El mapa secreto que llevó a Magallanes al estrecho
En enero de 1518, Fernando de Magallanes atravesaba España desde Sevilla hasta Valladolid para venderle a Carlos V una ruta que casi nadie creía posible: llegar a las Molucas navegando hacia el oeste. Venía de casarse con Beatriz Barbosa, hija de su anfitrión portugués, y arrastraba una convicción que no parecía compartir el resto de la expedición. No sabemos qué mapa llevaba en la cabeza. Sí sabemos lo que dejó escrito Antonio Pigafetta en su crónica del primer viaje alrededor del globo: la tripulación estaba tan persuadida de que aquel canal no tenía salida al oeste que nadie lo habría buscado «sin los grandes conocimientos del comandante en jefe».
De ahí nace la pregunta que parte en dos cualquier conversación sobre la expedición: ¿sabía Magallanes que existía el estrecho o simplemente lo intuyó?
¿Qué prueba hay de que Magallanes viera un mapa del estrecho?
Pigafetta sostiene que Magallanes había visto el paso dibujado en un mapa que el rey de Portugal guardaba en su tesorería, elaborado por un tal Martín de Bohemia, «muy excelente cosmógrafo». El argumento de fondo es de comportamiento: un capitán que acababa de sufrir un motín en dos de sus naves no internaría dos barcos en un canal desconocido durante dos días, con tormenta y bajos sin explorar, si no estuviera convencido de que allí había algo.
A eso se agarra la lectura más favorable al navegante. Para la contraria, la seguridad era puro teatro: una garantía fabricada para que la tripulación no diera media vuelta. Como el paso terminó apareciendo, el resultado legitima a posteriori cualquiera de las dos hipótesis, que es el problema clásico de juzgar decisiones con el resultado delante.
¿Quién era Martín de Bohemia?
Aquí el relato se rompe. Martín de Bohemia es la castellanización de Martin Behaim, geógrafo y comerciante alemán afincado en Portugal, autor del globo terráqueo más antiguo que se conserva, fechado en 1492. Y en ese globo no hay ni rastro del continente americano. La referencia no cuadra. «El único mapa que veo es su globo terráqueo de 1492. En el que no aparece rastro del continente americano», resume el escepticismo.
La explicación más repetida es que Magallanes dio a Pigafetta información falsa sobre la fuente, o que el mapa que había visto no era ese. Pigafetta, según se sostiene en el hilo, se pasa la narración «echando flores a Magallanes», exagerando claramente.
La cartografía envenenada de los portugueses
Buena parte del misterio se aclara si se acepta que los mapas de la época eran instrumentos de guerra económica. El Padrão Real portugués era secreto de Estado. El planisferio de Diogo Ribeiro, de 1529, no llegó hasta diez años después de la expedición. Del litoral sudamericano por debajo de Brasil no existía conocimiento oficial.
Hay quien apunta más lejos: que los portugueses fabricaron mapas deliberadamente falseados, con una América alargada e infranqueable, para disuadir a Castilla de entrar en su zona de influencia. Y hay una pista, apuntada en el debate, que no encaja con el desconocimiento general: el planisferio de Schöner de 1520 representa el paso atlántico-pacífico con claridad, y el de Waldseemüller-Ringmann de 1507 ya dibujaría el Pacífico seis años antes de que Balboa lo avistara. Alguien tenía información antes de que hubiera expedición que la justificara.
El estrecho contra el cabo de Hornos: la ruta imposible
Si algo demuestra el paso del tiempo es que aquel canal era la única puerta razonable. La ruta por el cabo de Hornos no era mejor: entra en latitudes árticas, suma corrientes y oleaje, y no se dobló hasta 1616, de la mano de los holandeses. El estrecho, en cambio, permitía navegación de cabotaje en una época en la que calcular latitudes y longitudes era difícil.
En 1800 todavía se discutía cuál de las dos rutas era preferible. Eso debería rebajar bastante el tono de cualquier juicio retrospectivo sobre la decisión de internarse en 1520.
Los pilotos portugueses y el extraño viaje por la Insulindia
El punto más oscuro no es el estrecho, sino lo que vino después. Según se sostiene en el debate, la expedición cruzó el Pacífico en cuatro meses y tardó el doble en cubrir un tramo mucho más corto entre Filipinas y las Molucas, bajo el mando de los capitanes portugueses que Magallanes había colocado al frente. Media docena de meses dando vueltas sin rumbo claro.
La sospecha de que los intereses de Portugal y Venecia iban de la mano en aquella empresa nunca ha dejado de sobrevolar el relato. Sin prueba documental, es exactamente eso: una sospecha.
Queda el dato que descoloca. El globo de Behaim, el cosmógrafo que Pigafetta cita como fuente, se terminó en 1492 y dibuja un mundo sin América. Si el estrecho estaba en algún papel, no era en ese.