El Mundial más extraño: tres sedes, fronteras cerradas y el fantasma de la Copa África
El Mundial de fútbol que se juega por primera vez en tres países —Estados Unidos, México y Canadá— acumula rarezas que van más allá del césped. La más llamativa: el país que acoge más partidos, EE UU, ha negado la entrada a la selección de Irán, con quien mantiene un conflicto abierto. Nunca antes un anfitrión había vetado a una selección clasificada por razones diplomáticas.
Pero no es la única singularidad. La organización ha introducido pausas de hidratación que algunos analistas consideran una «normalización de la emergencia climática», y el control fronterizo se ha endurecido hasta el punto de que algún jugador habría tenido problemas para cruzar. En los pasillos del torneo, sin embargo, lo que más se comenta es el peso creciente de los futbolistas de origen africano en las selecciones europeas, un fenómeno que algunos denominan, con ironía, «la Copa África».
La sombra del Mundial 2030, que España coorganizará con Portugal y Marruecos, planea sobre la conversación. Entonces se dará la primera cita intercontinental y, según ciertas voces, se abrirá la puerta a una oleada migratoria ligada al fútbol. «Entrarán todo dios y cualquiera podrá nacionalizarse solo por entrar a un estadio», se escucha en los análisis más pesimistas. El fútbol, una vez más, es el espejo de tensiones que van mucho más allá del deporte.