El Mundial 2026 fue un monólogo de EEUU: ¿repetirá Marruecos en 2030?
¿Por qué la FIFA vendió un Mundial repartido entre tres países si al final todos los partidos se jugaron en Estados Unidos? La respuesta es simple: el dinero y la geopolítica mandan. Mientras Canadá y México ponían nombre, EEUU se quedó con cada partido, dejando la promesa de la triple sede en papel mojado. Ahora, con el Mundial 2030 asignado a España, Portugal y Marruecos, el debate sobre quién llevará la voz cantante está servido.
El precedente de 2026: promesas incumplidas
La candidatura conjunta de Estados Unidos, Canadá y México siempre sonó bien sobre el papel. Sin embargo, la realidad fue tozuda: ni un solo encuentro se disputó fuera del territorio estadounidense. El turismo, que se preveía repartido, se concentró en las ciudades-sede de EEUU. Algunos apuntan a que la política arancelaria de Trump y las tensiones con Irán en 2025 dejaron la ocupación hotelera por los suelos –apenas un 15% de las reservas hoteleras de la FIFA se materializaron–, lo que habría llevado a la organización a centralizar todo para garantizar ingresos.
2030: la batalla por la final
Con el reparto entre España, Portugal y Marruecos, las dudas son inevitables. ¿Quién se quedará con la final? Hay dos corrientes. Una sostiene que Marruecos, aprovechando el vacío de poder tras la salida de Rubiales de la Federación Española, ha tejido alianzas con federaciones de Asia, África y EEUU para llevarse el partido decisivo a Casablanca. La otra, basada en la pura capacidad logística, defiende que Madrid, con su tamaño, red de metro, aeropuerto internacional, hoteles de lujo y el estadio más grande, es la única candidata seria. Comparar Madrid con Casablanca en infraestructura hotelera y de transporte, argumentan, es de risa.
El factor económico: ¿quién paga manda?
Más allá del orgullo, el Mundial es un negocio. La sede de la final mueve miles de millones en turismo, patrocinios y proyección internacional. En 2026, EEUU se llevó todo el pastel por su peso económico; en 2030, Marruecos no tiene ese músculo, pero su lobby –y el de sus aliados– podría imponerse sobre la lógica de Madrid. Al final, la decisión no será técnica sino política, y las federaciones votan. Con la sombra de la corrupción siempre presente, cabe preguntarse si el «narco estado» marroquí, como algunos lo califican, logrará lo que no pudo ni Canadá ni México: ser el anfitrión real, no el decorado.