieza única, de serie, inscrita en el Inventario General de Bienes Muebles y avalada por la pertenencia a un club de clásicos.
El reglamento que debía abaratar el proceso acumula más de un año de retrasos: que si sale a principios de año, que si se va a verano, que si a final de año, que si a primavera. La última previsión lo situaba a principios de 2024. Los cálculos que circulan hablan de un coste mínimo de
500€ solo para intentarlo, una cifra que desanima a quien compró su coche por
1.200€. Mientras tanto, las cámaras de las ZBE no esperan a ninguna norma: las multas llegan igual, incluso cuando una obra obliga a desviarse por una vía de servicio.
Cuánto cuesta de verdad mantener un coche viejo
El desglose desmonta el tópico del pozo sin fondo. Para un utilitario de gasolina sencillo y bien mantenido, el seguro puede quedarse en
200€ al año, el impuesto de circulación en
60€ y la ITV con su revisión en
100-150€. En total, entre 360 y 410 euros anuales. La comparación escuece: alquilar un coche por minutos sale más caro en dos o tres usos que mantener el propio durante todo el año, y a eso se añade el riesgo de que cualquier golpe sin seguro a todo riesgo se pague del bolsillo.
Moto en 35 minutos, coche en 50, transporte público en 1:20
El argumento de que el transporte público basta se desmorona al cronometrar un trayecto real. Para cubrir 50 kilómetros hasta la entrada de Barcelona, la moto tarda
30-35 minutos aparcando en la puerta, el coche
50 minutos con plaza al lado, y el transporte público entre
1 hora 20 y 1 hora 40, sin contar el desplazamiento previo hasta una estación situada en otro municipio. Cuando la última milla exige otro vehículo, la alternativa deja de serlo.
El patinete, la alternativa que se prohíbe
El patinete eléctrico cubría ese hueco para mucha gente: quien renunciaba al coche encontraba en él una forma barata de enlazar con el tren. Su prohibición en el transporte público se lee como un golpe más a la movilidad de quien menos gana. Y sobre el fondo político planea una cita difundida en redes, atribuida al ministro Óscar Puente, según la cual
«la libertad es un concepto que tiene límites». Muchos conductores la interpretaron como una declaración de intenciones.
Sobre el criterio ambiental también hay ironía. Según el sistema de etiquetas, un todocamino de 494 CV resultaría menos contaminante que un compacto de 75 CV, un resultado que a buena parte de los conductores les parece más recaudatorio que ecológico.
¿Cuánto hay que ganar para no ser pobre?
Una corriente del análisis sostiene que, con los precios actuales, haría falta ingresar cerca de
3.000€ netos al mes para no ser pobre, y que por debajo de
2.000€ se roza la indigencia. Es una estimación gruesa, sin base estadística, pero dibuja el terreno. Sobre él se proyecta el modelo que se anuncia para Europa: coches eléctricos de alquiler por minutos, como los patinetes que se desbloquean con el móvil. La sentencia que resume ese futuro es cínica y ya célebre:
no tendrás nada y serás feliz.
Con estos mimbres, la previsión más repetida es que el parque automovilístico envejezca como nunca (menos ventas nuevas, más años por coche) y que el coche nuevo acabe siendo patrimonio de las rentas altas. Si esa tendencia se acelerará hasta convertir la conducción en un servicio de alquiler sin propiedad es algo que aún no puede asegurarse. Lo que sí parece probable es que la etiqueta siga pesando más que el bolsillo de quien tiene que ir a trabajar.