La 5070 Ti se vende en Wildberries: las sanciones, en el alambre
En plena guerra de Ucrania, y con unas sanciones occidentales diseñadas para dejar a Rusia sin semiconductores de última generación, una tarjeta gráfica Nvidia RTX 5070 Ti aparece a la venta en Wildberries, el mayor marketplace del país. La compra es real: alguien recibió la caja, la abrió y la mostró en un unboxing que ha dado pie a todo tipo de comentarios. La pregunta no es si el pedido llegó, sino cómo ha llegado.
Las sanciones y su coladera de agujeros
El caso de la 5070 Ti es la punta del iceberg de un comercio paralelo que hace tiempo que los organismos oficiales no logran contener. La vía más habitual es la reexportación: terceros países compran material electrónico de Occidente y lo revenden a intermediarios rusos, a menudo con certificaciones falsas o simplemente sin demasiadas preguntas. Wildberries, con decenas de millones de pedidos al día, es el escaparate perfecto. La pregunta salta sola: ¿cómo es posible? ¿Las sanciones no funcionan?
La respuesta corta es que no del todo. Los controles de exportación sobre tecnología de doble uso se han ido endureciendo, pero la cadena de suministro global es demasiado larga y opaca para vigilar cada recoveco. Que una GPU de gama alta se anuncie abiertamente en el principal portal ruso de comercio electrónico sugiere que el hueco ya no es un goteo, sino una autopista.
El guionista español que se fue a Rusia y volvió crítico
La anécdota humana la pone un antiguo guionista de Mediaset, Juanjo Prego, que perdió su empleo en la crisis y acabó dando clases de español en Rusia. A su regreso, se ha convertido en uno de los críticos más duros del país que le dio una segunda oportunidad. Para algunos, su actitud es la de quien muerde la mano que le dio de comer; para otros, una denuncia legítima. Su sombra planea sobre una discusión que mezcla el enfado con la guerra y el sarcasmo con la constatación de que la economía rusa sigue comprando tecnología occidental.
Mientras tanto, la RTX 5070 Ti sigue a la venta. Y con ella, la pregunta incómoda: si los rusos pueden hacerse con el último hardware gaming, ¿qué están consiguiendo realmente las sanciones?